
Hay películas que se hacen para contar historias. Otras, para inmortalizar momentos. Y hay unas pocas -las más raras y fascinantes- que se convierten en cápsulas del tiempo que, al abrirse años después, revelan no solo lo que fue, sino lo que estaba por venir. «Hell W10», el extraño largometraje mudo en blanco y negro que Joe Strummer escribió, dirigió y financió durante el verano de 1983, pertenece a esta última categoría. Lo que comenzó como un proyecto personal para matar el tiempo entre giras, un pasatiempo de amigos filmando en las calles de la muy londinense Notting Hill con cámaras prestadas y alcohol real en los vasos, terminó siendo el último proyecto creativo que la formación clásica de The Clash realizaría en conjunto. Semanas después de que Strummer gritara «corten» por última vez, Mick Jones -el guitarrista y cerebro melódico de la banda- fue expulsado del grupo. La película, entonces, dejó de ser una anécdota curiosa para convertirse en un documento histórico: la fotografía final de una banda que se desmoronaba mientras fingía ser otra. Hoy, en el que hubiera sido el septuagésimo cuarto cumpleaños de Joe Strummer, les proponemos recordarlo contántoles todo lo que sabemos de esta historia.

UNA BANDA AL BORDE DEL COLAPSO. Para entender «Hell W10» hay que recurrir a una imaginaria -por ahora- máquina del tiempo y viajar hasta situarse en 1983. The Clash no era ya el grupo de punk rabioso que había grabado «White Riot» seis años atrás: eran una máquina agotada, una banda que había pasado demasiado tiempo en la carretera, en los estudios y en la vorágine de ser «la única banda que importa». Tras el lanzamiento de «Combat Rock» en 1982 —su álbum más exitoso comercialmente pero también el más polémico internamente- las fisuras eran innegables. Topper Headon, el baterista que había llevado el reggae y el funk a su sonido, había sido expulsado a finales de ese año por su adicción a la heroína. Las tensiones entre Joe Strummer y Mick Jones, siempre presentes pero antes manejables, se habían convertido en una guerra fría de silencios. Paul Simonon, el bajista que había sido el pegamento social del grupo, se alineaba cada vez más con Strummer, mientras Jones se sentía marginado y atacado.

Fue en este contexto de desintegración que Strummer tuvo una idea aparentemente inocua: hacer una película. No una producción profesional como «Rude Boy«, el documental de 1980 que había dejado a la banda con mal sabor de boca por la pérdida de control creativo. Esta sería diferente: casera, autogestionada, sin estudios ni productores externos. Una excusa para mantener al grupo ocupado, para darles un objetivo común en medio del caos y recordarles que aún podían crear algo juntos sin padecer las presiones de la industria discográfica.

La película se llamaría «Hell W10″, tomando el nombre del código postal de Notting Hill, el barrio londinense que había sido el epicentro de la escena punk y que serviría de escenario natural. Strummer, desilusionado con los excesos de producción de «Sandinista!» (1980) y las feroces críticas de la prensa británica, vio en este proyecto una vuelta a las bases. Durante tres años consecutivos, su grupo paralelo The Soul Vendors -donde tocaba con viejos amigos como Richard Dudanski y Derek Goddard– había estado tocando cada noche del 31 de diciembre en The Tabernacle de Powis Square, interpretando ska vintage, soul y viejos temas de su banda pre-Clash, The 101’ers. Esa energía de banda de garage, de amigos haciendo música por placer, era lo que buscaba recuperar. En febrero de 1983, recién regresado de una gira estadounidense con The Raincoats, Derek Goddard recibió una llamada de Strummer. «Nos vemos mañana en el Warwick Castle», dijo Joe misteriosamente. Goddard pensó que se trataba de un proyecto musical, pero pronto descubrió que se trataba de cine. «Me dijeron que la película se iba a proyectar durante una presentación en vivo. No había guion ni trama, excepto lo que había en la cabeza de Joe», recordaría años después.

EL REPARTO: AMIGOS, MÚSICOS Y PROFECÍAS ENCARNADAS. Lo que Strummer tenía en mente era un híbrido entre el cine negro de gángsteres de los años 30, el neorrealismo italiano, la Nouvelle Vague francesa y el cine de explotación británico de los 50. Una historia de crimen ambientada en el Londres de los 80 pero filmada bajo la influencia de «Mean Streets» y «Taxi Driver» deL DIRECTOR Martin Scorsese (con quien Strummer y The Clash tenían una conexión, como pueden leer en esta nota de MADHOUSE) hecha con un presupuesto mínimo y un equipo compuesto por amigos y novias. El reparto se armó rápidamente. Paul Simonon, el bajista de actitud cinematográfica, sería Earl, un músico y pequeño delincuente en guerra con el hampa local. Mick Jones, en un casting premonitorio, interpretaría a Sócrates, «El Señor de Ladbroke Grove», un capo de la mafia vestido con smoking blanco que operaba como director de cine porno. Strummer se reservó un papel menor pero significativo: un jefe de policía corrupto y racista, bigotudo y ambiguo, que colabora con el crimen mientras finge combatirlo.

