LA H NO MURIÓ, ESTADIO MALVINAS ARGENTINAS, 22/08/2026
Clasismo, educación, memoria y resistencia atravesaron una noche en la que el homenaje a Hermética terminó diciendo mucho más que la celebración de los 35 años de “Ácido Argentino”.

“¡Viva Perón!” fue el grito de Claudio O’Connor en un interregno de “Gil Trabajador”, en un mar aceptable de concurrencia que necesitó de esa habilitación para recordar que “el que no salta, votó a Milei” y otros cantitos populares que hacen a la coyuntura del metal argentino; mientras que en paralelo, Horcas anunciaba su participación en el festival del SUTNA en Plaza de Mayo y el rancio metalero, descompuesto de orfandad, se preguntaba por qué.
Sí, dijimos clasismo y educación, porque bastaron dos breves intervenciones de Claudio para ordenar a la tropa: alentar el cantito del clamor metalero pesado que no se banca más camiones de grupos especiales de la Policía Federal en las inmediaciones del estadio —escenas recurrentes que se habían descontinuado en el nuevo milenio— y, acto seguido, un poco de Historia (con mayúscula)

EN MEMORIA DE LOS GUERREROS IMPECABLES
Más adelante, unos in memoriam a Pato Strunz, tras su partida este pasado 20 de julio, volvieron en la voz de Claudio cuando fue necesario recordarle a la audiencia joven y a la no tan joven que reniega de Iorio que ellos fueron La H. Y que a “nuestros compañeros” se los recuerda con dignidad y firmeza, más allá de cualquier litigio —real y virtual—, porque ese pasado al que no regresaremos jamás ahora lo extrañamos.
Y fue así durante toda la noche, sin juicio más que el valor potente de la nostalgia de “Ácido Argentino”, eclipsado por los clásicos, aunque cueste entender por qué no sonó “Del Camionero”, aunque vale la inclusión de los esperados “Vencedores Vencidos” de Los Redondos y “Si Se Calla El Cantor” de Horacio Guarany.

Mientras el repertorio avanzaba, muchas banderas del Indio y de Ricardo se veían en las inmediaciones, mucho pequeño metalero con su familia, muchas sillas de ruedas y el cansino andar de los años de batallar por un metal pesado, por una escena y por un mensaje.
Poco importó, digámoslo, los 35 años de “Ácido Argentino”. No fue el motivo del convite ni tampoco una necesaria rememoración de clásicos. Lo que está sucediendo con este homenaje que Romano y O’Connor continúan —sea por lucro, por convencimiento o ambas cosas— es que somos testigos de una extinción del mito de origen.

TRASPASANDO EL LEGADO
Y esa sensación atravesó buena parte del concierto. Entre decesos y achaques, la escena que “conmemora” —como un género impuesto por las estéticas de la retromanía— también contextualiza que ciertas voces, ciertas cuerdas o parches ya no sonarán. Sin embargo, no observo reclamos, ni entre los protagonistas ni en el público.
Es que es hora de comprender que el metal argentino que se enraizó en la tendencia “nacional” con la disolución de Hermética hoy disfruta de esas canciones porque son himnos que el presente político, económico, social y cultural demandan.
Y es por eso que se enfatiza la palabra “Aguante”, porque no se lo reivindica en su zona lumpen, sino que, muy por el contrario, se lo encarna en la resistencia del cuerpo. Del cuerpo niño, del cuerpo viejo y de un cruce transgeneracional que está vivenciando el traspaso de un legado.

OTRA NOCHE PARA SER
Entonces, la evaluación de un show como este, no puede ni debe caer en los enormes problemas vocales que denota O’Connor, ni mucho menos en los nuevos arreglos del Tano o en el solo de Javier Rubio tentando alguna intro de “Malón Mestizo”. Porque en definitiva, lo que se celebra es que sea el mensaje del metal pesado nacional el que le dé respuesta al presente continuo que atosiga al trabajador, al jubilado, al piberío de los barrios, ese que cuelga religiosamente las banderas de José C. Paz y San Miguel.
Así, más de dos horas de show al palo, con breves cortes de oxígeno, hicieron un nuevo templo, pero sin esa ritualidad enmohecida de otras religiones o tribus. Sin santos de madera, decía Iorio con razón.

Y hacia el final, la única latencia que atravesó este concierto fue la genuina esperanza de que estos temas perduren. De que las letras de Iorio sigan siendo “lo mejor del heavy nacional” y que ese doble bombo del Pato se multiplique en algún pibito que le pega a una lata de birra en el suelo martillado del microestadio. Porque si hay un futuro, es sabiendo extinguirse.
Por Emiliano Scaricaciottoli (GIIHMA)

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