«Podría haber significado nuestro fin«, recordó Alex Lifeson recientemente en una entrevista con la NPR web, rememorando el período entre el tercer y cuarto álbum de Rush en el invierno de 1975 y 1976. Es difícil de creer ahora, con más de 40 millones de álbumes vendidos, que el trío de rock canadiense se encontrara entonces en una encrucijada… Tras un par de álbumes iniciales con un éxito aceptable, el tercero, «Caress of Steel», fracasó tanto comercial como críticamente. La moral en la banda estaba baja, y la presión del sello estadounidense Mercury Records era enorme para lanzar algo tan «conectado» con el público como sus primeros éxitos «Working Man» y «Finding My Way». Era evidente: el cuarto álbum o salvaba al grupo, o lo destruía… y entonces llegó «2112». Hoy, a medio siglo de su edición, repasamos su historia y sus curiosidades.

Geddy Lee no vacila en mandar al frente a su compañero Peart: «¿Que de quién fue la idea de escribir un tema de 20 minutos? ¡De él, señorita… eh, perdón, señor directivo del sello!»

Hace cincuenta años, el estatus privilegiado del que Rush disfruta hoy habría sido inimaginable. El rock relativamente directo de sus dos primeros álbumes, el debut homónimo de 1974 y «Fly by Night» de 1975, tuvo un gran éxito comercial gracias a los singles «In the Mood» y la canción que da título al álbum. Sin embargo, ese impulso inicial se detuvo bruscamente con el lanzamiento de «Caress Of Steel» en 1975, una ambiciosa pero fallida incursión en el hard rock progresivo que dejó al sello estadounidense de la banda confundido y decepcionado. Tras escuchar la canción de 20 minutos (!) titulada «The Fountain of Lamneth», los directivos del sello Mercury Records les cortaron los víveres. Los medios de comunicación y los programadores de radio se mostraron igualmente poco entusiastas: el periodista Robert Christgau escribió en The Village Voice que Rush era «la banda más odiosa que actualmente está triunfando en el circuito adolescente». En realidad, por «odiosa» Christgau quería decir «pretenciosa», y por «circuito adolescente» se refería a la gira que estaba encarando la banda.

Alex Lifeson, Neil Peart, Geddy Lee: más 70s no se consigue

Tras el fracaso de «Caress…», los agentes de contratación perdieron interés en los canadienses de pelo largo y vestuario extravagante. «La gira de ‘Caress of Steel’ estuvo llena de altibajos», comentó el bajista Geddy Lee hace unos meses a la prensa canadiense. «Hacia el final, los conciertos se fueron reduciendo y perdiendo importancia. Sentíamos que habíamos perdido nuestro brillo». Ya fuera abriendo conciertos para Nazareth en el oeste de Canadá o compartiendo cartel con Ted Nugent en el medio oeste estadounidense, Rush estuvo de gira sin descanso en 1975, aunque con resultados cada vez menores. Incluso bautizaron los conciertos como la gira «Down The Tubes» (por los caños). «Parecía que íbamos en la dirección equivocada», dice Lee. «No creo que eso nos desanimara, pero éramos conscientes de ello».

Así las cosas, al entrar al estudio de grabación para su cuarto álbum, Rush tuvo que tomar una decisión: hacer otro disco conceptual y continuar su evolución hacia el rock progresivo o complacer a su discográfica con algo más comercial. Optaron por la primera opción. «Dijimos: ‘¡Al carajo con todo!'», recuerda el guitarrista Alex Lifeson en la misma entrevista. «Haríamos lo que mejor sabemos hacer, y si nos quemábamos, sería con nuestro propio fuego». Fieles a su espíritu, Geddy Lee, Alex Lifeson y el baterista Neil Peart se encerraron en los Toronto Sound Studios junto al productor Terry Brown e hicieron todo lo contrario de lo que les pedía el sello: el resultado fue «2112», una obra maestra que no solo salvó sus carreras, sino que definió la estética del «Starman» (la imagen-logo creada por el diseñador Hugh Syme) y, con el tiempo, los convirtió en leyendas.

