
A veinte años del debut de Bife Angosto, la histórica tira cómica que desmanteló —con mucho cariño, buena y mala leche, toneladas de humor negro y/o absurdo, delirio absoluto y desparpajo sin economías— las glorias y miserias del rock, nos sentamos a almorzar con su creador, Gustavo Sala. Entre hot dogs, carcajadas y reflexiones sobre el estado del humor y la música, el dibujante repasa los orígenes de su obra, la polémica por “David Gueto” y la vigencia de una sátira que, dos décadas después de su nacimiento, sigue incomodando y divirtiendo por igual.
Veinte años no es poco para una tira cómica, y mucho menos para una tan salvaje, inclasificable y perdurable como «Bife Angosto«. Publicada por primera vez en noviembre de 2005 en el Suplemento NO del diario Página/12, la creación del marplatense Gustavo Sala se las arregló para convertirse en una referencia inevitable del humor gráfico argentino: una mezcla de absurdo, incorrección política, ternura torcida y un radar finísimo para captar todo lo que el mundo del rock —local e internacional— prefiere no admitir sobre sí mismo. Con sello propio, Sala supo hacer convivir magistralmente riffs, chistes impresentables, juegos de palabras, personajes icónicos y miserias humanas en apenas unos pocos cuadritos semanales.

Para quienes siguen su obra, Sala no necesita presentación; para quienes no, su curriculum impresiona: dibujante, músico (Junto a Juampi Malvasio (a) electrochongo forman el dúo Fiambre Moderno; también colabora con el grupo Placard), podcaster (en «Sonido Bragueta», junto al uruguayo Ignacio Alcuri), humorista, autor de libros («Desgracias Totales», «Cuadernos Violentos», «Enfermito», «Bolatriste», «Casi Uruguayo», «Tumor Gráfico» y «Cómo ser un zombie», entre otros), protagonista de fanzines, revistas culturales y hasta programas radiales; un artista que cruzó desde la revista Fierro pasando por la Rolling Stone hasta Barcelona sin perder jamás su espíritu anárquico ni su voluntad de “confundir”, como él mismo dice. Y Bife Angosto —quizás su creación más reconocible— funciona desde hace dos décadas como un espejo deformante del rock: un espacio donde conviven músicos consagrados, estrellas pop, escenas alternativas, fans, periodistas y todo ese ecosistema que se toma demasiado en serio a sí mismo… hasta que Sala lo pone en jaque.

A lo largo de estos veinte años, la tira generó risas, complicidades y también escándalos, siendo el más recordado el de “David Gueto”, aquella parodia que en 2012 lo catapultó a los titulares, las redes sociales y a un debate nacional sobre los límites del humor. Lejos de achicarse, el episodio sólo confirmó el lugar que su obra ocupa en la cultura argentina: el de una sátira que incomoda tanto como revela. Para celebrar este aniversario redondo, Frank Blumetti y Emiliano Herrera se juntaron con Sala un soleado mediodía en el bar New York Dogs del barrio de Tribunales. Entre hamburguesas, risas y el ruido amable del almuerzo porteño, el historietista se mostró tan lúcido, amable y filoso como en sus mejores tiras —y, por supuesto, igual de gracioso. Durante la conversación, repasó los orígenes de Bife Angosto, la evolución del humor gráfico, la relación con los músicos, los cambios en la cultura joven y las tensiones de hacer humor en tiempos de algoritmos, cancelaciones y susceptibilidades múltiples… Lo que sigue es ese diálogo: franco, divertido y tan honesto como un chiste que llega justo a tiempo.
¡SALE UNA TIRA DE BIFE!
Comencemos hablando de la creación de tu tira «Bife Angosto», nada menos que 20 años de publicación ininterrumpida semanalmente… ¿Cómo nació la idea? ¿Cómo llegaste a publicarlo?
Yo venía bastante atento a las publicaciones de rock y hacía tiras diversas en mi fanzine Falsa Modestia. Aún viviendo en Mar Del Plata, cada tanto venía para Buenos Aires, iba a la galería Bond Street, al Parque Rivadavia, empezaba a meterme en ciertos espacios de contracultura o punkis y a hacer amigos en un momento donde no había revistas, ni había el resurgir editorial de la historieta argentina que empezó a aparecer hace cosa de unos diez años… Ahí me acuerdo que un proto-Bife Angosto fue una revista llamada Sinergia, de un flaco que se llama Marco Petrosini, de quien nunca más supe nada -si estás leyendo esto te mando un abrazo- que hacía una publicación con formato tabloide, un fanzine especializado en metal, que circulaba por distintos espacios alternativos de Buenos Aires. Me convocó y me pidió una contratapa de tiras del mundillo, de parodias al mundo del metal y sus universos. Ahí es donde empiezo a prestar atención al rock y a pensar en esos tópicos. Poco tiempo después me entero por un amigo que laburaba en Clarín que la tira que hacía Liniers, “Bonjour”, en el suple NO de Página/12, dejaba de publicarse porque él pasaba a hacer “Macanudo” para La Nación, tira que todavía sigue haciendo al día de hoy. Estaba “Clara De noche” en la contratapa del suplemento cuando todavía salía en papel y el espacio de la tira iba a quedar vacante, por lo que estaban mirando autores nuevos para ubicar en ese espacio. Entonces, les mandé las tiras que había hecho ya para esta revista que les contaba y algunas otras cosas que tenía más rockeras, y ahí te terminó entrando en ese espacio, reemplazando lo que fue “Bonjour” de Liniers.
