
«Esto Es Horcas – Osvaldo Civile», por Jorge Gabarrón y Luis Ortellado (Editorial Serial, 2026)
Quizás sea ocioso volver a hablar de la importancia que tuvo Osvaldo Civile como integrante de V8, banda gestora de toda una escena y un género en nuestro país. O de Horcas, su propia criatura, la cual terminó convirtiéndose en uno de los nombres más importantes del heavy nacional, amén de tener una historia particularísima. Lo que no es redundante y constituye un gran aporte es llevar adelante una exhaustiva investigación que arroja luz sobre innumerables aspectos de la vida de un personaje tan importante como son la gestación de V8, la formación de Horcas y su continuidad sin Osvaldo o el dudoso y fatal desenlace de su vida. Con ese propósito, los autores emprendieron un titánico trabajo que les llevó una década, esfuerzo que dió como resultado un trabajo inusual dentro del periodismo musical vernáculo por lo vasto y exhaustivo de su factura. Para que nos cuente de eso y otras yerbas, MADHOUSE entrevistó a Jorge Gabarrón, coautor junto a Luis Ortellado de un trabajo imprescindible para todo amante del metal argento
¿Cuál fue la génesis del libro?¿Qué los llevó a querer contar la vida de Civile?
La idea surgió hace casi diez años. Le hice una nota a Horcas en el 2012 para una revista que yo tenía llamada Doctor Gonzo y a partir de ahí surgió un contacto con ellos. Quedé muy pendiente del tema de la muerte de Osvaldo y de lo que estaba pasando con la banda. Porque la nota que había hecho fue en una época bastante álgida por el tema de Osvaldo, su muerte en condiciones poco claras y todas las polémicas alrededor de la continuidad del grupo sin él. Me parecía que claramente más que opinar lo que sea sobre el tema sin un profundo conocimiento era poco serio y no aportaba nada salvo confusión. Lo más correcto era hablar con propiedad y para eso primero había que investigar. Pero no me animé enseguida a hacerlo, estuve como 3 o 4 años siguiendo el tema de cerca y finalmente en julio del 2016 arranqué a entrevistar gente con el proyecto de hacer un libro. Al principio pensé que iban a ser un par de años, ¡y terminaron siendo 9 años y medio de laburo hasta la publicación del libro!(risas). En medio de todo eso conocí a Luis, que es el otro escritor del libro y juntos en los últimos dos o tres años nos pusimos a contar todo lo que yo había investigado hasta ese momento, seguir con la investigación, después diseñarlo y finalmente editarlo.
Leí en un reportaje que te hicieron en el decías que si bien para vos la muerte de Osvaldo es un tema de peso, no querías que fuese este un libro sobre la muerte de Civile, sino sobre su vida.
Sí, siempre fue nuestro norte ese, no apelar sólo al morbo o titularlo con algo que tenga que ver con la muerte. Evidentemente es un episodio que investigamos y pudimos averiguar cosas que no se sabían y pudimos publicarlas. Pero eso es apenas una parte del libro, la mayoría del mismo está dedicado a su vida y obra. La narración va y viene, hay varios capítulos que se posicionan en momentos que transcurren con Osvaldo ya fallecido. Es un mix entre lo post 2000 y el arranque de la carrera de Civile lo que se cuenta. Nosotros queríamos retratar toda su vida incluso para que se entienda su muerte también. ¿Por qué despertó tantas incógnitas ese final?. Lo digo porque es el día de hoy que sigo leyendo en Facebook y en redes cosas que se publican en las que veo que siguen dando vueltas sobre el tema. Todas teorías que nosotros ya comprobamos son mentiras y ya están publicadas. Y hay gente que ni se enteró de eso, ¿viste?. Todo eso no lleva a ningún lado, veamos mejor la vida del hombre a quien le estamos dedicando el libro, repasemos tantas cosas que hizo y las hizo a su manera. Había otras incógnitas que tenía Osvaldo, muchos puntos ciegos en su vida y nos encantó poder arrojar un poquito de luz ahí y que se entienda mejor al personaje.