«Rush te conecta con el siglo XXII», explica una publicidad de la época

«2112» es una suite en siete partes ideada por Geddy Lee y Lifeson, con Peart a cargo de las letras (escribió todas las canciones del album, salvo dos); las respectivas partes se titulan «Overture», II «The Temples of Syrinx», III «Discovery», IV «Presentation», V «Oracle: The Dream», VI «Soliloquy» y VII «Grand Finale». La historia está ambientada en la ciudad de Megadon en el año 2112, después de que una guerra intergaláctica en 2062 obligara a muchos planetas a ser gobernados por la Federación Solar (simbolizada por la Estrella Roja en la portada), organismo que prohibe el individualismo y la creatividad. La población está controlada por una secta de sacerdotes que viven en los templos de Syrinx, quienes reciben órdenes de gigantescos bancos de computadoras que controlan todos los aspectos de la vida.

Sí, allá por 1976 Rush también tuvo esta… ¿imagen? Esto pasó. Y todos dejamos que pasara.

El protagonista -que no tiene nombre- descubre una guitarra en una cueva tras una cascada y al hacerlo redescubre el olvidado arte de la música, pero al compartir su hallazgo con los Sacerdotes, estos destruyen la guitarra y declaran a la musica como una pérdida de tiempo. En un sueño, un oráculo le muestra un planeta fundado simultáneamente con la Federación Solar, donde una raza ancestral florece en creatividad e individualidad. Despierta deprimido porque la música forma parte de una sociedad a la que nunca podrá pertenecer, y entonces se suicida. La canción termina con un final hablado de tono ambiguo, que se repite tres veces: «Atención a todos los planetas de la Federación Solar: Hemos tomado el control» (fue grabado por Brown a través de un Vocoder, procesador de audio que sintetiza la voz). Peart aclaró que, después de que el protagonista se quitara la vida, comienza otra guerra planetaria y la raza ancestral logra derrotar a la Federación Solar en un final que describió como una «doble sorpresa… un verdadero asesino al estilo Hitchcock» (aunque no es precisamente un final feliz para el malhadado protagonista).

Tapa y contratapa del álbum. Sobria, por decir lo menos.

El épico tema principal de «2112» duraba 20:33 y ocupaba toda la primera cara del álbum (recordemos que estamos hablando de vinilo). Por ello, este proyecto, que se lanzó a la venta el 1 de abril de 1976, suele ser confundido con un álbum conceptual. Si bien el tema principal tenía una trama extensa, el resto de la segunda cara no guarda relación con la historia de 2112, lo que técnicamente le impide ser considerado un verdadero álbum conceptual, aunque los aficionados a la música más acérrimos seguirán defendiendo la postura contraria…. Hoy, a 50 años de su lanzamiento, este trabajo que obtuvo tres discos de brillante platino sigue siendo el pilar sobre el cual se construyó el culto a la banda más grande de Canadá. Y para que lo conozcas, lo recuerdes o lo descubras, te traemos 15 datos 15 que podés leer en 20 minutos y 33 segundos… ¡o viceversa!

1. LA ÚLTIMA CENA EN UN HOWARD JOHNSON. El fracaso de “Caress Of Steel” se hizo sentir. Geddy Lee recuerda que antes de entrar a grabar «2112», se sentaron en un restaurante de la cadena hotelera Howard Johnson y en el transcurso de la cena, decidieron que, si iban a ser despedidos por la discográfica, lo harían bajo sus propios términos. Justamente, esa sensación de «no tenemos nada que perder» fue el motor de la agresividad musical del disco. De hecho, el mánager de la banda, Ray Danniels, tuvo que pelear a capa y espada con los directivos de Mercury, quienes estaban furiosos porque el grupo insistía en hacer otra pieza conceptual larga después de que la anterior no funcionara.

Syme hoy: «Sin los anteojos no veo un cura en la nieve, pero… ¡creo que estoy en MADHOUSE!»

