
¿Por qué amamos las historias de asesinos?
Hay una pregunta que nadie quiere hacerse en voz alta pero que todos llevan puesta como un tatuaje mal hecho: ¿por qué no podemos apartar la mirada del horror? No del horror abstracto, no de la violencia de noticiario que se consume entre el café y el celular. Del horror real, narrado, construido como historia. Del asesino que tiene nombre, domicilio y familia que no lo vio venir. Del músico que se destruyó a sí mismo con una dedicación que casi se parece al arte. Del cuerpo que aparece, del cuerpo que no aparece, del cuerpo que alguien tiene que ir a identificar un martes a la mañana.
El true crime es el género más consumido del mundo. Los podcasts sobre asesinos seriales tienen millones de oyentes. Los documentales sobre casos sin resolver se ven en familia, los domingos. Algo en nosotros necesita esas historias y ese algo, esa necesidad, dice bastante más sobre la condición humana que cualquier ensayo de autoayuda. La pregunta no es si estamos fascinados: es qué hacemos con esa fascinación. Si la miramos de frente o si seguimos consumiéndola como entretenimiento, sin hacernos cargo de lo que implica.
Lala Toutonian, que además de parte del staff de esta revista es periodista narrativa y crítica literaria, lleva años haciendo la única cosa honesta que se puede hacer con esas preguntas: no responderlas, sino afilarlas hasta que corten. Este año propone dos talleres que son, en el fondo, la misma excavación desde ángulos distintos. Uno sobre crimen real y literatura. Otro sobre rock, locura y la figura del artista que vive -o muere- en el límite. Los dos parten del mismo territorio: ese borde donde lo que una cultura considera monstruoso resulta ser, visto de cerca, algo mucho más parecido a nosotros de lo que quisiéramos. «El objetivo no es que los participantes salgan con respuestas sobre la ética del true crime. Es que salgan con mejores preguntas, con más herramientas para leer estos textos, y quizás con ganas de escribir los suyos», dice Lala.
Tres sesiones online: lunes 8, 15 y 22 de junio · 20:30 hs Argentina. Lo organiza Talleres de Bolsillo: pueden ver más info acá.

Literatura, rock y locura
Hay un momento preciso en el siglo XX en que la literatura decide hacerse cargo de la fascinación por el crimen con ambición estética y rigor ético. No para explicarlo. No para redimir a la víctima ni para condenar al victimario desde una posición cómoda. Sino para preguntarse, con honestidad, qué dice de nosotros el hecho de que no podamos dejar de mirarlo. Ese momento tiene fecha, autor y título: 1966, Truman Capote, «A Sangre Fría».
Capote pasó seis años con los asesinos de la familia Clutter. Los entrevistó en prisión, ganó su confianza, construyó con ellos una intimidad que muchos consideraron una traición. El libro que resultó de eso es una de las obras más incómodas y más hermosas del siglo pasado, y esa incomodidad no es un defecto sino exactamente el punto. La belleza de la prosa y el horror del hecho se tensan entre sí, y esa tensión es lo que hace literatura de lo que podría haber sido solo periodismo.
El taller recorre ese territorio en tres sesiones. La primera con Capote y Leila Guerriero: cómo un hecho criminal se convierte en material narrativo, qué operaciones formales -estructura, punto de vista, elección de detalles- transforman una crónica en literatura. La segunda con Emmanuel Carrère y Carlos Busqued: cómo se construye la subjetividad del asesino, qué se gana y qué se pierde cuando el narrador decide que quiere entender en lugar de solo juzgar, y la diferencia -que existe, aunque sea incómoda de señalar- entre comprender y justificar. La tercera sesión no tiene lecturas nuevas: es para hacer lo que pocas veces se hace con estos textos, que es preguntarse quién tiene derecho a contarlos, a quién representan, a quién pueden dañar, y si la forma puede ser, en sí misma, una respuesta ética.
El taller es online, en vivo, sin grabación. Lo que pase esas tres noches, pasa ahí.
Tres sesiones online: jueves 30 de julio, 6 y 13 de agosto · 20:00 hs Argentina · También en audioclase

El rock no inventó al artista maldito. Lo heredó. Lo recibió de la literatura como se hereda una deuda con intereses, como se hereda una casa con fantasmas: sin poder negarse del todo, sin saber muy bien qué hacer con lo que hay adentro. El dandy baudeleriano, el visionario blakeano, el borracho furioso y tierno de Bukowski, el outsider que Foucault estudió desde los bordes de la razón: todos ellos son antepasados directos de Lou Reed caminando por el lado salvaje, de Syd Barrett disolviéndose en su propia mente, de Daniel Johnston dibujando demonios con una claridad que avergüenza a los cuerdos, de Nick Cave convirtiendo el duelo en teología personal.
El seminario no viene a celebrar la autodestrucción ni a patologizarla. No es un catálogo de tragedias ni una reivindicación romántica del genio que sufre. Es un intento de leer: de entender cómo ciertas figuras se volvieron personajes casi literarios, cómo una época depositó en ellos sus miedos y sus contradicciones, qué diferencia hay entre vivir en el límite y construir ese límite como estética, y si esa diferencia importa o si es también una coartada que usamos para no ver demasiado cerca.

Tres clases. La primera sobre el músico como personaje literario, con Lou Reed, Nick Cave, Ian Curtis y la película «Control» como disparador. La segunda sobre locura, drogas y creatividad: Foucault, Syd Barrett, Roky Erickson, y la pregunta de si el mito romántico del artista loco es una construcción cultural o una experiencia que algunos cuerpos realmente atravesaron, con todo lo que eso implica. La tercera sobre freaks, outsiders y monstruos culturales: GG Allin, Daniel Johnston, y la genealogía literaria de esas figuras en Blake, Ginsberg, Bukowski, Kathy Acker.
Disponible en streaming en vivo o en formato audioclase, para escuchar cuando y donde quieras.
No hace falta ser escritor ni académico ni haber leído a Foucault. Hace falta ser de los que no pueden dejar de mirar. De los que ponen el podcast de true crime antes de dormir y después se preguntan qué dice de ellos que lo hayan hecho. De los que escuchan The Mercy Seat y sienten que ahí hay algo que no es solo una canción… Si llegaste hasta acá leyendo esto, ya sabés que sos de los nuestros. Organiza Revoluciones Íntimas, pueden ver más info acá.

Fundada por Frank Blumetti, la edición digital de la recordada revista de los 90 cuenta con colaboradores de la vieja época y nuevas incorporaciones. Basada en el gusto por la música y centrada en todas las manifestaciones de la cultura joven, esta web busca estar al tanto de lo que ocurre a diario en Argentina y el mundo y estar al día con los desafíos que las nuevas tecnologías imponen al periodismo.








