El 20 de junio de 1942 nacía en Inglewood, California, el músico, compositor y productor de los Beach Boys, cuyo legado redefinió el pop mundial y al día de la fecha continúa trasciendendo generaciones. Creador de «Pet Sounds» –considerado por la crítica como uno de los mejores discos de la historia–, Wilson transformó la música popular de los sesenta con un sonido que oscilaba entre la euforia y la melancolía, entre el surf soleado y la complejidad orquestal. A 84 años de su nacimiento y un año de su partida, repasamos su vida y obra a través de doce canciones que marcaron época.

LOS PIBES DE LA PLAYA. Brian Wilson vino al mundo con un oído absoluto que le permitía reproducir melodías antes de aprender a hablar. Junto a sus hermanos Carl y Dennis, su primo Mike Love y su amigo Al Jardine, formó en los sesenta los Beach Boys, un grupo que inicialmente parecía condenado al estatus de novedad veraniega con canciones sobre surf, chicas y autos. Sin embargo, la ambición creativa de Wilson pronto desbordó esas categorías.

A cargo de la producción desde el tercer disco del grupo, «Surfer Girl» (1963), Wilson impulsó a los Beach Boys a través de una tasa de trabajo asombrosa: quince álbumes en una década. Pero fue con «Pet Sounds» (1966, álbum que este año cumple nada menos que su 60º aniversario) que cambió las reglas del juego. Concebido como una declaración artística integral más que como una colección de canciones sueltas, el disco empleó técnicas de estudio revolucionarias –desde instrumentos orquestales hasta botellas de Coca-Cola– para crear un paisaje sonoro que muchos consideran el pináculo del pop occidental.

LA VIDA DE BRIAN. La vida de Wilson, sin embargo, estuvo lejos de reflejar la luminosidad de su música. Víctima de abuso físico por parte de su padre Murry, quien también fuera su primer impulsor profesional, Wilson desarrolló desde la adolescencia problemas de salud mental que se agravaron con el uso de cannabis y LSD. El ácido, admitió él mismo, tuvo utilidad creativa –inspiró «California Girls» durante su primer viaje–, pero combinado con una carga de trabajo intensa, terminó por exacerbar una condición que incluía voces en su cabeza y episodios de aislamiento. A fines de los sesenta pasó por hospitales psiquiátricos y fue diagnosticado con trastorno esquizoafectivo y depresión maníaca leve.

El proyecto «SMiLE», concebido como sucesor de «Pet Sounds«, quedó inconcluso en 1967 –aunque décadas después vería la luz en diferentes formatos– y Wilson se alejó gradualmente del control creativo del grupo. Los setenta y ochenta fueron una montaña rusa: regresos fugaces, recaídas en drogas y alcohol, el control abusivo del psicólogo Eugene Landy, todo en un coctel a lo que se sumó la muerte de su hermano Dennis en 1983. Recién en 1988 logró emanciparse definitivamente de los Beach Boys para lanzar su carrera solista, aunque los conflictos legales y personales persistieron.

UN GENIO INDOMABLE. A pesar de las turbulencias, Wilson nunca dejó de crear. Reeditó «SMiLE» en 2004, se reunió con los Beach Boys en 2011 para «That’s Why God Made the Radio«, y siguió de gira hasta 2022. Fallecido el 11 de junio de 2025 a los 82 años, su muerte generó una oleada de homenajes: Bob Dylan lo llamó «genio», Sean Lennon lo comparó con «nuestro Mozart estadounidense», y Questlove definió su obra como «arte hecho de tristeza inexpresable»…. Hoy 20 de junio, cuando hubiera cumplido 84 años, estas doce variadas canciones que elegimos nos recuerdan por qué Brian Wilson sigue siendo, en palabras de sus propios compañeros de banda, «el alma de nuestro sonido».

«IN MY ROOM» (1963) Aunque la escribió junto con Gary Usher, este himno reflexivo sobre el aislamiento fue en realiad una sentida autobiografía de Brian, concebido mientras se avecinaban las presiones del éxito pop. «Tenía un cuarto que consideraba mi reino», dijo Wilson, «un lugar donde podías cerrarle la puerta al mundo». El dominio en cuestión era el cuarto de música de la familia Wilson, donde Brian dormía «al lado del piano». Inspirada en parte por el hit de doo-wop de 1956 de los Charms, «Ivory Tower», que los hermanos Wilson se cantaban para dormir, «In My Room» recrea esa sensación de santuario de Brian mezclando las armonías dulces y melancólicas de sus hermanos con platillos de dedo, toques de arpa y una guitarra estilo «Sleep Walk» de Santo & Johnny. Tranquila pero inquietante, la canción le habló a toda una generación de pibes de los 60 cuyo único refugio era su habitación, y cuyas preocupaciones y miedos los esperaban afuera de esa puerta.

