Los horizontes, las yararás, John Lennon, los nuevos softwares musicales: son algunas las cosas que inquietan y apasionan a Jorge Araujo. «Tengo en la montaña un lugar muy aislado donde espero vivir pronto», dice entusiasmado, casi tanto como cuando habla de «Electro, Carne y Hueso», álbum que acaba de publicar. El experimentado músico le contó a MADHOUSE sobre los momentos difíciles que atravesó en los últimos tiempos y como éstos terminaron influyendo en su nuevo trabajo, la presentación oficial, que será el próximo martes en Café Berlín y su proyecto de vivir en campo; “De hecho, (la canción) “El Impostor” habla un poco de eso”, admite en este mano a mano que ya empieza.

Tanto por las letras como por su sonido, «Electro, Carne y Hueso» parece ser tu disco más íntimo, ¿estás de acuerdo con esta idea?

Sí, totalmente, en este dije, acá voy a hablar de mis cosas. En la pandemia me empecé a enamorar de un montón de cosas tecnológicas como el (software secuenciador de audio y midi) Ableton Live, pero siendo un cavernícola, esa es la verdad. Es como que no soy de ese palo y me cuesta muchísimo resolver cuando hay complicaciones. Entonces en un momento se me cargó mucho la computadora y terminé borrando accidentalmente 10 demos por lo menos, todo un disco. También en esos días se le encontró a mí perro Pepino una enfermedad incurable que es la hemofilia, de hecho compuse un tema para él llamado «Pepino el Perro». Todo esto fue casi saliendo de la pandemia, fue una seguidilla de cosas y están en un cocktail metidas en este disco. Por eso, como vos dijiste, son letras íntimas porque todo lo que escribí es sobre mi vida; todo el disco habla de mi vida.

¿Cómo seguiste con la producción del disco después de haber borrado los demos?

Ahí justo apareció un amigo que conoce muchísimo de informática y me propuso hacer un disco y ser productor ejecutivo, es Lucas Vidal Dos Santos, una persona a la cual le estoy muy agradecido. Me agarró re cabizbajo y como es mí amigo me sinceré y le conté que borré todo. Él me dijo que se podía recuperar, pero vino a mí casa y yo había borrado los audios, solamente estaban los puntitos de los midis (risas). En ese momento la computadora andaba lenta y yo pensé que estaba borrando audios de discos, pero borré todos los audios porque estaban mal ubicados, en donde estaba la librería para escuchar Itunes. Eso fue lo que me pasó y después lo entendí, pero cuando caí fue muy triste porque fueron muchos días de mi vida puestos en esas grabaciones. Fue durísimo, me ha visto mi familia llorando de tristeza. 

¿No pudieron recuperar ninguna canción?

Un tema lo encontró Lucas en un mp3 que yo había bajado de pedo, que estaba alojado no sé dónde, es “Están por venir”, que fue el segundo corte del disco. Ese por suerte quedó, yo lo había grabado con un ukelele y las voces. La versión final es bastante parecida en la forma y la estructura, pero los productores con los que trabajé son unos copados; grabaron charangos y sumaron toda una librería que ellos utilizaron en el Ableton con osciladores y teclados.

La canción “El Impostor” habla sobre alguien que imagina otro lugar, ¿en qué te inspiraste al escribirla?

Tiene que ver mi deseo de ir a vivir a la montaña, con el correr de los años cada vez más estoy con mi cabeza en irme a vivir a ese lugar, un pueblo de unos 2000 habitantes cerca de Merlo, San Luis, es un proyecto que tenemos con Pilar, mí mujer, y ya tenemos un lugar ahí. 

RECUERDOS DE PROVINCIA

¿Qué es lo que buscan en ese lugar?

Primero la paz que hay, la conexión con la naturaleza, por eso te decía lo de «El Impostor», el video de esa canción muestra un tipo que está con unas antiparras como mirando algo que se refleja en esas antiparras, pero lo está viendo y entra como en eso, es eso un poco lo que a mí me pasó: yo creo que siempre quise volver. Yo soy de Haedo, provincia de Buenos Aires, cuando tenía 7 u 8 años para ir a Corrientes y 9 de julio tardabas una hora y media con suerte, y además a mí que soy de Haedo, ¡en algunas provincias me dicen porteño! Cuando llegué a Capital Federal por primera vez o la primera vez que toqué, que fue en un bar en Paraná y Corrientes, para mí era como “¡Guau, estoy tocando en la Capital!”. Cuando sos de provincia de Buenos Aires, más allá de la distancia, tenés ese impedimento de pertenecer al mundo de las urbes y qué se yo. 

