Fundador de Vox Dei y referente fundamental de la camada inaugural del rock en castellano, Willy Quiroga sigue en carrera a sus 80 activos años cumplidos en plena cuarentena. Aprovechando su prodigiosa memoria y su envidiable vitalidad, contactamos a Willy via Zoom para que nos cuente sobre su trayectoria musical, el largo y sinuoso camino de Vox Dei y cómo es ser un rockero octogenario en plena actividad. Antes de olvidar aquello que una vez pensábamos que nunca acabaría, ¡vayamos al presente!

Arranquemos por la pregunta obligada: ¿cómo te viene tratando la pandemia?

El último show que hicimos fue en La Trastienda el 7 de marzo; y no volví a sacar la camioneta hasta el 11 de octubre. ¡Fueron 230 días! Por suerte pudimos hacer un streaming en Rockin Music Bar que estuvo bueno, ¡pero fue raro el tema del silencio cuando terminábamos de tocar un tema! Después pudimos entender que el público realmente estaba viendo, porque nos mandaron mensajes y videos con el televisor de fondo. Así que después nos acostumbramos.

CUANDO TODO ERA NADA, ERA NADA EL PRINCIPIO

Sos el rockero en actividad más longevo del país, de hecho arrancaste tu carrera antes de que exista el rock en Argentina. ¿Cómo fueron tus comienzos en la música?

En casa estaba prendida la radio todo el dia con tango y folklore: te estoy hablando del año ‘47, ‘48 y sonaban Troilo, Goyeneche, Marino, Alberto Castillo; y me crié con eso. Pero a los 12 años aparecieron en mi vida Elvis Presley y Bill Halley que me cambian la cabeza. Después aparece un conjunto vocal llamado Los Plateros, y ahí se me dio por imitarlos y practicar con la voz, sin tocar ningún instrumento… A los 17 yo trabajaba de panadero con mi viejo y en un bolichito había un hombre que a cualquier hora estaba borracho y tenía una guitarra que siempre estaba en el piso, así que ofrecí comprársela, ¡y me la cambió por una botella de vino! Ahí empecé a tocar en un conjunto folklórico cantando a cuatro voces y aprendí mucho.

Y paralelamente había que ganarse la vida…

Tenía un amigo que hacia jardinería y lo acompañaba. Y siempre dibujé, así que los chicos del colegio me pagaban para que les haga la tarea de dibujo. Después entré en una fábrica de ascensores. Y fue en esa época que me ofrecieron entrar en un grupo de rock tocando el bajo y recién en el ‘62 aparecen Los Beatles… ¡y se me dio vuelta la cabeza!

Y ahí, chau folklore, ¿no?

Ahí me compre la guitarra eléctrica y las partituras y empecé a sacar temas de Los Beatles. Pero igual seguía teniendo un dúo de folklore con el que tocábamos en una pizzería de Berazategui. Y un día viene a vernos la prima de Rubén Basoalto. Rubén ya estaba tocando con Soulé y Godoy y les faltaba un guitarrista. Entonces la prima le habla de mí a Rubén y me vinieron a buscar. Nos citamos al otro día a las dos de la tarde, y dos menos cuarto ya habíamos llegado todos… ¡Ahí me di cuenta de que iba a funcionar!

Fue ahí cuando arrancan como Mach 4 y cantando en inglés…

Si, Ricardo y yo sabíamos inglés. Yo cantaba temas de Los Beatles, a él le gustaban mucho los Rolling Stones… y de esa mezcla salió nuestro sonido.

VENGO DE MUY LEJOS A VIVIR AQUÍ

¿Cómo era ser una banda de Quilmes en esa época donde la Capital quedaba tan lejos?

¡Era como ir a la luna de rodillas! (Risas) Pero por suerte nos vinieron a ver a Quilmes porque yo me había contactado con la gente del sello Mandioca, con Jorge Álvarez y Pedro Pujó. Y les gustó porque la banda sonaba, teníamos mucha fuerza. Así que nos armaron un concierto en el teatro Payró, donde nos fue muy bien y al final aparece «El Flaco» Luis Alberto Spinetta diciendo (N: imita la voz de Luis) “Loco, son una pelota de acero que rebota en la cabeza, pero no entiendo por qué cantan en inglés teniendo todo un idioma a su disposición”… Y nosotros ya habíamos sido tocados por Javier Martínez porque nos habían hecho escuchar el primer álbum de Manal que decía (N: imita la voz de Javier) “No hay que tener un auto”. Así que ya después de eso nos pusimos a traducir nuestras canciones para grabar nuestro primer single.

Fue el momento de cambiarse el nombre…

Hasta ahí nos llamábamos Mach 4, pero un dia haciendo tiempo, estaba leyendo un libro que decía “vox populi, vox dei» (en latín, «la voz del pueblo, es la voz de Dios»). Y cuando leí esa frase me dije: “este es el nombre del grupo”. Y cuando se lo anunciamos a Álvarez y a Pujo dijeron: “¡por fin un nombre distinto!”.

Con ellos graban el debut “Caliente” y después un disco histórico como “La Biblia”, que fue una movida arriesgadísima para la época…

No buscábamos tener éxito, sino darle un sacudón a la sociedad, ser contestatarios. Yo estuve en la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 cuando fue el bombardeo, viví la batalla del ejército entre Azules y Colorados. Ya veíamos que la cosa venia bastante fea. “La Biblia” sale en el ‘71 y en el ‘74 empieza la Triple A. Pero jamás pensamos que íbamos a llegar a conmemorar 50 años de “La Biblia” como estamos haciendo ahora.

