BAD RELIGION, ESTADIO MALVINAS ARGENTINAS, 22/04/2026

Nuevamente, la banda que encabeza el inefable Greg Graffin volvió a visitar nuestro país. Y en esta ocasión, nos pareció pertinente, en lugar de la típica reseña de shows, analizar un poco las causas por las que una banda que hace de la velocidad y la inteligencia sus marcas de fábrica, esté tan vigente y sea tan valorada en un contexto coyuntural mundial como el que tenemos en este 2026 tan orwelliano. Una vez más, ¡pasen y lean!

LA RECETA PARA RESISTIR

Antes de empezar con la reseña, hay que dejar en claro algo: uno siempre tiene que saber, antes de empezar a escribir, qué es lo que quiere decir y/o comunicar. En este caso, una especie de verdad irrebatible: el hardcore punk no va a morir jamás. ¿Y por qué semejante aseveración? Por la simple razón de que este movimiento cultural (mucho más que una forma de tocar música) es el resultado del estado calamitoso del mundo moderno. Entonces, sabemos que el presente es nefasto y que lo que se observa como un futuro está más cerca de ser una distopía que otra cosa. Así, una banda como Bad Religion (que no es causa sino consecuencia) tiene argumentos de sobra para seguir intentando describir en sus letras los insondables caminos que toma la humanidad hacia su inexorable destino.

Dicho esto, las decenas de discos que estos muchachos de Los Angeles han editado en sus más de 40 años de vida, se parecen más a una letanía de sinrazones sociales que a un simple rejunte de canciones. Desde aquél seminal “How Could Hell Be Any Worse” de principios de los 80s hasta el “Age Of Unreason” de 2019, no han dejado causa sin analizar ni suceso sin describir. 

Entonces, cuando las personas que llenaron el Malvinas Argentinas se aprestan a ver por quincuagésima o primera vez a la banda, el prólogo es el mismo una y otra vez: los temas son consecuencias directas de lo que ya afirmaban hace 30 años en “Punk Rock Song”: canciones escritas para las personas que pueden ver que algo está mal. Ellos, como trabajadores en una fábrica o como hormigas en una colonia, solamente hacen su parte. Porque, claro, es algo que no pueden dejar de hacer. 

Y si tomamos los títulos de las canciones que sonaron el miércoles, parecen alegatos sociológicos en vez de temas. “Recipe For Hate” (más que acertada elección para abrir el concierto), el eterno choque entre “Them And Us”, la irónica “I Want To Conquer The World”, la tremenda “End Of History” donde afirman que “la nostalgia no es excusa para la estupidez”, “We’re Only Gonna Die For Our Own Arrogance”, “Suffer”; “Sorrow”, “Infected”, y siguen las firmas. 

Si claro, una reseña debería decirte que la gente concurrió en masa como respuesta a otro gran show de la banda, que los teloneros locales Shaila y Eterna Inocencia (hijos dilectos de Bad Religion) hicieron lo suyo con sabiduría y cosecharon aplausos, que el grupo sigue siendo un relojito que sabe perfectamente dar un show sin grietas ni fisuras, que el volumen estaba tan fuerte y potente que hizo que muchos salieran prácticamente sordos, que Graffin con su look de profesor universitario no se cansa de dar cátedra acerca de lo que sea, que Jay Bentley es el preferido de muchos fans porque arriba del escenario es el que más parece disfrutar del asunto, que la gente esperaba más temazos (¡cómo no van a tocar “Generator”!), o que luego de himnos como “Fuck Armageddon This Is Hell” y “American Jesus”, el benemérito Bentley se despidió afirmando que “el mundo es un lugar de mierda”. 

AL PUNK PUNK, Y AL HARDCORE GRAFFIN

Pero todo eso no hace más que reafirmar todo lo expuesto antes: ¿qué designio mágico del destino puede hacer que en una realidad fatídica como la que nos toca, haya un golpe de timón tan fuerte como para que las canciones de Bad Religion (más parecidas a un fresco sobre el bombardeo de Guernica que a un listado de temas de rock festivo) pierdan la vigencia que vienen manteniendo desde tiempos inmemoriales? 

Señoras, señores: Bad Religion, la banda que nunca falla, pasó nuevamente por Buenos Aires. Y, ciertamente, podemos afirmar que su hardcore punk tiene hoy más relevancia que cuando el mundo era un lugar más habitable. ¡Chapeau!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here