
¿Cómo perdernos esta cita de honor? En una Blackpool benévola -donde el clima dio tregua para que el calor lo pongan las bandas y la gente- nos embarcamos en la maratón anual de gaviotas, nostalgia, resistencia y amistad. Entre leyendas del ’77, próceres del ska y la hermandad punk matando la sed, así se cocinó el festival de punk más grande del planeta: lo vivimos, lo sobrevivimos, lo disfrutamos y volvimos para contarlo.

MARTES 4 Y MIÉRCOLES 5 DE AGOSTO: GRANDES NOMBRES Y MOTORES ENCENDIDOS. Gran expectativa de todo el público asistente, con los motores del Rebellion crujiendo a full con el warm up titulado «Run up»: nada menos que el inagotable ADAM ANT desplegando elegancia post-punk, THE UNDERTONES recordando por qué tres acordes salvan vidas y ALTERED IMAGES aportando el matiz pop. Pero el verdadero comienzo para mí arrancó el miércoles 5 al llegar directamente desde la escocesa Edimburgo. Esa noche fue una velada de ska y ritual de sudor. NEVILLE STAPLE -sí, el mismo de THE SPECIALS– dio una lección de cómo envejecer sin perder la mística del escenario, secundado por la clase de ARTHUR KAY & THE ORIGINALS y el desparpajo juvenil de DEATH OF GUITAR POP.
Ahí estábamos, mezclados entre el público local, bancando los trapos en una especie cumbre rioplatense junto a Diego de Brixton por Argentina y Gustavito por Uruguay. La cerveza iba y venía -¡qué bien regada la noche del miércoles!-, las zapatillas se pegaban al piso y la certeza era una sola: esto era apenas el aperitivo. El jueves se venía el alud.

JUEVES 6 DE AGOSTO: EL PRIMER FUEGO, RESACA Y VIEJA ESCUELA Con la cabeza retumbando por el ska y esa resaca británica que junta gusto a cerveza de dudosa calidad con el viento que pega en la cara, me fui encontrando con otros argentinos. Saludos protocolares de «che, ¿a quién vas a ver?», y es que en el Rebellion, seguir a la manada es un suicidio táctico. Cada uno a su ritmo y a su propia carnicería. Arranqué en el Opera House con los históricos MENACE, escupiendo punk de la primera ola. De ahí, escala por otros escenarios para ver a DOG ROTTEN y CONTROL en el Club Casbah, seguidos por la frescura ruidosa de las chicas de BE N!CE en el Pavilion. Cumplieron, agitaron y me dejaron manija.

Pero el plato fuerte jugaba en la Champions League del Empress Ballroom. Lo de UK SUBS no es de este planeta: Charlie Harper, con ochenta y dos años a cuestas, le sigue dando cátedra de actitud a pibes de 20. Una aplanadora sin respiro. Casi sin aire, y golpeado por meterme al pogo -¡no me arrepiento de nada!- , fui al Club Casbah para chocarme contra el hardcore rabioso de THE ADOLESCENTS, furia californiana que transformó el piso en una pista de patinaje de sudor.

El tramo final fue para ponerse de pie. SLAUGHTER & THE DOGS devolvió de alguna manera al Ballroom el glamour sucio del ’77. Y para el cierre… THE STRANGLERS. Ver esa maquinaria en directo es entender que el punk no era solo aceleración: era atmósfera, oscuridad y tensión a punto de explotar. Una lección de elegancia bárbara que nos dejó pensando si no acababamos de ver EL show del festival.
VIERNES 7 DE AGOSTO: SOBREVIVIENTES, PROTESTA DE TRINCHERA Y POGO. Con pocas horas de sueño encima, lavada de cara rápida, levantar el cuerpo a la fuerza y comenzar de nuevo. El cuerpo pedía piedad, pero la grilla te grita que no hay tiempo para aflojar. El viernes arrancó temprano, moviendo las piernas con la agitación ruidosa de MALAD en el RIS Pavilion y el hardcore punk medio NYC de UNRIVALLED la nueva banda de Mike Brands en el Club Casbah. Dos piñas al mentón para despertarme.
Para cuando pisamos el Empress Ballroom, el clima era otro. RISKEE AND THE RIDICULE dio un recital incendiario, mezclando la furia del punk rock con esa cadencia del rap callejero que le pega una bofetada a la escena acartonada. Pero si de lecciones de vida se trata, lo de TV SMITH & THE BORED TEENAGERS fue buenisimo. El ex Adverts no canta: escupe verdades. Escuchar «Gary Gilmore’s Eyes» o «One Chord Wonders» resonando en tu cabeza te recuerda por qué estás acá.

Un breve desvío al pub junto a mi amigo Tom Hamilton (baterista de On The Huh) antes de la carnicería en el Empress Ballroom por parte de ANTI NOWHERE LEAGUE que salió a escena como un camión de basura sin frenos. Animal y su crew de vikingos locos convirtieron el lugar en un pogo de distorsión e incorrección política. Inmediatamente después, SHAM 69 tomó la posta, un Jimmy Pursey desacatado como nos tiene acostumbrado, desplegó una catarata de himnos de la clase obrera, gargantas deshechas y un público abrazado cantando “If the kids are United” como si mañana se terminara el mundo.

Para el cierre, bajamos las escaleras al Club Casbah a buscar el verdadero sentimiento Oi! con THE BUSINESS. A pesar de las ausencias físicas que duelen en el alma, el legado de la banda sigue intacto, la banda liderada por su guitarrista Steve Whale, pero un tridente dividido en turnos, primero Trevor de Crown Court, luego Roi Pearce de The Last Resort, y por último Jamie de Tear up. Un broche de oro bien Oi! para dejar las piernas y las gargantas hechas pedazos y el corazón lleno.

