
Alejo León es un extraño caso de ese fenómeno que es ser un músico precoz. El nacido en Luján, con apenas 14 años ya tenía bajo el brazo su primer álbum instrumental, en un debut discográfico que mostraba a un artista demasiado maduro en su estilo y propuesta para su edad. Luego concitó la atención de un prócer del metal autóctono como Ricardo Iorio quién lo convocó para su banda solista, último proyecto que emprendió antes de su muerte el ex V8, Almafuerte y Hermética. Hoy con 27 años, este virtuoso de las seis cuerdas nos trae un nuevo y contundente trabajo solista, además de ser en la actualidad el guitarrista que acompaña en sus giras a otro gigante de la música nacional como León Gieco. De todos estos temas y algunos más versó la distendida charla que tuvo con MADHOUSE esta verdadera promesa de las seis cuerdas.

El año pasado editaste “Ofanim», trabajo instrumental que venís presentando en distintas fechas. ¿Qué me podés decir del disco?.
El álbum nació en pandemia. Estábamos en una situación de aislamiento, así que estuve mucho tiempo grabando, produciendo y tirando ideas. Haciendo cosas que no había hecho hasta ese momento ni de esa manera. Tenía una guitarra nueva que era de siete cuerdas, por lo tanto estaba afinando más grave y escuchando mucha música extrema. Todo eso se sumó y dio pie al material que quedó en el disco. El título tiene que ver con eso. Los ofanim son unos ángeles citados en La Biblia y en ese momento era medio un apocalipsis lo que estábamos viviendo, así que me pareció un buen título que cerraba como concepto.
Recién comentabas lo de la afinación más grave y un poco repasando tu carrera, no había registros tuyos hasta ese momento netamente metaleros. Venías de algo más experimental.
¿Sabés que no lo había pensado nunca eso que decís?. Tenés razón, es mi primer disco realmente heavy
Me decías que escuchabas mucha música extrema en ese momento. Parecés un músico con un abanico de influencias muy grande. Me gustaría saber cuáles son esas influencias.
Son muchas y muy dispares. Veo que tenés puesta una remera de Kiss y en mi casa siempre se escuchaba, conozco mucho su discografía. No es una banda que al día de hoy escucho, pero está todo ahí metido en mi música porque tanto mi padre como mi tío son extremadamente fanáticos. También de parte de mi madre, desde muy chico escuchaba a Spinetta, King Crimson, Yes, había folklore, tango… un poco de todo. Después cuando empecé a tocar la guitarra, me metí mucho en la música celta, la árabe, la galesa y la irlandesa. Gracias a mi primo me metí también en el metal extremo: Lamb Of God, Meshuggah y toda esa clase de bandas. Creo que todo eso combinado es lo que hace que el universo de “Ofanim» sea como es.
Contame de las fechas que se vienen para presentar el disco
Tenemos algunas que están a punto de confirmarse por el interior. Por ahora la idea es hacer un par de fechas en Buenos Aires y Santa Fe. Este año mi agenda viene cargada porque voy a estar girando con León y Joana Gieco por todo el país. En octubre voy a tocar como guitarrista invitado de Helker en un par de fechas en CABA. Con respecto a mi trío, por el momento la más importante que tenemos es la presentación del 7 de noviembre en el Teatro Flores junto a Horcas. Ahí vamos a estar tocando los temas del disco nuevo junto a otras sorpresas. Y como si todo esto fuera poco (risas) estamos justo en un impasse de la grabación de la secuela de “Ofanim”. Viene movido el año por suerte.
¿Esta segunda parte sigue la línea de la primera o es un poco diferente?
Es menos conceptual, si se quiere. Entiendo que usar el término conceptual referido a un disco instrumental es algo difícil, sin embargo “Ofanim” tiene una idea central, desde que arranca hasta que termina está basado todo en en un mismo concepto. Lo que continúa no, está más ligado al hecho de estar tocando mucho en vivo con Eddie (Hain, batería) y Ezequiel (Palleiro, bajo). Son ideas que tuvimos los tres, ideas que fuimos elaborando con cositas que agregábamos en los shows. De eso fueron saliendo temas. Por momentos es más pesado que “Ofanim”, es bastante denso y un poco más demostrativo. Va yendo más por lo virtuoso, no tanto por lo místico y cinemático.

