
No todos los días una de las bandas mas importantes de ese género metalero que tanto queremos anuncia su despedida discografíca. Es por eso que el staff de MADHOUSE (representado en este caso por Hernán Mariotti, Nicolás Arroyo y Alejandro Do Carmo) se tomó su tiempo (entre elixires varios que también fueron tomados) para analizar minuciosamente «Megadeth» el anunciado último álbum de La Filarmónica del Colorado.

PACIENTE: MEGADETH – «Megadeth» (BLK II BLK/Frontiers – 2 M Producciones)
LAS EXPECTATIVAS
Llega el anunciado último (?) disco de estudio de Megadeth y las emociones están a flor de piel. Llamenlo madurez, evolución o experiencia, pero en un momento el Colorado perdió para siempre la rabia, el enojo y el hambre de gloria de sus inicios, aunque eso no significa que haya perdido el talento. De hecho, desde aquel renacer compositivo del grupo en «Dystopia«, la calidad de los discos viene en franco ascenso. Y este Mustaine maduro hace lo mejor que puede con lo que tiene a mano: y a falta de Friedmans o Kiko,s para esta coda de su carrera ahi está el finés Teemu Mäntysaari para cubrir el esencial puesto de guitarrista, más el cyborg Dirk Verbeuren y el viejo conocido James LoMenzo en el bajo reemplazando al excluido Ellefson (Ale)
Esperé el lanzamiento con buenas expectativas: “The Sick…» me pareció el mejor disco de la banda desde “The System Has Failed” (injustamente infravalorado, incluso por el mismo Mustaine) y considero que Kiko era el mejor reemplazo posible de Friedman y su partida me apenó. Sin embargo, viendo shows de este año con Teemu, la banda sonaba realmente muy bien, lo que no es de extrañar dado que la actual formación del grupo está integrada por músicos más que solventes. Por último, antes de la edición del álbum, los cuatro adelantos tenían lo suyo -salvo “Puppet Parade” que me pareció un abúlico refrito de “Almost Honest”- y escuché en ellos un Megadeth no tan intrincado, sino más enfocado en hacer buenas canciones y efectivas. (Hernán)
No voy a mentir: que este sea el último disco en la carrera de Megadeth le suma una cuota extra de entusiasmo y buena predisposición al momento de escucharlo. Por eso creo que las expectativas (al menos en mi caso) siempre fueron altas. Si bien es una banda que con el correr de los años perdió un poco mi atención, cuando hablás de un grupo del calibre de Megadeth es imposible no ponerle fichas a un nuevo lanzamiento. Y más todavía si tenemos en cuenta que, desde «Dystopia» levantaron el nivel (Nico)
LA COMPOSICIÓN Y EL SONIDO.
Si hablamos de sonido, el disco cumple con creces. La producción es excelente, al igual que la ejecución de cada instrumento. El debutante Mäntysaari hace lo suyo con oficio: se calza los zapatos de Friedman o Loureiro con muchísima soltura (voy a obviar a Broderick y Drover que no son malos violeros, pero siempre tuve la sensación de que Megadeth les quedó un poco grande y, además, quedaron pegados a la etapa más floja del grupo). Por su parte, el desempeño de LoMenzo y Verbeuren es impecable. Compositivamente, el disco funciona como una exploración propia a la historia de la banda (¿qué mejor que mirarte a vos mismo para inspirarte?), donde pareciera que Mustaine intenta dejar conformes a los fans de las distintas épocas de Megadeth con un poco de cada una. (Nico)
Al igual que en sus últimos lanzamientos, la propuesta sonora es combinar velocidad y potencia pero sin la crudeza del Megadeth clásico. Y si a eso le sumamos la responsabilidad que acarrea ser el último legado discográfico del grupo, no es descabellado pensar que las influencias de los discos mas exitosos de Megadeth se hayan hecho notar. Es por eso que se notan reminiscencias de «Countdown To Extinction» o «Youthanasia» en esa intención de combinar riffs con aspectos melodícos como en «I Am War», «Another Bad Day» o «Obey The Call» que nos traen un deja vu de canciones más accesibles como «Angry Again», «Trust» o «Foreclosure Of A Dream» (Ale)
¡Que tema la composición de este disco! Mustaine esgrimió como una de las razones para «retirarse» el hecho de padecer el Mal de Dupuytren, una afección que engrosa la palma de la mano y genera una curvatura anómala en los dedos. Tal vez eso explique el porqué de la estructura mucho más simple de la mayoría de los temas en comparación con discos anteriores. El tema es que una cosa es ser simple, y otra carecer de inspiración. Y si bien los adelantos mostraban a un Mustaine bastante certero en la composición, (ligado a las eras de “Countdown…” o “Cryptic Writings”) el problema con el álbum es que a partir del sexto tema, “Another Bad Day” entra sin remedio en un tobogán musical, con una banda tocando en piloto automático y Mustaine repitiendo en forma monótona el estribillo hasta el hartazgo (sÍ no estamos ante el tema más cuadrado en la historia de la banda, pega en el palo) Igual suerte corren “Obey The Call” (otra canción a la “Cryptic…” pero sin chispa), “I Am War” o “The Last Note” (con un riff con tufillo a “Tornado Of Souls”). En cuanto al sonido, la labor de Chris Rakestraw como productor es buena en cuanto a como suena la banda, pero creo que en la parte artística, (al revés de lo que hizo en «The Sick…«) queda en la columna del debe. (Hernán)
LOS PUNTOS ALTOS Y BAJOS