2. EL GENIO DETRÁS DEL SINTETIZADOR. Aunque Geddy Lee es el amo de las teclas en Rush, el icónico comienzo de la «Overture» fue obra de Hugh Syme, el diseñador gráfico autor de la tapa. Syme no solo creó el Starman, sino que fue invitado al estudio para experimentar con un sintetizador ARP Odyssey (con el cual creó los sonidos sci-fi que se escuchan al comienzo de la suite, dicho sea de paso). Lo que escuchamos como una atmósfera de ciencia ficción se logró pasando el sonido a través de una unidad de eco Echoplex. Syme terminó siendo acreditado como el intérprete de la «intro de sintetizador», convirtiéndose en uno de los colaboradores creativos más importantes de la historia del grupo. BONUS: Al final de “Overture,” Alex Lifeson toca una parte de la «Obertura 1812» de Tchaikovsky; 1812, por supuesto, es 300 años antes de 2112. BONUS 2: Las únicas palabras en «Overture» dicen: «Y los mansos heredarán la Tierra», un conocido versículo bíblico. Su significado dentro del concepto del álbum es objeto de interpretación, pero algunos creen que simboliza la liberación de la Federación Solar.

3. AYN RAND Y EL ESTIGMA DEL PROTO-FASCISMO. La semilla de «2112» germinó cuando Neil Peart leyó dos novelas: la distópica “Anthem” (Himno, 1938) y la más filosófica «The Fountainhead» (El Manantial, 1943), ambas escritas por la polémica (por decirlo suavemente) escritora ruso-estadounidense Ayn Rand. La trama describe un futuro donde el concepto de «yo» ha sido borrado: la gente no tiene nombres sino números, y decir «yo» es un crimen castigado con la muerte; todos deben referirse a sí mismos como «nosotros». Peart, un defensor acérrimo de la libertad individual, quedó fascinado y adaptó esta premisa a la historia del protagonista de «2112». Sin embargo, el problema surgió por la figura de Rand. Ella fue la creadora del Objetivismo, una filosofía que exalta el egoísmo racional, el capitalismo a ultranza y el individuo por encima de cualquier colectividad o estado. En la convulsionada década del 70, cuando la crítica musical (especialmente en Inglaterra, con el NME a la cabeza) tenía una fuerte inclinación hacia el socialismo y el punk estaba por estallar, que una banda de rock citara a Rand fue visto como una declaración de guerra ideológica… Fue así que NME acusó a Rush de «proto-fascists» (fascistas ocultos), argumentando que su música promovía una superioridad elitista. Como lo cuenta Geddy Lee, “Las ventas fueron lentas al principio. Y luego tuvimos ese terrible incidente en Inglaterra con la NME. 2112 se manifestaba en contra del totalitarismo, pero la NME nos llamó fascistas. No tenía ningún sentido. Ayn Rand tenía una imagen muy controvertida como antisocialista y capitalista de extrema derecha, pero esa faceta de su obra no nos interesaba en absoluto. Mi padre, Morris, y mi madre, Mary, estuvieron en Auschwitz durante un tiempo, así que me dolió muchísimo ese artículo. En aquella época, en Gran Bretaña, la prensa perseguía cualquier cosa que oliera a fascismo. No puedo culparlos por ello. Pero se equivocaron con nosotros. No soy una persona violenta, pero me dieron ganas de darle un puñetazo al que escribió eso. Sin duda, podría haberle hecho entrar en razón». Más tranquilo, Lifeson aporta su visión del tema: «Lo que Neil encontró en la escritura de Rand no se centraba tanto en sus ideas libertarias», explica. «Lo que siempre ha extraído de ella es el poder del individuo, la capacidad de lograr grandes cosas, de valerse por uno mismo, de no depender de nadie. Hay que hacerlo por cuenta propia, hay que crear lo que uno quiere hacer y hacerlo lo mejor posible. De eso se trata realmente: no le debés nada a nadie por tu esfuerzo. Esa es la esencia de toda su obra, esa sensibilidad. Quizás esos dos libros fueron más importantes para él en cuanto a la inspiración que encontró para sus letras, pero, en última instancia, se trataba de ese espíritu individual».

«Para encontrar un buen lugar en Bangkok donde pegar faso, me tengo que fumar todo este libraco… ¡Qué ironía!»

