Dieciséis años después de una separación que parecía definitiva, Noel y Liam Gallagher volvieron a compartir escenario y desataron una fiesta planetaria. Este documental va más allá de la vuelta de una banda legendaria: habla del tiempo, de los vínculos que sobreviven a los desencuentros y de canciones que aún siendo suyas, ya no les pertenecen.

¡El chiste de los supositorios siempre hace reír a Noel!

Hay reconciliaciones que uno espera años y otras que ya no espera. Después de la enésima pelea y de la ruptura de 2009, ver a los Gallagher sobre un escenario sonaba a fantasía. Pero en 2025 volvieron a la ruta: estadios repletos, multitudes cantando y varias generaciones mezcladas. «Oasis: Don’t Look Back in Anger», dirigido por Dylan Southern y Will Lovelace (quienes cuentan en su trayectoria con otros documentales musicales como la película sobre LCD Soundsystem «Shut Up and Play the Hits» y el documental sobre la escena rockera de Nueva York «Meet Me in the Bathroom») cuenta esa historia: no es solo el regreso de los Gallagher, sino lo que ese regreso desata.

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La película arranca con los preparativos de la gira y dos personajes que conservan sus mañas. Noel trabaja concentrado en que cada acorde salga como corresponde; Liam aparece y desaparece con su aire desafiante y su inseparable parka. Las canas son nuevas; las personalidades, no. ¿Cómo imaginarlos sin sus desplantes y esa mezcla de talento y vocación para el conflicto que los volvió leyenda? Pero a pesar de que parezca lo contrario, algo sí cambió: el tiempo. Dieciséis años de separación acaso les permitieron entender que los Oasis ya no son solo asunto de ellos dos. La banda se volvió parte de la cultura popular, con canciones que viven en historias ajenas. Cuando los hermanos vuelven a encontrarse, su música tiene vida propia y el documental la pone en primer plano.

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EL ESCENARIO ESTÁ ABAJO. Uno de los mayores aciertos del documental es no acumular imágenes de conciertos ni reconstruir la intimidad de la reunión: su centro se desplaza del escenario a la platea. Los Gallagher siguen ahí, con sus guitarras y su capacidad de adueñarse de un estadio, pero lo que ocurre frente a ellos importa igual. El montaje combina escenas de distintas presentaciones con imágenes de los fans: abrazos, lágrimas, saltos y gargantas entregadas a canciones que muchos conocen de memoria. Hay gente que creció con los discos, padres que transmitieron el repertorio a sus hijos y jóvenes que los descubrieron solos. Cada fragmento funciona casi como una pequeña película, capturando la dinámica entre los miembros de la banda -las miradas cómplices, la precisión al manejar las panderetas, los dedos entrelazados de los hermanos con los brazos en alto-, todo ello con un nivel de detalle que las redes sociales jamás podrían alcanzar. Pero es la oleada de emociones que experimentan los fans -al escuchar, por fin, las canciones que han servido de banda sonora para sus vidas, marcando relaciones, rupturas, momentos familiares y duelos- lo que realmente pone la piel de gallina. En uno de los fragmentos, un hombre comenta que la separación de Oasis fue «como perder a un hijo»; en otros, los fans comparten recuerdos profundamente personales sobre lo que la banda significa para ellos. Entre ellos, una víctima del atentado en el Manchester Arena relata el impacto de la canción «Don’t Look Back in Anger» como un himno de unidad. Es difícil no conmoverse hasta las lágrimas ante estas historias y la honestidad de sus seguidores.

Noel y Liam, reconciliados, miran el mañana con optimismo. O tal vez estén mirando otra cosa, vaya uno a saber.

El material fue grabado en casi todas las 41 fechas de la gira —que abarcó 14 países y 5 continentes—, para lo cual los creadores contaron con algunos de los mejores directores de fotografía, como Haris Zambarloukos (conocido por «Belfast» y «Beetlejuice»), Lol Crawley (reconocido por «The Brutalist») y James Laxton (de «Moonlight»). El guión de Stephen Knight (creador de la exitosa serie «Peaky Blinders») apuesta por un formato basado en el diálogo para relatar la gira de 2025, en la que el público deja de ser un mero espectador para adentrarse, literalmente, en el campo de juego; por su parte, la dirección del dúo Lovelace & Southern logra convencerte de que incluso vos, desde tu butaca en el cine, te volvés parte integral de la narrativa. Filmar los conciertos con varias cámaras invierte la jerarquía del cine musical: el espectador queda metido en la multitud, no contemplando artistas desde la platea. El documental no pregunta qué hicieron Noel y Liam, sino qué hicieron sus canciones en la vida de los demás. Los Oasis ya no son una banda con seguidores; son parte de la historia personal de millones. No hace falta haber nacido en Manchester ni haber vivido los noventa para entenderlo. En Sudamérica, las canciones de los Gallagher encontraron una audiencia que las hizo propias. El acento y el paisaje serán otros, pero la necesidad de cantar a los gritos o compartir un estribillo no requiere traducción.

VOLVER NO ES RETROCEDER. La nostalgia es inevitable, claro está: hay canciones atadas a edades precisas y una generación que sin duda sentirá que puede volver por un instante a esos momentos cuando todo parecía estar por suceder. Pero reducir esta cinta a una operación nostálgica sería quedarse corto. El pasado no aparece como un lugar al que regresar para siempre, sino como una historia que todavía puede tener otro desenlace. La separación de 2009 fue real y sus motivos no se van a esfumar simplemente porque los hermanos decidan volver a compartir escenario. El documental no finge que nunca hubo rencores ni convierte la reconciliación en una fábula sino que propone algo más sencillo: después de tantos años, ambos todavía pueden hacer algo juntos sin la obligación de convertirse en otros.