¿Y cómo fue que surgió el nombre «Bife Angosto»? ¿Qué lo inspiró?
Fue porque no quería poner… (piensa) Fue un poco como hizo Liniers con «Macanudo», no quería una tira cerrada de personajes, ni una familia ni las aventuras de un rockero. No quería mantener un personaje del que me arrepienta a los pocos meses y que después tuviera que cambiar. Quería algo que me permitiera diferentes registros.
Algo que te diera libertad creativa, digamos.
Libertad y sobre todo poder trabajar más con ideas que con personajes. Entonces tampoco quería poner un título que se cerrara al rock. Me acuerdo que iba un día en el colectivo y miro que una carnicería decía, «Bola de lomo tanto» y me estaba esperando el editor Mariano Blechman, de esa época del No. Bueno, ¿cómo le ponemos a la tira, “Bola De Lomo”, le digo. Y después veo otro cartel que se dice “Bife angosto”. «No, no, perdón, perdón. ¡Paren las rotativas! El título final es Bife Angosto», le dije, casi sobre la marcha. Así que simplemente fue por eso, pero se podía haber llamado “Coca-Cola Comunista” o “Chorizo Hermafrodita” (Risas)
Al aceptar tu tira, ¿recibiste alguna alguna instrucción en particular de parte de la editorial?
No, diría que no. Eran básicamente tiras auto-conclusivas que más o menos tuvieran que ver con el universo temático del suplemento, la cultura joven. Yo en esa época, podríamos decir que era joven, ahora hace mucho tiempo que no tengo nada que ver con los jóvenes. Eso es una gran contradicción, pero no hubo ningún lineamiento ni nada de “con esto no te metás”, te diría que todo lo contrario: fue un “Hacé lo que se te cante”.

LO QUE VA DE GUETTA AL GUETO
Ahora que mencionás lo de “con esto no te metás” y los lineamientos… bueno, esta pregunta te la habrán hecho millones de veces, pero te viste envuelto en una gran polémica a partir de la tira con el personaje “David Gueto”…
Una desgraciada polémica, porque yo estaba acostumbrado -o si quieren mal acostumbrado o bien acostumbrado, ustedes dirán- a hacer lo que se me cantaba el orto, como decía recién. Siempre buscando joder con los lugares comunes o con lo más endiosado. Ponele, si todos endiosaban al Indio, vamos a joder con el indio; si nadie tocaba a Pappo, vamos a joder con Pappo, e incluso jodía con cosas de las que soy fan, como Spinetta o Los Redondos, o con cosas rockeras que tenían como cierta aura de divinidad… Para mí tiene que aparecer el humor ahí, sobre todo en el rock, se supone que el rock es un poco criticar a la autoridad, ¿no? La seriedad y los rockeros para mí son dos conceptos contradictorios. Uno de los lugares comunes que uno a veces se utiliza para entregar una tira es el juego de palabras, donde prestás atención a lo que pasa, a lo que está de moda, las plataformas, las tendencias. Y en esa época, verano de 2012, estaba como muy de moda David Guetta, el DJ. Y bueno, uno de los chistes que se me ocurrió es David Gueto, el DJ de los campos de concentración, pensando que era una tira que podía hacer cierto ruidito, quizás podía haber alguna observación del editor… Pero pensé, habiendo habido tanto humor negro con el tema del Holocausto, desde South Park hasta Woody Allen, una cosa que se revisitó tanto y en un contexto de absurdo… pensé que se iba a entender que esto es humor. Mandé la tira y de ninguna manera pensaba que iba a haber un descalabro y un escándalo de tal magnitud. Bueno, en esa época también subía las tiras a mi Facebook, cuando Facebook aún tenía mucha relevancia. Y tenía la costumbre, quizá mala, de pegarle mi dirección de mail, como para tener contacto con lectores, intercambios, etcétera. Fue así que al otro día que publico la tira en mi Facebook, ponele que normalmente tenía no sé, diez comentarios promedio… bueno, al otro día tenía 750. Que “sos un nazi”, que “te vamos a matar”, una escalada de violencia en mails a mi casilla personal. De ahí fue una especie de escalada en minutos, porque recién empezaba a tener dimensión en Twitter como generador de discurso y como replicador. Entonces fue como una especie de reguero de pólvora que hizo que en un día el tema circulara, sobre todo por Twitter. Llegó a mucha gente, muchos portales y sobre todo muchos programas de radio y de tele que no sabían ni quién era yo evidentemente ni qué era el Suplemento No, que no tenían ningún contexto. Para ellos era una tira supuestamente antisemita, que se burlaba del holocausto y bueno, ahí pasé a ser el dibujante antisemita de un medio como Página/12, en la época que el diario estaba enfrentado al gobierno y yo quedé como carne de cañón de una cosa mucho más grande también. Pensemos en la época, enero 2012. Y aparte con la mala suerte de que en ese mes casi no había noticias. O sea, Cristina no estaba, creo que no había fútbol, no había nada y era como la nota que todos los portales querían, ¿no? Ni siquiera había otros temas que ocupaban la agenda. Entonces, este era un tema tentador para discutir cosas como con qué se puede joder y con qué no, si todo es válido para hacer reír… Bueno, se abrían esos clásicos debates que cada tanto surgen cuando hay un tema así, como después surgió el de la revista francesa Charlie Hebdo. Cuando hay una especie de cosa compleja con el humor y hay cancelamientos, se abren esos debates que después se vuelven a cerrar y nunca se termina de llegar a una conclusión, porque son diferentes puntos de vista eternamente enfrentados.