El reparto se extendía más allá de los músicos famosos. Richard Dudanski aparecía como uno de los gángsteres. Digby Cleaver, el técnico de guitarra de Jones, fue elegido como uno de los matones de Sócrates. Sean Carasov, miembro del equipo de gira conocido como «The Captain» -que moriría en trágicas circunstancias en 2010- interpreta a un cómplice de Earl; de manera inquietante, su personaje en «Hell W10» termina como una víctima sin nombre, un destino que parecería premonitorio años después. Kosmo Vinyl, el mítico road manager de The Clash, aparecía como el consigliere de Sócrates, un papel que interpretaba demasiado bien en la vida real: mientras aparentaba ser leal a Jones, Kosmo ya operaba como la mano derecha de Strummer en la sombra, preparando el terreno para la expulsión del guitarrista. El equipo técnico era igualmente cercano. Marc Salter, hermano de Gaby -pareja de Strummer y madre de sus hijas-, se encargó de la cámara, ayudado por Nick Enfield y Alex Chetwynd en luces. Gaby supervisaba la continuidad utilizando una cámara Polaroid que Joe le había comprado para documentar cada escena. Por su parte Garry Barker, conocido como «The Baker» y técnico de batería de Topper Headon, transportaba equipos en su auto personal -el «Baker-mobile»- y hasta creó un efecto especial con un globo ocular ensartado en un pincho (!). Derek Goddard, además de su papel como barman en un shebeen (un bar clandestino), se convirtió en testigo privilegiado del proceso creativo.



LONDRES BAJO FUEGO. La filmación ocurrió durante el verano de 1983 en locaciones de fama mundial: Notting Hill, Paddington, Ladbroke Grove y Portobello Road. El Electric Cinema, el Warwick Castle y las calles empedradas del oeste londinense, lugares que la banda conocía íntimamente, se transformaron en escenarios de una ficción que retrataba su propia realidad. El método de trabajo de Strummer carecía de guion escrito. Quería que la película se sintiera como una cinta muda de la era de Buster Keaton pero con la crudeza del Londres de los 80. «Joe quería todo sobreactuado, tal como en las películas viejas en blanco y negro», recordaría Digby Cleaver. Y para lograr autenticidad, o para mantener el ambiente relajado, Strummer insistió en usar bebidas reales en lugar de utilería. Cada toma significaba otro trago, por lo que el elenco se emborrachaba progresivamente a lo largo del día (!).



Las anécdotas del rodaje son legendarias. «Lo primero que vi fue a Paul golpeando la cabeza de Digby contra un viejo Jaguar», recordaba Goddard. Las chicas del elenco no podían parar de reírse por cualquier motivo y, a medida que avanzaba el día y el alcohol fluía, las cosas se volvían caóticas. «A veces nos quedábamos sin película para seguir haciendo tomas», confesaba Goddard. «Era un desastre y Joe se ponía de mal humor, lo cual nos hacía reír aún más». En una escena memorable, el personaje de Goddard estrellaba su bicicleta contra la entrepierna del jefe gángster: «Teníamos que hacerla una y otra vez, y cada toma era más hilarante que la anterior. Él saca una pistola y yo hago como Bugs Bunny». Otra escena memorable, aunque no apareciera en el corte final, mostraba a Ray Jordan, el jefe de seguridad de la banda, cubierto de aceite y destrozando un televisor con una maza.

En el Electric Cinema de Portobello Road, la filmación se convirtió en una fiesta alcohólica de varias horas. Incluso hubo momentos de tensión, como cuando Digby Cleaver encontraba difícil seguir las direcciones de Strummer, o cuando el propio Joe, inmerso en su proyecto, rechazaba hablar de música. «Hacia el final de la filmación, pensé que sería buen momento para hablar con Joe sobre tocar música, o al menos entrar al estudio a repasar algunos temas», recordaba Goddard. La reacción de Joe fue tajante: «‘¿Música? ¡Odio la música!’, me dijo… Sé que Joe a veces hablaba en broma, pero había algo en él que parecía totalmente inmerso en lo que estaba haciendo con esa película».


UNA HISTORIA SIN GUION: LA TRAMA DE HELL W10. El resultado de esta locura controlada fue una película de aproximadamente 50 minutos (algunas fuentes dicen 49, otras 50) filmada en formato Super-8 (si bien algunas fuentes mencionan 16mm, la evidencia y los testimonios directos sugieren que fue Super-8) en blanco y negro y sin diálogos hablados, aunque con intertítulos que avanzan la trama. La historia sigue a Earl (Simonon), un rude boy y músico de poca monta que vende copias pirateadas de películas pornográficas de Sócrates (Jones). Cuando la novia de Earl se involucra con el capo, la guerra se desata. Sócrates envía a sus matones -incluyendo al desafortunado personaje de Carasov- pero Earl logra reunir a sus amigos para rebelarse. Todo culmina en un tiroteo masivo en un campo embarrado; no vamos a contarles el final, pero les diremos que tiene un clima nihilista digno del neorrealismo que Strummer tanto admiraba.



