
En un mundo donde Black Sabbath se reunió justo antes de que fuera demasiado tarde, donde The Who transita su enésima gira de despedida y Megadeth acaba de anunciar su retiro definitivo, el regreso de la banda de hard rock (ficticia, claro está) más amada de la historia no solo es oportuno: es poético. Han pasado 41 años desde que el falso documental original alcanzara el estatus de obra de culto, y «Spinal Tap II: The End Continues» llega para recordarnos que el ridículo, al igual que el buen rock, no tiene fecha de vencimiento. Sin embargo, este estreno llega teñido de una tristeza inevitable: la reciente partida de Rob Reiner, el visionario que dio vida a este universo y que aquí entrega su obra póstuma.

UN CONTRATO DESDE EL MÁS ALLÁ. Bajo la lente del siempre perplejo Martin DiBergi —el alter ego del propio Reiner—, volvemos a encontrarnos con Nigel Tufnel (Christopher Guest), David St. Hubbins (Michael McKean) y Derek Smalls (Harry Shearer). Tras 15 años de separación, el destino los obliga a una reunión final, no por deseo artístico, sino por un contrato testamentario ejecutado por Hope Faith (Kerry Godliman), la hija del histórico y difunto mánager Ian Faith. El filme tiene momentos de auténtico brillo cómico al mostrarnos en qué se han convertido estos íconos: Nigel es ahora dueño de una «fromagerie à guitare» (quesería-luthería) en el norte de Inglaterra; David vive en California componiendo bandas sonoras para podcasts de crímenes reales y música de espera telefónica; y Derek dirige un museo dedicado al pegamento fuerte, una ocupación que conlleva riesgos físicos considerables cuando uno decide hacer demostraciones personales con los productos en exhibición.

SANGRE NUEVA, MALDICIONES VIEJAS. La trama se traslada a Nueva Orleans, donde el grupo debe prepararse para su concierto de despedida. Antes, deben resolver su problema histórico: la batería. Tras una serie de audiciones desastrosas en las que son rechazados por leyendas como Questlove, Lars Ulrich y Chad Smith -quienes temen la legendaria combustión espontánea, verdadero flagelo para los bateros de la banda- el grupo ficha a la talentosa Didi (Valerie Franco). Didi aporta una energía vivaz y anárquica, aunque esto no impide que Derek intente seducirla de inmediato con su torpeza habitual. El equipo se completa con el pretencioso Simon (Chris Addison), un relacionista público cuyo mejor consejo es que alguno de los Taps debería morir en el escenario para disparar la venta de entradas (!). En este ecosistema de marketing absurdo, la banda incluso lanza la «Spinal Tap Water», una parodia mordaz a la saturación de merchandising en la industria actual.

NOSTALGIA, CAMEOS Y STONEHENGE RECARGADO. Llegados a este punto, hay que decir que «The End Continues» se alimenta abiertamente del afecto por el material original. Reaparecen veteranos como Fran Drescher (Bobbi Flekman) y Paul Shaffer (Artie Fufkin). También se suma John Michael Higgins como un gurú del fitness encargado de la tarea imposible de poner en forma los cuerpos octogenarios de los músicos. El guión mantiene su onda de improvisación e incluye gags esotéricos, como el grupo replicando la portada clásica de Crosby, Stills & Nash. El clímax, por supuesto, es Stonehenge: con Elton John en la voz principal, el número termina de forma todavía más catastrófica que el original de 1984, mientras que hay otro segmento memorable donde Paul McCartney observa al grupo desde el estudio y decide intervenir en una discusión musical, viendo cómo sus sugerencias son ignoradas descaradamente por un Nigel Tufnel que no ha cambiado un ápice.

EL LEGADO DE REINER. Es imposible ver esta película sin sentir el peso de la reciente muerte de Rob Reiner. Como director y actor, Reiner no solo inventó el género del mockumentary con la primera entrega, sino que definió la comedia moderna. Su presencia en pantalla como DiBergi, un documentalista cuya carrera nunca despegó tras su encuentro con Spinal Tap, es aquí más entrañable que nunca. La película incluye momentos de una extrañeza casi espiritual, como las frecuentes «visitas fantasmales» en la casa de Nueva Orleans, que ahora parecen cobrar un nuevo significado tras la partida del director. Reiner logra que esta secuela sea más reflexiva y tierna que la original; ya no busca solo la carcajada histérica, sino una mirada lúcida sobre la mortalidad y la amistad.

UNA BROMA MODERADA, UN ADIÓS EMOCIONADO. No todos los críticos (quien esto escribe se incluye en el lote) consideran que esta secuela fuera necesaria, pero la mayoría coincide en que ver a estos tres amigos retomar sus roles es un regalo. La película es un adiós algo tibio quizá (nunca alcanza la intensidad de la primera y de algún modo ciertos chistes ya no sorprenden) pero bastante digno de todos modos, no solo para la banda, sino para el propio Reiner. Como dice Derek Smalls en una de las escenas: «No estamos viejos, solo estamos en una nota sostenida muy larga»... «Spinal Tap II», aún con altibajos, nos recuerda que mientras haya una nota que tocar y un amigo con quien desafinar, el show -y las risas- no tienen por qué terminar. Es la prueba final de que la broma más grande de la historia del rock fue, en realidad, una de las declaraciones de amor más sinceras hacia la música y el cine.
FICHA TÉCNICA
Título original: «Spinal Tap II: The End Continues»
Género: Mockumentary (documental paródico)
Origen: EE.UU.
Estreno: 12/9/2025
Dirección: Rob Reiner
Guión: Christopher Guest, Rob Reiner, Michael McKean, Harry Shearer
Producción: Rob Reiner, Michele Singer Reiner, Matthew George
Reparto: Christopher Guest (Nigel Tufnel), Michael McKean (David St Hubbins), Valerie Franco (Didi Crockett), Harry Shearer (Derek Smalls), CJ Vanston (Caucasian Jeff), Rob Reiner (Marty Di Bergi), Fran Drescher (Bobbi Flekman), June Chadwick (Janine Pettibone),
Músicos que aparecen en el documental: Paul McCartney, Elton John, David Furnish, Questlove, Chad Smith, Lars Ulrich, Garth Brooks, Little Freddy King, Trisha Yearwood
Música: Spinal Tap
Duración: 83 minutos.
Periodista especializado en artes, espectáculos, gastronomía y cultura pop. Co-fundador de las revistas argentinas Riff Raff (entre 1985-86) y Madhouse desde 1989 hasta 2001. Director del primer fanzine de habla hispana dedicado a Kiss y autor junto a Carlos Parise del libro «Heavy Metal Argentino» (1993).