Hay una tira tuya que quizás cruza lo que muchos pueden considerar un límite, que es la pedofilia. Es la que tenés de Michael Jackson como portada de Twitter, “Vocé Abusó”… sinceramente, me cagué de risa.
Bueno, pero por ejemplo con temas como la pedofilia u otros que también hice como el cáncer o la violencia de género, lo que uno trata, intenta y espera es que el lector entienda que el código es poner en evidencia, en este caso al pedófilo, a la iglesia o al abusador. Seguro, es un tema sensible y vos te estás metiendo en lugares bastante ásperos, pero estás de última quizás hasta denunciando o poniendo un punto de vista. Obviamente que el humor te obliga a decodificar un código. Hay gente que no tolera, como vos decías, el mero uso del tema. No importa cómo lo uses, pero si hacés algo con eso ya les parece inadmisible… Bueno, es tan válido como miles de personas que tienen sus sensibilidades. Igual reconozco que estamos hablando de una tira que debo haber hecho hace más de 10 años. Estaba totalmente descontrolado y tanto en el suple No como en Revista Barcelona e incluso en medios como Rolling Stone, que uno podría pensar que iba a ser más conservadora la mirada, también podía hacer lo que se me cantaba. Y como sabía que no iba a tener ningún tipo de o casi ningún tipo de miramiento o de discusión editorial, entonces hacía lo que se me cantaba por más atrevido y zarpado que fuera: me parece que se había entendido que esa tira era para eso y ahí que ahí podía pasar cualquier cosa.
Una especie de derrape.
Por ahí sí, después uno también se pone más conservador; quizás hoy esto es distinto porque actualmente existe algo peor que la censura, que es la autocensura. Por cómo están configurados los algoritmos y las redes y las plataformas y todo, hay como una especie de amenaza y de miramientos y de cosas que me parece que hace 15 hace años no estaba tan presente.
¿No resulta irónico que la gente se indigne más por un chiste que por el hecho que lo inspira?
Bueno, por eso uno también trata de poner en foco de todas las hipocresías. Yo creo que siempre traté de trabajar en dos niveles: que el tema me interese o si hay una denuncia o un punto de vista, hablar de algo, como puede ser, no sé, una banda tributo, o la discusión sobre una banda que hace lo mismo durante toda una vida, si eso está bien, si eso está mal… Hablar de algo y que la tira sea graciosa: eso es lo principal y lo más difícil, por supuesto. Que en un formato tan pequeño, como tres cuadritos o un solo cuadrito, donde tenés un espacio mínimo, poder hacer algo que tenga un desarrollo, un chiste y encima aportar un punto de vista… trato de que pase eso, no siempre se logra.

ES EL ROCK, ROCK, ROCK EN MI FORMA DE SER
¿Qué pasa con los rockeros que aparecen en tus historias? ¿Alguno te ha comentado algo alguna vez?
Mira, me llevé muchas sorpresas porque conocí muchos músicos a través de la tira del Suple No como en la Rolling Stone, eran medios que miraban muchos músicos, tenían mucha relevancia y circulaban, tenían como el pulso de lo que pasaba en el rock argentino o en Buenos Aires. Y yo también empecé a prestarle mucha atención a las bandas nuevas, como Las Bodas Químicas o Viva Elástico o Los Espíritus en su momento, todo más o menos entre 2000 y 2014. Hace unos 10 años más o menos había como una nueva escena y un nuevo discurso; el Festi Pulenta, el Matienzo… Entonces trataba de mirar para atrás y para el presente también. Pegué buena onda en su momento con Ariel Minimal de Pez, con los de Viva Elástico, con gente de El Mató A Un Policía Motorizado, con Javier Malosetti, con gente que terminó siendo personajes que aparecían en mis tiras, que después me enteraba de que se cagaban de risa o los conocía en un recital. Así que siempre hubo en general buena onda, porque eran músicos que entendían que uno se reía de los lugares comunes, de los que el el rock está lleno. El rock, la música, lo que sea el rock y todo eso que cabe adentro de la palabra rock.
¿Te resulta sencillo inspirarte en el rock?
No sé, porque hoy quizás hablar solo de rock parece como un poco que te acota, ¿no? Tengo 52 años y que yo siga estando después de 20… ya cuando entré ya no era tan joven, quizás tendría que estar un chico o una chica de 22 y no uno de 50, pero las cosas son como son. Yo trato por mi lado de prestar la atención a esto que te digo, a leer portales de música, a enterarme de qué bandas están saliendo, qué movidas o qué está pasando, los cambios de consumo. Ahora parece como una especie de bajada de lo que se venía a comer el mundo que era el trap, hace tres años o cuatro era, “Duki es el nuevo Charly García”, “Dillom es el nuevo Cerati”… no sé, como que el trap es el nuevo rock, decían, ¿no? O esos slogans como «la muerte del rock», que cada tanto aparecen y desaparecen. Hoy parece haber como un retroceso de eso y muchos de los traperos estos empiezan como a rockerizarse y a querer también demostrar validez poniendo músicos y un discurso más personal, quizás porque van siendo menos jóvenes y tienen ganas de hacer otra cosa. Muchos tipos como WOS o el propio Dillom empiezan a hacer links con Charly, con la figura de Calamaro, con la figura del Indio Solari, ¿no? Como mirando un poco al pasado del rock argentino y reconocerlo también.