GUITARRA VAS A CANTAR
¿Pensaste en algún momento hacer un disco que no sea instrumental?
Sí. Muy de a poco, pero quiero avanzar por ese lado pronto. El problema que tengo principalmente es que las cosas que hago cantadas por mí, no me terminan de encantar del todo. Estoy trabajando en eso. Desde el año pasado empecé a ir a clases de canto porque si lo voy a intentar quiero hacerlo de la mejor manera posible. También pensé en convocar a un cantante, pero soy tan cerrado con mi música que me cuesta. Tengo temas de metal cantados por mí y también temas acústicos con voces., entre cosas varias que tendrán que esperar un poco todavía.
¿Estamos ante un nuevo episodio de la vieja rivalidad entre guitarrista virtuoso versus cantante (risas)?.
¡Si! (Risas). En realidad la rivalidad la tengo conmigo mismo. La verdad es que eme cuesta mucho, posiblemente porque creo que lo instrumental es un lenguaje que me es sencillo, que no me genera ningún inconveniente, pero ya cuando se mete la voz, también se mete la poesía y un montón de cosas más y todo se vuelve más complejo. Entonces prefiero seguir formándome en la parte vocal y sacar algo con voces cuando pueda y estar muy contento con el resultado.

Debes ser uno de los guitarristas, no sólo del rock o del metal sino en general, que grabó por primera vez a una edad tan temprana, a los 14 años.
La verdad que fue una experiencia a flor de piel porque los temas estaban listos y el proceso que seguía era grabarlos con mucho esfuerzo mío y de mi familia. Se grabó muy rápido porque no teníamos plata para estar muchos días grabándolo. Si mal no recuerdo, “Laniakea” (2021) se grabó en un total de cuatro o cinco días en los cuales se grabaron todas las percusiones, las guitarras y después tardamos un montón en mezclarlo, pero está bueno igual el disco, pese al poco tiempo material para hacerlo. Es un disco que tardó mucho en salir, se editó recién en 2021 porque teníamos mucha actividad tocando con Iorio y estaba elaborando otras cosas también. Cuando finalmente 6 años después se editó , al volver a escucharlo obviamente me salió eso de decir, «che, debería cambiar esto, cambiar lo otro, agregar aquello”. Pero también entendí que si hacía eso ya dejaba de ser la foto de ese pibe de 14 años que era cuando lo grabé. En ese momento era muy inexperto, no sabía muchas cosas pero considero que hice lo mejor que pude.
¿Te gustaría tomar algún tema de ese disco y hacer una nueva versión?
Me gustaría hacer algunas versiones orquestales de algunas de esas canciones. Ya jugué con eso en mi casa con la computadora usando un MIDI para meter una orquesta. Hay muchas cosas en mi cabeza que eran más orquestales pero se grabaron como se pudo con una acústica.

Vos sonás como un músico bastante académico. ¿Tenés formación musical o es autodidacta lo tuyo?
Te diría que el 80% es oído. Tomé clases, tuve profesores de guitarra que lo que hicieron fue agarrar todo el quilombo musical que tenía en la cabeza y ayudarme a encontrar una dirección y un sonido propio. Intenté también yendo a la escuela de arte pero no me sirvió, sentí que no aprendía. Estuve 4 meses y nunca había agarrado la guitarra para tocar. No es lo mío, no es mi forma recibir todo el tiempo sólo teoría. Después fui bastante autodidacta, estudié a través de internet, fui a charlas, clínicas y esas cosas, pero nada formal. No me sale,a mí me gusta tocar. Es más, te diría que prácticamente yo no me pongo a practicar, me pongo a tocar. Voy sacando conclusiones y encontrando formas. Es como armar una especie de puzzle musical.
UN PIBE SUBIDO A LOS HOMBROS DE GIGANTES
¿Qué significa para vos tocar con un prócer de la escena musical argentina como León Gieco?
La verdad que lo vivo como algo muy hermoso, por lo que significa él y por su forma de ser como compañero de banda. Es un tipo divino y cero problemático. Será tal vez uno de los artistas más relajados con los que he tocado. Además nos da un espacio con Joana (ndr: hija de Gieco) para hacer temas nuestros en el show. Entonces, nuestros recitales es como si fueran tres en uno: una parte de León, una parte nuestra y luego una parte de los tres, que es la parte más larga. Termina siendo un espectáculo de 3 horas y media, un show extenso con una linda escenografía, con videos, pantallas y otras cosas muy copadas. Vale la pena verlo. Ahora tenemos unas fechas en julio y después hacemos un break hasta fin de año, momento en el que vamos también a hacer unas 20 fechas que están planeadas para noviembre y diciembre por la Patagonia y algunas ciudades que nos quedaron en el camino.
Ya que mencionaste a Joana, ¿qué me podés decir de «Supersustancial» el disco que hicieron juntos?
“Supersustancial” sale de un concepto que teníamos con Joana en la época que tocábamos con Iorio. La idea era tocar algo distinto, que no sea metal. Cuando terminamos de tocar con Ricardo justo decidimos armar una fecha juntos sin saber muy bien qué hacer; no habíamos ensayado ni hablado de una lista de temas. Después empezamos a armar versiones y cosas que nos siguen gustando. Fue todo muy espontáneo, con ella al piano y yo en la acústica, entonces salió todo este concepto que es una mezcla de todas las influencias de las que te hablé al principio, más la influencia muy clásica que tiene ella. Es concertista, ¡estudió cómo se debe! (risas).