4. ¡ESTÁN HABLANDO DEL FASSSSSSO! Aunque su título es un ingenioso juego de palabras del baterista y letrista Neil Peart sobre la novela de E.M. Forster, «A Passage To India», en realidad «A Passage To Bangkok» es una crónica musical sobre un viaje a los lugares más famosos del mundo para consumir marihuana y opio. El propio Lifeson lo confirmó en 2012, describiéndola como «un divertido viaje a todos los buenos lugares a los que podías ir para fumarte un fasito». La canción (que según Lifeson tuvo como influencia el tema «Kashmir» de Led Zeppelin) fue creada de una forma muy íntima: el guitarrista la esbozó con una guitarra acústica frente a un reproductor de cassettes, el método preferido de la banda para dar forma a sus ideas antes de ensayarlas en su sala. El tema no es solo una fantasía, ya que Lifeson admitió haber fumado hachís para calmar el dolor de unos arreglos dentales en los 70s, mientras que Peart consumió, también de pibe, marihuana y LSD a modo «experimental y recreativo».

5. «DISCOVERY» Y LA AFINACIÓN DELIBERADAMENTE DESAFINADA. Siguiendo con «Discovery», en la parte donde el protagonista encuentra la guitarra, Alex Lifeson tomó una de sus guitarras y, antes de grabar, la desafinó ligeramente. Quería que el oyente sintiera que ese instrumento realmente había estado siglos sin ser tocado. A medida que la canción progresa y el personaje «aprende» a tocar, se escucha cómo la ejecución se vuelve más armónica. Es un detalle de actuación musical rara vez visto en el prog rock, donde los músicos suelen obsesionarse con la afinación perfecta. BONUS: La letra de “Discovery” incluye la frase “sounds that build high like a mountain» (canciones que se alzan como una montaña») pero las letras impresas en el sobre interno del álbum dicen “chords that build high like a mountain” («acordes que se alzan como una montaña»)

6. «TEARS»: LA PRIMERA VEZ DE UN MELLOTRON Y UN INVITADO EXTERNO. «Tears» es una de las baladas más infravaloradas del disco y marca un hito técnico: fue la primera canción de Rush en incluir un Mellotron. Lo curioso es que no lo tocó Geddy, sino nuevamente Hugh Syme. La banda buscaba una textura orquestal melancólica que no podía lograr con sus instrumentos habituales. Además, esta canción representa una de las pocas veces en su discografía temprana donde la letra fue escrita íntegramente por Geddy Lee, mostrando un lado mucho más vulnerable y emocional. Otro detalle curioso es que la banda ni siquiera era dueña de un Mellotron en ese momento: el instrumento fue alquilado específicamente para la sesión y, como Syme tenía formación como pianista clásico además de ser diseñador, se decidió que él se hiciera cargo de las texturas de cuerdas. De hecho esta fue la primera vez que alguien que no fuera un músico de la banda tuvo una influencia tan directa en el sonido final de un track de Rush, rompiendo la hermeticidad del trío.

7. «THE TWILIGHT ZONE» FUE GRABADA EN TIEMPO RÉCORD. Mientras que la suite central llevó semanas de planificación, «The Twilight Zone» (inspirada, por supuesto, en la celebérrima serie de ciencia ficción de Rod Serling) fue escrita y grabada en un solo día. La banda se dio cuenta de que les faltaba material para completar el Lado B y compusieron este tema casi por instinto. La atmósfera misteriosa y el uso de los susurros de Geddy Lee («e-o, e-o») la convirtieron en un clásico instantáneo que demostraba que Rush también podía hacer canciones cortas y efectivas sin perder su ADN progresivo.

Rod Serling aclara las dudas: «¿El número de la bestia? ¡No, es el número de la Dimensión Desconocida!»

8. LA MÍSTICA DEL NÚMERO 6 Y LA CONEXIÓN CON «THE TWILIGHT ZONE». En el universo de los fans de Rush, el número 6 tiene una presencia recurrente y casi mágica en este disco. La relación más directa es que 2+1+1+2 suman 6, y la canción «The Twilight Zone» es precisamente la pista número 6 del álbum (la primera del Lado B). Pero hay más: el icónico logotipo del Starman tiene una estrella de 5 puntas, y el hombre que la enfrenta completa la «sexta punta» de la composición visual, representando al individuo como la pieza que falta para romper el sistema. En la serie original de Rod Serling, el «6» también era un número simbólico, a menudo asociado con la pérdida de identidad o la entrada a dimensiones desconocidas. Para los músicos, que el tema dedicado a la serie ocupara el sexto lugar y que el título del álbum sumara lo mismo, fue una de esas «sincronicidades» que Peart disfrutaba incluir como “huevos de pascua” (en el cine, asi se llama a los mensajes, referencias, imágenes o detalles ocultos intencionalmente por directores y guionistas dentro de una película o serie que funcionan como guiños para los espectadores más atentos, enriqueciendo la experiencia sin afectar la trama principal), ideales para quienes analizaran el vinilo con lupa.