¿Y vos sentís que -justamente por esto que marcas de la edad- te cuesta más que antes?
Hmmm… mirá, el otro día tenía justo una charla interesante con Luis Paz, el editor del Suple No, que también es artista y músico, sobre no perder de vista a quiénes uno les habla. Yo sé que si al lector del No le hago un chiste sobre Jorge Pinchevsky o sobre La Cofradía De La Flor Solar, es posible que alguien de 25 años se quede afuera, o si hiciera referencias incluso a Pedro y Pablo o a Piero o a Pipo Lernoud o hablar de, no sé… (piensa) la Expreso Imaginario u otros medios… uno supone que tenés que tener un poco más de bagaje para entender las referencias. También trato de prestar atención a qué figuras están, o sea, yo sé que Emilia Mernes es una de las artistas más convocantes, por ejemplo, pero no conozco ninguna canción suya. Trato de saber más o menos qué pasa con todas las contradicciones y con todos los matices que hay en esta discusión, pero se supone que para que una tira o un chiste funcione le pedís algo… es decir, si hago un chiste que para que se entienda el lector tiene que saber quién es Santiago Motorizado, capaz que mi vieja se va a quedar afuera. Por ahí mi vieja no es el público al que yo aspiro, pero trato siempre de que la tira funcione, más allá del personaje o de la banda en la que uno pueda estar parodiando. No sé si contesté tu pregunta… no sé si me cuesta más, pero sí trato de hacer un esfuerzo mayor en prestar atención al contexto o al presente de la música.

LA TIRA QUE VA TIRANDO
En estos 20 años que estuvo la tira, ¿sentís que evolucionó hacia algo o que cambió de algun modo?
Mira, creo que un poco lo que me complicó y me quitó quizás fluidez o comodidad es el pasaje del papel al formato digital, desde la cosa romántica y fetichista y también cultural del papel impreso y lo que significa un suplemento o una revista que circula de mano en mano, que te conectas leyéndola y que sí o sí tenés otra relación, hasta de cariño, de compromiso… Yo tenía un espacio de un buen tamaño para la tira. Entonces, podía meter bastante información, bastante texto; no era como la contratapa de Clarín que a veces una tira se veía chiquitita, esta la ponían en un buen tamaño. Cuando pasa del Suple No al diario web, termino con una especie de cuadradito que es el formato como está armado, como está dispuesto gráficamente o desde el punto de vista del diseño. Entonces, ya no tenía el recorrido apaisado clásico alargado de la tira de toda la vida, sino que tenía una especie de viñeta un poco menos rectangular. Después me di cuenta que mucha gente eso lo miraba hasta en el teléfono, así que tampoco podía poner tantos cuadritos ni tanto texto. Entonces, tenés que tener en cuenta otras cosas para que la gente no pase de largo y que eso funcione gráficamente, desde aumentar el tamaño de la tipografía o tratar que no se empaste por la cantidad de detalles que tiene y que la pases de largo… A veces se me ocurren cosas, pero me piden más espacio, entonces me parece que no da, tengo que tratar de sintetizar un poco. Son preguntas que me hacía menos, era más orgánica la relación con el trabajo. Eso es un cambio importante.
Eso en cuanto a lo gráfico, en cuanto al arte. ¿Y en cuanto al contenido? ¿Considerás que fue cambiando o variando?
Yo estoy en un punto donde trato de no caer en el discurso del viejo quejoso, pero tampoco en la falta de crítica o aceptar todo sin un discurso crítico, ¿no? Por ejemplo, hablábamos esto del auge del trap hace unos años y yo notaba que muchos periodistas veteranos hacían un esfuerzo por no parecer viejos y salían a hablar bien de L-gante o festejaban cualquier cosa porque parecía que era lo que había que hacer para quedar cool o mostrar que se tenía una mente abierta. Y por ahí a veces se hablaba poco de lo musical. Después uno entiende por ahí que lo musical quizá es un elemento solo cuando hay un discurso que tiene que ver con el origen, con lo cultural, con los códigos, con lo generacional, ¿no? También está otro lugar común que es el de “a mí no me habla”… Eso es como zafar de “pero pará ¿te gusta?, ¿no te gusta?”… Recuerdo que me daban ganas de leer críticas musicales en su momento, por ejemplo, un tipo como L-gante que era más un personaje simpático o del del típico pibe de origen humilde que de pronto la pega y se hace millonario y las marcas los contratan, alguien que hace un año antes estaba completamente en la lona en una villa sin recursos y de pronto era un personaje mainstream. Era como un fenómeno que encantaba como especie, como un nuevo Maradona de la música o como el tipo que había cumplido su sueño, pero casi nadie hablaba de música.
En la Rolling Stone pasa muy seguido que publican una tapa con Dillom o Milo J y no falta el comentario de buena parte del público que dice, “esta antes fue una revista de rock”.
