
Directo desde la ciudad polaca de Breslavia, Robert “Polako” Zelazek habla de «Basta», el debut de la banda que lleva su apellido, recuerda a Ricardo Iorio, lamenta la ausencia de un homenaje colectivo a Pil y dispara contra un rock que, según él, dejó de incomodar al poder para convertirse en una tribuna más.

Conocida como la «Venecia polaca» por sus múltiples islas y canales en el río Óder, Breslavia destaca por su arquitectura de cuento de hadas y sus más de mil estatuas de gnomos escondidas por sus calles, lo que, si bien la convierte en un lugar pintoresco para visitar, nos juega en contra a la hora de tenerla de fondo en la charla por Zoom, tal como era lo planeado. Es que la cantidad de turistas y el calor imperante en la ciudad, hace que tengamos que adoptar un contexto más seguro en esta idea de hablar con El Polako Zelazek en Polonia: «Si me siento en un bar no me vas a escuchar vos ni te voy a escuchar yo» —dice Robert entre risas. «Así que me vine a casa, prendí el aire acondicionado y ahora estamos civilizados» . Y la escena sirve para retratar bastante bien su presente repartido entre sus dos tierras
«Vos sabrás cómo es la vida de un músico. Hasta que no tenés un hit número uno y vendés diez millones de discos es complicado vivir solamente de esto. Entonces fui precavido y me armé un kiosco acá en Polonia. Me dedico al negocio inmobiliario. Alquilo propiedades, llamo plomeros, persigo inquilinos… las cosas maravillosas de la vida adulta. Vengo una vez por año, veo a mi familia —tengo una tía de 96 años— y si todo sale bien recién vuelvo al año siguiente»

Antes de viajar dejaste un disco nuevo y una presentación en vivo. ¿Cómo nació el proyecto Zelazek?
Yo quería seguir con la política de «Bandits and Covers» (N: su disco doble solista con invitados) porque sentía que éramos todos bandidos haciendo covers. Pero a los pocos meses aparecieron Leo Nievas, Guille Wallace y Leonel Suite diciéndome que había que armar una banda. Yo quería llamarla Bandits pero me dijeron que ni en pedo, que se llame Zelazek. Fuimos a votación, éramos cuatro… y perdí tres a uno. ¡Los tres guanacos me hicieron bolsa! (Risas)
El disco se llama «Basta», un título bastante contundente. ¿Qué significa?
Todo nace de releer «1984«, de George Orwell. Un día vi un meme que decía: «Escuchen, manga de imbéciles. Mi libro era una obra de ficción, no un manual de instrucciones». Y pensé que cada vez vivimos más parecido a ese libro: cámaras por todos lados medios cada vez menos objetivos, gente a la que le dicen qué tiene que pensar… entonces dije «basta». Basta de policías botones, basta de músicos que antes tenían los cojones para ser rebeldes y ahora suben con una banderita para putear al gobierno de turno. Para mí el rock tiene que seguir siendo una patada en los huevos para todos.
También hay una crítica al rock, precisamente como espacio de protesta…
Hoy veo muchos músicos que protestan porque sienten que tienen que protestar.
Si los sentás en una mesa y les preguntás por qué defienden determinada postura, probablemente no sepan responder.
Creo que putean por deporte.
¿Te molestan las críticas?
A esta altura de mi vida lo que opine la gente sobre lo que hago me tiene totalmente sin cuidado. Si les gusta, buenísimo. Y si no les gusta.. los invito una cerveza. El punk inglés tenía razones muy concretas para existir, pero hoy muchas veces se critica por costumbre.
El sonido del disco está muy cuidado…
Tener un estudio propio te da una ventaja enorme porque no dependés del reloj. Con Los Violadores entrábamos a grabar y había una cantidad de horas contratadas: había que terminar sí o sí. Acá fue distinto. Podíamos mezclar un tema, dejarlo descansar dos o tres meses, volver a escucharlo con la cabeza fresca y descubrir que le faltaba un arreglo, un solo de guitarra o incluso volver a grabar una voz. Soy bastante maniático con el sonido y le dedicamos cientos de horas al disco. Aprendí también que el mastering no hace milagros: si una grabación está mal hecha, no hay proceso que la salve. Pero cuando la base es buena, ese trabajo termina de potenciar todo lo que ya construiste.
Hoy veo muchos músicos que protestan porque sienten que tienen que protestar.
Si los sentás en una mesa y les preguntás por qué defienden determinada postura, probablemente no sepan responder.
Creo que putean por deporte.
En el disco también recuperás canciones de distintas etapas de tu carrera.
Había temas que siempre me gustaron pero que sentía que habían quedado mal grabados o que podían tener otra vida.
No quería que quedaran perdidos.
Entonces los rehicimos con el sonido de hoy. Más que una revisión nostálgica, es una versión 2.0.
DEL PRESENTE AL PASADO
A lo largo de su carrera, Zelazek compartió camino con varias de las figuras más importantes del rock pesado argentino. En «Bandits and Covers» volvió a cruzarse, al menos musicalmente, con Ricardo Iorio, un viejo conocido desde los años de adolescencia, mucho antes de que ambos escribieran páginas fundamentales en la historia del rock nacional. El recuerdo todavía le dibuja una sonrisa.
¿Qué recordás de Ricardo?
Muchísimas cosas. Compartimos mucho cuando éramos pibes. Íbamos a ver ensayar a V8 en la casa de Beto Zamarbide. Y también ellos venían a la quinta de mis viejos. Después cada uno hizo su camino, pero nunca dejé de considerarlo un amigo.
¿Cómo surgió volver a grabar juntos?
Todo empezó cuando organicé mi cumpleaños en Salón Pueyrredón. Como Ricardo no tenía teléfono, hablé con Fernanda (su pareja) para invitarlo pero al final no pudo venir porque tenía otros compromisos. Tiempo después le propuse participar en «Bandits and Covers» y aceptó enseguida. Me dijo: «Polako, no pude estar en tu cumpleaños, pero este tema va a ser mi regalo». Eso me quedó para siempre, y habla mucho de la clase de persona que era Ricardo. Con el tiempo uno entiende que esos pequeños gestos terminan valiendo muchísimo más que un montón de otras cosas.
Pero si hay un nombre que aparece una y otra vez durante la charla es el de Enrique Chalar. Para el Polako, más allá de las diferencias personales que tuvieron Los Violadores, a lo largo de su carrera, la figura de Pil Trafa todavía no recibió el reconocimiento artístico que merece. El tema sigue generándole una mezcla de tristeza y bronca.
Hace un rato me decías que sin Pil no existirían Los Violadores tal como los conocemos…
Para mí es así. Yo fui parte de la historia de la banda, pero el gran mérito de Los Violadores fue de Pil, eso no tengo ningún problema en reconocerlo.
Después de su muerte quedó la sensación de que faltó un gran homenaje...
Sí. Siempre fui partidario de hacer un homenaje. Propuse organizar un festival apenas murió. Incluso donar lo recaudado, pero no hubo eco. El único homenaje fue tocar unas canciones acústicas en Parque Centenario, pero después no pasó más nada. Pil tuvo una placa en Villa Ortúzar, si, pero nunca un homenaje musical acorde a lo que representó. Y hay muchísimas bandas que existen gracias a él. Y eso me duele.

