Que el elenco actual de MADHOUSE tiene con qué jugar en primera, modestia aparte, es un hecho. Ya habrán visto a quienes colaboran asidua o eventualmente en esta prestigiosa (¿?) web desplegando y/o desparramando su talento en todos los medios posibles: radios, diarios, revistas, podcasts, otras webs, videos, redes sociales… un ejemplo es el de Marcelo Gobello & Evelyn Marzoa, quienes aunaron esfuerzos para producir el primer libro de la legendaria banda inglesa Dr. Feelgood (la misma que entrevistamos recientemente en Escocia) que se lanzará en nuestro país, a editarse en un futuro cercano por la Editorial Lenoir de Barcelona. España; a modo de adelanto, ambos autores nos pasaron un avance de la obra que pueden leer a continuación para ir palpitando lo que se viene. Eso sí, con cualquier disco del grupo de Wilko Johnson como música de fondo.

Fue (es) una de las mejores bandas de rock’n’blues de todos los tiempos. De los bares al primer puesto en los charts para volver a los bares, siempre fieles a su esencia produciendo la más infecciosa y marchosa mezcla de R&R y R&B con olor a calle, tabaco y manchas de cerveza. Durante veinte años pudieron con las modas, las compañías discográficas, los cambios de integrantes y la trampa del éxito. Sólo el cáncer pudo detenerlos cuando se llevó a su cantante y líder, el inolvidable Lee Brilleaux, de eterno traje y corbata (antes que existieran la new wave o los Blues Brothers), cigarrillo en la mano derecha (Lee y Sinatra, bueno… ¡Dean Martin también! Todos ellos fueron los únicos performers que pudieron fumar en el escenario sin perder la clase), armónica en la izquierda (era un brillante instrumentista) y una pasión sin poses ni arengas que inflamaba cualquier recinto. Con ustedes, los “doctores”…

A) ROCK EN BLANCO Y NEGRO

Inglaterra en 1974: el rock de la calle preparaba su regreso; los supergrupos surgidos a fines de los 60s como Led Zeppelin, Jethro Tull, Pink Floyd, etc. habían crecido desmesuradamente convirtiéndose en un punto dentro de un estadio, los de la corriente progresivo-sinfónica (Genesis, Yes, Emerson Lake & Palmer) se sofisticaban hasta el aburrimiento y el glam rock de T. Rex o Bowie (si bien más fresco) era considerado patrimonio de los adolescentes de clase media.

Mientras en el bajo de Manhattan grupos como Television, Patti Smith o Ramones germinaban la primera dentellada Punk, en las islas dos discos iban a lanzar el grito de alerta. Desde un costado más intelectual y subterráneo Peter Hammill iba a juntarse con sus ex-compañeros de Van Der Graaf para lanzar el cachetazo llamado “Nadir’s Big Chance” (uno de los discos preferidos del futuro Johnny Rotten), su crudo quinto trabajo como solista; de las entrañas de la calle, de esa institución popular inglesa que son los pubs, un oscuro grupo grababa su insolente álbum debut. Con “Down By The Jetty” (“Por El Espigón”), los Dr. Feelgood se ponían a contramano de toda moda o mandato de la industria. Ya desde la portada la cosa parecía ser un chiste o un anacronismo: en plena época de discos conceptuales con portadas multicolores y fantásticas, de tipos maquillados, envueltos en raso y subidos a plataformas, una simple foto en blanco y negro nos muestra a cuatro gamberros despeinados por el viento de un oscuro puerto industrial. ¡Ni siquiera tienen el pelo largo! Con sus trajes baratos parecen obreros vestidos para un sábado a la noche (bueno, uno de ellos era albañil y otro camionero).

Pero la cosa no era ningún chiste, los tíos eran el orgullo de Canvey Island, un plebeyo pueblito portuario del estuario del Támesis; sus integrantes eran Lee Brilleaux en voz y armónica, Wilko Johnson en guitarra, John Sparks en bajo y The Big Figure en batería. Desde 1971 venían tocando en cuanto pub, casamiento o fiesta estudiantil pudieran colarse, puliendo su personal e incandescente mezcla de rock & roll de los 50, blues de Chicago y “british blues” de los 60. Para 1973 ya eran una pequeña máquina demoledora de ritmo y comenzaron a ganarse un nombre en Londres en base a sus imbatibles performances en vivo. Las compañías grabadoras no los tomaban en serio, pero como en toda banda auténtica que se precie, pronto el “boca a boca” ganó la calle y nadie quiso perderse un recital de los “doctores”.

