Cuando el «único grupo que importaba» se subió al escenario del US Festival el 28 de mayo de 1983, nadie sabía que estaba viendo despedirse a la formación clásica. Entre peleas internas, sumas millonarias y una contradicción que los expuso ante 300 mil personas, The Clash hizo su última presentación con Mick Jones. Hoy 26 de junio, el día del cumpleaños del guitarrista y cantante, recordamos esta noche de furia, vergüenza, calor y cerveza caliente en el desierto de California que cerró una era del punk rock.

30 May 1983, Glen Helen Regional Park, California, USA — Joe Strummer sings and Paul Simonon plays bass by his side during The Clash’s performance at the US Festival. — Image by © Roger Ressmeyer/CORBIS

EL COMIENZO DEL PRINCIPIO DEL FIN. Pocas bandas en la historia del rock and roll han enfrentado tantas acusaciones de haberse vendido -cuando el término aún tenía significado- como The Clash. Incluso antes de lanzar su primer disco, fueron acusados ​​de acabar con el punk rock al firmar con el multimillonario sello CBS. Y «Cut The Crap», de 1985, el último trabajo del grupo (que, para cualquier verdadero fan, difícilmente podría considerarse un disco de The Clash), fue visto, con razón o sin ella, como una simple maniobra comercial. Para ser una banda que se solidarizaba con la clase trabajadora y los movimientos revolucionarios de izquierda, The Clash transitó por la delgada línea entre el éxito financiero y la credibilidad política. La mayoría de los críticos sitúan el final de la banda mucho antes de ese odiado último álbum, grabado sin el guitarrista Mick Jones ni el baterista de larga trayectoria Topper Headon. Como dijeron en la Rolling Stone: «The Clash tuvo un final bastante triste en mayo de 1983«, y eso sucedió cuando aceptaron una oferta de U$ 500.000 del cofundador de Apple, Steve Wozniak, para encabezar el «New Wave Day» de un gran festival en California.

Un nerdísimo Wozniak junto a un geekísimo Jobs. Guitarras no sabemos, pero teclados seguro que tocaban

SUEÑOS DE GRANDEZA. Ahora bien, Wozniak puede haber cofundado Apple junto a Steve Jobs, pero fue su famoso «US Festival» lo que lo consagró como uno de los grandes promotores de rock de todos los tiempos. Y sí, fue él el responsable: el tipo que diseñó la Apple I y la Apple II con sus propias manos decidió, tras un evento que cambió su vida, invertir millones de su propia fortuna para armar el «Super Bowl de las Fiestas de Rock»… Pero esta decisión no salió precisamente del aire: ¿o tal vez sí? Veamos: en 1981 Wozniak sobrevivió a un accidente aéreo cuando intentaba despegar con su avión desde el aeropuerto de Scotts Valley, California. El aparato se estrelló y, aunque salió vivo, quedó con amnesia: durante seis meses fue incapaz de crear nuevos recuerdos. Estaba de licencia en Apple, lejos de la presión de Jobs, y buscaba algo que le devolviera el rumbo. Así nació la idea del US Festival, un evento multitudinario que mezclaría música y tecnología con una mirada esperanzada hacia el futuro que se avecinaba, cada vez más iluminado por luces de neón y de ritmo acelerado, un bienvenido alejamiento de la decadencia alimentada por las drogas que caracterizó la década de 1970.

Los afiches del festival. Si tenias hambre, había buffet

WOSNIAK, GRAHAM Y UN GRAN ELENCO. Celebrado por primera vez durante el fin de semana del Memorial Day (Día de los Caídos) en 1982 en el Parque Regional Glen Helen, emás precisamente en San Bernardino, una localidad en las afueras de Los Angeles, el US Festival (o «United Us In Song» un juego de palabras e iniciales que podria traducirse como «Únidos en la Canción», siendo US = United States) pintó para ser todo un éxito. Wozniak quería que este evento fuera formidable y para ello se asoció con Bill Graham, un peso pesado de los promotores de San Francisco, para armar una grilla impresionante: allí figuraban The Police, Talking Heads, The B-52’s, Oingo Boingo, Tom Petty and the Heartbreakers, Pat Benatar, Fleetwood Mac, The Ramones, The Cars y Jackson Browne, entre otros. El festival incluía una expo tecnológica con las últimas innovaciones científicas y, novedad absoluta, por primera vez se usaron las hoy comunes pantallas gigantes para que todos tuvieran visibilidad, sobre todo el público más distante. También había satélites conectando al público con espectadores en la por entonces aún existente Unión Soviética (!).