Bueno, quizás Rolling Stone no sea más una revista de rock; es más, ¿qué es hoy ser una revista de rock? Hay que como replantearse todo, ¿no?, ¿Qué es hoy la cultura joven? ¿Existe tal cosa hoy como la cultura joven? En un festival de rock, ¿qué bandas tocan? Las Pelotas, Los Cafres, Los Pericos, Masacre, Pez, Los Fabulosos Cadillacs… son bandas que tienen 30 o más años de trayectoria.
¿La gente es muy crítica con los rockeros entrando al mainstream, o es una cuestión local? Hoy lo ves a Walas de Massacre en el programa Master Chef y mucha gente comenta en las redes que se vendió; cuando Ozzy Osbourne o Gene Simmons tuvieron su reality show nadie les dijo nada
Totalmente, o como hizo Juanse en su momento, o como Pappo cuado hizo de actor en la serie «Carola Casini», lo bueno de ser viejo es que tenemos mucha memoria para referencia de las últimas décadas (Risas). Hoy parece haber en en Buenos Aires y quizás en todo el país una especie de caldo de nuevas bandas de rock o de gente muy joven que está volviendo al post-punk, al rock más oscuro, a la cosa más garagera. Como una banda de mi ciudad, Mar de Plata, que es Buenos Vampiros, que está tocando por Europa, o Wynona Rider o las chicas de Las Fin Del Mundo… Hay un montón de bandas formadas por mujeres que parece que fueran bandas españolas del 85; no sé, ¿cómo tienen tantas referencias a Echo & The Bunnymen, The Cure o Joy Division? Son muy buenas y tienen muy buen gusto y muy buenas canciones, que es una cosa no muy habitual.

MI PASADO ME CONDENA
Justamente, otro tema para que te explayes, sobre todo para aquellos lectores que no te tienen muy presente, es tu relación con la música: para poder hacer una tira como Bife Angosto, tenés que tener por fuerza un bagaje musical y rockero...
Hoy casi que está mal decirlo, pero mi ídolo de la música era Miguel Mateos, o antes, Miguel Mateos Zas, ¿no? Como Nick Cave and The Bad Seeds, él era Miguel Mateos Zas. Después para el rock era casi mala palabra: hoy está como reivindicado porque dio toda una vuelta, pero hace unos años Miguel Mateos era como Maná para el rock, una cosa casi despreciable. Pero yo era pibe y fan y por supuesto después venían GIT, Soda Stereo, los Twist, Los Abuelos, pero siempre tuve adelante la figura de Miguel Mateo y Zas. Después entró Spinetta, Charly, que te pedían un poco más de complejidad. Estoy hablando cuando tenía 12 años, mediados de los 80s, yo soy de 73. En esa época también me gustaban mucho revistas como la Pelo, como La Toco y Canto, como La Canta Rock, las revistas eran lo que uno tenía para saber más de su ídolo. Me acuerdo una tapa de la revista Pelo, creo que sería del 84, que decía “te presentamos a Depeche Mode, una banda que acaba de surgir”. En fin, desde pendejo me empezó a gustar leer e informarme. Seguramente todos mirábamos todo en los discos: quién era el productor, todo lo que hubiera texto impreso… había que leer todo, la lámina con “disco es cultura”, todos los eslóganes y las referencias. Después me empezaron a interesar también los libros y las revistas, todo lo que empezaba a aparecer paralelamente a lo musical. Así que siempre me interesó y por supuesto que también me interesaban el humor y la historieta y era como tentador mezclar los dos universos, ¿no? Sobre todo cuando empezaron a aparecer en medios como esta revista que te contaba hoy, Sinergia o revistas independientes, o después el No, la Rolling Stone o la Inrockuptibles, donde laburé muchos años también. Lugares donde tenía como mucho campo para desplegar obsesiones y yo siempre decía, «Bueno, ¿de qué puedo hablar?»… Para mí Bife Angosto también era un lugar donde yo podía decir cosas. Siempre esperando como tirar un puente hasta ver si alguien se enteraba o no que podía estar de acuerdo conmigo. Sobre todo cuando ponía algo que yo veía de lo que no se hablaba en la discusión, digamos, habitual de la música.

¿Qué tal la reacción de la gente, hacia Bife Angosto concretamente, a través de los años?
Supongo que buena: era una tira y un medio que estaba en la calle, o sea, vos veías lectores antes de las redes sociales y de los likes y de los seguidores y de los comments – no de los comentarios, los comments. Eran medios que estaban en la calle, en los lectores había como un compromiso, por eso para mí no es lo mismo lectores que seguidores. El seguidor es medio como una cosa de humo. Un tipo que te lee entiende tu discurso, porque vos a un tipo lo leés durante años y empezás a saber cómo piensa, vas dando pistas, me parece, sin darte cuenta; porque si yo miro tus notas de 25 años de laburo van a aparecer cosas de tu propia vida personal, o de tu punto de vista que por ahí vos no te das cuenta, pero van apareciendo: cómo preguntás, desde dónde preguntás… Y bueno, si yo hago un recorrido en mi laburo deben aparecer un montón de cosas también, pero lo que siempre traté es de confundir. Una cosa que algunas veces me dije es, «espero que no suceda que algún músico del que yo soy fan le pueda caer mal una tira». Digo, sería una cosa desgraciada. Me acuerdo que alguna vez había hecho una tira jodiendo con Lucas Martí, que para mí siempre fue un capo. Y digo, «Che, espero que no se lo tome mal», porque alguien puede pensar que está hecho con mala leche.
