
PACIENTE: NINA HAGEN – «HIGHWAY TO HEAVEN» (Grönland Records, 2026)
HISTORIA CLÍNICA: Nina Hagen, la diosa del punk de 71 años originaria de Berlín Oriental volvió al ruedo con su vigésimo álbum de estudio, y eso de por sí ya bastaría para ser una buena noticia: hablamos de «Highway To Heaven», un disco de gospel que llega quince años después de «Personal Jesus» (2010), su incursión previa en el mencionado género… Para quien no la conoce (o no la recuerda: este comentaro contempla calendarios y memorias, oigan), podemos hacer un breve repaso de su vida y milagros. Dueña de un extraordinario registro vocal de cuatro octavas y famosa además por su personalidad excéntrica y sus provocadoras y teatrales actuaciones, Nina nació como Catharina Hagen en Berlín Oriental en 1955 y ha sido una de las figuras más influyentes y singulares de la música y la cultura alemanas durante décadas. Criada en una familia de artistas, desarrolló desde muy joven una extraordinaria presencia vocal y escénica. Alcanzó sus primeros éxitos profesionales en la antigua DDR (Republica Democrática Alemana), participando en producciones cinematográficas de DEFA y convirtiéndose en una de las voces jóvenes más populares del país con su hit «Du hast den Farbfilm vergessen». Sus estrechos vínculos con la escena de cantautores y oposición de Alemania Oriental, en particular con Wolf Biermann, la llevaron a abandonar el país en 1976, una ruptura política que marcó el inicio de su carrera internacional como cantante.

Ya en Occidente, los incipientes movimientos punk y new wave le proporcionaron un terreno fértil para expresar su poder expresivo y su espíritu experimental. De regreso a Berlín Occidental en 1977, formó la legendaria Nina Hagen Band, con miembros de la antigua Lokomotive Kreuzberg y el tecladista Reinhold Heil. En 1979, Nina dejó la banda y como tantos otros músicos, emprendió una carrera solista; como si fuera poco, trasladó su vida personal y profesional a Nueva York y Los Ángeles, donde se sumergió en el debate de la vanguardia internacional. A lo largo de los años, Nina mostró una postura firme sobre temas como la paz y la justicia, el antirracismo, el feminismo, la protección del medio ambiente, los derechos de los animales y la dignidad humana: un compromiso que sigue siendo inseparable de su identidad hasta el día de hoy. Su música abarca desde el rock y el punk hasta la ópera y los sonidos espirituales: álbumes como «Unbehagen» (1980), «NunSexMonkRock» (1982) y «Angstlos» (1983) dan fe de ello. Nina suele asociarse con el arte de protesta, y fue noticia en la década de 1980 por sus transgresoras apariciones televisivas y, posteriormente, por su interés en los ovnis y el esoterismo (!).
Volviendo al momento actual, quizá convenga subrayar que la Hagen no se esfumó en todos estos años: en 2022 lanzó «Unity» y siguió haciendo conciertos y presentaciones, aunque ya sin el clamoroso éxito y convocatoria de antaño. Algo que algunos tomarán como una señal de decadencia y otros como una lógica consecuencia del paso del tiempo. Y claro, la estrambótica y talentosísima cantante germana ya es una septuagenaria; nacida y criada en la ya extinta DDR, fue en su momento un fenómeno cultural que representaba a una generación que tenía algo que decir y lo decía, alto y desafiante. Y aunque el espíritu sobrevive, esa época ya pasó y mientras el rock lucha por conservar su identidad y su vigencia en un mundo que cada vez parece prestarle menos atención, lo que quedó es una artista que nunca se traicionó a sí misma, pero a quien el mundo parece estar dejando atrás.

Con este planteo y con el disco en nuestras manos (u ojos y oídos, si lo tienen en formato digital; de hecho, si les interesa conseguirlo, lo pueden encontrar en este link), surge una ineludible pregunta: ¿a quién está dirigido? ¿A sus fans de siempre? ¿A sus fans de ahora? ¿A los creyentes? ¿A los ateos? ¿A un público totalmente diferente? ¿A ella misma? En principio, hay un arquitecto de importancia en este proyecto: el productor Warner Poland construyó una base de gospel sureño, americana, reggae y punk, estructura dentro de la cual la Hagen se acomodó a sus anchas para reinterpretra catorce clásicos de Sister Rosetta Tharpe (esta en particular es una de sus ídolas; , Mahalia Jackson y Kitty Wells. Que lo haga con total convicción es indiscutible: su fe no es una imagen, es su motor.
En cuanto al álbum en sí, hay elementos muy válidos y dignos de escucha. «Everybody’s Gonna Have a Beautiful Time Up There» es un himno a la gloria de otro mundo: «Todos tendrán redención y gloria / Todos cantarán esa historia / Todos lo pasarán de maravilla allá arriba / ¡Oh, gloria, aleluya!», todo enmarcado en un enérgico gospel rock que abruma al oyente con un ritmo creciente. «Never Grow Old» (con la cantante y política griega de 91 años, Nana Mouskouri) es una plegaria para que su paso por la Tierra no se vea ensombrecido -demasiado pronto- por la fragilidad de la vejez. «Somebody Prayed For Me» tiene un toque de rock puro, con una batería que marca el ritmo de una declaración de amor y gratitud. «Alle Wollen in Den Himmel» tiene un estribillo con aires folk: «¡Todos quieren ir al cielo, pero nadie quiere morir!»… Por otro lado, incursiones en el reggae de “Dry Bones”, “Dust On The Bible” y “Gospel Ship” resultan algo decepcionantes. No encajan con el resto del álbum y parecen añadidos de última hora; de hecho resultan un lastre que consume demasiada energía, algo que se nota en este álbum más bien corto (solo 41 minutos)
DIAGNÓSTICO: Hay un hecho cierto: ya en el siglo XXI y a pesar del desconocimiento de los nuevos fans, el estilo único de Nina perdura en una obra que, desde fines de los 70 hasta la actualidad, un mix de ópera, gospel, rock y pop, producciones electrónicas, música espiritual y religiosa y álbumes conceptuales en alemán e inglés. Con todo, a esta altura del partido, nadie esperaba este “Highway To Heaven”. Probablemente Nina lo sabía, pero lo grabó y creó de todos modos, a su manera inimitable y un tanto incomprensible. El álbum no es ni una declaración ni un regreso. Es lo que es: una talentosa mujer de 71 años, nada menos, cantando gospel con otra veterana gloria como la Mouskouri y creyendo firmemente en ello… Eso merece respeto, y en algún lugar también una sonrisa. Pero lo cierto es que esta autopista, a pesar de las buenas intenciones, se queda algo corta para llegar al cielo.
Periodista especializado en artes, espectáculos, gastronomía y cultura pop. Co-fundador de las revistas argentinas Riff Raff (entre 1985-86) y Madhouse desde 1989 hasta 2001. Director del primer fanzine de habla hispana dedicado a Kiss y autor junto a Carlos Parise del libro «Heavy Metal Argentino» (1993).








