
El fallecimiento de Carlos “Indio” Solari no solo marcó el final de una de las trayectorias más influyentes de la música argentina. También dio lugar a una despedida multitudinaria que excedió los límites del rock para transformarse en un fenómeno social y cultural pocas veces visto. Durante horas, decenas de miles de personas peregrinaron hacia Villa Domínico para darle el último adiós a un artista que durante décadas construyó un vínculo único con su público. En esta nota repasamos cómo se desarrolló una jornada histórica, las voces de los fanáticos, el enorme operativo montado para recibir a la multitud y las razones por las cuales el funeral del Indio ya ocupa un lugar especial en la memoria colectiva argentina.

Hay artistas populares. Hay artistas masivos. Y después están aquellos cuya relación con el público trasciende cualquier categoría convencional para convertirse en un fenómeno cultural propio. Carlos Alberto Solari pertenecía a ese último grupo. La muerte del ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ocurrida el viernes 5/7 a los 77 años tras una década de lucha contra el Parkinson y como consecuencia de un accidente cerebrovascular no traumático, provocó una conmoción inmediata en todo el país. Sin embargo, nadie podía anticipar del todo la magnitud que alcanzaría su despedida. Lo que comenzó como un velatorio público en el Microestadio José María Gatica, dentro del Parque Domínico de Avellaneda, terminó convirtiéndose en una de las concentraciones espontáneas más impresionantes de la historia del rock argentino.

Desde la madrugada del domingo, miles de personas comenzaron a llegar desde distintos puntos del país. Algunos viajaron durante toda la noche. Otros habían iniciado su peregrinación incluso antes, tras participar del banderazo realizado el sábado en el Obelisco. Muchos llevaron banderas, camisetas, fotos, flores, cartas y objetos personales para dejar como ofrenda. A medida que avanzaban las horas, la fila para ingresar al microestadio crecía sin detenerse. Primero fueron 40 cuadras. Después 60. Más tarde, distintos medios estimaron que la cola había superado las 65 e incluso las 70 cuadras. Las imágenes aéreas mostraban una marea humana extendiéndose por avenidas y calles del sur del conurbano bonaerense. Una postal impactante incluso para quienes habían sido testigos de los legendarios recitales ricoteros.
UNA PEREGRINACIÓN EN PAZ. Ante semejante convocatoria, la familia del músico eligió transmitir un mensaje de calma y unidad. A través de las redes oficiales del artista comunicaron: “La despedida del Indio ya comenzó. Todo el mundo está peregrinando en paz hasta donde él espera y dejándole ofrendas, cantos, aplausos y lágrimas”. El mensaje continuaba con una frase que rápidamente comenzó a circular entre los asistentes: “Habrá tiempo para que nadie se quede sin adiós”. La promesa era clara: el velatorio continuaría el tiempo que fuera necesario para que todos los seguidores pudieran despedirse. Esa decisión resultó fundamental para mantener la tranquilidad en una jornada que, por momentos, adquirió dimensiones difíciles de imaginar. Mientras avanzaban lentamente por las calles de Avellaneda, miles de personas compartían mate, abrigo, canciones y recuerdos. Muchos improvisaban coros de clásicos de Los Redondos o de la carrera solista del Indio. Otros permanecían en silencio, visiblemente emocionados. La escena recordaba más a una peregrinación popular que a un funeral tradicional.
“ESTAMOS DESPIDIENDO A UN FAMILIAR” Uno de los aspectos más llamativos de la jornada fue la diversidad de quienes acudieron. Había jóvenes que jamás habían visto tocar a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. También hombres y mujeres que habían seguido al grupo desde finales de los años setenta. Familias completas, trabajadores, estudiantes, jubilados y fanáticos llegados desde distintas provincias compartían la misma fila. Las declaraciones recogidas por distintos medios ayudaron a dimensionar el significado que Solari tenía para su público. Una mujer llegada desde Merlo, San Luis, confesó: “Lloré todo el camino hasta acá. Muchos recuerdos se me vinieron”. Otro seguidor resumió el sentimiento colectivo: “El Indio es lo más grande que hay, lo mejor que tenemos en la Argentina. Bien popular, bien nuestro”. Una fan recordó haber descubierto su música gracias a su padre: “Conocí al Indio de chica gracias a mi papá, con Los Redondos, y después de grande continué yo”. Quizás una de las definiciones más representativas de la jornada fue la de una seguidora que afirmó: “El Indio es un referente social, cultural y político. Estamos despidiendo a un familiar”. Esa sensación de parentesco simbólico aparecía una y otra vez en los testimonios… No se trataba simplemente de la muerte de un músico admirado. Para muchos, desaparecía una figura que había acompañado décadas enteras de sus vidas.

UN OPERATIVO SIN PRECEDENTES. La magnitud de la convocatoria obligó a desplegar un enorme operativo de seguridad y asistencia. Inicialmente se informó la participación de unos 700 efectivos policiales, aunque posteriormente el número se amplió hasta superar los 1.500 agentes pertenecientes a distintas divisiones de la Policía Bonaerense. Además se instalaron puestos sanitarios, ambulancias, promotores de salud y corredores especiales de circulación para facilitar el ingreso al predio. El ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, aseguró que el objetivo era garantizar que la despedida se desarrollara en paz y con respeto tanto para los asistentes como para los vecinos de Avellaneda. “La gente va a estar cuidada y habrá respeto por la comunidad”, señaló. El Parque Domínico fue elegido por pedido de la familia debido a su accesibilidad y a las múltiples conexiones de transporte público disponibles para quienes llegaban desde distintos puntos del país.

