Visto a la distancia, cuesta creer que los inicios de Serú Girán hayan sido difíciles en términos de recepción. Es que, a pesar de las expectativas generadas en torno a la creación del supergrupo, su disco debut autotitulado de 1978 todavía los encontraba con una propuesta no del todo definida, a medio camino de la estela progresiva que dejó La Máquina de Hacer Pájaros y el jazz rock que se postulaba de manera incipiente para convertirse en el sonido favorito del rock argentino de los años venideros.

Sin embargo, tan solo un año más tarde las cosas serían totalmente diferentes para el cuarteto tras la edición de “La Grasa De Las Capitales”, en donde ya en los primeros segundos del tema título/apertura (esas voces aterciopeladas del tándem Garcia/Lebón/Aznar) dejaban en claro que la banda estaba en un nivel superlativo que abarcaba, en los poco más de cuatro minutos y medio que dura la canción, jazz, rock, tango y progresivo.

Esa ruptura con el pasado estaría marcada desde la icónica portada que no sólo es una crítica a la liviandad de las revistas de actualidad, sino también un posicionamiento claro frente a la situación social existente. Si frente al horror del comienzo de la dictadura en 1976 no había otra cosa que hacer que ver Películas, (tal como planteaba Charly en el segundo disco de La Máquina), en 1981 solo quedaba simular frivolidad para sobrellevar la muerte. Y Charly decidió jugar el juego sin ataduras.

A nivel musical, “La Grasa…” inaugura la etapa adulta de García articulando los progresivos 70 con los nuevaoleros 80 que recién quedarían consolidados en su carrera con “Clics Modernos”. Ahí tenemos como muestra a “Perro Andaluz” y “Frecuencia Modulada” que si bien son dos temas menores en cuanto a repercusión, dejan en claro que el cuarteto no dudaba en ampliar su base musical, sirviendo además como contrapunto a las dos grandes baladas del disco: “San Francisco y el Lobo” y la inoxidable “Viernes 3 AM”. Además hay prog tango en “Los Sobrevivientes”, fusión en “Paranoia y Soledad” (el debut como compositor de Aznar, quien cada vez tomaba mayor protagonismo) y guiños al pasado reciente en “Canción de Hollywood” y la floydiana “Noche de Perros”

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A lo largo de los años y tal como pasó con varios clásicos del rock argentino, ninguna edición logró hacerle justicia al disco, hasta que el Instituto Nacional de la Música, siguiendo su tarea de recuperar el catálogo del extinto sello Music Hall, acaba de reeditarlo en versión CD y vinilo, además del ya realizado lanzamiento digital. Esta nueva edición agrega brillo, claridad y nitidez, sobre todo en los detalles de guitarra de Lebón, en el sonido de tambores y platillos de Moro (además de ser un buen momento para recordar lo excelente y versatil baterista que fue) y obviamente en el bajo de Aznar, quien junto al ingeniero Ariel Lavigna fueron los encargados de  restaurar y remasterizar las nueve canciones que ya son parte del cancionero clásico nacional.

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