Sin embargo, se hizo conocida la tira, un poco es como que ya se conoce su idioma...
Bueno, pero es conocida -o era- en un universo muy acotado.
Quizás también es como decías antes. Eso de ir sobre la figura semi sagrada es como que habilita eso, decir “mira acá se trata de esto, acá jodemos”.
Sí, y después más que joder a músicos y bandas, intenté joder a determinados públicos, sobre todo cuando aparece esa cosa militante y tribunera, tipo público con las antorchas encendidas, como los salieris de Charly, por ejemplo. Cuando un público tiene un nombre como de ejército, que se encuadra bajo una especie de nombre totalizador con unas reglas como inquebrantables, ahí tiene que venir el chiste para joder con eso. Aparte, difícilmente cualquier banda o artista en su carrera tenga todo impoluto. No sé, se me ocurre por ejemplo Bowie, es difícil que un tipo que hizo discos durante 40 años o una banda no tenga momentos donde la haya pifiado… Hoy hablamos de Kiss, ellos fueron muy criticados cuando hicieron “Psycho Circus” o maniobras comerciales, o cuando Metallica quería modernizar el sonido con «Load» y «Reload». El otro día escuchaba un podcast que tomando ya un montón de perspectiva de tiempo hablaba de lo que era el público conservador del metal cuando de pronto los Metallica se cortaron el pelo y se maquillaban los ojos y salían con sonidos medio electrónicos. Primero me parece una actitud muy artística y muy rockera de los Metallica, justamente ir contra su público de alguna manera; eso me parece muy valiente, muy valioso y hasta muy divertido, ponerle un poco de humor, flaco… somos una banda de rock, no somos el Papa, no somos el Vaticano de la música.
Es que se pone muy dogmático todo en un momento. Vos quizás lo tengas más en claro, dado que además de tu rol como dibujante también tenés una faceta musical.
Ponele… Me cuesta considerarme músico porque una de mis 172 frustraciones es no saber tocar instrumento alguno. Pero sí hago música componiendo mis melodías y mis letras. Tuvimos una banda en Mar de Plata que se llamó Gas Carne, por ahí hay cosas todavía, creo que circulan en un Bandcamp. Gas Carne era una banda con elementos de King Crimson, de cosas más progresivas, pop, ponele, por decir algo medio arbitrario. Y después en los últimos años hice siempre proyectos con personas que son productores o músicos, con el amigo Gonzoide de Ituzaingó, gran prócer de la música independiente y el dibujo, hicimos Los Dentistas Tristes, grupo del que también debe haber material circulando por ahí en YouTube, pero no llegamos a grabar un disco. Después hice un disco solista en el 2021, se llama “Canciones Para Nadie”, producido por el gran Pelu Romero, y desde el 2022 estamos con Fiambre Moderno con el maestro Juampi Malvasio -conocido como Electrochongo en el ambiente- que armamos como una dinámica de laburo donde yo llevo las canciones grabadas con la voz o las melodías con las letras y él arma toda la producción y hacemos los arreglos y todo lo que es la producción de la canción y las ideas sonoras. Y así venimos presentándonos y tenemos un disco del año 2023, ahora estamos trabajando en el siguiente. Así que el escenario, que es muy orgánico, es un buen complemento del dibujo, que es muy estático
¿Te han tocado momentos tipo Spinal Tap o cosas de ese tipo que podrías reflejar en una historieta?
(Risas) Siempre, siempre. Yo, por ejemplo, soy muy histérico. Le cuento a la gente que lee que hoy hablamos también antes de este reportaje… no solamente hablamos de Kiss, sino de lo puntual que es uno y las consecuencias históricas que eso tiene donde uno siempre debe esperar a los demás. Yo seguiré siendo un ingenuo a la hora de ir a recitales de rock creyendo en la hora que dicen los flyers. Si vos ponés 21 horas puntual y tocás a las 12 de la noche, sos una mala persona (Risas). No tenés ética alguna. O ir a un lugar a ver una banda que te gusta, y que en el afiche dice 20 horas, pero llegar a las 9 y que ni siquiera hayan dado puerta y escuchás al otro lado, “pum, pum, pasame la batería, pum, pasame el tacho”, que recién están probando sonido… Eso se llama indignidad. Después te dicen, «No, pero se sabe que se empieza más tarde»… Bueno. Déjame, I want to believe, déjame creer… (Risas) Entonces toda esa cosa de la estética o la cultura del rock, esa cosa más lánguida y más… más colgada, me parece insoportable. De hecho siempre me pregunto cómo harán las bandas; me pregunto bandas como 2 Minutos, ponele por decirte una banda que desde el imaginario uno supone que es una banda del cuelgue, de la birra, del descontrol, del bardo, que no imaginás a tipos puntuales y prolijos, desde el absoluto prejuicio lo digo, porque no los conozco. Pero digo, una banda en un festival tipo Quilmes Rock o estas bandas que tienen que estar todos cronometrados y se ha hecho una producción gigante. Esa banda ahí no tiene mucho margen para el pelotudeo, imagino. ¿Cómo harán para que le funcione para llegar a tiempo para estar a la prueba la hora correspondiente y demás?