Te lo preguntaba por eso. Me parece que está muy bien reflejada la vida de Civile en general. No sólo la artística, también la vida personal.
Sí, fijate que en el libro aparecen un montón de personajes de su entorno que uno nunca supo de su existencia y nos pareció que su testimonio era un gran aporte para pintar un retrato mucho más completo suyo. Eso es lo que buscamos. Nos dimos cuenta que no bastaba con entrevistar a los músicos con los que tocó o la gente con la que trabajaba. Hay una vida detrás de cada músico, como hay una vida detrás de cada trabajador de oficina o de una fábrica. Una vida que por ahí no se conoce, rodeados de su gente, sus íntimos. Osvaldo con su entorno personal podía sacarse el traje de guitarrista, se podía quitar el traje de líder de Horcas, el hecho de ser miembro de V8 y ser uno más del barrio. Por eso nos dio mucha alegría poder retratar a gente como Lucio Vieyra, Mario Avate, contar la historia de Beto Frontera, de Gustavo Rubio, del Lagarto, todos amigos muy entrañables de Osvaldo y que sabían muchísimas cosas de él y que lo veían de otra manera, distinta al resto de la gente. Hace poco hicimos una presentación en la Biblioteca Mariano Moreno de Sáenz Peña y vinieron esos amigos. Todos tipos muy grandes ahora. Algunos no se veían hace 40 años, fue muy emocionante. Estaban como locos, fue como llevar a Osvaldo de vuelta a casa. Yo veía la escena y pensaba «a ellos les chupa un huevo si siguió Horcas sin él, si se amigó con Iorio o lo que sea”. Pasa por otro lado, a veces tenemos que contemplar esos otros lados también . Estaban totalmente emocionados y me gustó dejar ese recuerdo que se aleja de la tragedia, que podamos recordar las buenas cosas y los buenos momentos aún después de tantos años que Osvaldo ya no está
Algo que sorprende del libro es la cantidad de fuentes y personas citadas en el libro.
Sí, un poco más de 120, ¡la verdad que perdí la cuenta( risas). Cada tanto trato de repasarlas, me pierdo, pero sí, fue una cantidad impresionante de personas, de gente que fue entrevistada durante horas y días y hasta meses. Hubo otros testimonios que fueron contactados por una anécdota en específico, por un dato en particular o por tratar de saber algo más de un lugar, por ejemplo
¿Alguna de esas personas se mostró reacia a entrevistarse con ustedes o siempre existió la buena predisposición?
En su mayoría tuvieron perfecta predisposición. Hubo dos o tres que no quisieron participar. Sí, a algunos costó más entrevistarlos por diferentes motivos. Tuvimos paciencia para darle lugar a cada entrevistado. Si había que esperar a ese entrevistado un año más, se lo esperaba. Y esa estrategia logró su objetivo.
ARMANDO UN ROMPECABEZAS LLAMADO CIVILE
¿Y cómo fue armar todo ese mapa tan complejo y tan vasto de entrevistados? ¿El testimonio de uno te llevó a otros y así?
A veces sí, a veces no. No fue todo inmediato. Empezamos por lo más obvio que era charlar con los Horcas, sobre todo con los integrantes actuales que tocaron con Osvaldo, que son Sebastián Coria, el Topo Yañez y Walter Meza. Empezamos por ahí y rápidamente en sus historias nos dábamos cuenta que claramente había una parte de Osvaldo que no conocían, porque ellos lo conocieron de grande o entraron cuando la banda ya estaba formada. La verdad es que con cada entrevista nos surgían más preguntas antes que certezas. Para el libro fuimos desde encuentros con la gente que tocó con Civile hasta un plomo que en el año tal trabajó para él. Todo testimonio era importante y podía aportarnos algo. Y de esos encuentros salieron cosas impresionantes. A veces era una sola historia o anécdota que quedaba de ese encuentro pero era valioso igual. Para armar un rompecabezas necesitás de todas las piezas, no hay otra.