«DONT WORRY BABY» (1964) Solo Brian Wilson podía escuchar «Be My Baby» de las Ronettes y pensar que le faltaba un toque de angustia (!). Escrita originalmente para Ronnie Spector y compañía como secuela de su hit pop de 1963, «Don’t Worry Baby» finalmente fue grabada por los Beach Boys y la lanzaron como lado B del exhilarante himno de sábado a la noche para salir a pasear en auto, es decir la celebérrima «I Get Around». Ambas son canciones de autos, pero «Don’t Worry Baby» toca la vergüenza e inseguridad detrás de la fanfarronada masculina del lado A. Una canción de amor contada en tercera persona, donde las palabras reconfortantes de la novia del título se cantan en el falsete agudo y vulnerable de su temeroso destinatario, «Don’t Worry Baby» es también una de las producciones más finas de Brian, donde la añoranza y el consuelo que transmite la letra se reflejan tanto en los exuberantes arreglos vocales del grupo como en el sonido del bajo Fender Precision de Al Jardine.

«CALIFORNIA GIRLS» (1965) Concebida mientras Brian tocaba el piano después de un viaje de ácido, esta vuelta consciente a las cancion estilo Chuck Berry de los primeros tiempos del grupo, como «Surfin’ Safari» y «Surfin’ USA», es el sonido de la ingenuidad adolescente reconfigurada por el LSD. En colaboración lírica con Mike Love, es una canción que puede apreciarse tanto como una obra de arte como pop descartable. Es notable cómo los bellos compases proto-psicodélicos de apertura dan paso al órgano casi cómico de Al De Lory, o la forma en que las impactantes armonías vocales en ese coro de «I wish they all could be California girls» vienen con una nota de hastío desencantado, como diciendo: «recorrí el mundo y la pasé genial, pero ahora quisiera volver a casa».

«GOD ONLY KNOWS» (1966) Obra de madurez artística combinada con una buena dosis de angustia emocional, «God Only Knows» captura la dualidad del genio de Brian mejor que cualquier otra composición de los Beach Boys. Líricamente, los dos versos iniciales de la canción son al mismo tiempo una negación acumulativa del amor, una declaración de amor eterno, una rendición a los cielos y una especie de amenaza emocional («Si alguna vez me dejaras…»). Nada es simple acá, y menos que nada la música. Desde la unión de la introducción de trompa francesa, piano y campanas que sugieren tanto lo sagrado como lo sentimental, hasta las armonías entrelazadas que transmiten todo tipo de sensaciones, «God Only Knows» es la canción pop como estado de exaltación, una experiencia transformadora e inefable donde la euforia y la desesperación son una sola cosa.

«GOOD VIBRATIONS» (1966) Descrita por Brian Wilson como «toda la performance de mi vida en una sola pista», esta «Rhapsody In Blue» psicodélica tomó ocho meses de laburo y costó casi $70.000… Bueno, valió la pena, ¿no? Grabada como seis movimientos separados en cuatro estudios, «Good Vibrations», cuya letra está basada en la idea simple de un pibe que espía a una chica desde lejos, florece en un rompecabezas sónico cuya belleza puede desglosarse en partes (la voz femenina fantasmal del electro-theremin de Paul Tanner, los cellos pulsantes, las armonías sin palabras y los coros que convierten la lujuria en una plegaria), pero nunca terminar de comprenderse cabalmente.

«WOULDN’T IT BE NICE» (1966) ¿Qué onda con esa apertura? ¿Esos cuatro compases de guitarra de 12 cuerdas desafinada de Jerry Cole que suenan como una caja de música y luego el golpe frío del redoblante de Hal Blaine? Bueno, esa es la canción: ingenuidad y esperanza versus la puerta cerrada de la realidad. Brian y su co-escritor Tony Asher escribieron la letra desde la perspectiva de un adolescente que sueña con una relación seria con una chica: sentimientos pop estándar de los 60. Pero la naturaleza retórica de esas letras, el tono semi-burlón del puente de Mike Love («Maybe if we think and wish and hope and pray, it might come true») y los cambios de tonalidad y ritmo de Brian le dan a la canción un tono curiosamente introspectivo. Sí, es pop alegre y brillante para la radio y siempre podés escucharla así… pero en el fondo el sueño está siempre fuera de tu alcance.

