KERRY KING, TEATRO FLORES, 09/05/2025
La primera visita al país de Kerry King en modo solista venía cargada de expectativas. ¿Podría el calvo guitarrista estar a la altura de su pasado? ¿El siempre exigente fan de Slayer se iría satisfecho a su casa? A priori hay que decir que el debut discográfico de Kerry en modo solista era por demás convincente, mostrando además que muchas ganas de sacar el pie del plato de su historia musical, no tiene. Todas esas dudas se disiparon el 9 de mayo pasado y MADHOUSE fue hasta ahí para contarte el resultado.

En primer lugar, hay que decir que el hacha de Slayer eligió para su nuevo proyecto músicos con experiencia y probada valía. Mark Osegueda supo brillar en Death Angel de la mano de unas cuerdas vocales por encima de la media de sus colegas thrashers. Phil Demmel, por su parte, tiene dos nombres importantes en su currículum como son Vio-Lence y Machine Head. En la batería, otro ex Slayer como Paul Bostaph, quien ha demostrado largamente su valía en su paso por la banda californiana. De Kyle Sanders poco se sabe, salvo que formó parte de la banda de Vinnie Paul, Hellyeah, además de ser el hermano de otro bajista, nada menos que Troy Sanders de Mastodon. El quinteto debutó el año pasado con “From Hell I Rise”, disco que recogió buenas críticas mostrando una propuesta que no dista mucho a la de la banda madre de King, esto es thrash metal mala onda, maligno y sin muchas concesiones, aunque hay que decir que la paleta sonora de KK es un poco más amplia que la de Slayer, con un cantante propiamente dicho (Araya era el típico caso de “bueno, canto yo porque soy el único que se anima”, mientras que a tocar el bajo todavía está por animarse) y una mayor dosis de melodías, sobre todo en el trabajo de las guitarras.La cita era a las 21 y puntualmente comenzó a sonar la pista de “Diablo”, el breve instrumental que abre “From Hell I …”, mientras en la pantalla detrás de la bata se encendía un enorme logo de la banda y el escenario se teñía de un rojo infernal que bañaba a una audiencia enardecida (aunque sin ser escasa estaba bastante raleada para ser parte del fandom de Slayer).

DE NOCHE ELLOS SE DESPIERTAN
Terminada la intro los cinco jinetes coparon el escenario de la mano de “Rage” (un título al cual la canción le hace justicia) para desencadenar el apocalipsis. Sabido es que El Teatro De Flores es una plaza compleja cuando se trata de sonar bien, y lo cierto es que la bombástica propuesta de King y los suyos complicó un poco las cosas en ese sentido. Los primeros temas sonaron algo empastados, con poca definición y el snare de Bostaph muy al frente. Pero por suerte y gracias a la pericia del sonidista, luego eso se corrigió y la banda terminó sonando de una manera que le hiciera justicia al material que estaban presentando. El dueño de la pelota, el bueno de Kerry ( si se me permite el adjetivo, teniendo esa cara de malo), mostró su ferocidad habitual a la hora de empuñar esos riffs que ya son marca registrada, pero fiel a su estilo, se concentró en hacer lo suyo paradito en su posición y dejando que el centro de la escena la ocupen sus compañeros. En ese sentido tanto Sanders como Demmel y Osegueda se mostraron muy activos, moviéndose y arengando al respetable. Estos dos últimos tuvieron una muy buena noche haciendo cada uno lo suyo. Si bien cuando King afirmó que pretendía que su banda solista sea una continuación de Slayer, hay que decir que ese hilo estilístico está presente, pero la banda que formó me parece tener más recursos que los creadores de “Seasons In The Abyss”.
Vocalmente, Osegueda se mostró impecable y Demmel aporta otro color a los solos de guitarra en la dupla que forma con King. Tiene un estilo más melódico y limpio saliéndose un poco de la tradición slayereana de meter solos a las chapas y llenos de palancazos, sin mucho rumbo. El repertorio repasó entero el único título que la banda ostenta hasta ahora, pero también hubo espacio para alguna perla de la discografìa de Slayer. En ese sentido, King eligió canciones que no son precisamente clásicas pero sí tuvieron el mérito de rescatar algunas perlas de los inicios del grupo. Asì sonaron “Black Magic” de “Show No Mercy” (1983) y “At Dawn They Sleep” (1985). También hubo tiempo para material más reciente como “Repentless” del disco homónimo del 2015 y “Disciple” de “God Hates Us All” del 2001. El que no podía estar ausente era el gran clásico en la carrera de una de las agrupaciones del Big 4, y me refiero claro a “Reign In Blood”. Cuando el escenario se tiñó una vez más rojo sangre y la tenebrosa intro de la canción empezó a sonar, la fanaticada afiló los colmillos para dar rienda suelta al ritual del smosh pit más salvaje de todo el universo metalero. Previamente, el setlist de la noche guardaba una sorpresa con forma de homenaje. “Queremos rendirle tributo a un disco que fue una gran influencia para nosotros y a dos grandes como Paul Di Anno y Clive Burr (ndr; cantante y baterista del Maiden original respectivamente)”, lanzó Osegueda micrófono en mano, para hacer “Killers” y “Purgatory” dos temazos del segundo álbum de estudio de La Doncella De Hierro. Las versiones estuvieron afiladísimas, con un rebaje en las revoluciones que dejó en claro que esta banda es más versátil musicalmente que Slayer. Con un show que iba in crescendo en términos de excitación, para el cierre el quinteto tiró a la cancha la canción que da título a su presentación en sociedad discográfica.
En su presentación en directo, Kerry King y los suyos lejos de merecer una condena eterna, se llevaron la aprobación total de los presentes. Así que podemos estar tranquilos, el infierno puede esperar.
Texto: Hernán Mariotti
Fotos: Martín Delgado

Porteño, cincuentón, melómano, cinéfilo, amante del whisky y la cocina. Licenciado en comunicación, fue agente de prensa en organismos públicos, se desempeñó como productor e investigador periodístico en Arte Canal y participó como redactor de los suplementos “No” y “Turismo 12” de Página/12 y de la versión impresa de Madhouse. Como Do Carmo, baterista frustrado, padre de dos rubias y hombre librepensador.