En tal sentido, el título resulta mucho más que una referencia al cancionero: mirar hacia atrás sin rabia no significa borrar lo ocurrido ni hacer de cuenta que nada dolió. Significa poder continuar sin quedar prisionero de lo que salió mal. Una lección que sirve para los Gallagher y que también puede tocar una fibra íntima entre los espectadores. La película también sabe reírse del paso del tiempo sin ponerse solemne. Hay, por ejemplo, un divertido intercambio entre los hermanos sobre las noches de juventud. Noel se pregunta cómo podía acostarse a las cuatro de la mañana; Liam le contesta, con su ironía característica, que ahora lo hace a las 3.55… Cinco minutos que dicen bastante sobre la edad y ciertas costumbres. Si el documental se permite emocionar, también sabe reírse de sí mismo.

Y Liam resulta fundamental en ese equilibrio. Su presencia escénica sigue siendo arrolladora, pero su humor desinfla los momentos lacrimógenos e impide que la película sea una sucesión de homenajes. Noel representa el costado metódico de una sociedad artística cuya eficacia dependió de la tensión entre ambos. La vieja fórmula sigue funcionando.

«Toda la noche hasta que salga el sol, tocando en una banda de rocanroool, sin paraaar… ¡a ver esas palmas!»

LAS CANCIONES SIGUEN VIVAS. Con más de diez temas íntegros en vivo, el documental les concede el espacio que merecen y evita que todo quede subordinado a las entrevistas. El repertorio no es un acompañamiento de imágenes emotivas: es el hilo que conecta a los hermanos con sus seguidores. Para algunos, los Oasis son la banda sonora de su juventud; para otros, un descubrimiento reciente, heredado de sus padres o de una escucha casual. Esa convivencia entre generaciones confirma que el legado de un grupo no se mide solo por sus discos, sino por su capacidad de seguir significando algo cuando el contexto ya quedó atrás.

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El documental acierta al convertir al público en parte activa de la narración y al conectar los estadios con la sala. Por momentos, la sensación es la de estar en un concierto más que viendo una película. Esa cercanía es una virtud, aunque puede caer en la emoción programada: el tramo final se acerca a la grandilocuencia y subraya demasiado lo que las imágenes ya transmitían. No alcanza, sin embargo, para desarmar el conjunto. Porque la película no necesita convencer a nadie de que los Gallagher son extraordinarios ni de que su música marcó una época. Su mejor hallazgo es correrse un poco de ellos para mostrar lo que sucede alrededor: las vidas que se cruzan en un estadio, los recuerdos que vuelven con los primeros acordes y los chicos que cantan hoy canciones escritas antes de que nacieran.

UNA HISTORIA UNIVERSAL. «Oasis: Don’t Look Back in Anger» resulta una experiencia conmovedora, incluso para quienes no se considerarían seguidores de la banda, ya que transita con naturalidad de lo personal a lo universal. Y, aunque predominan los sentimientos positivos, el sentimentalismo rara vez hace acto de presencia (al menos hasta el monólogo final), en gran medida gracias a Liam, como señalamos más arriba. Lo que realmente resplandece es un profundo sentido de camaradería y un espíritu de gran familia unida que refleja los orígenes de la banda en la clase trabajadora. Pese a ser embajadores de las clases populares de Mánchester, logran —con ese tono descarado que los caracteriza- conectarse con una gran diversidad de sensibilidades. Todo se percibe libre de hipocresía y ajeno a cualquier cálculo comercial cínico; o, al menos, esa es la impresión que transmite: la magia del cine y del rock ’n’roll.

Al final, la reconciliación más importante no es solo la de dos hermanos que dejaron atrás sus diferencias. Es también la de una banda con su historia, la de generaciones con una música compartida y la de un público que se reencuentra consigo mismo. Los Oasis regresaron a los escenarios, sí. Pero el verdadero acontecimiento es comprobar que aquellas canciones nunca se habían ido… Y que a veces -solamente a veces- mirar hacia adelante es la mejor forma de encontrarse con lo que uno fue.

FICHA TÉCNICA:

Título original:  «Oasis: Don’t Look Back In Anger»

Género: Documental

Origen: UK / EE.UU.

Estreno: 5/9/2026 (Festival de Venecia, Italia) / 10/9/2026 (Cines); 9/10/2026 (Disney+)

Dirección: Will Lovelace y Dylan Southern

Guión: Stephen Knight

Edición: George Cragg. Martina Zamolo

Producción: Sam Bridger, Guy Heeley, Steven Knight, Tom Mackay

Reparto: Liam Gallagher, Noel Gallagher, Paul «Bonehead» Arthurs, Gem Archer, Andy Bell, entre otros integrantes y familiares

Música: Oasis

Músicos de apoyo / Participantes: Christian Madden, Paul Stoney, Mike Moore, Alastair White, Steve Hamilton, Joe Auckland, Ian Brown, Molly Elson, Mark Feltham, Anaïs Gallagher, Gene Gallagher, Joey Waronker

Canciones: «Half The World Away», «Whatever», «Hello», «Bring It On Down», «Some Might Say», «Slide Away», «Acquiesce», «Little By Little», «Roll With It», «Supersonic», «Talk Tonight», «Rock ‘n’ Roll Star», «Wonderwall», «Live Forever», «Cigarettes and Alcohol», «Don’t Look Back In Anger», «Champagne Supernova», «Listen Up»

Estudio productor: Magna Studios y Sony Music Vision

Estudio distribuidor: Walt Disney Studios Motion Pictures (para su estreno en cines) y Disney+ / Hulu / Max Bundle (para plataformas de streaming)

Duración: 123 minutos.

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