UN ADIÓS ORGANIZADO PARA LA MULTITUD. Dentro del microestadio, la organización dispuso un sistema pensado para permitir el paso constante de personas. El féretro se encontraba ubicado a pocos metros del recorrido delimitado para los asistentes. Detrás podía verse una gran pantalla LED con una inscripción sencilla y contundente: “INDIO 1949 – infinito”. La consigna era evitar las detenciones prolongadas para que la fila pudiera avanzar de manera continua. Aun así, muchos fans no lograban contener las lágrimas al pasar frente al féretro. Otros levantaban los puños. Algunos aplaudían. Muchos simplemente susurraban un “gracias”.
UNA MULTITUD EJEMPLAR. La masividad de la despedida también terminó desmintiendo muchos de los temores que habían circulado durante las horas previas. Pese a que decenas de miles de personas llegaron a Villa Domínico desde distintos puntos del país y la fila para ingresar se extendió de modo que parecía infinita, la jornada transcurrió en un clima de respeto y convivencia que fue destacado incluso por las propias autoridades. El contraste con lo ocurrido el día anterior en Plaza de Mayo fue inevitable. Allí, una concentración espontánea de seguidores que se había reunido para homenajear al músico terminó envuelta en momentos de tensión luego de que efectivos de la Policía de la Ciudad avanzaran sobre los presentes con escudos y gases lacrimógenos. Diversos testigos y cronistas calificaron aquel operativo como totalmente innecesario, señalando que la mayoría de los asistentes se encontraba manifestándose de manera pacífica.

En Villa Domínico, en cambio, la escena fue completamente diferente. A pesar de la magnitud de la convocatoria, los miles de fanáticos que desfilaron frente al féretro respetaron las indicaciones de la organización, avanzaron ordenadamente por los corredores establecidos y convivieron durante horas sin que se registraran incidentes de consideración, más allá de los numerosos cánticos y recordatorios para el gobierno argentino, su presidente y las fuerzas del orden, no precisamente favorables… La propia familia del artista había pedido que la despedida se desarrollara «en paz», y eso fue exactamente lo que ocurrió. Entre canciones, aplausos, lágrimas y abrazos, la multitud pareció rendir homenaje no sólo al músico sino también a una forma de entender el sentido de hermandad que durante décadas caracterizó al universo ricotero. Donde algunos anticipaban descontrol, hubo organización. Donde se temían incidentes, hubo respeto. Y donde muchos veían una multitud, apareció una comunidad
MÁS ALLÁ DEL ROCK. La despedida del Indio volvió a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa desde hace décadas a la cultura argentina: cómo explicar un fenómeno que parece exceder al rock. Desde los años de Los Redondos hasta sus multitudinarios conciertos solistas, Solari construyó una relación singular con sus seguidores. A diferencia de otras figuras masivas, evitó sistemáticamente la exposición mediática, limitó sus apariciones públicas y cultivó una personalidad enigmática. Paradójicamente, esa distancia fortaleció todavía más el vínculo con su audiencia. Durante años, los recitales ricoteros funcionaron como auténticos rituales colectivos. Lo ocurrido en Villa Domínico pareció ser la última expresión de ese mismo fenómeno. No hubo escenario ni amplificadores ni canciones en vivo. Sin embargo, miles de personas volvieron a reunirse alrededor de una figura que, incluso ausente, continuó convocándolas.

UNA DESPEDIDA QUE QUEDARÁ EN LA HISTORIA. La dimensión de lo ocurrido durante el velatorio seguramente seguirá siendo analizada durante mucho tiempo. Las más de 60 cuadras de fila, las vigilias improvisadas, las banderas llegadas desde todos los rincones del país y la decisión de mantener abierto el acceso hasta que nadie quedara sin despedirse terminaron configurando una escena excepcional. Fue una jornada atravesada por la tristeza, pero también por la gratitud. Por la sensación compartida de estar participando de un momento histórico. Y por la certeza de que pocas figuras de la música argentina han generado un vínculo tan profundo con su público. La despedida popular del Indio Solari terminó confirmando algo que ya parecía evidente desde hacía décadas: su obra forma parte del patrimonio emocional de varias generaciones de argentinos.

Además de esta multitudinaria despedida en Villa Domínico, numerosos músicos, artistas, periodistas y personalidades de distintos ámbitos expresaron públicamente su dolor y compartieron sentidos homenajes en redes sociales y medios de comunicación. A continuación de estas palabras reproducimos algunos de esos mensajes… Concluimos diciendo que quienes hacemos MADHOUSE lamentamos profundamente la partida de una figura tan trascendente para la cultura popular argentina e invitamos a nuestros lectores a recordarlo del modo que suponemos a él más le hubiera gustado: escuchando su música. QEPD.

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