EL ROCK SIEMPRE DA REVANCHA. Pero el calor de 44 grados y las entradas caras (U$ 37,50 por tres días) convirtieron al evento en un fracaso comercial. Wozniak, sin embargo, no se rindió. Para 1983 contrató a Barry Fey, promotor de Colorado, y separó los días por género: New Wave, Heavy Metal y Rock. El Día del Heavy Metal fue un batacazo: nada menos que 375.000 entradas vendidas, con Van Halen como cabeza de cartel. Vince Neil de Mötley Crüe lo definió como «El día que murió la new wave y el rock ‘n’ roll se hizo cargo». Tanto fue así que Van Halen estableció un récord Guinness como el acto mejor pago de la historia por un solo show: un millón de dólares (!) Pero cuando se enteraron de que David Bowie -incorporación tardía de Wozniak- también cobraría lo mismo, exigieron 500.000 dólares más o no tocaban (!!). Era para agarrarse de los pelos, peinados o no con spray

En pleno ataque peronista, Wozniak hace la V detrás de David. Que está tan en curda que vota a cualquier partido.

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO. “El festival estaba completamente lleno”, recuerda Fey, “y Van Halen tenía una cláusula de ‘nación más favorecida’ en su contrato que decía que nadie podía ganar más que ellos; y ellos iban a ganar un millón de dólares. Entonces Steve vino y me dijo: ‘Dios mío, Barry, me encanta David Bowie’. Le dije: ‘Steve, no hay lugar. Olvidate de él’. Y él me respondió: ‘Bueno, a mí de veras me gusta David… ¿podrías intentarlo? Es mi dinero y mi festival’”. Fey llamó a Bowie, que estaba de gira por Europa un mes después del lanzamiento de su exitoso álbum «Let’s Dance». Regresaría a Estados Unidos ese agosto para dos conciertos con entradas agotadas en el Angel Stadium. Fey continúa: “David me dijo: ‘Tendremos que interrumpir nuestra gira y alquilar un 747 para traer nuestro equipo y traerlo de vuelta’. Así que fui a hablar con Steve: ‘David te va a costar un millón y medio, pero te va a costar medio millón más por Van Halen’. Él simplemente se encogió de hombros: ‘¿Y qué?’”. La incorporación de Bowie terminó costando 2 millones. Para colmo, Van Halen llegó tres horas tarde, con David Lee Roth tan borracho que apenas podía pararse: ni hablemos de cantar.

Simonon y Strummer discuten si deben tocar o deben irse

PELEA DE FONDO. Pero Van Halen no fue el único dolor de cabeza. Cerrando el primer día estaban The Clash, y lo que se vivió esa noche del 28 de mayo de 1983 marcó el fin de la banda tal como la conocíamos. Para ese momento, la banda inglesa ya no era la aceitada máquina punk de antes. Topper Headon había sido echado por sus problemas de drogas y fue reemplazado por Pete Howard, un pibe de 23 años. Mick Jones y Joe Strummer apenas se hablaban. La tensión entre ellos se había agudizado con el éxito de «Combat Rock» (1982), álbum que en cierto modo los había alejado de sus raíces punk. Además, odiaban a Van Halen. De todos modos, los primeros problemas surgieron con un eterno tema: el dinero. Pero a diferencia de Van Halen, los Clash no exigían cifras exorbitantes, sino que les preocupaba la recaudación del evento. Cuando se enteraron del millón y medio que ganaría Van Halen, Strummer exigió que los artistas más grandes donaran parte de sus ganancias a la caridad. Pero la gota que rebasó el vaso fue descubrir que las entradas se vendían a 25 dólares, cuando a ellos les habían dicho que costarían 17. Poco antes de subir, dieron una conferencia de prensa: no tocarían a menos que Apple donara 100.000 dólares a obras de caridad… Su cachet, de todos modos, era de U$ 500.000 dólares.

¡Qué cara está la vida! Las caras de los miembros de The Clash en la conferencia de prensa del US Festival dicen más que mil palabras

SHOULD I PLAY OR SHOULD I GO. Después llegó su hoy considerada infame actuación. Para empezar, The Clash subió al escenario con dos horas de retraso para su concierto. Strummer, junto con el resto de la banda, estaba en modo guerrilla total: en lugar de ser la principal atracción de la deslumbrante feria de Wozniak, se convirtieron en participantes hostiles del evento (al menos parte del grupo y su entorno) y pretendieron sabotearlo del modo que fuera. Al acercarse al escenario, las palabras «THE CLASH NOT FOR SALE» (The Clash no está en venta) se proyectaron en una pantalla mientras el grupo, algo desorganizado, ejecutaba su repertorio a toda prisa, lanzando insultos figurados a cada miembro del festival con cada nota. El insoportable calor y la distancia entre la audiencia y el escenario empeoraba las cosas. Strummer abrió con duras palabras: «Bueno, acá estamos, en la capital de la decadente Estados Unidos de América. Este set está dedicado a asegurar que la gente del público que tiene hijos, les quede algo para los próximos siglos». El set fue intenso, desprolijo, con hostilidad entre los músicos y hacia el público. Strummer cargó contra la comercialización del rock, contra el futuro ausente, quejándose que su banda no se llevaba lo que merecía. Pero mientras continuaba su acto de rebeldía y lucha por la libertad, los miembros de The Clash no se había dado cuenta de que habían llevado a los organizadores del evento al límite y estaban a punto de estallar.