Durante la grabación de “La Biblia” Godoy se fue de la banda, lo que me imagino fue un cimbronazo muy importante. Aunque a diferencia de Manal o Almendra, ustedes no se separaron, sino que siguieron adelante…

Cuando Godoy se va, fue como ir en un avión que perdió un ala. Pero nos acomodamos y grabamos “Jeremías Pies De Plomo” que fue lo más pesado que se había hecho hasta ese momento. ¡Todo el mundo se admiraba de lo pesado que era ese disco!

LO QUE SIEMPRE FUE, LO MISMO SERÁ. LO QUE SIEMPRE HICIERON, REPETIRÁN

Ya como trio se estabilizan como una de las bandas más importantes de la escena, hasta que vuelven a tener otro cimbronazo cuando se va Soulé en 1974

Pero ahí ya veníamos fuertes y sabíamos que por más que se fuera uno, ni Rubén ni yo íbamos a dejar la banda. Y tuvimos la suerte de encontrar a Raúl Fernández y a Enrique Avellaneda y grabamos “Ciegos De Siglos” un muy lindo disco, pero que no tuvo la difusión que se merecía. Es un disco que me encanta (N: Willy describe esa época en esta nota). Ya después de la salida de Ricardo no nos importaba nada y seguíamos para adelante. ¡Estuvimos 43 años juntos con Rubén! (N: fallecido en 2010)

¿Cómo pensás que se sintieron los diferentes músicos que se iban sumando al grupo, teniendo en cuenta la química que tenían voz y Rubén?

Fueron buenos músicos, pero les costaba entender la filosofía de Vox Dei, algo que nosotros tratábamos de continuar con Rubén. ¡Yo veía que se les hacía difícil!

Luego volvió Ricardo para la época de “Gata De Noche” en 1978, algo que se repetiría en el futuro varias veces…

Nos contactó su manager diciendo que quería volver y con Rubén lo dejamos porque era un socio fundador. Rubén y yo estábamos seguros de lo que hacíamos, y que no nos iban a sacar de nuestro camino. Pero el que estaba inseguro era Ricardo. Entendíamos que ya como adultos y con hijos él necesitaba expandir sus horizontes, pero yo siempre me quedé en Vox Dei porque ya tenía diez años de historia antes de la banda. Y el día que encontré lo que buscaba, me quedé.

A propósito, ¿qué recordás de tu etapa con Destroyer? Porque fue el único proyecto con el que grabaste fuera de Vox Dei

Aprendí mucho con esos músicos: Palo Penayo que conocía mucho de armonía, Beto Topini que era un pibe y hoy es uno de los mejores bateros del país y Luis Valenti, el tecladista de El Reloj que ya no está más entre nosotros. Hacíamos una música muy especial, temas muy elaborados, con muy buenas letras… a mí me encanta. Pero uno de los problemas fue el nombre del grupo en la época de la Guerra de Malvinas. Si le hubiese puesto “Destructor” hubiese sido distinto. Por el nombre en inglés nos hicieron la cruz. Porque si vos escuchás la banda, habla de todas cosas nuestras, que nos pertenecen. Y el otro error fue no haber cantado más yo. La compañía quebró y nos quedamos sin nadie que nos apoye…

Finalmente en los 90 fue como una especie de volver a empezar con la llegada de Carlos Gardellini…

¡Totalmente! Con Gardellini nos entendimos bien, hablábamos mucho para que entienda que era lo que queríamos hacer y cual era nuestra forma de trabajo. Y lo comprendió. Y ya hace más tiempo que está tocando conmigo que lo que tocó Soulé.

BUENAS Y MALAS SON, COSAS QUE VIVO HOY

La última reunión con Soulé y Godoy fue en 2013, para un show en el Luna Park. Y hace un tiempo hubo un conflicto legal con Ricardo por el nombre Vox Dei: ¿cual es tu visión de esos hechos?

Yo le puse el nombre a la banda en el año 1969, y como en esa época no teníamos la menor idea del tema del registro, nunca lo registré. Y él lo registra en el 2005. Y se dictaminó que él es dueño del nombre pero yo puedo usar “Willy Quiroga Vox Dei”. En el ínterin tuvimos que suspender algunos shows… y ahora Vox Dei no puede tener un espacio más grande que mi nombre en los anuncios.

¿En el caso de Soulé tampoco?

¡Es que él no lo usa el nombre!

No hay espacio para una nueva reunión entonces…

En una banda, tener una buena relación es condición sine qua non. ¡El respeto es fundamental! A todos los que me preguntan por la reunión, les pongo el ejemplo de un matrimonio que se lleva muy bien, hasta que un día se separan y todos les insisten para que vuelvan: ¿vos que les dirías?

Que por algo se separaron…

¡Exactamente! No lo veo posible.

Pero entendés a los fans que te lo van seguir pidiendo…

¡Los entiendo! Lo del Luna Park no fue una buena experiencia. Yo accedí por todos los que nos querían ver juntos de nuevo y por las nuevas generaciones que no nos habían podido ver en su momento. Pero no sé si fue fructífero.

CUÁNTA VERDAD, HAY EN VIVIR

Hablemos del presente, sé que estás con varios proyectos..

Por un lado sigo como Willy Quiroga Vox Dei para el que quiera escuchar los temas de todas las etapas de Vox Dei, sin distinción; y por otro voy a hacer una banda paralela con otros tres músicos, con canciones nuevas que ya estamos componiendo, con un sonido actual

La última pregunta, Willy: ¿cómo es ser un rockero de 80 años?

¡Es amar lo que hiciste y darte cuenta de que no estuviste equivocado! Voy a seguir para adelante y el único que me puede decir basta es Dios

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