
2920 dias. 2922, si contamos los años bisiestos: ocho años. Casi una década fue lo que le tomó al escritor y periodista Ariel Osvaldo Torres para escribir la única biografía autorizada del recordado Ricardo Iorio. En esta entrevista exclusiva, el periodista recuerda cómo convenció al fundador de Hermética y Almafuerte, las anécdotas que quedaron fuera del libro y por qué el músico era «un tipo completamente distinto» fuera del escenario.
Ariel Osvaldo Torres (Chaco, 1968) sabe que hay historias que no pueden esperar. Cuando en el año 2000 se propuso escribir la biografía de Ricardo Iorio, nadie había intentado siquiera acercarse al fundador de V8, Hermética y Almafuerte con semejante propuesta. «Yo no soy famoso. Vas a perder plata, flaco; si yo soy un salame, soy un perdedor», le espetó Iorio en su primer encuentro formal, en octubre de 2005, en el backstage de un recital de Almafuerte en Luján. Pero Torres ya había hecho la tarea. Llevaba cinco años juntando material, incluyendo entrevistas a músicos, colegas y decenas de testigos más. Y contaba con aliados estratégicos que le habían abierto la puerta al difícil universo ioriano. Finalmente, la perseverancia triunfó y el músico cedió: «OK, te doy mi bendición, porque si te digo que no, igual lo vas a editar»… Así nació «El Perro Cristiano«, publicado originalmente en 2008 tras un proceso de ocho años que incluyó diez entrevistas exclusivas con Iorio y treinta y seis conversaciones con amigos, excompañeros, productores y periodistas.

El libro se convirtió en el más exitoso del emprendimiento editorial independiente de Torres, superando incluso a sus anteriores biografías de Sepultura y Marilyn Manson. Ahora, con motivo del lanzamiento de una nueva edición revisada -que suma fotos inéditas y un anexo de 16 páginas-, el periodista que supo ganarse la confianza del «Perro Cristiano» repasó junto a MADHOUSE los momentos más intensos de esa travesía: desde las lágrimas compartidas al hablar de Beto Zamarbide hasta las negativas rotas a recibir «regalos mufados», pasando por los asados en el campo bonaerense donde el frontman de Almafuerte demostraba ser, lejos del personaje escénico, «un anfitrión de lujo».
¿Cómo surge la idea del libro?
Las motivaciones fueron varias. En primer lugar, la música de Ricardo Iorio tuvo mucho que ver con mi adolescencia, especialmente la que compuso en la época de V8 y en los comienzos de Hermética. El proyecto de escribir la biografía de Ricardo Iorio nació en el año 2000, cuando trabajaba en Editorial Magendra, donde fui redactor de las revistas Pelo, Metal y Generación X. Me pareció que era el momento para que el fundador de esas bandas, y después de Almafuerte, tuviera un homenaje en vida, en formato de libro. Hasta ese entonces, a nadie se le había ocurrido escribir una biografía suya – o no pudo, o no supo, o no se animó. Ese hueco de información también fue una motivación importante. Recuerdo que haberlo entrevistado para las revistas de la editorial fue otro punto a favor, al igual que las dos biografías que había escrito con anterioridad. Con toda esa experiencia, junté ganas y me animé a encarar el proyecto.
¿En qué año comenzaste con las entrevistas?
Como fue un proyecto propio, arranqué a trabajar sin pedirle permiso a nadie. Junté material y, a partir de 2004, comencé con los primeros escritos. Las primeras entrevistas las hice en 2005. Incluso, le presenté el proyecto a Iorio cuando ya tenía adelantados algunos capítulos y había entrevistado a músicos como Gustavo Rowek, Walter Martínez y Flavio Cianciarulo.
¿Qué pensaba Iorio de este libro?