Gente de provincia: Jorge de Haedo y Emiliano de Monte Grande

Al poco tiempo te habrás acostumbrado, me imagino.

Con el tiempo tuve hasta un depto en Retiro donde daba clases y generé libros y cosas ahí, imaginate que ahora ya no quiero saber nada (risas). Ahora me encanta estar en lugares abiertos, sobre todo si hay montañas, arroyos, vegetación activa, animales también del lugar como familias de lagartos, zorros… ya conecté con eso. Todo lo que tiene que ver con el lugar cuando empezás a conocer está bueno porque te empezás a amigar con eso, hay algunas cosas un poco más difíciles, como las yararás (!). Hay épocas de yararás que son un poco más complicadas, sobre todo por los perros, que quieren siempre jugar o molestarlas (risas) y es lo peor que le podés hacer a esos bichos. Ya me debatí varias veces con ellas, pero para mí no cambia en absoluto el concepto que tengo de alejarme de lugares en los que, como digo yo, tenés que andar a los codazos para hacerte un espacio, en el sentido de que hay mucha gente que no registra, por una cuestión de supervivencia, que hay alguien al lado que está necesitando algo. Está todo el mundo tratando de ver cómo hace para subsistir dentro de ese gran lío. Así que bueno, yo por suerte lo pude hacer y ahora estoy con ese proyecto en la cabeza. 

No sé si será porque fue el single de adelanto o porque es un tema especial, pero a mí me quedó en la cabeza la idea de que el disco se llama «El Impostor«.

¡Qué bueno! La otra vez me crucé con un tipo de un comercio allá en mi barrio, que le encantó el tema cuando salió y me dijo: “¿Qué hacés impostor?” Y dije, ¡qué groso! porque en realidad entendió perfectamente el concepto. O sea, la palabra no es la más hermosa que hay en el diccionario, pero yendo al lugar al que está apuntado el tema, es realmente una persona que estuvo en una línea, no sé si equivocada, pero yendo en una dirección que no era la que realmente estaba buscando y por eso es que justamente ahora, como decimos los bateristas, conté 4 y arranqué para terminar estando en el lugar que yo elegí que es el campo. Mucha gente de mí generación me dicen que también lo piensan, pero yo digo que no lo piensen tanto y lo hagan, porque estamos ya en una edad en la que tenés que tomar las decisiones si no querés que queden en un proyecto de vida y (piensa) tres puntos suspensivos.

Hay mucha gente que fantasea con estar en otro lugar.

Les pasa a todos. El video de «El Impostor» lo hizo Mariano Otamendi y la verdad que dio perfecto en el clavo. Él cuando hace el video y pone esos paisajes atrás, que los filmó con un dron, ese tipo que está metido como en una realidad virtual sería yo, que ya hace años tomé contacto con eso. O sea cuando yo conozco el lugar y veo el espacio que hay, el aire, la frescura, el sonido de los pájaros, las tormentas… -vos pensás que te va a venir la tormenta y te llega a las seis horas-, cuando tenés tanto horizonte y tanta visibilidad, todo empezás a calcularlo en manera a ser parte de ese terreno. Todo ese aprendizaje o retomar todo eso que yo había vivido de chico en la provincia de Buenos Aires me generó como una necesidad un poco de, hablando de lo que hizo Mariano, comunicar exactamente que ese tipo era yo, por eso estoy yo con esas antiparras. Ahora, cuando termina «El Impostor» aparece todo un campo abierto, eso es lo que yo veo: yo me paso horas viendo el horizonte, me paso mucho tiempo escribiendo en un arroyo, tomando mate, a veces son momentos muy creativos y puedo conectar con cosas que tienen que ver con nuestra cultura y bueno, es una cantidad de cosas que me han pasado en ese lugar. La verdad que ahora estoy muy agradecido también con ese espacio que encontré y que, creo que si no me equivoco, va a ser donde voy a terminar viviendo.

¿Buscás o preferís especialmente esos lugares y momentos de contemplación para escribir?

Cuando me propone Lucas lo de hacer este disco y le digo que se borró, el desafío fue, ¿lo podré hacer? Y era tanto lo que me estaba pasando, inclusive lo de Pepino y todo, que fue terrible y le dije (enfatiza): ¡Sí! Me habré tomado un momento, un rato y ahí ya directamente me acuerdo momentos caminando, corriendo, haciendo letras, pensando cosas, conectando con cosas, por eso es tan autorreferencial, porque es realmente un pantallazo de lo que es mi vida en determinado lapso, pero sí, está todo ligado a eso.