La banda sonora, añadida años después durante el proceso de restauración, es un tour de force que recorre toda la discografía de The Clash y los proyectos relacionados, incluyendo versiones instrumentales de «Rudie Can’t Fail», «Know Your Rights», «Rock the Casbah», «Police on My Back», rarezas como «First Night Back in London», «Long Time Jerk», «Cool Confusion», y colaboraciones con Mikey Dread como «Version City». La música convierte lo que podría ser un ejercicio de amateurismo en una experiencia hipnótica, un viaje sonoro por la discografía de una banda en su ocaso.

EL OLVIDO Y EL REPUDIO. Tras terminar la filmación, Strummer, Marc y Gaby Salter y The Baker pasaron semanas en un pequeño estudio de edición cerca de Shepherd’s Bush Green, aprendiendo a empalmar la película e intercalar cuadros. Fue, según recordaría Gaby, «un momento creativo muy feliz». Pero la tranquilidad duró poco: The Baker tuvo que abandonar el proyecto cuando la banda recibió una oferta para tocar en el US Festival en California, obligándolos a buscar urgentemente un nuevo baterista –Terry Chimes regresaría temporalmente, seguido por Pete Howard– para reemplazar a Headon.

Una vez terminada la película, Strummer pareció repudiar su creación. En 1987, cuando exploraba oportunidades en el cine tras actuar en «Straight to Hell» de Alex Cox, le dijo a un entrevistador: «He dirigido una película yo mismo, una película muda en blanco y negro, y fue un desastre. Afortunadamente, el laboratorio que tenía los negativos quebró y destruyó todo el material, así que el mundo puede respirar tranquilo. Filmé sin guion. Dios sabe de qué se trataba. Soy el único que lo sabía, y no lo voy a decir».
EL REDESCUBRIMIENTO: UN FANTASMA RESUCITADO. Pero la película no había desaparecido por completo. Según Gaby Salter, los negativos originales sí se perdieron cuando el laboratorio De Lane Lea ecerró y la pareja no recibió la notificación por haberse mudado. Sin embargo, una copia del trabajo de edición sobrevivió, cayendo en manos de alguien que años después la incluyó en una lista de material fílmico presentada por una productora. En 2002, el año de la muerte de Strummer, el realizador Don Letts -colaborador histórico de la banda y director, entre otros, del documental «Westway to the World»– redescubrió y reeditó la película, añadiendo la banda sonora de The Clash. Fue incluida en el box set de DVD «The Essential Clash«, coincidiendo con los últimos meses de vida de Joe.

ARTE IMITANDO A LA VIDA: LA PROFECÍA QUE NADIE VIO. Ver «Hell W10″ hoy es una experiencia conmovedora. Técnicamente es imperfecta: la cámara es inestable, las escenas se extienden y la actuación es teatral. Pero en esas imperfecciones reside su encanto. Es una cápsula del tiempo del Londres de los 80 que captura Ladbroke Grove, la vestimenta y la estética de una época. Es el documento de una banda haciendo algo juntos por última vez antes del colapso. Como bien señala Garry Barker en su blog, «Hell W10» es «arte imitando a la vida» en su forma más pura. Strummer estaba caricaturizando en el filme los roles reales de cada integrante en la vida: Mick Jones como el villano, Paul Simonon como el héroe, y él mismo como la autoridad corrupta que colabora con el mal mientras finge combatirlo. La película muestra a Sócrates y su imperio siendo destruidos; semanas después, Mick Jones sería expulsado de The Clash. El trágico desenlace que tiene lugar en un campo embarrado prefiguró el fin del grupo como entidad creativa.

En el documental «Westway to the World», tanto Jones como Strummer confesarían que la banda había pasado demasiado tiempo junta y que deberían haber tomado un descanso. Quizá -solo quizá- si se hubieran tomado unas vacaciones en el verano de 1983 en lugar de hacer esta película, la alineación clásica habría durado unos años más. Pero no tendríamos este documento único, esta última velada de la banda antes de que todo se derrumbara…. «Hell W10″ no pretende ser una obra maestra. Es una película casera hecha por músicos aburridos que necesitaban recordar por qué eran amigos. Pero en su sinceridad desordenada y su capacidad de capturar un momento exacto antes de que desapareciera para siempre, se convierte en algo invaluable: el testigo final de una de las bandas más importantes del rock, filmando su propio epitafio sin saberlo. El título, tomado del código postal de Notting Hill, se convierte en una metáfora perfecta: un infierno local y de barrio que ardió brevemente en el verano de 1983 y que hoy podemos volver a visitar. Presioná play y sumergite en este viaje al Londres de los 80, al último verano de The Clash como los conocíamos, y a la visión de Joe Strummer de un mundo de gángsteres y policías corruptos que retrataba el destino de su propia banda. Es imperfecta, es extraña y es fascinante. Es historia pura.

Periodista especializado en artes, espectáculos, gastronomía y cultura pop. Co-fundador de las revistas argentinas Riff Raff (entre 1985-86) y Madhouse desde 1989 hasta 2001. Director del primer fanzine de habla hispana dedicado a Kiss y autor junto a Carlos Parise del libro «Heavy Metal Argentino» (1993).