Según me enteré mucho tiempo después, cuando Marcelo Tommy le habló a Iorio por primera vez sobre mi proyecto, él no quería saber nada del asunto. Tengo que reconocer que fue fundamental el apoyo de Tommy, y también el de Marcelo Caputo. Pocho Andrade también me dio una mano. Los tres conocían mi trabajo como periodista especializado en rock y le sugirieron a Ricardo que yo era el indicado para escribir sobre su vida. Finalmente, Tommy me organizó un encuentro con Iorio para que pudiera hablarle en detalle sobre el libro. Eso fue en octubre de 2005, en el backstage de un concierto de Almafuerte en Luján. Esa noche Ricardo estaba bravo, por eso dudé de su respuesta. Estaba muy negativo. Me dijo: “¿Un libro mío? ¿Para qué? Yo no soy famoso. Vas a perder plata, flaco; si yo soy un salame, soy un perdedor”.Al final, la idea pareció gustarle y aceptó. “OK, te doy mi bendición, porque si te digo que no, igual lo vas a editar”, me dijo. Creo que le entusiasmó el proyecto, porque trabajar en un libro era algo nuevo para él.

LA LARGA VUELTA DEL PERRO
¿Cómo fue el proceso de escritura y creación?
Largo. En aquel tiempo había que conseguir información de primera mano y no era fácil. La información que había en Internet no era confiable. Muchos datos los encontré revisando ejemplares de MADHOUSE y Metal, además de fanzines. La información más importante en esa época se obtenía en las entrevistas, que había que hacerlas personalmente. No existían WhatsApp, Instagram ni otras redes sociales. Ni siquiera hice entrevistas telefónicas. Apenas hice dos o tres por e-mail. Todas las demás, hubo que hacerlas a pulmón, cara a cara. Además de las entrevistas a Iorio, que fueron diez, realicé otras treinta y seis a amigos, excompañeros de ruta, productores, periodistas, gente del ambiente musical y compañeros de Almafuerte. Todo eso, después hubo que volcarlo en diferentes capítulos. Fue un laburazo. Algunas entrevistas duraban dos horas. Y cada capítulo que terminaba se lo entregaba a Iorio, para que lo leyera, corrigiera y diera su aprobación. Nada de mandar por e-mail. Todo se hacía personalmente, en algún encuentro. Después de terminar los escritos, llegaron los procesos de corrección, diagramación y, por último, la impresión. Desde que arranqué con el proyecto hasta que «El Perro Cristiano» salió a la calle, a mediados de 2008, pasaron ocho años.
¿Cómo era Ricardo Iorio como anfitrión?
¡Era el mejor! Cuando arrancamos a trabajar, él ya me conocía porque lo había entrevistado un par de veces. Mi primera entrevista a Iorio la hice en septiembre de 1993, durante la grabación del disco de Hermética Víctimas del Vaciamiento. Pero nunca llegué a forjar una amistad con él. Recién establecí un vínculo a partir del trabajo que hicimos en conjunto para el libro. Y el lugar donde más mostraba esa faceta de buen anfitrión era en su casa, ubicada en el campo, en el medio de la nada, entre Coronel Dorrego y Sierra de la Ventana, en sur de la provincia de Buenos Aires. En su intimidad, Iorio era una persona muy distinta a la que veíamos arriba de los escenarios. Eso intenté reflejarlo en la biografía. Cuando fui a su casa, me llevó a recorrer la zona y a conocer amigos. Hasta recuerdo que me hizo asados. Siempre estuvo preocupado de que no me faltara nada. Era muy generoso en ese sentido. Después mantuvimos diálogos en lugares y situaciones muy diferentes: en bares, en backstages de conciertos, en los ensayos de Almafuerte, arriba de su auto… Y siempre fue un anfitrión de lujo.
¿Hubo algún momento en el que Ricardo se puso áspero durante las entrevistas?
Jamás. Para sorpresa de muchos, el tipo se comprometía con el trabajo en conjunto y siempre estaba predispuesto. Y siempre amable. Yo creo que él también supo crear un personaje con eso. Se ponía áspero en determinadas situaciones. Actuaba un poco. Yo creo que se divertía haciéndolo. Pude comprobarlo en camarines o en el entorno de los conciertos. El Ricardo Iorio que yo conocí, fuera de los escenarios era una persona más relajada, muy divertida incluso. Te hacía reír un montón.
Debés tener mil anécdotas que no salieron en el libro. ¿Cuál es la que más te sorprende o te gusta?
