GILBY CLARKE, THE ROXY LIVE, 25/05/2026

Al menos esta vez sin fake news sobre banderas pisoteadas, Argentina pareció revivir aquellos días de 1993, cuando las noticias gunners inundaban los medios. Y el responsable fue Gilby Clarke, un miembro que, si bien no estuvo desde el comienzo y cuyo aporte dentro de la banda fue menor, todavía sigue despertando interés más de tres décadas después, gracias al recuerdo intacto que el público argentino mantiene de aquella era de los forajidos. Con apariciones en programas de radio, participaciones como invitado de Airbag en Velez y una gira que pasó por Rosario, Mar del Plata, Uruguay y Buenos Aires, el bueno de Gilby cerró su periplo local en una doble fecha completamente agotada en The Roxy. Y para hacerlo, sus armas fueron pocas, pero efectivas: un puñado de buenas canciones solistas, el siempre inoxidable recuerdo de Guns N’ Roses, su amor eterno por los Rolling Stones y alguna gema perdida dentro del repertorio, como premio a aquellos fanáticos de la vieja guardia que todavía siguen dando batalla.

Luego del paso de Coverheads como acto apertura con su ya consabido set de versiones del hard rock en castellano, y tras una larga intro, Gilby abrió su set con una perlita, ‘Monkey Chow’, rescatada de su etapa junto a Slash’s Snakepit, la cual rápidamente enlazó con varios temas de su más reciente «The Gospel Truth» (2021), algo de «Swag» (2001) y obviamente el «Pawnshop Guitars» (1994) como columna vertebral de su carrera solista, de la cual se desprendió una de las grandes sorpresas de la noche, la ejecución por primera vez en vivo, de ‘Hunting Dogs’, que Gilby dedicó especialmente a nuestro amigo Miguel Mora, de gran labor en la parte de producción.

“Mientras siga disfrutando tocar, voy a seguir haciéndolo”, nos contaba Gilby hace unos días en exclusiva. Y en esta ocasión lo hizo con banda renovada: el baterista Troy Patrick Farrell que pasó por Bang Tango, Bulletboys y White Lion; y el ex LA Guns Johnny Martin en bajo, conformando un trío que sonó sólido y con oficio, aunque por momentos pidió a gritos una segunda guitarra, no sólo para ordenar un poco el caos sonoro, sino también para permitirle a Gilby soltarse más y conectarse todavía mejor con el público.

Luego de un comienzo algo frío, el show fue tomando temperatura con el primer recuerdo gunner: «It’s So Easy» a la que le siguió «Cure Me or Kill Me» con ese riff atronador (que, de nuevo, hubiese sonado más contundente con otra viola), para darle paso a otro clásico: «Knockin’ On A Heaven’s Door» dedicada a las leyendas rockeras caídas: Ozzy («cada vez que me lo cruzaba me llamaba de una manera distinta») Ace Frehley -uno de sus más grandes idolos- y Clem Burke de Blondie.

Pero el punto más alto llegó con la canción que le permitió ese crossover tan deseado a mediados de los ’90: la versión de «Dead Flowers» de los Stones, interpretada originalmente junto a Axl Rose («El Colorado no vino así que cantemos lo mejor que podamos» comentó Gilby entre risas), para darle paso a otra elección gunner bastante peculiar: «Patience», dejando para el final su otro hit «Tijuana Jail» y para los bises la elocuente «It’s Only Rock And Roll» de Sus Majestades Satánicas.

Y aunque el tiempo haya acomodado a Gilby Clarke en un lugar bastante más modesto dentro de la historia grande del rock and roll, noches como esta sirven para recordar que también existen personajes secundarios capaces de sostener, aunque sea por un rato, la ilusión de volver a aquellos años donde el hard rock todavía parecía peligroso. Y a veces, con eso alcanza

Fotos: cortesía MTS

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