«HEROES AND VILLAINS» (1967) Trabajando con el poeta y compositor nacido en Mississippi Van Dyke Parks en un intento febril de superar «Good Vibrations», Brian se propuso transformar una balada countryen una opereta del viejo oeste recargada que se convirtió en una encapsulación sónica de su propia -y creciente- paranoia. La canción pasó por docenas de variaciones antes de que Parks fuera echado por sus letras «indescifrables», y una encarnación más corta y áspera fue grabada para el «Smiley Smile» de 1967. Aunque descartada por Jimi Hendrix que la tildó de «barbería psicodélica», hoy suena más extraña que nunca, una capa barroca de instrumentos raros y armonías vocales complejas que avanzan a toda velocidad hacia una segunda mitad melancólica que significa tanto contento artístico como agotamiento psíquico.

«SURF’S UP» (1971) Piedra angular del inconcluso proyecto «Smile» de 1967, «Surf’s Up» es una suite abstracta de tres partes reensamblada por el hermano Carl para el álbum homónimo de los Beach Boys en 1971. Sobregrabada con bajo de sintetizador Moog, y con las voces de Carl de 1971 mezclándose perfectamente con la toma original de Brian de 1966, la versión terminada del LP es una obra maestra innegable. Se mueve con certeza a través de una imaginería florida del siglo XIX cargada de presagio, antes de reutilizar un verso de un poema de Wordsworth de 1802 -«the child is father to the man»- en una canción llena de capas de inocencia y experiencia que se refleja sobre sí misma hasta desvanecerse.

«THIS WHOLE WORLD» (1972) Escrita en una hora y media tras un sentimiento repentino de madrugada de que «el mundo entero debería ser de amor», esta oda a la felicidad global, grabada rápidamente y de menos de dos minutos de duración, podría ser una de las canciones más edificantes que Brian escribió. Por un lado, está arraigada en la soledad y el insomnio (como se aprecia en la frase «pero cuando se van esperás solo»). Sin embargo, la forma en que las armonías y las tonalidades se tejen entre sí se siente tan aventurera y optimista que la alegría de la canción es innegable. Una cosa es que una letra te recuerde que estás «feliz porque estás viviendo y sos libre», pero otra es que la canción misma te haga sentir así… eso es ser genial, amigos y amigas.

«I’LL BET HE’S NICE» (1977) Efectivamente un LP solista, con Brian produciendo y tocando teclados, sintetizadores y batería, «The Beach Boys Love You» de 1977 es una de las grabaciones más raras en el catálogo del grupo. Sin embargo, entre las canciones lo-fi sobre Johnny Carson, el sistema solar y «tocar bocina por la ruta», se encuentra esta gema increíblemente frágil. Sobre sintetizadores chirriantes y acordes sintéticos, un Brian vocalmente diezmado y Dennis intercambian versos sobre perder contra el otro tipo antes de que Carl entre en el puente, insistiendo: «Nunca me digas que te vas»; su voz sonando como los Beach Boys angelicales de años pasados. El resultado es un pequeño momento de perfección agridulce que captura a Brian y al grupo entre la alegría y la desesperación.

«LOVE AND MERCY» (1988) Una canción semi-autobiográfica influenciada por la versión de 1965 de Jackie DeShannon de «What the World Needs Now Is Love» de Bacharach y David, y ligada al propio deseo de Brian de «dar amor a la gente», esta pieza comienza en lo real («Estaba sentado viendo una película de mala muerte con las manos en el mentón») con Brian desesperándose por el estado del mundo («Mucha gente ahí afuera sufriendo») antes de darse cuenta de que tiene el poder de brindar compasión al mundo. Aunque mas no sea a través de voces en armonía. Como «This Whole World», es una canción que nota que algo le falta al mundo mientras simultáneamente llena esa falta: lo que se dice una bendición secular de un dios del pop

«THAT’S WHY GOD MADE THE RADIO SUITE» (2012) Con referencias a «Surf’s Up», «Pet Sounds» y composiciones tempranas de Brian como «The Warmth of the Sun» y «Surfer Girl», las últimas tres pistas del último LP de estudio de los Beach Boys funcionan como una especie de suite melancólica. Las letras de estas tres canciones -«From There to Back Again», «Pacific Coast Highway» y «Summer’s Gone»- hacen referencia a los temas familiares de los Beach Boys de sol, California y sueños escapistas, pero atravesados por pensamientos de mortalidad y muerte. «La luz del sol se está desvaneciendo y no queda mucho por decir», se lamenta en «Pacific Coast Highway», y es una de las mejores canciones sobre la aceptación de la vejez y la pérdida de inspiración. Arreglada y producida por Wilson, la suite es tan cálida, conmovedora y nostálgica como un atardecer de verano, una aceptación tranquila de la belleza en sus últimos momentos agonizantes.

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