9. YIRA QUE TE YIRA. Con escaso apoyo de la discográfica y poco interés radiofónico, aun así «2112» logró llamar la atención gracias al boca en boca y a las constantes giras. En marzo de 1976, Rush presentó el álbum durante una serie de cuatro conciertos en el Starwood, un local de mala muerte en West Hollywood. El 1 de diciembre, volvieron a Los Ángeles para abrir el concierto de la estrella emergente Nugent en el Forum. «Fue un éxito cocinado a fuego lento», recuerda Lifeson.El álbum tardó aproximadamente un año en llegar a la gente”. Entre marzo de 1976 y mayo de 1977, el grupo ofreció 140 conciertos y realizó su primera gira por Inglaterra. Para el 23 de agosto de 1977, Rush encabezó un concierto en el Canadian National Exhibition Grandstand de Toronto, a sala llena: la banda estaba en la cima de su popularidad.

10. EL ÉXITO QUE LLEGÓ DESDE EL SUR (DE EE.UU.) Aunque Rush es el orgullo de Toronto, el éxito masivo de «2112» comenzó a surgir, curiosamente, en ciudades industriales de EE.UU. como Cleveland y Detroit. Las estaciones de radio locales empezaron a pasar la suite completa de 20 minutos y 33 segundos a pedido de los trabajadores de las fábricas, quienes se sentían identificados con la temática de la alienación y el escape a través de la música. Fue este empuje de la clase obrera estadounidense lo que obligó a Mercury Records a retractarse y apoyar el álbum, que a la postre terminaría siendo el primer disco de platino de la banda; de hecho lo fue tres veces, con ventas de más de tres milones de copias (y cerca de 40 millones sumando el resto del mundo), además de ser el primer disco del trío que estuvo en el Top 100 de álbumes de rock, alcanzando el puesto 61, y el que les abriera las puertas al Rock And Roll Hall Of Fame, al que fueron inducidos en 2013.

11. LECCIONES DE LUCHA. En un disco dominado por la lírica de Peart y las estructuras complejas de Lee, «Lessons» destaca por ser una de las poquísimas canciones de Rush cuya letra fue escrita íntegramente por el guitarrista Alex Lifeson. Es un tema mucho más directo y con un aire acústico/folk que remite a las influencias de Led Zeppelin. Según Lifeson, la letra refleja su propia lucha por aprender a comunicarse y encontrar su voz dentro de una banda de personalidades tan fuertes, siendo un respiro de optimismo entre la densidad conceptual del resto del álbum.

Rush con Terry Brown, jugando al ping pong sin paletas ni redes ni pelotas

12. EL VIEJO TRUCO DEL PING PONG SONORO. Para 1976, grabar una suite de 20 minutos en solo 16 canales era un rompecabezas técnico. El productor Terry Brown reveló que tuvieron que recurrir a la técnica de «bouncing» (o ping-pong): grababan varios instrumentos en tres o cuatro pistas y luego las mezclaban todas en una sola pista libre para liberar espacio. Esto significaba que muchas decisiones de mezcla eran permanentes; si se equivocaban en el volumen de un platillo en ese paso, no había vuelta atrás. Esa limitación técnica es la responsable de que el disco suene tan apretado y potente: no había lugar para el relleno.

13. «SOMETHING FOR NOTHING» Y LA ENSEÑANZA DE LA CARRETERA. El cierre del álbum, «Something For Nothing», nació de una frase que Neil Peart vio pintada en un grafitti en una pared de una carretera en los Estados Unidos mientras viajaban en el ómnibus de gira. La frase «You don’t get something for nothing» (No obtenés algo a cambio de nada) impactó a Peart, quien la transformó en una lección sobre la meritocracia y el esfuerzo personal. De hecho, el coro es un himno de batalla para todo individualista influenciado por Rand: «No, no se consigue nada gratis / No se puede tener libertad gratis»…. En lo estrictamente musical, es el tema que más conecta con el sonido hard rock de su primer disco, cerrando el álbum con una nota de energía pura que servía para despertar al oyente tras el viaje introspectivo de la suite inicial.

