Plasmar el dolor en una canción no tiene que ver solo con lo que le ocurre a uno sentimentalmente. A uno le puede doler lo que sucede a su alrededor, le puede doler ver a la humanidad seguir repitiendo los mismos errores. Como el mismo Nacho Vegas diría: «la vida es buscar placer y hallar dolor». Pero es mucho más lindo cuando podés transformar ese dolor en canción. Y eso es lo que ha hecho el músico asturiano desde que empezó su carrera solista, a principios de los 2000.
Desde ese momento se convirtió en el niño mimado del indie español, pero que no ha tenido miedo de coquetear con el mainstream, en un disco en colaboración con Enrique Bunbury, por ejemplo. Pero él nunca se ha adaptado a las exigencias de ese mundo, sino que ha hecho que ese mundo se adapte a él.
La imagen del cantautor solitario con su guitarra acústica se rompe desde el primer momento. Esta vez el asturiano viene acompañado de una banda de cinco músicos, donde él solo se dedicará a ser el intérprete, micrófono en mano, paseándose por todo el escenario. Y ese no es su único cambio. Desde hace un tiempo Vegas ha cambiado la canción de desgarro personal por el manifiesto político. Nacho ya no escribe desde el sufrimiento del alma y del corazón, escribe desde el sufrimiento del mundo. Eso queda claro en canciones como “Fíu”, dedicada a su madre, donde declara: “Si me preguntáis quién soy, jamás diré soy un artista/Soy hijo de Cristina Vegas, antifascista.
CON EL CORAZÓN LATIENDO A LA IZQUIERDA
La excusa de esta visita es la presentación de “Vidas Semipreciosas”, su más reciente trabajo. Pero, aunque sea reciente, el músico tiene la habilidad de que sus canciones parecieran haber estado siempre ahí, como “Tiempo de Lobos” o “Los Asombros”. Sin desprenderse de su estilo tradicional, se las ingenia para que sus composiciones recientes suenen frescas y logran colarse entre las preferidas de su público.
La noche será políticamente explicita. Apenas terminada la primera canción Nacho se posicionará contra Milei y cualquiera que se encuentre a la derecha del aspecto político. Para los que creen que música y política no deben mezclarse, esta no es su noche. Es más, redoblaría la apuesta dedicándole varios minutos a la causa por Palestina, invitando a la diputada porteña Vanina Biasi (FITU) a hablar sobre la situación e incentivar al resto a hacer lo mismo. Pero en ningún momento se nota como forzada. Quizás sí para alguien ajeno a la propuesta del español, pero para sus seguidores, no es posible despegar las causas que apoya con lo que canta.
CANCIONES QUE UN HOMBRE DEBE CANTAR
Pero esto sigue siendo un concierto y hay interpretaciones magnificas, de esas canciones de furia y corazones rotos como “Bravo” o “Morir o Matar”, donde se ve el ADN español y el don de darle un dramatismo exagerado a cada composición.
En tiempos donde el sistema pareciera establecer reglas estrictas a la hora de hacer música, como difundirla y como interpretarla en vivo, Nacho parece querer hacer todo lo contrario. Después de casi ocho años sin visitar Argentina, la lógica indicaría un repaso general por toda su obra, volviendo a tocar sus canciones clásicas. Hoy no hay nada de eso. Si puede caracterizar algo este concierto es que, además de que las canciones nuevas ocupan un lugar central, el resto del concierto carece de hits, optando por páginas más tapadas de su repertorio. Es que claro, el asturiano apuesta por una obra que trascienda su persona.
La desgarradora “La Pena o La Nada” cierra el concierto, y podría ser una síntesis de su obra; “Entre la pena y la nada/elegí el dolor”. Nacho Vegas eligió el dolor de una carrera que toma los caminos difíciles, que se expone, que se muestra vulnerable y abierto a toda crítica posible. Pero es lo que el arte pide.
Periodista especializado en música desde 2007 para medios como El Acople, Jedbangers, Rocktambulos, WYWH. Coautor del libro «Stoner Argentino» (2022). Cofundador de la productora «Convergen». Conductor del podcast «Literatura Rockera». Fan antes que todo eso.