
Gilby Clarke es el ejemplo de alguien que estuvo en el lugar correcto en el momento indicado. Cuando la banda más grande del mundo se quedó sin su guitarrista rítmico, el bueno de Gilby estuvo listo, estuche en mano, para sumarse a un viaje que, más de 30 años después, aún lo sigue haciendo girar por el mundo, con nuevas escalas en su querida Argentina (22/5 en Rosario, 23/5 en Mar del Plata y 24 y 25/5 en el Roxy Live porteño). Vía Zoom desde su estudio en Los Angeles, el guitarrista habló con MADHOUSE sobre su próxima gira latinoamericana, el recuerdo imborrable de su disco «Pawnshop Guitars», sus años junto a Guns N’ Roses, el presente de la industria musical y cómo vive el paso del tiempo en una escena que perdió a varias de sus leyendas.

Volvés otra vez a la Argentina, un lugar que conocés muy bien. ¿Qué esperás de esta nueva gira por Latinoamérica?
Tengo la suerte de poder ir cada un par de años y, en general, Argentina tiene el público más apasionado que existe. Y eso, en este momento de mi vida y de mi carrera, lo aprecio muchísimo. Intento cambiar un poco el show para que no sea siempre exactamente lo mismo, así que estoy realmente entusiasmado.
¿Qué nos podés contar sobre tu banda y el repertorio que están preparando?
Somos un power trio. En batería está Troy Patrick Farrell (Bang Tango, Bulletboys y White Lion), que ya tocó conmigo la última vez. Johnny Martin (LA Guns) va a estar en bajo porque E.J. Curse, mi bajista habitual, está trabajando en Las Vegas. Ya toqué con Johnny antes y además trabajó con la banda de mi hija. Es un gran bajista. El setlist incluye temas de mis discos solistas, temas de «Pawnshop Guitars», de «Swag» y unas tres canciones del último álbum, «The Gospel Truth» . Por supuesto, también hacemos algunos temas de Guns N’ Roses y algunos de Rolling Stones. Es básicamente rock and roll impulsado por guitarras. No hay pantallas de video ni nada de eso. Solo guitarras y, espero, buena música.

Mencionaste a «The Gospel Truth» tu último álbum, el cual suena como un disco de rock orgánico, lejos de las tendencias actuales. ¿Por qué decidiste grabar un álbum completo en tiempos donde las plataformas priorizan singles?
Es una buena pregunta (piensa). Mi forma de hacer discos es bastante simple. Me pregunto: ¿tengo suficientes canciones buenas? Siempre estoy escribiendo, pero el asunto es si realmente tenés una colección que funcione como álbum. Y hoy es más fácil sacar canciones de a una, claro. Quizás haga eso en algún momento. Pero todavía disfruto mucho el proceso de grabar un disco con músicos tocando juntos en un estudio. Así es como fui formado. Espero que cada disco suene distinto. Creo que hay un hilo conductor en mi voz y mi forma de tocar, pero cada álbum refleja la época en la que lo hice.
¿Qué te mantiene motivado para seguir tocando rock and roll?
Muy simple: me gusta tocar la guitarra. Si estoy en mi casa viendo un partido de los Lakers y tengo una Les Paul colgada mientras toco, entonces significa que todavía disfruto hacerlo. No estoy tocando en estadios, pero seguimos haciendo muy buenos shows alrededor del mundo. El fin de semana pasado estuve tocando en Ibiza. Mientras siga disfrutando tocar, voy a seguir haciéndolo. Sería raro para mí salir a la calle y no ser «Gilby, el guitarrista”.
Corría noviembre de 1991 y una noticia conmocionaba al universo del rock and roll: Izzy Stradlin había decidido dejar Guns N’ Roses y su reemplazante, si bien había liderado bandas under como Candy o Kill For Thrills, era un desconocido en las grandes ligas, que tuvo que demostrar estar a la altura del desafío, aprendiéndose la friolera de 50 canciones en una semana. «Slash me llamó tarde a la noche mientras yo trabajaba como sonidista en un club.», recuerda Gilby. «Mi esposa me dijo al otro día: ‘Te llamó Slash’. Yo ya sabía que estaban buscando guitarrista porque Izzy se iba. Me pidió que fuera ese mismo día a tocar tres canciones, pero ni siquiera tuve tiempo de aprenderlas. Entré directamente a zapar con ellos. Después me llamó de nuevo y me dijo: ‘Conseguiste el puesto. Aprendete 50 canciones porque nos vamos de gira la semana que viene’. Tuve una semana para aprender todo el repertorio. Literalmente no dormí en siete días. Los ‘Use Your Illusion‘ acababan de salir y ni siquiera conocía muchas de esas canciones. Pero pensé: ‘Es una gran banda y una oportunidad increíble. Si quiero el puesto, tengo que estar a la altura’”.
Tu forma de tocar era distinta a la de Izzy. ¿Te dieron libertad para imprimir tu estilo?
Sí, totalmente. Slash me lo dijo desde el primer día: “Aprendé las canciones como son, pero hacelas tuyas”. Eso fue muy importante para mí. En realidad, Izzy y yo venimos de influencias parecidas. Quizás yo era un poco más ruidoso. Siempre fui el más fuerte sobre el escenario”.Y esa confianza que me dio Slash fue clave, porque cuando atravesás una experiencia nueva no siempre sabés si lo estás haciendo bien.
Mirando hacia atrás, ¿el final complicado de tu etapa en Guns N’ Roses afectó tus recuerdos de esos años?
Sí, claro, en ese momento fue duro. Lo peor era la incertidumbre. No solo para mí: Slash tampoco sabía qué estaba pasando, lo mismo Matt. De repente Axl dijo que no me quería más en la banda. Nadie entendía demasiado qué ocurría. Pero con los años aprendés a quedarte con lo bueno. Como en cualquier relación, hay recuerdos buenos y malos. Yo elijo recordar los buenos.