Diseño mágico y misterioso: la tapa doble de «2112», ahora vista por dentro.

14. UNA TAPA «PRIMITIVA»… PERO MUY EXITOSA. Hugh Syme, Hugh Syme, director de arte de larga data de Rush, tiene una perspectiva humilde sobre su trabajo más famoso. En sus propias palabras, «la cola mueve al perro»: la tapa de «2112» se hizo icónica gracias a la música que representa, no al revés. Aunque Syme la recuerda como «muy primitiva, muy formativa» desde su punto de vista artístico, admite que intuitivamente logró capturar la esencia de la épica ciencia ficción de Neil Peart. El diseño, que Syme denomina «marquee» (marquesina, un cartel con luces de neón), se caracteriza por darle un protagonismo inusual al texto, que ocupa la mayor parte del espacio. Esta decisión, que el management de la banda amó, sigue el consejo que su profesor de arte le dio en séptimo grado: «llená el espacio». La imagen principal presenta la maléfica estrella roja y un fondo galáctico, elementos centrales en la narrativa de la canción sobre la liberación y la opresión. Curiosamente, la pieza más reconocida de la obra no se encuentra en la cubierta exterior, sino en el interior desplegable del álbum: allí aparece el «Starman», el personaje que desafía a la estrella. Syme convocó a su amigo Bobby King, a quien fotografió desnudo (King, que consiguió el trabajo «porque cobraba barato» se convertiría en un modelo recurrente en el universo visual de Rush, apareciendo también como uno de los changarines en «Moving Pictures» y en la tapa de «Exit… Stage Left«, ambos discos de 1981). Aunque Syme no la considere entre sus mejores obras, «2112» sigue siendo uno de sus trabajos más famosos: el Starman apareció posteriormente en varias tapas de Rush. Flota sobre la batería de Peart en su álbum en vivo de 1976, «All the World’s a Stage», y si te fijás bien, lo verás en uno de los cuadros que aparecen en el mencionado «Moving Pictures». Es, en esencia, el logotipo de la banda, y Syme afirma que las cifras de merchandising demuestran su perdurable popularidad. «Sin duda, se ganó un lugar en la historia gracias a la música», afirma el diseñador. «Es reconocible por su asociación con ese magnífico álbum. Creo que la música influye enormemente en los méritos que la gente atribuye al arte en sí».

¡Los Rush siempre se llevaron matemáticas -y profecías- a marzo!

15. LA PROFECÍA DE LA FEDERACIÓN SOLAR. Muchos fans aún hoy se preguntan por qué Peart eligió el año 2112 para ambientar la historia. Aunque coincide con el centenario de la muerte de un autor que admiraba, la razón técnica es puramente rítmica y fonética: el baterista buscaba un número que sonara «autoritario» al ser pronunciado. Además, el número 2112 tiene una simetría visual que le encantaba a Hugh Syme para el diseño gráfico. Irónicamente, el disco termina sugiriendo que la «Federación Solar» asume el control en ese año, pero para Rush, 1976 fue el año en que ellos finalmente tomaron el control total de su destino artístico… BONUS 1: Cabe destacar que 2112 es la hora militar para las 9:12. Y 9/12, es decir el 12 de septiembre, casualmente (o no tanto) es el cumpleaños de… Neal Peart. BONUS 2: 2112 es como se escribe la fecha del 21 de diciembre (21/12). Ese día coincide con el solsticio de invierno, que tiene un significado importante en muchas culturas. BONUS 3: Al final de «2112», se escucha 3 veces el mensaje «Atención a todos los planetas de la Federación Solar», seguido de «Hemos asumido el control», también 3 veces. Ahora agárrense: la primera frase (en inglés, claro) tiene 7 palabras repetidas 5 veces, y 7 por 3 es 21. La segunda frase tiene 4 palabras repetidas 3 veces, y 4 por 3 es 12, haciendo eco del título del álbum.

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