
IRON MAIDEN, 21/10/2026, ESTADIO HURACÁN
«¡Es un sueño! ¡Quiero seguir soñándolo!», escribía Friedrich Nietzsche en «El Nacimiento De La Tragedia», allá por 1872, hablando sobre el poder que tienen la ilusión, la imaginación y el arte para hacer que nuestra vida resulte más soportable y tenga sentido. Y es inevitable pensar en esa imagen mientras ese entrañable piloto de tormentas llamado Bruce Dickinson, en lo alto de la escenografía, nos canta a viva voz: «Sueños infinitos, no puedo negarlos. El infinito es difícil de comprender», de «Infinite Dreams», una de las joyitas que Iron Maiden desempolvó de su repertorio para este doblete sold out en Huracán.

Es que solo en el mundo de los sueños uno podría imaginar que una banda con medio siglo de trayectoria pudiese seguir adelante con el nivel con el que lo hace Maiden. Pero como hasta los mejores sueños tienen un principio, es mejor que empecemos por ahí.

INICIANDO EL AGUANTE
Lo de Hermética siempre fue más visceral que musical, y lo que provocó La H No Murió en el público volvió a dejarlo en claro: la gente no paró de corear esos versos grabados a fuego en el inconsciente metalero colectivo. Por eso, juzgar su performance únicamente por cuestiones como la elección de los temas (faltaron un par de clásicos), el sonido (potente y áspero) o el desempeño vocal (lo de O’Connor hace rato que pasa más por el carisma que por otra cosa) sería perder de vista lo esencial: esa conexión con el público que trasciende cualquier consideración técnica y que solo entiende de sentimientos. Despedida de Claudio, saludo del Tano y todo listo para el plato principal.

A diferencia de su anterior visita en 2024, para esta gira que tiene sabor a despedida, o al menos al inicio de una, Maiden nos regala un merecido repaso por la época dorada de la banda, desde su debut en 1980 hasta la llegada del cambio de época en los ’90 con «Fear Of The Dark». Así fue que, luego de la consabida intro de UFO, «Doctor Doctor», y tras la instrumental «The Ides Of March», la banda encendió el fuego con cuatro clásicos al hilo de la era Di’Anno: «Murders In The Rue Morgue», «Wrathchild», «Killers» y «Phantom Of The Opera», antes del primer estallido con «The Number Of The Beast» y ese estribillo que repetimos 666 veces. Después llegó una seguidilla de hits como «2 Minutes To Midnight», «Run To The Hills» y «The Trooper», mechados con gemas épicas como «Seventh Son Of A Seventh Son», «Rime Of The Ancient Mariner» o la ya mencionada «Infinite Dreams».

COMANDANDO LA NAVE
Férreo, obstinado, firme, tenaz… podríamos agotar el diccionario de sinónimos y seguiríamos sin definir plenamente la actitud de Steve Harris al frente de Maiden. Y si bien el Jefe lo deja todo en cada cabalgata y cada arenga, y no hay dudas de que la banda se mantiene en pie en buena medida gracias a él, hay una decisión que hace tambalear el barco: la incorporación de Simon Dawson. Probablemente, el Capitán haya decidido priorizar la parte humana y apostar por un conocido contemporáneo —Dawson toca con Harris en British Lion— antes que por alguien ajeno al riñón del grupo. Pero el resultado negativo es notorio: desde la falta de carisma hasta la escasez de recursos, pasando incluso por los desajustes de tempo.

Distinto es el caso del otro talón de Aquiles del grupo: Janick Gers. En este caso, la falla no es propia sino del repertorio, ya que el bueno de Janick solo tuvo protagonismo en «Fear Of The Dark», el único de los 17 temas elegidos en el que participó en su versión original. Por eso, el antojo de las tres guitarras en este tour se ve tan forzado como las peleas del guitarrista con Eddie. Pero, por suerte en Maiden lo viejo funciona y la magia no decae en ningún momento. Y la dupla Smith/Murray también estuvo a la altura del legado, en una batalla de solos superada únicamente por el protagonista absoluto de la jornada, nuestro hechicero metálico llamado Paul Bruce Dickinson.

EN MANOS DEL ILUSIONISTA
Y es precisamente Bruce quien nos hace volver a Nietzsche y a su idea del poder de la ilusión. Como un viejo maestro de la fantasía, nos lleva de viaje por el repertorio de la banda, no sólo manteniendo su voz de manera impecable, sino también con diversos cambios de vestuario que, sumados a su veta actoral, hacen que sea imposible quitarle la mirada de encima durante dos horas. Mucho más cuando deja la vida en las dramáticas interpretaciones de «Seventh Son Of A Seventh Son» y «Hallowed Be Thy Name», los dos momentos vocalmente más destacados de la noche.

Para la última parte del set, cuando los años empiezan a pasar factura en el ritmo de las ejecuciones, quedaba «Iron Maiden», otro tema de la era Di’Anno que quizás podría haberle dejado su lugar a alguno del olvidado «No Prayer For The Dying». Los bises llegaron con «Aces High» (con la deslucida tarea de Dawson de manifiesto) «Fear Of The Dark» y el cierre obligado con «Wasted Years», esa canción que habla del paso del tiempo y del peligro de vivir añorando lo que quedó atrás en lugar de disfrutar el presente. Y precisamente, si después de 50 años de recorrido, Iron Maiden todavía sigue alimentando nuestros sueños, será porque todavía queda mucho legado por disfrutar. ¡Qué asi sea!
Txt: Alejandro Do Carmo
Ph: Martín Delgado
Baterista frustrado, docente y periodista especializado en cultura y espectáculos. Creador del programa La Isla de los Monos, ha colaborado en Rock.com.ar y las revistas Efecto Metal, Mala Difusión y Devils Beat Records Mantiene su blog Film Song (www.film-song.blogspot.com) desde 2005.








