Allá por 1986, el mundo era otro y todos lo sabemos: primavera alfonsinista, recuperación democrática, Mundial de México con Maradona en la gloria, y la sociedad volcada al consumo bestial de cocaína mientras la banda de Beilinson/Solari daba a luz un engendro de 9 canciones tan oscuras como ciertas y certeras. Desde la fanfarria soviética de “Oktubre” al clima pretendidamente festivo de “Ya nadie va a escuchar tu remera”, Patricio Rey se posicionaba y tomaba partido en una sociedad en la que lo político no era ni de cerca lo que es hoy en día. Pero lo interesante está aquí debajo, así que ya saben: ¡Pasen y lean!

Arte de Ricota: la catedral de La Plata en llamas y sin el esclavo con cadenas, en la primera tirada de «Oktubre».

9 temas que más que canciones son agrias molotovs cargadas de profecías con destino de banderas. Luego de aquel debut dos años antes, con Lito Vitale como encargado de la producción, las cosas se ponían bastante diferentes para los Redonditos de Ricota. No estamos hablando de una crítica a la política nacional amparada en el destape democrático ni en todo lo que se esperaba y no fue (recordemos que un año después, Aldo Rico protagonizaría un alzamiento carapintada como fusible de las tensiones políticas imperantes). Este disco se monta sobre el final de la Guerra Fría y dispara desde allí, visualizando un futuro distópico en el que convivían la post modernidad ochentosa y el derrumbe de las ideologías que habían defendido años atrás.

Videoclip no oficial de «Fuegos de Oktubre», con imágenes de la presentación del LP en Paladium

Y la cocaína, cada vez más consumida entre el común denominador de la gente, era como una nieve que lo cubría todo. Con citar la canción insigne del disco, es más que suficiente: “Jijiji” ya desde el título retrata la risa bidimensional del adicto y su paranoia en un tema con alegorías cinéfilas. También se llegó a afirmar que “Semen Up” con sus estrofas “La veo casi como un demonio, y rasco la alfombra por su amor” refería a la sustancia blanca, pero finalmente eso fue desmentido por los propios integrantes del grupo.

Boceto de tapa a cargo del Indio Solari con el título que inicialmente él planeaba para el disco. Más soviet no se consigue, невероятный!

Lo que estaba en juego acá era el secuestro del estado de ánimo, un último secuestro que nada tenía que ver con aquellos hombres oscuros montados en Ford Falcon verde. Ahora el enemigo tenía otra forma más difícil de discernir, en medio de un resentimiento y deseo de venganza post dictadura cívico militar de 1976. Y el análisis no deja afuera a nadie: “Divina TV Führer” traza un paralelismo entre la caja boba y el nazismo en un mood muy “1984” de Orwell, “Preso en mi ciudad” es el hastío de las grandes urbes y el enojo del rock ante el avance del pop y sus propias contradicciones, “Música para pastillas” asegura que los buenos volvieron y están rodando cine de terror, refiriéndose a que aunque el gobierno militar ya no estaba en el poder, la cúpula militar seguía teniendo un gran peso en la sociedad, “Canción para naufragios” pareciera ser el relato del testigo que ver pasar las bombas sobre su cabeza en medio de la lucha entre las grandes potencias de Oriente y Occidente, y sólo puede observar en silencio.

Audio de una de las noches de la presentación oficial de «Oktubre» en Paladium, quién pudiera haber estado ahí.

Pero claro, también está una de las canciones más extrañas de la banda. Hablamos, cómo no, de “Motorpsico”: según el propio Indio Solari, “el lugar más pop al que llegó Patricio Rey”. Las inflexiones vocales del cantante, la suavidad de la melodía de Skay, la percusión electrónica de Claudio Fernández (baterista de Don Cornelio) y la letra del propio Indio dan como resultado un tema tan enigmático como irresistible. Como cereza del postre, la letra cita implícitamente a Albert Einstein (¿?)

«De esos polvos…» quedó afuera del disco tan a último momento, que en el insert del LP estaba incluía la letra del tema y no llegaron a sacarla.

No podemos dejar de resaltar el sonido del disco, muy diferente a todo lo que sería el típico sonido de la banda. Esa especie de opresión, de asfixia que se pasea por los 9 temas, que hasta por momentos genera una especie de claustrofobia desesperante y por otros una especie de depresión angustiante. Aunque parezca mentira, esto no tiene que ver con una decisión estética de la banda sino con algo absolutamente fortuito: Osvel Costa, técnico de grabación, se anotició de la existencia del reverb en medio del armado del LP y por eso todo suena como en otro plano de la percepción.

Uno de los mejores inéditos de Patricio Rey, ¡la descosían cuando rockeaban!

Recordemos que para esa época, la banda incluyó gran cantidad de temas nuevos que no llegaron a plasmarse en el disco que estaban grabando, y algunos otros ni siquiera pasaron de sonar en vivo alguna que otra vez: podemos citar canciones como “Resfrío Boliviano (El regreso de Mao)”, “De esos polvos futuros lodos”, “Mi genio amor”, y “Rock de las abejas”, por ejemplo. Y recordemos también que para ese entonces, Patricio Rey había incorporado a un nuevo miembro. Hablamos de Andrés Teocharidis, tecladista de formación clásica que debutó en los shows de presentación del disco en Paladium allá por octubre de 1986. Trágicamente, falleció en un accidente de tránsito poco tiempo después de su incorporación al grupo.

La última canción del disco es casi una imaginería futurista de este disco que, a pesar de ser uno de los pilares del rock argentino de los 80s, no tiene nada que envidiarle a ninguna obra cyberpunk ya que su carácter lo asemeja tranquilamente a ellas. “Ya nadie va a escuchar tu remera” en verdad se llamaba “Efímero” y esa es su futurología: Solari decía que cuando todo el mundo tuviera una remera con imágenes de bandas o músicos, eso pasaría a ser una moda, y todas las modas pierden el significado de lo que intentan representar. Hoy, casi 40 años después de aquella declamación, ¿quién puede asegurar que esa sentencia era errada? ¿Cuán diferente es la cultura rock de aquél entonces con respecto a lo que hoy nos toca vivir? Preguntas que quizás nunca tengan respuesta. O será que todo esto está muy Shangai, y seguimos atrapados en libertad.

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