VAMOS A LOS BIFES
Volviendo al tema que nos convoca, se cumplieron 20 años de Bife Angosto. ¡Dos décadas! ¿Qué se viene para los próximos 20 años?
Bueno, no sé, porque me parece que es una cifra que te obliga a mirar para atrás y mirar sobre todo para el presente. Todas estas contradicciones que hablamos de un tipo como yo, de 52 años, esté hoy en un suplemento que se supone que es de cultura joven, que tiene como una voz generacional que se preocupa por ver qué pasa, no solamente en la música, sino en las plataformas, en la cultura de la historieta, de la ecología, de todo lo que son los consumos culturales… Estoy pensando como ir llegando al final del formato como tal y pensar otra cosa, que todavía no sé cuál, pero es el momento. Mientras hablo con ustedes pienso qué tengo ganas de decir en ese pequeño espacio semanal, para qué me puede servir y que también tenga que ver con el espacio. Podría ser una cosa media meta, haciéndome cargo de quién soy y de la verdad que tengo y del punto de vista que tengo, pero es un momento donde tengo más preguntas que nunca. Estoy como inquieto con eso, sé que tengo que hacer algo, pero no sé qué. Entonces este momento es un presente de preguntas y de replanteos donde tampoco parece haber una gran motivación, ni de guita ni de nada. Es una cosa más personal, de hacer algo que tenga ganas de hacer y sobre todo mostrar qué tengo para decir hoy.
Bueno, MADHOUSE es en parte eso, lo que dijiste tiene mucho que ver con nuestro medio… ¿Vos leías la revista impresa en los 90?
Poco, poco, porque quizás desde el prejuicio… es una revista que nunca compré pero que algún amigo me mostró. Uno por ahí hace un paneo desde la tapa, ¿no? Slipknot, Iron Maiden, Metallica, Judas Priest, A.N.I.M.A.L., Rammstein, seguramente todas esas fueron tapa.
Muy probablemente.
Y seguramente Björk nunca fue tapa, y seguramente Jaime Roos nunca fue tapa… (Risas) ¿Por qué? ¿Por qué nunca fue tapa un tipo del metal noruego como Jaime Roos? (Más risas). Me quejo y por eso nunca compré, si hubieran sacado una tapa de Jaime Roos o de Miguel Mateos seguramente yo hubiera sido un lector de MADHOUSE… (Aún más risas)
Los años han pasado, el agua ha corrido bajo miles de puentes y hoy es probable que en esta, nuestra versión web, un día aparezcan Jaime Roos y Miguel Mateos...
Jaime Ross haciendo un tributo a Slipknot (Risas) Bueno, pero Jaime Ross, por ejemplo, hablando de los conservadurismos del rock… El tipo se dice que en el 84 hizo el primer disco con batería electrónica de la música uruguaya, del candombe, de la murga. Una escena donde en Uruguay había un discurso mucho más cercano al universo de Zitarrosa y los Olimareños, más comprometido… una cosa más grave, más política, más de izquierda, revolucionaria. Y este tipo venía con otra cosa: venía con los Beatles, con Piazzolla, o sea, mezcló; tenía mucha música inglesa, también era fanático de The Police, con la New Wave y el Candombe y los Rioplatenses y los afro, entonces para mucha gente era intolerable… ¿Cómo? ¿Sonidos de pop en un disco de un músico uruguayo?
Cada tanto aparece alguien que rompe ese tipo de barreras, como Mano Negra, por ejemplo.
Claro, como Manu Chao, por supuesto, o Piazzolla. Siempre son tipos en un momento amados y resistidos, que el tiempo los termina ubicando en un lugar.
¿Te consideras un equivalente de eso en la historieta?
No, yo no me considero nada. Solamente siempre traté de hacer algo sincero, con la dificultad que conlleva hacer humor, porque es como que la propia lógica del humor te pide causar gracia, veo que la gente está esperando onda «a ver con qué me voy a cagar de risa», pero más que causar gracia, trato de decir algo, tirar pensamientos o discursos hasta que alguien se quede pensando algo. Voy por la calle y miro, no sé, los afiches, porque los afiches de la vía pública siempre fueron un gran generador de ideas desde, no sé, cuando empezaron a aparecer, por ejemplo, notas en los medios onda “Te contamos cómo comprar la entrada para la gira de Roger Waters”… Una nota sobre comprar la entrada, ¿eso puede dar para una nota? Bueno, cosas así o las bandas que anuncian tipo un año y medio antes una gira o los festivales como Lollapallooza que ponen a la venta las entradas y la gente tiene que comprarlas sin saber qué bandas tocarán… Bueno, ahí hay para tirar, siempre hay para hacer cosas, pero la verdad que es una época, creo, de confusión, de preguntas y de relajarse y mirar a los costados. Quizás por nuestra edad (N. Mira al joven Emiliano) -y a vos no te incluyo, maldito joven- tenemos suficiente recorrido como para parar y mirar, y al revés… hoy lo que me pasa es que escucho cosas que escuchaba cuando era más joven, por ejemplo, estoy escuchando mucho Virus y digo, «Pará, pará, es mucho mejor de lo que pensaba”. Calculo que habrá gente que le va a pasar hasta con Kiss, eran mis superhéroes de chico, y después dice, «No, pará, escucho ‘Detroit Rock City’ y esto sobrevive el tiempo», y sobrevive todo, ¿entendés? Entonces, a veces el tiempo te hace valorizar más tu recorrido que defenestrarlo.