¿Creés que algún día podría hacerse un show homenaje con los miembros sobrevivientes de la banda?
Yo siempre estuve dispuesto. Aunque fuera una sola vez en un gran festival con todas las bandas que, de una manera u otra, crecieron escuchando a Los Violadores. Me parecía la mejor manera de homenajear a Pil.
Yo fui parte de la historia de la banda, pero el gran mérito de Los Violadores fue de Pil, eso no tengo ningún problema en reconocerlo.
¿Y cómo están hoy las cosas con Sergio Gramática y Stuka?
Con Stuka terminamos muy mal. Con Gramática la relación es neutra. Alguna vez compartimos un programa de televisión y tocamos algunos temas, pero nada más. No tenemos contacto. Treinta años tocando juntos no garantizan una amistad. Eso pasa en todas las bandas.
La última etapa de Violadores fue difícil...
Ya en la época del Luna Park se notaba que las cosas estaban complicadas. Después explotaron definitivamente en el Gran Rex. Y el último show en Temperley terminó siendo más un compromiso que otra cosa.

Pero luego de la solemnidad y antes de despedirse, El Polako vuelve a sonreír para un mensaje final.
«¿Qué le puedo decir a la gente de MADHOUSE? Escuchen el disco. Capaz mucha gente no lo entienda, pero el que quiera conocer un poco más de toda la mierda que lo rodea, que le dé una oportunidad» Y promete que a su regreso habrá shows… y cerveza gratis. «Uy, cagamos. Vamos a llenar un estadio» (Risas)
Baterista frustrado, docente y periodista especializado en cultura y espectáculos. Creador del programa La Isla de los Monos, ha colaborado en Rock.com.ar y las revistas Efecto Metal, Mala Difusión y Devils Beat Records Mantiene su blog Film Song (www.film-song.blogspot.com) desde 2005.








