Alan Freed, cervecita en mano, tratando de calmar a las huestes rocanroleras

Desde lo alto del caos, 69 años nos contemplan: un 21 de marzo como este pero de el primer concierto de rock del mundo fue organizado en Cleveland por dos hombres cuya pasión por la música superó la división racial en unos Estados Unidos segregados. Y (casi) como no podía ser de otra manera, el evento derivó en desmanes y violencia: para recordarlo sin necesidad de arrojar butacas, botellas, monedas u otros objetos, ordenamos los hechos y te los contamos a continuación.

Una de las pocas entradas al festival que aún se conserva: ayer U$ 1,50, hoy debe valer miles

Para todo en la vida hay una primera vez. El amor, el sexo, caminar, hablar. Enumerar la lista de actos u eventos que pueblan nuestra existencia que fueron llevados a cabo por primera vez por uno mismo o por algún otro, sería una tarea tan infinita como ociosa. Por suerte en MADHOUSE no nos ocupamos de la vida toda y el Universo. Tenemos una tarea más acotada: escribimos de rock, y en ese aspecto los que somos melómanos estamos de suerte. Hete aquí que, al parecer, los historiadores de la música contemporánea están en condiciones de establecer con precisión una cuestión que nos es muy sensible. Seguramente acudiste a cientos de shows para vivir esa mancomunión única entre el público y el artista. Revoleaste la remera sobre tu cabeza mientras coreabas a grito pelado los himnos de tu banda favorita o te habrás amasijado más de una vez con tus compañeros/as de causa en furibundos pogos… Bueno, hoy te contamos cuándo y dónde tuvo lugar el primer recital de rock de la historia.

«Uy, no sé, mirá que me acerco el disco al oído y no escucho nada»… al comienzo Alan no cazaba un fulbo del rock

GUERRA CONCLUIDA, AGUAS DIVIDIDAS. A principios de la década del 50, Estados Unidos se encontraba en plena posguerra, disfrutando de haber sido uno de los principales vencedores de la Segunda Guerra Mundial. La noche bélica había quedado atrás y se respiraba en el aire una explosión de vitalidad, pero también de un marcado consumismo. Los cerebros que manejaban los hilos de la industria del entretenimiento entendieron que si querían aumentar sus ganancias, la audiencia debía segmentarse. El show business se cagaba en las matemáticas: para ellos, dividir era multiplicar. Si antes se pensaba en alentar productos culturales que estuvieran dirigidos a la familia, ahora la idea era empezar a separar a la masa en distintos grupos. Ya no pensar en “el público”, sino en «los públicos”. De esa idea nace la concepción de una audiencia adulta y otra adolescente y asimismo, de la mano de este concepto, sobreviene el Top 40, ranking de popularidad alentado por algunas estaciones de radio decididas a adoptar otro perfil y fogonear el gusto juvenil.

Mintz en su disquería: «Esto es rock and roll, señora. Hágaselo escuchar a su hijo y se dedicará al satanismo, el sexo, la droga, el comunismo y con suerte matará a sus padres»… El nene parece convencido.

DOS TIPOS AUDACES. Parados en medio de todos esos cambios se encontraban dos personajes que supieron leer muy claramente la situación. Alan Freed era por esos tiempos un reconocido disc jockey en Cleveland, conductor del “Moondog Show” en la radio WJW… Dícese que el tal Alan era medio plomo, y no porque cargara instrumentos precisamente: en su programa pasaba la más pulcra música clásica. Las cosas iban así hasta que su amigo Leo Mintz, que regenteaba la Record Rendezvous, una de las disquerías top de la ciudad, lo alertó sobre la creciente demanda de parte del piberío de raza blanca de material relacionado con la inquietante música conocida como rhythm & blues, lo que era doblemente llamativo, dado que se trataba de un género emparentado con la comunidad afroamericana, a tal punto que las discográficas promocionaban a los discos de R&B como “música racial” (!). Esta tendencia nueva estaba zanjando la grieta racial en el gran país del norte. Por un lado, el piberío disfrutaba del poderío de ese nuevo ritmo, sin importar el color de la piel. Por el otro, lo mismo sucedía con los padres de esos chicos. Las letras de esas canciones estaban repletas de dobles sentidos y juegos de palabras, y muchas familias negras estaban tan molestas como las blancas de que sus vástagos escucharan semejante material.

El grandote Mintz, en la puerta de su disquería. ¡A ver quién se le planta!