Después de verlos en un pub de Kensington el productor Andrew Lauder los contrató para el sello United Artists, donde grabaron su primer simple: “Roxette” (un tema de Wilko) como cara A y el clásico “Ruta 66” como lado B. Llegado el momento de grabar su primer LP los directivos de UA pensaron que habían cometido el error de su vida: “Nos miraban horrorizados, pensaban que estábamos completamente locos y que nos íbamos a suicidar en nuestro primer vinilo… Pero nosotros teníamos muy claro lo que queríamos hacer y cómo tenía que sonar la banda, así que nada de sobregrabaciones; sonido mono y una sencilla foto en blanco y negro para la tapa. Eso éramos nosotros.” (Lee Brilleaux – 1989)

“Down By The Jetty” es una de las grandes perlas ocultas de la historia del rock; su letal mezcla de temas originales y personales versiones de clásicos de R&R y R&B lo convierten en una verdadera obra maestra que anticipó en más de dos años la autenticidad, frescura y ruptura del punk, con el plus de saber tocar. Si bien fue excelentemente recibido por gran parte de la crítica, solo vendió lo suficiente como para que la banda pasara a tocar de pubs y bares a pequeños teatros.

Su segundo disco fue más de lo mismo pero un tanto más “sofisticado”; siguieron con foto en blanco y negro pero esta vez se dignaron a grabar en estéreo. Se llamó “Malpractice” (“Mala Práctica”) y logró un respetable puesto 17 en Gran Bretaña. En él, Wilko se supera como compositor agregando dos de los clásicos más imperecederos de la banda: “Going Back Home” (firmado junto a su héroe Mick Green) y “Back In The Night”, y desempolvan unas cuantas gemas del pasado (algo que seguirán haciendo cada vez más en toda su carrera; eso sí, dándole su “tratamiento” adecuado) como el “I Can Tell” de Bo Diddley, el “Riot In Cell Block Nº 9” del dúo Leiber/Stoller o su versión del “Rolling & Tumbling” de Muddy Waters.  Si bien llegó más alto que el primero en los charts y en el NME Nick Kent los comparaba nada menos que con los primeros Rolling Stones y los MC5 por tener la llama sagrada del verdadero Rock & Roll, su éxito fue moderado en cuanto a ventas aunque cada vez más se corría la voz de su impresionante directo.

En escena eran una masa de energía, ritmo y nervio que parecía estar siempre a punto de estallar, (como una especie de Who más rítmicos, compactos y rabiosos, aunque tenían una identidad propia):  Lee Brilleaux, aferrando el micro con fiereza y cantando con todos los músculos de la cara, los ojos a punto de salírsele de las órbitas y “gritando“ las letras en un estilo parido de su héroe Howlin’ Wolf, serio y amenazador, pero a la vez cercano y cálido, un “duro” de gran corazón; Big Figure hacía coros y llevaba el ritmo impertérrito tras las baquetas; John B Sparks pulsaba su bajo Fender haciendo sus famosos pasos hacia delante y atrás por el mismo carril todo el bolo y Wilko… Wilko saltaba como un poseso por todo el escenario, o se desplazaba rígido y eléctrico como una suerte  de robot dañado, abriendo la boca como un subnormal y haciendo gestos de asombro (y eso que era el “intelectual” del grupo, ¡un profesor de literatura!), mientras no paraba de tocar  su Telecaster todo el tiempo. A fines de 1975 no había otro grupo más excitante en directo que los  Dr. Feelgood; vaya como ejemplo que las dos bandas más grandes del planeta eran secretos fans: los Led Zeppelin los contrataron para tocar en la fiesta privada con la cual festejaron su triunfal seguidilla de conciertos “sold out” en Earls Court, y los Rolling Stones pensaron en incorporar a Wilko como reemplazo de Mick Taylor, aunque según dijera el propio Keith Richards, ¡éste era demasiado “loco” para los Stones!

“Gran parte de lo que yo hago consiste en moverme; gran parte de lo que hace Lee es comunicar expresiones. Pero eso no es meramente una actitud, o una pose que adoptamos cuando subimos al escenario: es también la nerviosidad que implica actuar. No hay que olvidarse de que nosotros empezamos tocando en pubs, casi mezclados con los clientes, y eso te da otra perspectiva, otra modalidad, con respecto a la manera de tocar, de cantar, de moverte y todo lo demás. Es como un sentimiento que adquieres por contacto directo con la gente, y eso te queda adherido, se convierte en un componente natural de tu personalidad escénica.” (Wilko Johnson – 1975)

B)   ¡VIVA LA “ESTUPIDEZ”!