Los puntos altos están en el arranque: los riffs de “Tipping Point “ y “Let There Be Shred” son punzantes e intrincados, pero con la frescura y el gancho que tenían los grandes grupos de thrash cuando el estilo arrancó. Las influencias punkies del Colorado dicen presente en “I Don´t Care” (casi una respuesta al “So What?” de Metallica) y la canción es un acierto; ojalá la incluyan en el set de la gira porque es un tema perfecto para el vivo. Más allá de eso, encuentro el resto de los pocos aciertos en ciertos pasajes como ser la intro de bata en “Made To Kill” o el cierre a las chapas de “Obey The Call”, un tema hasta ahí anodino, que de golpe mete quinta y cierra con las violas entrecruzándose en el mejor duelo de seis de cuerdas del disco. Muy bien 10 para Verbeuren en su labor tras los parches, que está a la altura de la historia de Megadeth. Por último, me parece totalmente innecesaria la versión de “Ride The Lightning”, la cual además es muy opaca en comparación con la original. Evidentemente la expulsión de Mustaine de Metallica es algo que el hombre no ha podido superar. Un trauma que ni Lacan, Jung o Freud podrían resolver. (Hernán)
Como esos jugadores talentosos que en la última etapa de su carrera que necesitan laderos que los asistan, el Colo tiene un equipo sólido en el cual confiar: la performance de Teemu y sobre todo de Verbeuren es impecable y LoMenzo cumple con su solidez habitual dejando al Colo para que defina con el arco vacío. Con respecto a las canciones, «Tipping Point» probablemente sea el último gran clásico en la carrera de Megadeth compartiendo el podio de lo mejor del disco junto a «Let There Be Shred» y «Another Bad Day». Lo más flojo, más allá del poco brillo de la voz del Colo en la mezcla, es el hecho de que Mustaine no tenga ningún amigo que le haya dicho: «che, no da que versiones ‘Ride The Lightning’, media pila». Una pena que la última canción del último disco de Megadeth sea un tema de Metallica. (Ale)
Hay temas veloces, punzantes y llenos de violas filosas como “Tipping Point”, “Let There Be Shred” o “Made to Kill”; el costado punk aparece en “I Don’t Care”; y la etapa más cancionera del grupo se luce en piezas como “Hey God?!” (gran canción), “Puppet Parade” (temazo que podría haber formado parte de «Cryptic Writings»), “I Am War” y “Another Bad Day”.Todas llevan el sello característico del Colorado, que es verdad que ha perdido filo vocal por el lógico paso de los años (además de haber padecido un cáncer de garganta), pero no las mañas ni el oficio: su voz sigue siendo un factor determinante gracias a esos estribillos melódicos, llenos de gancho, que se te adhieren durante las primeras escuchas.El cierre del álbum merece un párrafo aparte: “The Last Note” pone a Mustaine bajo un único reflector, cantando con el corazón en la mano mientras hace una mirada personal sobre su carrera. La lírica es profunda, la base musical exquisita y el solo – primero acústico y luego eléctrico – no tengo dudas que debería corearse en cada lugar del mundo donde la toquen (cuando lleguen acá, denlo por hecho). Oficialmente el disco termina ahí… pero no, porque fiel a su costumbre, no podía irse sin un nuevo/viejo berrinche: SU versión de “Ride the Lightning”, canción donde hizo su aporte compositivo (y que la banda de Hetfield se lo reconoce). Salvo por la voz de Mustaine, es prácticamente igual al original y no le agrega nada (más allá del morbo) a un disco que ya había cerrado de manera maravillosa.Los puntos altos son varios: la calidad de las canciones, los excelentes solos de guitarra y, en general, el gran desempeño de los compañeros de ruta del Colorado. Porque hay que decirlo: el talento de Mustaine es innegable, pero cuando está bien rodeado se potencia, y los resultados están a la vista (y al oído). Lo negativo, además de la innecesaria versión del tema de Metallica, estaría ligado al peso de los constantes cambios de formación, las declaraciones hablando más de sus ex compañeros que de su propio disco nuevo (hay que soltar, amigo) y los quilombos con Ellefson, que desdibujan un poco el adiós de una banda legendaria, con Mustaine como el único miembro original (Nico)
UNA REFLEXIÓN FINAL ENTRE LÁGRIMAS
Si este será o no el último disco de Megadeth, sólo Mustaine lo sabe. Sinceramente espero que así sea y no estar ante otra maniobra de marketing a las que ya estamos acostumbrados y que son realmente una forreada a los fans. Lo que le reconozco al Colorado es que al contrario de sus ex compañeros Lars y James, el tipo no estira por años su producción discográfica y arriesga (¡risk, risk, risk Colo!). A veces la pega y en otras queda en deuda como esta vez. De todas formas, pedirle a esta altura a Megadeth algo que esté a la altura de sus obras cumbres es, no sólo injusto, sino también improbable. Ojalá Dave cumpla con su palabra y se retire después del tour, asi daremos las hurras y le diremos ¡gracias por todo Colorado! (Hernán)
Es complicado hacer una reflexión sobre el disco que marca el final de la carrera de una banda como Megadeth (aunque tratándose de Mustaine, nunca se sabe). Pero lo cierto es que el buen Dave decidió llegar hasta acá y despedirse bajo sus propios términos y condiciones, cerrando una historia de cuatro décadas, de la cual muchos de nosotros también fuimos parte. Desde acá solo resta decir: ¡gracias por todo, Colorado! Sinceramente, se te va a extrañar.(Nico)
Mientras gritamos «El Colo no se va» a viva voz, está bueno tener en cuenta que, más allá de que Megadeth llegue a su final discograficamente, es válido pensar que Mustaine va a seguir adelante haciendo música, aunque sin el vértigo guitarristico al que lo obliga la historia de Megadeth; una marca que indefectiblemente vivirá por siempre en los amantes del met… «no se va, el Colo no se va!» (Ale)
Agradecemos a 2M Producciones el material

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