MIENTRAS MIRO LAS NUEVAS OLAS. Mintz no sólo persuadió a Freed de dejar de lado la música clásica y empezar a difundir a los artistas de la nueva ola, sino que además le contó que en su tienda de discos “los chicos no hacían otra cosa que pasarse horas enteras balanceándose (rocking) y rondando (rolling) por los pasillos de la tienda con esos discos”.… Atención con esto: la frase de su amigo fue toda una revelación para Freed, quien comenzó a referirse al “rock & roll” a la hora de presentar los temas en la radio, acuñando un término que ya era utilizado por la jerga blusera como un eufemismo de tener sexo (!).

Ganada la aprobación de los oyentes, el paso lógico fue explotar comercialmente ese suceso y el medio fue organizar -con el aporte extra de Lew Platt, un promotor local de conciertos- el Moondog Coronation Ball, un festival propio a desarrollarse en el Cleveland Arena, en el que se presentarían los números más populares del programa de radio. Así desfilaron nombres como Paul Williams y sus Huclebuckers, Tiny Grimes y sus Rockin Highlanders, The Dominoes, Varetta Dillard y Danny Cobb, que quizás hoy no nos dicen nada, pero que seguramente por aquel entoncen contaban con el favor y el fervor del respetable público clevelense (¡chupate ese participio!).

El Cleveland Arena, días antes del evento: todo era paz y armonía

LOS PRINCIPIOS DEL CAOS. Las entradas costaban la para hoy risible suma de U$S 1,50, y fue justamente un error de impresión en los tickets el detalle clave que generó que el concierto terminara en escándalo… El festival iba a desarrollarse en dos jornadas, pero la imprenta omitió colocar las fechas en las entradas, lo que originó que la mayor parte del público se presentara en el Cleveland Arena en la primera jornada, pautada para el 21 de marzo de 1952. Ese día, nada menos que unas 20.000 personas se agolparon en las puertas del recinto cuya capacidad máxima era para la mitad de ese número de espectadores y temiendo el desastre cuando la gente intentara amontonarse, los bomberos cerraron el concierto no bien finalizó la primera canción de Paul Williams (nada que ver con el rubio de «El Fantasma En El Paraíso», ojo), el grupo de apertura.

El Cleveland Arena: no cabía un alfiler

PIÑAS VAN, PIÑAS VIENEN. Y el despiole que se venía gestando finalmente vio la luz. Cuando no hubo más localidades y antes de que pudiera anunciarse la suspensión del evento, aquellos que quedaron afuera pugnaron por entrar con las consecuencias lógicas: destrozos, violencia, corridas e intervención policial. Freed se disculpó con sus fans públicamente en WJW al día siguiente; expresó su preocupación de que lo arrestaran y enfatizó que solo era un animador contratado y no el promotor del festival… (el miedo no es zonzo). En la radio se instó a los oyentes a llamar y brindar su apoyo, convocatoria que debe haber tenido éxito porque la estación aumentó su tiempo de transmisión(!). Si bien el escándalo opacó la fiesta, la noticia de semejante multitud reunida para ver un festival de un género incipiente con tan solo un programa radial como medio de promoción, fue un auténtico llamador para los promotores y las compañías discográficas. El naciente rock and roll había dado un paso fundamental rumbo a la masividad.

Mucha gente y poca música: ni siquiera el lleno total detuvo la suspensión

SEGUNDAS PARTES NO SIEMPRE SE CONCRETAN. La estación de radio de rock de Cleveland WMMS 100.7 FM intentó organizar una reposición del concierto en 1986 bajo el nombre de «Moondog Coronation Ball II»; el entonces director del programa, John Gorman, tenía la intención de que el evento sirviera como un tributo al rock and roll de los viejos tiempos, como parte de la campaña para llevar el Rock and Roll Hall Of Fame a Cleveland. Por razones legales, el evento nunca se materializó. Años más tarde, en 1992, Gorman, entonces en la estación de radio local WMJI 105.7 FM, logró finalmente organizar con éxito un concierto del 40º aniversario llamado «Moondog Coronation Ball ’92». El festival se ha llevado a cabo todos los años desde entonces, con grupos de rock and roll clásico y el patrocinio de la radio; en los últimos años, el evento se ha realizado en Quicken Loans Arena.

«Basura, desechos, una escandalosa exhibición de blues visceral y ritmos bajos»; así se describió al evento en 1952, tal como lo cuenta hoy el diario The Plain Dealer

UNA MÁS (Y NO JODEMOS MÁS). Vendrían después miles de conciertos antológicos, como el recordado show de los Beatles en el Shea Stadium (el nacimiento del rock de estadios), o festivales emblemáticos como Woodstock o el de la Isla de Wight, pero sin duda, Freed, Mintz y su Moondog Coronation Ball fueron los pioneros que tiraron la primera piedra, o roca, mejor dicho, que aún hoy sigue rodando.

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