Una anécdota que siempre recuerdo ocurrió en su casa, durante la primera entrevista que le hice para su biografía. Lloró relatando las diferencias que mantenía en ese entonces con Beto Zamarbide. Eso fue en enero de 2006. Me habló con mucho dolor de la distancia y de los asuntos que los separaban. Me contagió las lágrimas: como yo también aprecio a Beto, moqueamos los dos. Por suerte, en 2013 se reconciliaron. Iorio quería mucho a Beto. Tengo otras anécdotas que hoy recuerdo como divertidas, como cuando quise regalarle una piedra de la pirámide de Kefrén.“No, amigo. Llévese eso. Usted robó esa piedra y me la quiere regalar. ¡Ni en pedo! Eso va a traerme mala suerte”, me dijo. Algo parecido se dio cuando quise regalarle uno de mis libros relacionados con el accidente de los Andes. “No quiero ese libro. Esos hijos de puta se comieron al piloto. Esa historia trae mala suerte”. Iorio era muy especial con el tema de la mufa (risas).

PERROS RABIOSOS Y CRISTIANOS
¿Cuántas ediciones lanzaste de «El Perro Cristiano»?
Hasta el momento, dos ediciones: 2008 y 2012. La diferencia entre la primera y la segunda es que la última contiene fotos diferentes y un anexo de 16 páginas, con una entrevista que le hice en Sierra de la Ventana, cuando repasamos su vida y su obra desde 2008 hasta la época del disco de Almafuerte «Trillando la Fina».
¿Por qué razón el libro se edita en forma independiente y no tenés apoyo editorial?
La idea del lanzamiento independiente fue de Marcelo Caputo, con quien trabajé diez años. Caputo era mánager de Iorio en ese momento y quiso comercializarlo en los conciertos de Almafuerte, como una exclusividad. “Este libro no vamos a venderlo en librerías”, me dijo. Fue una apuesta diferente, y acepté. Almafuerte tocaba en todo el país y, de esa forma, la biografía llegó a varios rincones, como un elemento más entre el merchandising de Almafuerte. Después, Marcelo hizo un contrato con la tienda Locuras y el libro llegó a la calle, pero siempre en forma independiente.Cuando é dejó de trabajar con Iorio, también se terminó nuestro contrato. Soy dueño de la obra, así que seguí vendiéndola de manera independiente. De esta forma logré tener siempre el control del libro. Me gusta ese modo de trabajo. No necesito apoyo editorial.
¿Es el libro más importante que escribiste? ¿Por qué?
Sí, por lejos es la obra más importante del pequeño emprendimiento editorial que tengo. Antes de escribir «El Perro Cristiano«, había editado una biografía de Sepultura: «Embajadores del Tercer Mundo», en 1999; y otra de Marilyn Manson, «El Abogado del Diablo», en 1999. Después del libro de Iorio, lancé dos más relacionados con el accidente de los Andes: «Hacia El Avión de Los Uruguayos» (2015) y «Corazón De Arriero» (2020), pero ninguno tuvo la trascendencia ni las ventas de la biografía de Ricardo. Por ese lado lo mido como el más exitoso. Además, me dio mucho prestigio entre los seguidores de Iorio, entre algunos periodistas, medios y también entre el público en general.
¿Mantenés relación con la familia de Ricardo?
Mi contacto con la familia es el justo y necesario, y siempre está relacionado con cuestiones vinculadas al libro.
¿Quisieras agregar algo más para la gente que lee MADHOUSE?
Quienes estén interesados en mis libros podrán ubicarme a través de las redes: en Facebook como Ariel Osvaldo Torres y en Instagram como @ariel.osvaldo.torres. Pueden enviarme un mensaje privado y coordinamos el envío o la entrega. Insisto: soy editor independiente, no trabajo con editoriales, pero puedo hacer llegar mis libros a todos los rincones adonde llegue el cartero. ¡Muchas gracias!


A los 17 años me banqué mi primer programa de radio en FM La Boca. Como no me gustaba ni a mí, busqué otro trabajo. Al año siguiente, 1992, di mis primeros pasos en la legendaria revista MADHOUSE que tras su cierre en 2001 hoy vuelve a acogerme en su nuevo formato digital. En el interin circulé por medios gastronómicos como Revista El Conocedor y RSVP. Megadeth es la banda que cambió mi vida y «Paranoid» me parece el mejor tema del metal, aunque es una opinión que suelo cambiar. Actualmente estudio Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Moreno y disfruto de poder escribir.