Después de que terminó la gira del «Use Your Illusion», comenzaste tu carrera solista y recuerdo que te vi por primera vez en Argentina tocando con Aerosmith frente a 40 mil personas. ¿Cómo fue para vos convertirte en el líder de tu propia banda y estar parado frente a un público tan grande? ¿Fue difícil?
No, porque nada es difícil cuando al público le gustás. Ahí todo se vuelve fácil. Claro que existe el desafío de hacer que el show sea bueno, hacerlo único. Podés pararte frente a gente que te quiere y no hacer nada, ¿entendés? Pero no, yo ya había estado en algunas bandas antes de Guns, donde era cantante y guitarrista, así que sabía cómo liderar.. Y además, acababa de pasar dos años y medio viendo a Axl Rose como frontman. Él me enseñó cómo entretener a un estadio. Yo no lo hago a su manera, pero aprendí mucho de personas como él y Steven Tyler. Si ves videos de aquella época, vas a notar que teníamos sonrisas enormes en la cara porque, cuando me preguntan cuál fue la mejor experiencia de mi carrera, no digo haber tocado en Guns N’ Roses, sino que digo abrir para Aerosmith. Sentía que ese también era nuestro público. Fue increíble. Una época maravillosa.
En Argentina «Pawnshop Guitars» es un disco muy querido y muchos fans de Guns N’ Roses lo consideran el mejor álbum solista hecho por un miembro de la banda. ¿Qué recuerdos te trae?
¡Gracias!. Creo que diste en el punto justo. Muchas de esas canciones las tenía desde antes de entrar a Guns N’ Roses. En realidad solo escribí un tema nuevo para el disco: “Cure Me or Kill Me”. Antes de ese álbum ya había grabado muchos discos y aprendí muchísimo. A veces hacés un gran disco pero la compañía discográfica no hace su trabajo y nadie lo escucha. Cuando hice «Pawnshop…» se juntó todo: mi experiencia previa, lo que había aprendido estando en Guns y las contribuciones de muchísima gente. Estaban Slash, Axl, Duff, Matt y Dizzy participando, además de muchos amigos de Los Ángeles. Waddy Wachtel produjo el disco y Virgin fue el sello. Muchísimas cosas tuvieron que alinearse para que saliera tan bien.
Si comparás el rock actual con la industria musical de los ‘80, ¿qué se ganó y qué se perdió?
En los ‘70 y ‘80 el rock todavía estaba creciendo. Había muchísimo espacio para probar cosas nuevas. KISS, Hendrix, Led Zeppelin, Alice Cooper… todos tenían libertad para innovar. Pero hoy, cuando aparece un artista, primero ves la imagen y después escuchás la música. Antes era al revés: primero escuchabas la canción en la radio y después descubrías la estética. Ahora hay artistas con una creatividad visual increíble, pero musicalmente no siempre pasa lo mismo. Cuando alguien logra combinar ambas cosas —una gran imagen y buena música— entonces sí aparece una gran banda.
En los últimos años murieron muchas leyendas del rock. ¿Eso cambió tu forma de ver la vida?
Claro que sí. La mortalidad se siente mucho más cerca ahora. A Ozzy lo conocí poco, pero a Ace Frehley lo conocía muy bien. Y Clem Burke, el baterista de Blondie, era uno de mis mejores amigos. Esos golpes te afectan profundamente. Cuando pasan esas cosas empezás a pensar cuánto tiempo te queda y aprendés a valorar las cosas simples.
¿Cómo ves a las nuevas generaciones descubriendo el rock gracias a YouTube y las redes sociales?
Mi hija y muchos de sus amigos son súper rockeros. Van a recitales, tienen bandas, salen de gira en una camioneta. Siguen viviendo esa experiencia. Hoy hay muchísimas oportunidades para los artistas nuevos. Quizás es más difícil convertirse en una megaestrella, pero las posibilidades existen. No puedo decirte la cantidad de guitarristas que consiguieron trabajo en grandes bandas gracias a YouTube. Eso antes no existía. Nosotros teníamos que tocar, tocar y tocar para hacernos conocidos.
Nos vemos en el show entonces…
¡Gracias Argentina!. Ustedes fueron increíbles conmigo. Cada vez que subo al escenario y escucho a la gente cantar ‘Cure Me or Kill Me’ o ‘Dead Flowers’, realmente me emociona. Eso es lo que me hace volver cada vez. Así que sigan viniendo a los shows… y yo voy a seguir volviendo.

Baterista frustrado, docente y periodista especializado en cultura y espectáculos. Creador del programa La Isla de los Monos, ha colaborado en Rock.com.ar y las revistas Efecto Metal, Mala Difusión y Devils Beat Records Mantiene su blog Film Song (www.film-song.blogspot.com) desde 2005.