¿Y qué te hacía pensar que quizás no ibas a poder hacerlo?

La frustración, porque cuando hice los primeros bocetos en el Ableton yo decía, ‘en cualquier momento me mando otra cagada’, o sea, miraba para apretar un botón, para poder guardar o recopilar todo, capaz que había estado todo un día laburando y siempre estaba con ese miedo de volver a borrar el material. Entonces esa frustración fue la que quizás en un momento me pudo llegar a confundir. Igual con Lucas tenemos muy buena relación, somos muy amigos, cuando él vino a comer y me propuso hacer el disco lo tomé como una ayuda. Imaginate que yo no soy un artista que vas a agarrar para vender millones de discos. 

Jorge Araujo, entre bombos y cassettes

EXPUESTO: EN CARNE Y HUESO

¿Sentís que “Electro, Carne y Hueso” es el disco que te define?

Sí, yo creo que este disco marca como un antes y un después en lo que yo hago. Es un disco bisagra, porque yo no sé si me voy a seguir exponiendo así, pero en éste necesitaba hacerlo. Yo siempre fui más metafórico y más de usar una tercera persona que no se sabía y capaz que también hablaba de mí, pero en este no, me mandé con todo. También me gustó hacerlo porque capaz que hay una especie de catarsis en este disco, porque lo que me pasó no fue fácil, que vos mismo borres no solamente es que perdés el material, sino es que yo también me sentí un boludo (risas). 

¿Te sentís cómodo con este nivel de exposición?

Sí. Si hay un artista que respeto, admiro y agradezco haber escuchado desde muy chiquito es Lennon. Yo no entiendo inglés, pero con el tiempo fui entendiendo lo que el tipo hablaba sobre su vida y dije: ¿Puede haber algo más auténtico que John Lennon? Que te está diciendo, “Soy un perdedor” (I’m a looser): ¡Un pibe joven diciendo eso! ¿Cómo? ¡Si todos se quieren mostrar como que son los más ganadores! Bueno, ojalá yo haya aprendido un poquitito de él, algo, y pueda el resto de mi vida o lo que me queda (risas) poder exponerme de ésta manera, con la autenticidad que lo hice en éste disco. 

¿Qué nos podés adelantar de la presentación de “Electro, Carne y Hueso”?

La presentación es el 21 de mayo en Café Berlín, que es un lugar alucinante para este tipo de propuestas, lo que voy a hacer diferente obviamente es la parte electrónica, ya tengo toda la librería, no sé asusten los que lean la nota (risas), ¡no vaya a ser qué borre todo! 

¿Esta vez hay backup?

Hay backup, hay backup (risas). Los productores se ocuparon de las programaciones, pero la librería me la dieron en multitrack, entonces la metí en un web manager, mirá como te hablo (risas). Bueno, la cuestión es que paso los sonidos que quiero, sigo sin querer laburar con secuencias, sigo sin querer ese click. Va a ser un bandón: Maxi Larreta en batería, Federico Palmolella en baby bass, bajo eléctrico y bajo de sinte, también va a estar César Silva que fue productor, amigo y mentor de mi carrera prácticamente y va a tocar como invitado y después dos coreutas que son Virginia Klammer y Pilar Ezcurra, que es mi pareja y hace los arreglos vocales. Además voy a invitar a tocar a Babú Cerviño, un gran pianista y artista amigo, porque hay un piano acústico aparte en Café Berlín, que en el concierto que hice el año pasado lo veía y decía, ¿cómo nadie va a tocar el piano en un concierto mío? ¡Me quería morir! Sabía que había un piano pero no pensé que me iba a pegar tanto que haya un piano de cuarto de cola, aparte por el espacio físico que ocupa en un escenario, y que nadie lo toque. Entonces dije no, esta vuelta ni en pedo va a pasar lo mismo. Vamos a hacer una parte electrónica y una parte acústica en este concierto. 

JORGE ARAUJO – PRESENTACIÓN DE «ELECTRO, CARNE Y HUESO» – MARTES 21 DE MAYO, 20:45HS -CAFÉ BERLÍN, AV SAN MARTÍN 6656, VILLA DEVOTO – ENTRADAS EN LIVEPASS

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