¿Cómo se inicia tu vínculo con Iorio y el Tano Marciello?
Primero me relacioné con El Tano. Fuí a un estudio donde grababa una banda rosarina que se llamaba Vudú y mi viejo era el manager. Ese día estaba Marciello y le comenté que sacaba alguno de sus temas. me pidió que los toque y en un momento me dice “para, los estás tocando muy rápido” (risas). Me dijo de tocar juntos y en un momento nos pusimos a zapar un rato. Para mí fue una locura, porque es un tipo que me marcó como oyente y como guitarrista. pegamos muy buena onda. Cuando Almafuerte celebró sus 20 años en El Teatro de Flores me invitó a tocar con ellos y para mí es un recuerdo imborrable. Era la primera vez que tocaba ante tanta gente. A los pocos meses pasó lo mismo acá en mi ciudad, Luján, y esa vez el Tano me dejó tocar con su guitarra. ¡Una locura total! Imaginate además tener al lado en el escenario a Iorio que generaba un aura muy especial. Con otros músicos no sentí jamás eso. Ambos se portaron siempre muy bien conmigo y fueron muy generosos la verdad.
Eras muy joven…
¡Yo era un pibito!. Ellos siempre me dieron todo lo que tenían para darme., «Subite, tocá y no sientas presión”, me decían. Con ese concepto en mente empecé a encarar lo que significa tocar en vivo, me soltó. Es un momento en donde uno chico y obviamente quiere tocar la guitarra, y es un montón, porque uno se siente tan resguardado como si estuviese en casa tocando. Ese empujón fue un importantísimo.

¿Qué significó para vos la muerte de Iorio?
Un montón de cosas. Hace un año que no estábamos tocando como banda, después de siete años juntos. Obviamente en un principio sentí mucho dolor porque creo que se fue temprano. Todavía tenía mucho para dar. Uno piensa que podría habernos legado mucha más poesía y mucha más música al Universo. A Ricardo le debo un montón de cosas y por eso voy a tener siempre un agradecimiento enorme. Yo era un pibe de 16 años y me llevó a tocar la guitarra con él. Fue profesionalizarse a una velocidad astronómica.
Fueron muchas enseñanzas…
Fue aprender muy rápido. Después está toda la enseñanza y el mensaje que dio desde siempre con las letras, que hasta el día de hoy yo las sigo escuchando y me encantan. En un punto arruinó la poesía porque vos lees una letra de Ricardo y no podés leer letras de nadie más. Tenía una verba propia y una manera de armar las frases que son únicas.Es sello distintivo que sólo tienen tipos como Borges, Castaneda o Alberto Laiseca

Porteño, cincuentón, melómano, cinéfilo, amante del whisky y la cocina. Licenciado en comunicación, fue agente de prensa en organismos públicos, se desempeñó como productor e investigador periodístico en Arte Canal y participó como redactor de los suplementos “No” y “Turismo 12” de Página/12 y de la versión impresa de Madhouse. Como Do Carmo, baterista frustrado, padre de dos rubias y hombre librepensador.