SÁBADO 8 DE AGOSTO: MÍSTICA, PINCELADAS Y LA NOCHE MÁS SALVAJE DEL AÑO. El sábado pegó distinto. Ya no era solo la resaca acumulada, era una carga emotiva difícil de explicar. Antes de meter la cabeza en los shows del día, valía la pena perderse en el primero piso donde estaban los stands de arte. Ver la diversidad disciplinaria de la escena es un viaje aparte. Ahí nos cruzamos nada menos que con Charlie Harper con su stand entre la gente con la humildad de los verdaderos grandes, pero no nos distrajimos y fuimos a bancar el puesto de la artista argentina Anit Art. Su stand fue un imán de musicos durante todo el festival e incluso recibió la visita del propio frontman de los UK Subs (vean la foto porque si no, no lo creen). Orgullo de nuestra tierra en pleno Reino Unido.
¡Pero abajo en los escenarios la tregua no existía! 999 encendió la mecha con ese punk elegante que no envejece jamás. Luego subimos un rato al Opera House para ver a los norirlandeses THE OUTCASTS (qué buen show dan siempre con la mejor de las ondas) e inmediatamente después volvimos al Ballroom para ver a SUBHUMANS: sublime, sin palabras. De ahí en adelante, el Empress Ballroom se convirtió en el coliseo romano, una seguidilla implacable de gigantes. Colin Abrahall con GBH apretó el gatillo de la ametralladora de hardcore punk que nos voló la cabeza. Sin respiro, los alemanes DIE TOTEN HOSEN dieron una demostración magistral de cómo llevar el punk rock a la escala de estadios sin perder un gramo de peligro ni pasión: ofrecieron un show intenso y deslumbrante donde la comunión con la gente fue absoluta (¡vayan a verlos que pronto estarán por nuestras pampas!).
Para el cierre de la jornada, una jugada combinada de la gloria Oi! británica: COCKNEY REJECTS descargando su clásico sonido East End, con la gente dejando los bofetones de lado para cantar cada estribillo como si fuera un partido de fútbol entre el West Ham contra el Milwall, y el remate perfecto con COCK SPARRER. Verlos en vivo es una experiencia religiosa, imposible cansarse de Colin y sus amigos. Brazos en alto, abrazos con desconocidos bañados en cerveza y sudor, y cientos de gargantas unidas gritando «Because you’re young». Inolvidable.

DOMINGO 9 DE AGOSTO: EL APOCALIPSIS FINAL Y LA ÚLTIMA TRINCHERA El último día del Rebellion no suele ser para cualquiera. Es la prueba de fuego donde los débiles caen y los sobrevivientes caminan como zombies con sed de ruido, y tal vez una birra?. El festival no aflojó ni un milímetro, concentrando un arsenal pesado en el Empress Ballroom que prometía hacer volar por los aires el techo del recinto, mientras las esquinas alternativas del Winter Gardens terminaban de arder.
La jornada encendió los motores con unos CHELSEA que, aún sin Gene Octane en sus filas esta vez, supieron arreglárselas para que su cargamento rockero llegara a buen puerto. La posta la tomó Harley Flanagan con sus neoyorquinos CRO-MAGS, una aplanadora de crossover hardcore que transformó el recinto en puro pogo y mosh. Sin dar respiro, los padres del D-beat, DISCHARGE, cayeron como una bomba: ruido, velocidad y oscuridad. Para cambiar la frecuencia pero no la intensidad, THE GODFATHERS aportaron esa elegancia en trajes, garage y rock and roll venenoso que te corta como un bisturí. Acto seguido, la habitual demencia absoluta de THE DICKIES convirtió el escenario en un circo, veloces y ridículamente precisos.
El tiro de gracia de esta maratón estuvo a cargo de STIFF LITTLE FINGERS. Con Jake Burns a la cabeza, SLF dio una cátedra de dignidad, melodía y protesta. Cuando sonaron los primeros acordes de «Alternative Ulster«, las pocas energías que quedaban en el cuerpo se convirtieron en un pogo colectivo de lágrimas, sudor y abrazos. El cierre perfecto para cuatro días de unión pura.

EL BALANCE FINAL: LA MÚSICA PAGA LAS CUENTAS. Volverse de Blackpool no es fácil. El cansancio se siente; te duelen los pies, te zumban los oídos desde hace noventa y seis horas, estás casi sin dormir y tenés la ropa impregnada de ese olor rancio e inconfundible a cerveza derramada y chivo concentrado. Pero la sensación de victoria es total.

El Rebellion no es una feria de nostalgia para viejos chotos: es un organismo vivo donde las leyendas que inventaron este ruido se cruzan en el pasillo con pibes que recién agarran una guitara por culp de ellos, donde la hermandad rioplatense se abraza con punks de todo el globo, y donde el arte independiente -como las obras de Anit Art- demuestra que el espíritu del Hazlo Tú Mismo goza de una salud envidiable… La proxima edición de este encuentro será dentro de doce meses: volver es, como ya lo dijimos, una cita de honor.

Saludos especiales a: Annie, Gustavito, Diego Brixton, Guillermo, Anita y Kolins, Anita y el Tano, Mariano Asch, Tom y Emily, Tezz. Marquitos Clash (se te extrañó).

Corresponsal en UK. Bebedor social, periodista y productor, entre la angustia del rechazo y el cansancio de la aceptación.