Para 1976, con el punk británico a punto de estallar, una más confiada compañía grabadora esperaba que la banda grabara su tercer y definitivo disco en estudio, aquel con el cual conquistara el esquivo y tan deseado mercado americano. Pero los “doctores” volvieron a salirse con la suya y realizaron lo que la gran mayoría de sus fans les venían solicitando: la grabación de un disco “¡en directo!”. Así fue como se escribió uno de esas milagrosos, emotivos y escasos verdaderos momentos de gloria del rock: “Stupidity” (“Estupidez”), el disco en vivo de Dr. Feelgood, llegó al primer puesto (¡Número 1!) en las listas británicas el 9 de octubre, consagrándose disco de oro. Sin trampas, sin concesiones, sin campañas ni moda alguna, los cuatro gamberros de Canvey Island supieron disfrutar de la gloria siguiendo sus propias reglas y por el peso específico de su propia música.

“Mirándolo a la distancia, ‘Stupidity’ refleja nuestro paso a la fama de los pubs a las salas de conciertos y supongo que la razón de su éxito fue porque la gente solía comentar que éramos una gran banda en vivo y que eso no se reflejaba fielmente en el estudio. ‘Stupidity’ resume toda la cosa y creo que va más allá de la música. Fue la culminación de la revolución contra lo establecido, la brigada de zapatos de plataforma y todo eso. Dijimos a la mierda con todo, así es como realmente trabaja y suena una banda en vivo.” (Lee Brilleaux – 1990)

Actualmente considerado como uno de los momentos culminantes del rock inglés y uno de los mejores 10 discos en vivo de todos los tiempos, “Stupidity” resume todo lo mejor de la banda: la entrega y el carisma cool de Lee, la fabulosa Telecaster de Wilko (hija de otro de los grandes olvidados de la guitarra eléctrica de Inglaterra, el ya citado Mick Green de los Pirates) y el mecanismo de relojería de bajo y batería de Sparks y Figure (el “Rolls Royce” de las bases, según el periodista Lee Foster). En 1976 los Feelgood dan el gran paso y cruzan el charco para debutar en New York, con dos conciertos en el célebre Bottom Line con The Ramones como soporte.

“¡Eran fabulosos! Wilko saltaba por todo el escenario como un poseso y Lee empapaba su traje a puro corazón… aunque creo que resultaron demasiado “normales” para gente como Andy Warhol.” (Joey Ramone – 1995)

El advenimiento del punk y problemas internos (que derivaron en el alejamiento de Wilko Johnson durante la grabación del tercer disco en estudio, un anodino “Sneakin Suspicion”, sin la garra y las composiciones de los dos primeros), alejaron a Dr. Feelgood de su estrellato; fieles a sus principios y siempre considerados -más allá de variados cambios de integrantes a través de los años- como una bomba en directo, Lee Brilleaux continuó manejando a la banda hasta que un avanzado cáncer de las glándulas linfáticas le ganara la partida el 7 de abril de 1994.

“El rock & roll no tiene nada que ver con el lujo, los pantalones de raso, las limosinas, cientos de amplificadores o los estadios para un millón de personas. El rock es la gente. Seres humanos. Ellos son importantes, el resto no significa nada.” Lee Brilleaux – 1976

C) LECHE Y ALCOHOL

Y aunque muchos pensaron que la partida de Wilko Johnson heriría de muerte a la banda, Lee sumó sobre sus hombros todo el peso de la misma, llegando inclusive a alcanzar posteriormente más altos índices de popularidad. Es un gran error menospreciar la etapa post-Wilko de los Feelgood, algo en lo que ha caído gran parte de la “prensa especializada” muy fácilmente, ya que Mr. Brilleaux supo como guiar a SU banda (junto a su socio, amigo de la infancia y manager Chris Fenwick), mantenerla en la carretera y grabar excelentes discos. Ya nunca más serían los favoritos de la prensa ni incursionarían por los charts ingleses a partir de los malditos ochentas, pero siguieron siendo (SIGUEN, aunque Lee ya no esté en cuerpo) la “Mejor Banda De Pueblo” del mundo.

La presión de tener que componer todos los temas propios y roces con la elección de los ajenos (sumado al choque de fuertes personalidades con Lee) hicieron que el desgaste interno se transformara en la retirada de Wilko Johnson después de la grabación de “Sneakin Suspicion” en mayo del ’77. Wilko armó su propia banda llamada Solid Senders con quienes grabó un muy buen disco, pasando luego a formar parte de la banda de Ian Dury por un tiempo para luego iniciar una carrera como solista, generalmente en trío como con el que gira actualmente, llena de discos desparejos pero muy disfrutables y un excelente directo.