The Clash no se vende. O al menos eso decía el cartel.

CALIFORNIA BOMBS. La ironía explotó cuando los organizadores, hartos de la actitud «anticomercial» de los punks, proyectaron en la pantalla el cheque de The Clash por medio millón de dólares (!). La contradicción quedó expuesta ante la gente: los supuestos luchadores se llevaban una fortuna mientras denunciaban el supuestamente espurio manejo del dinero… Como era de esperar, la banda estaba furiosa.Tras el show, todo terminó en una pelea (física, claro está) con el personal de seguridad del evento y se negaron a tocar un bis. Como lo cuenta The Baker (Barry Auguste, técnico de batería y plomo de la banda) en su blog The Baker 77, los Clash «Interpretaron una veintena de canciones. Paul tocó ‘Guns of Brixton’ e incluso incluyeron un par de clásicos como ‘Hate and War’ y ‘I’m So Bored’. Se pasaron del tiempo previsto y terminaron con ‘Clampdown’. Entre aplausos del público, interpretaron el último bis y abandonaron el escenario, mientras Digby (N. Cleaver, plomo de guitarras) y yo respirábamos aliviados al poder por fin empezar nuestra rutina post-concierto y escapar de esa pesadilla»

Mick Jones, The Baker (agachado) y Paul Simonon intentan llevar el show a buen puerto.

Pero eso fue apenas el principio; tras unos momentos de paz, «Al abandonar el escenario, Digby y yo sentimos un enorme alivio de que todo hubiera terminado por fin. De repente vimos a Kosmo Vinyl (N. manager asociado y vocero del grupo) intentando arrebatarle el micrófono al presentador mientras Bernie Rhodes (N. manager y mentor del grupo) gritaba: ‘¡Déjenlo en paz, carajo!’. En cuestión de segundos, un costado del escenario se convirtió en una pelea caótica. Digby me preguntó: ‘¿Qué carajo está haciendo Vinyl?’. A decir verdad, no tenía la menor idea. Habíamos presenciado cientos de peleas sobre un escenario a lo largo de los años, pero esta no tenía ningún sentido. Nadie estaba pidiendo un bis. Con el tiempo llegué a la conclusión de que Bernie había ordenado a Kosmo provocar un enfrentamiento después de que todos sus intentos por eclipsar el festival hubieran fracasado».

Mick Jones y Simonon, en una de las últimas fotos de la formación original en vivo

FINAL, CONCLUSIÓN Y DESPUÉS. The Baker amplía: «Mientras observaba la escena comprendí que algo había cambiado para siempre dentro de The Clash. Desde la expulsión de Topper Headon, la banda se había visto consumida por los conflictos internos y, por primera vez en siete años, sentí que ya no formaba parte de la familia, sino que era apenas un empleado más. De pie detrás del escenario, no podía quitarme de la cabeza la sensación de que ‘la única banda que importaba’ había dejado de importar. Tres meses después Mick Jones sería despedido y, una semana más tarde, yo también me alejaría en silencio de la única vida que había conocido durante siete años». Tal como lo cuenta este técnico, el público no sabía que Jones abandonaría la banda tras una disputa con Strummer, el último y decisivo de varios enfrentamientos entre los dos genios creativos. Jones fue reemplazado por Nick Sheppard y Vince White, pero The Clash nunca más volvió a ser lo mismo. Sacaron «Cut the Crap» en 1985, un disco que pocos reconocen como el verdadero Clash, y se separaron en 1986. Jones y Strummer no volverían a cruzarse hasta 2002, apenas semanas antes de la muerte prematura de Strummer… En cuanto al US Festival, también terminó mal: no tuvo una tercera edición. Wozniak perdió 20 millones de dólares de su propia plata en dos años. Fey lo definió como «El pase de backstage más caro de la historia». Steve Jobs, su ex compañero en Apple, pensaba que estaba loco.

Podés ver acá abajo el último show de Mick Jones con The Clash: como despedida, es un concierto espectacular, a pesar de las disputas internas y los cambios de formación y las incomodidades y el despelote organizativo que rodeó a esta presentación… Quizás sea una pena que no se cambiaran el nombre después de esta actuación. Aunque Strummer y el bajista Paul Simonon salieron de gira con tres músicos de reemplazo como The Clash en los años siguientes y, según escribe la web Dangerous Minds, «hicieron de todos modos algunas cosas que vale la pena recordar entre 1984 y 1986», en la mente de la mayoría de la gente, esa parte de la historia de la banda es mejor dejarla fuera del registro oficial.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here