Tenés muchos años de oficio, pero para hacer humor hay que tener una gran lucidez. Y más aún cuando tenés que hacer una tira diaria o semanal. Quizás tuviste momentos en que haya costado más, uno se imagina que hacés tiras todo el tiempo y a veces…
(Interrumpe) No, no existe la famosa parrilla que se le dice, es decir algo así como una reserva de chistes adelantados. Aunque siendo semanal podría tenerla, pero no. Lo que sí tengo son muchos apuntes de temas o de ideas en cuadernos, miles de cuadernos. Pero normalmente trato cada semana de ver de qué me puedo reír… por ejemplo, ahora de acá me voy a un café y empiezo a anotar cosas que hablamos, cosas que se me pasaron por la cabeza, miro portales, miro la calle, miro algunas redes, qué bandas vienen, qué bandas se anuncian, qué festivales hubo, qué cosas circularon y anoto. Anoto y trato de decir algo anclado en el presente, pero que siempre pienso que de acá a 10 años siga teniendo funcionamiento. De hecho, a veces pasa que es un lugar muy común no pensar en la longevidad… por ejemplo, una tira que hicimos todos, creo, fue el chiste de la piña que le dio Will Smith a Chris Rock en la entrega de los Oscar. Era el tema del que hablaba todo el planeta. Hoy parece una cosa que pasó hace 200 años, pero no podías no hacerlo, la actualidad te obliga. Ni hablar en la pandemia, todos los chistes eran con coronavirus, distancia social, lavado de manos y palabras como «comorbilidad»… Hoy veo todo eso y me quiero matar: a ese material le quiero prender fuego, porque queda muy envejecido.
Y sí, es el riesgo que corrés cuando hacés chistes sobre la actualidad.
Claro, pero a veces trato de que tenga una coyuntura; por ejemplo, ahora hice una tira un poco bardeando o jodiendo con esta cosa que circula de Fabiana Cantilo, puteando en el escenario, pero en realidad, yo estoy jodiendo con una cantante bardera que ocasionalmente puede haber sido… evidentemente era una joda a Fabiana Cantilo, pero la idea era que también alguien que no tenga la referencia de ella, por ejemplo, pudiera entenderlo. No importa de qué se hable, la cuestión es que se entienda, por eso me interesa siempre trabajar a esos dos niveles, ¿no? Que tires un código para el que entienda, para la gente del palo, pero que a la vez eso sobreviva. Ojalá se logre, algún día lo lograré.

¿Podrías elegir tus tres Bifes Angostos favoritos?
Mira, no sé… (Piensa) por ejemplo, una que me gusta ahora es un chiste con Los Ramones, que creo que era algo así como que la banda seguía cuando murió Joey Ramone, tenía que ver con esta cosa de que muere un líder y los descendientes siguen y dicen, “es lo que él hubiera querido”. El lugar común “es lo que él hubiera querido” siempre se dice, ¿no? Después otra tira que me acuerdo que me había gustado era una de un psicólogo que en realidad era sonidista y jodiendo con estos tópicos le decía, «A ver, pasame la depresión, ahora pásame depresión y angustia”, como si fuera “pasame los bombos, pasame la batería»… Igual soy muy malo acordándome de mis propias tiras, pero me acuerdo de una que tuvo mucho rebote en su momento, que era la de Ricky Espinosa con Kurt Cobain; aquí sí tenés que saber quiénes son Ricky Espinosa y Kurt Cobain, sobre todo Ricky que es mucho más de culto y mucho más argentino; bueno, están los personajes diciendo, “¿Qué hacemos, tomamos mate o nos suicidamos?” -“Y Yerba no hay…” (Risas). Esa tira en España, por ejemplo, quien no sepa el mito de Ricky Espinosa…
Y también quien no conozca lo de “Yerba no hay”, que es muy argentino...
Totalmente, fijate la cantidad de cosas que te piden de la cultura local.

Bueno, aqúi tampoco hay yerba así que concluyamos así, abruptamente: ¿algún mensaje para la gente de MADHOUSE que te lee?
Me parece que es el mejor momento para concentrarse en lecturas largas. Hoy que estamos, se supone, en lo que todo el mundo dice que es la época de la cultura fragmentada, del TikTok y de los consumos rápidos, me parece que hay que tratar de hacer el ejercicio de cortar un poquito con eso y concentrarse, aunque sea una hora, en un libro o en un portal de ensayo, entrevista y sobre todo textos que están pensados, escritos por gente como ustedes, que tienen recorrido y un discurso… Me parece que eso es una cosa para prestarle atención especial.

Fundada por Frank Blumetti, la edición digital de la recordada revista de los 90 cuenta con colaboradores de la vieja época y nuevas incorporaciones. Basada en el gusto por la música y centrada en todas las manifestaciones de la cultura joven, esta web busca estar al tanto de lo que ocurre a diario en Argentina y el mundo y estar al día con los desafíos que las nuevas tecnologías imponen al periodismo.