Por su lado Lee reclutó rápidamente a un desconocido guitarrista recomendado por un amigo, el excelente John “Gypie” Mayo (¡actualmente con los reformados Yardbirds!), después de haber realizado un par de bolos por el continente previamente contratados con la ayuda de Henry McCullough (ex de la Grease Band de Joe Cocker y los Wings de Paul McCartney). De técnica y sonido totalmente distinta a la de Wilko, pero con una similar aptitud para hacer rítmica y solista, Gypie se adecuó perfectamente a la banda e inauguró una de las etapas de mayor popularidad dentro de Gran Bretaña, amén de sacar un par de excelentes discos (grabó cuatro en estudio y dos en directo durante su estadía entre 1977 y 1981) como “Be Seeing You” de septiembre del ’77 producido por Nick Lowe (quien también produciría “A Case Of The Shakes” en 1980),  y la gema “Private Practice” del 78, producido por Richard Gottehrer (un neoyorkino socio de Seymour Stein en el sello Sire, ex productor de Blondie y Richard Hell) y otra de las cimas de la banda, con clásicos como “Down At The Doctors” o “Milk And Alcohol” que fuera número 9 en los charts como single en 1979. El último trabajo de Gypie en la guitarra de Feelgood fue el estupendo en directo “On The Job”, de 1981.

La tercera etapa, con la inclusión de Johnny Guitar para la grabación de un regular “Fast Women And Slow Horses”, duró tan solo un año y marcó el alejamiento de la base rítmica histórica, Big Figure y Sparko. Lee se había quedado solo; parecía que finalmente, la historia de Dr. Feelgood había llegado a su fin, pero no fue así… recluta a dos viejos amigos del secundario en Canvey Island, Kevin Morris en batería y Phil Mitchell en el bajo, y a un joven guitarrista que se había destacado en pasadas audiciones, Gordon Russell. Esta formación durará siete años y dará como fruto cinco discos, destacándose el excelente “Doctor’s Order” de 1983, producido nada menos que por el viejo zorro de Mike Vernon (¡productor de los clásicos albums de blues de los sesentas del Fleetwood Mac de Peter Green!) y el “Mad Man Blues” del ’85. Con esta formación grabarían tmbien dos de los discos más exóticos en cuanto a sonido y producción de toda su carrera, “Brilleaux” y “Classic”, ambos para el sello new wave Stiff Records y en donde se apartan de su habitual austeridad sónica para probar con un approach más “moderno”.

En 1989 Gordon Russell tiene una tragedia personal que lo hace abandonar la banda, siendo reemplazado por un joven valor que venía de acompañar nada menos que al gran Steve Marriott, es decir Steve Walwyn. Esta formación (con cambios por momentos de bajista al reemplazar en unas giras y dos albums el bajista y productor Dave Bronze a Phil Mitchell) se mantendrá hasta la muerte de Lee en el ’94, grabando cuatro albums, dos en estudio y dos en directo. El último trabajo de Lee Brilleaux en estudio con su querida banda, “The Feelgood Factor”, es un regreso a su sonido más crudo y blusero, otro verdadero clásico de la banda y un triunfo personal de Lee, ya muy enfermo, quien solo al terminar la grabación del mismo le informa a sus compañeros del estado real de su salud.

De grupo de pubs a las marquesinas de las grandes ciudades para volver a sus orígenes (sin complejos ni vergüenzas, ofreciendo siempre la mejor y más auténtica música), Lee guió a su banda durante más allá de veinte años en una carrera ejemplar como pocas. A finales de su vida, sin dejar de grabar o tocar hasta que su cuerpo dijo basta, se dio el gusto de inaugurar en su querido Canvey Island un pub llamado “The Dr. Feelgood Music Bar”, donde unos meses antes de morir (y esto lo pintó en cuerpo y alma) grabara su último disco en vivo (la mitad del concierto sentado a causa de su debilitada salud), el emotivo y excelente “Down At The Doctors” (“En Lo De Los Doctores”).

Después de casi dos años de silencio los sobrevivientes de la última formación de la banda reclutaron a un nuevo cantante, Pete Gage y -en homenaje a su líder desaparecido y por presión de sus fieles fans- volvieron a realizar conciertos y grabar un nuevo disco, apropiadamente titulado “On The Road Again” (“En La Carretera Nuevamente”). Gage, un gran cantante de blues con grandes similitudes al primer Tom Waits pero que no sabe tocar la ármónica, abandona la banda para seguir su carrera en solitario y es reemplazado por Robert Kane que venía de cantar en una versión remozada de los Animals. Kane, que sí sabe tocar la armónica, tiene un estilo totalmente diferente a Lee, una aproximación vocal al R&B más cercana a la de Jagger en los sesenta y ha imbuido de una nueva vitalidad a la banda que sigue girando por todo el mundo llevando la bandera de un estilo musical y todo un repertorio histórico…

Wilko Johnson & Marcelo Gobello: dos a leerse

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