¿Pudiste hablar con todos los ex V8,?. No aparece el testimonio de Iorio, por ejemplo
No, entrevisté a Gustavo Rowek, de hecho fue uno de mis primeros entrevistados, porque era el más amigote de Osvaldo en la banda y además es muy cercano a la gente de Horcas. Me costó un poco dar con Beto Zamarbide dado que está radicado en el exterior, pero una vez que me pasaron su número no tuve problema en entrevistarlo. Tuvimos unas charlas maravillosas en las que hablamos sobre un montón de cosas. Con Ricardo Iorio creo que hubiéramos podido intentarlo porque conozco a alguien que era vecino suyo en Sierra De La Ventana, pero no estaba seguro de si iba a entender lo que estábamos buscando hacer con el libro. Por otro lado no era el personaje más cercano a Osvaldo ni sabía tanto de su vida, no fueron tan amigos. Imaginé que muchas cosas que habían vivido juntos quedaban muy atrás en el tiempo y posiblemente no las recordará. Preferimos no molestarlo si el encuentro no iba a tener relevancia

Leyendo el libro me sorprendió en el arranque la manera muy puntillosa en la cual se cuenta el episodio dedicado a los V8 radicándose en Brasil, exilio que dispararía la disolución de la formación original de la banda.
Sí, nos pareció un plato fuerte, una escena ideal para empezar el libro, porque arranca con el héroe de la historia ya chocando en el intento de cumplir sus sueños. Porque Civile amaba a V8, pero eran tiempos complejos, estaban todos muy alocados y eran muy jóvenes. Había una gran intriga ahí, en ese punto de la historia del grupo. Rowek cuenta que él fue el último en viajar y cuando llega a Brasil ya estaba todo podrido, mientras que Zamarbide, que estaba presente cuando fue la pelea, guarda bastante silencio sobre esa discusión. Quizás no se acuerdan o quizás como te digo prefieren no hablar y no quieren decir las palabras que se dijeron. Algunas pocas cosas mencionaron y eran suficientes para entender qué pasó, que era básicamente que Osvaldo estaba indomable. Para viajar a Brasil vendió todas sus cosas, entonces no tenía ni siquiera equipos con qué tocar. Además ya las personalidades de Ricardo y Osvaldo chocaban abiertamente sin ocultarlo. Entonces finalmente se dio esa separación de, para mí, la mejor banda que hubo de heavy en Argentina, a la altura de bandas de afuera. V8 podría haber tocado hasta hoy en día, sacando grandes discos. Pero lamentablemente después de dos grandes álbumes como son «Luchando Por El Metal» y «Un Paso Más En La Batalla» se separan, y encima fuera del país. Es una locura la historia. Y quedan a la deriva dos de ellos, dos vuelven y la banda se reforma con otros integrantes. Y aún con todo lo que pudimos reconstruir hubo cosas que quedaron pendientes, que van a quedar en el misterio.
Además, está esa cosa profética que tuvo V8, sobre todo en los riffs de la guitarra de Civile, que es estar tocando por momentos y en algunos pasajes un género que todavía no se había inventado. Me refiero al thrash metal
Sí, totalmente, creo que era demasiado lo que plasmaron como banda. Sobrepasaron todas las expectativas propias y ajenas, aquello que podían alcanzar cuando se juntaron. Pese a los problemas para sonar bien que había en esa época, su poca experiencia y la escasa producción con que contaban, yo escucho V8 hoy en día y me parece algo impresionante lo que hicieron. Por lo fresco y distinto de su propuesta, armaron algo único con muy pocos recursos y muchísima intuición. Y creo que además son imposibles de imitar. Hermética fue distinto, Almafuerte fue distinto, Horcas fue distinto. Inclusive Logos, que se parece bastante al tercer disco de V8 (ndr: se refiere a “El Fin De Los Inicuos”) es diferente. Marcaron una época muy importante y por algo son la banda que todos ponen como principal pionera o principal motor del género, ¿no? Pese a que había otros grupos en la escena ninguno dejó una marca como lo hizo V8.

¿Coincidís en que Civile era una figura con un perfil bastante más bajo que Iorio y Zamarbide?
