Ya Azeroth había dejado el escenario caliente (impecable show de los liderados por Fernando Ricciardulli) cuando, con puntualidad teutona, comenzó a sonar por los parlantes «Let Me Entertain You» de Robbie Williams, a priori una elección extraña pero lógica dentro de la propuesta de la banda. Y ese «vamos, déjame entretenerte» del estribillo del hit del ex Take That funcionó como leitmotiv de esta nueva visita de Helloween desde los primeros acordes de «March Of Time» : ENTRETENIMIENTO, así con mayúsculas.

GUARDIANES DEL POWER METAL

Es que, desde que Helloween decidió convertirse en este mega híbrido de siete integrantes hace ya casi una década, la banda navega con maestría el delicado equilibrio que requiere, por un lado, repasar 40 años de trayectoria y, por el otro, demostrar que la magia sigue viva. Y todo eso intentando que la combustión de siete egos no haga volar las buenas intenciones por los aires.

Y para lograrlo (amén de un sonido claro aunque poco potente al principio) es menester apelar a todos los recursos habidos y por haber. Y ahí tenemos los papelitos al aire en «Future World» (el mejor momento de la noche), las llamaradas de fuego en «We Burn», el decorado de arcade ochentoso en «Twilight Of The Gods» y, sobre todo, un brillante uso del espacio físico en el escenario, quizás la gran ventaja de contar con dos frontman como Michael Kiske y Andy Deris que, lejos de competir, se complementan. Y tal como nos decía Kai Hansen en la entrevista exclusiva previa al show, los egos están bien guardados y los momentos de protagonismo bien compartidos: hay entonces canciones a tres voces, algunas solo con Hansen al frente, solos pirotécnicos repartidos entre Sascha Gerstner y el boss Weikath, el consabido solo de batería de Dani Löble y hasta un segmento liderado por el bajo de Markus Grosskopf y su pinta de borrachín simpático.

LAS CALABAZAS VUELAN LIBRES

Y cuando parecía que el clímax llegaba con la coreadísima «I Want Out», en medio de semejante despliegue, apareció el momento de bajar unos cuantos cambios. Kiske y Deris se acomodan con una guitarra acústica y, por unos minutos, Helloween deja de ser esa maquinaria perfecta de siete integrantes para convertirse simplemente en dos tipos cantando canciones y haciendo chistes, algo que el público adoró. De hecho, luego de un breve fragmento de «Let It Be» de los Beatles, la gente reemplazó el estribillo de la canción por el nombre de la banda, provocando un momento risueño que dio paso a la emoción de «A Tale That Wasn’t Right».

Y todavía quedaba más calabaza en esta noche de brujas. Ya que, a pesar de que no sonó completa la reclamada «Keeper Of The Seven Keys», la épica estuvo dada de todos modos por «Halloween» y la potente tríada de cierre: «Eagle Fly Free», «Power» y «Dr. Stein».

Y así, entre papelitos al aire, fuego, solos épicos a tres guitarras, himnos a tres voces, una pizca de humor alemán y cuatro décadas de canciones, Helloween volvió a demostrar que aquella reunión que parecía destinada a ser una celebración pasajera terminó convirtiéndose en algo mucho más grande: una orquesta metálica que nos entretuvo por casi dos horas y media y nos dejó listos para una próxima vez.

Txt: Alejandro Do Carmo

Ph: Florencia Giuliana

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