KORK, PARQUE SARMIENTO, 10/05/2026

Había algo raro en el predio esa noche. No era el sonido (que era perfecto), no era la banda (una vez más Korn no defraudó). Era… el espacio. Demasiado espacio. El tipo de espacio que no debería existir cuando una banda que no pisa el país hace nueve años finalmente vuelve. Pero cuando las luces se apagaron y los primeros acordes de «Blind» empezaron a sonar detrás del telón todavía cerrado… algo pasó. Un “algo” electrizante que te pasa en un reencuentro tan esperado.

«Are you ready!!!», lanzó Jonathan Davis antes de que el telón terminara de caer. Y todo el predio respondió como si no hubiera un mañana —un lunes siguiente en realidad, una rutina de 9 a 18.— Y el show siguió sin vueltas con «Twist», «Here to Stay» y «Got the Life» al hilo. Davis es una criatura rara sobre el escenario: puede parecer a punto de quebrarse —y hacerte quebrar— y al mismo tiempo dejarte sin aire. Y las guitarras de Munky y Head sonaron exactamente tan densas cómo tenían que sonar.

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Con «Clown», JD pidió silencio y susurró un «shut the fuck up»al que miles de personas obedecieron. Cantó la última frase a capela “A cowardly man” y el público lo siguió como si hubiese estado ensayado. Por que los momentos más inesperados vinieron después. Por un lado «Am I Going Crazy» de «Issues«, con el escenario a oscuras, perturbador y necesario. Y que decir de «Shoots & Ladders» con la famosa gaita, que derivó en un medley con «One» de Metallica. Pero si hay que hablar de joyitas, en este caso fueron dos. «Dirty», que en vivo tiene una densidad que aplasta. Y «4 U», un regalo inesperado para los fans.

Cerca del final, Davis paró el show y se encendieron las luces por primera vez en casi una hora y miró al público en silencio antes de hablar. «Muchas gracias, Buenos Aires, son increíbles. Perdón por tardar tanto en volver», dijo. Anunció disco nuevo y preguntó si querían escuchar algo. Tocaron «Reward the Scars», y el predio, con termómetro a nueve grados, volvió a entrar en calor. Un tema nuevo, casi desconocido, y sin embargo el público lo recibió muy bien.

El cierre fue con «Falling Away From Me», «A.D.I.D.A.S». y el himno final que todos esperaban: «Freak on a Leash» un quilombito hermoso. Es que el show fue brutal, tam cual lo esperado y con un sonido que se escuchaba hasta Vicente López… pero acá está la paradoja de la noche.

REFLEXIONES AL REGRESO

Porque mientras el show transcurria impecable, el predio contaba otra historia. Los sectores premium tenían demasiados huecos. Las plateas laterales — que no existen en el Parque, sino que fue algo totalmente inventado — rozaban los 300 dólares y se veían bastante vacías. Y para completar el incordio, en el medio del campo, se montó una carpa de sonido que le tapaba la vista a quienes estaban en el campo trasero, el único sector que reventaba y el más barato. Evidentemente la gente quería estar y eligió el único lugar que podía pagar.


Korn cumplió. «Volveremos pronto, lo prometemos», dijo Davis antes de irse.
Y uno quiere creerle. Pero la pregunta que queda no es si van a regresar, sino para quién lo van a hacer. En un país donde el sueldo promedio no alcanza para comprar una entrada de campo general — y convengamos que tampoco para llegar a fin de mes—, ir a ver música en vivo se está volviendo un privilegio de muy pocos. Cuando los sectores caros aparecen semi vacíos en un show que podría haber sido sold out —como en gran parte de la gira—, se pierde la experiencia colectiva que hace que un recital sea algo más que música: ese momento donde miles de personas eligen estar en el mismo lugar, al mismo tiempo, por la misma razón.
Korn lo dio todo arriba del escenario. El resto… es una conversación que la industria argentina todavía no está tomando en serio.

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