Considero que el tema del perfil bajo se debía a que no estaba pendiente de su carrera al 100%. Se olvidaba a veces de quien era. Después, sí daba notas. Creo que le gustaban más. Esto es una suposición mía basada en lo que he leído. Le gustaban más las entrevistas de radio o como esta: el periodista, un grabador y él en una charla mano a mano, antes que las entrevistas filmadas. Era medio tímido ante la cámara, yo le noto eso todavía, cuando vuelvo a ver alguna. Iorio era al revés, tremendo con la cámara. O sea, le prendían una cámara y se ponía a hablar desde el principio, como la famosa nota en B.A. Rock puteando a todo el mundo. A Osvaldo le costaba mucho salir de su entorno en el día a día, hacer trámites, subirse a un tren para ir a un lugar, tomarse un auto. Es algo que está un poco ligado a su bohemia y a su tranquilidad para vivir la vida. Otro poco está ligado a su enfermedad que fue creciendo. Cada vez se le complicó más hacer ciertas cosas a causa de su alcoholismo. Trabajando para el libro descubrí que ese perfil bajo de Osvaldo y ese misterio de su vida también se da porque muchos no quisieron nunca hablar de cómo era Osvaldo realmente en lo cotidiano, porque te podías encontrar con cualquier cosa. Desde la anécdota más tierna y la anécdota más desopilante, hasta la noche más rara.

Otro actor importantísimo del libro es la singular historia de una banda como Horcas. ¿Encontraste reticencia de parte de los dos bandos que quedaron enfrentados para hablar del tema?
Sí, bastante. Hasta el día de hoy yo soy como un intermediario entre todos ellos, porque tengo la suerte de poder hablar con cualquier miembro actual o que haya pasado por el grupo. Hablo mucho con Gabriel Ganzo (baterista fundador de Horcas y miembro de Reinará la Tempestad), con Sebastián Coria (guitarra), a veces hablo con Walter Meza. Van y vienen las charlas, a veces dejamos de hablar porque no somos amigos, pero tenemos esta referencia de estar unidos por el libro. A mí ciertos miembros me dieron el lugar de decir «vos fuiste el narrador, el que cuenta la historia, sos parte de ella también”. Reticencia hubo. Siempre traté de explicarles que me chupan un huevo los problemas que tuvieron entre ellos, los cuales por otra parte no me parecen graves. Porque yo los conozco encima y a mí no me parecen graves. Creo que sin Gabriel Ganzo y Sebastián Coria no se podría haber hecho el libro. Fueron los que más aportaron tiempo, datos, teléfonos, historias, material. Quería poner de cada uno aunque sea su fecha de nacimiento, a qué colegio fueron, algo de su familia, ¿viste? ¿Cómo empezaron a escuchar música?. O sea, hay toda una serie de nombres y de lugares que se mencionan en todas partes, pero falta la historia personal que hay detrás de esos músicos. Y la pudimos descubrir, pese a las reticencias y a los problemas que pudo haber entre cada una de esas personas. No me quiero olvidar de Marcelo Bartolozzi, Cristian Bertoncelli, y de todas las personas que pasaron por Horcas, por la vida de Osvaldo. Creo que el mismo heavy metal ha sido muy malo para contar su historia. Desde los músicos que nunca pararon de tocar y nunca pudieron sentarse a revisar su carrera y también el periodismo musical de acá, que no hizo lo suyo. Se preocuparon mucho por todo lo que es el heavy internacional pero dejaron de lado o incursionaron poco en documentar la escena metalera argentina.
El libro puede comprarse en www.serialeditorial.com.ar


Porteño, cincuentón, melómano, cinéfilo, amante del whisky y la cocina. Licenciado en comunicación, fue agente de prensa en organismos públicos, se desempeñó como productor e investigador periodístico en Arte Canal y participó como redactor de los suplementos “No” y “Turismo 12” de Página/12 y de la versión impresa de Madhouse. Como Do Carmo, baterista frustrado, padre de dos rubias y hombre librepensador.








