Noche lluviosa y fresca en pleno octubre en Buenos Aires, y mientras muchos intentaban entender el fenómeno climático del Super Niño, en Vorterix se vivió otro fenómeno arrasador: un tsunami de cuerpos surfeando entre el público, mucho calor humano, un diluvio de cerveza, y una alegría inmensa que superó cualquier barrera idiomática.

Es que en el marco de la despedida de (ahora mas que nunca) nuestros Die Toten Hosen, llegó el debut porteño de Feine Sahne Fischfilet -antes de oficiar de teloneros en el Movistar Arena- que demostraron por qué son una de las agrupaciones más destacadas de la escena alemana actual.

La noche comenzó con los rosarinos de Zona 84, encargados de abrir el show con una muy buena presentación y calentar motores para un público argentino-alemán que esperaba con entusiasmo el debut de sus compatriotas.

Cerca de las 21, con luces rojas y el logo de un ancla con el nombre de la banda como telón de fondo, los Feine Sahne Fischfilet ueron tomando posición con sus instrumentos, listos para iniciar una verdadera fiesta de punk con “Wir Kommen In Frieden”. Desde el inicio, las guitarras como motosierras y la trompeta presagiaban lo que vendría, mientras el público -con una importante presencia alemana- saltaba sin tregua. Cuando terminó la canción, los presentes continuaron coreándola y aplaudiendo: el pacto de amor entre la banda y su gente ya estaba sellado.

Monchi, cantante de la banda, se desplegó por todo el escenario. En varias ocasiones se lanzó desde las vallas hacia el público y hasta caminó entre los presentes, mientras todo el Vorterix coreaba cada canción con la misma intensidad desde el primer minuto.

Y como si la fuerza punk, no fuese suficiente, tanto desde el escenario como desde el público se vivió una auténtica lluvia de cerveza: las latas caían sobre las tablas y Monchi las recogía o las devolvía hacia una multitud sedienta de punk alemán festivo. Un gesto de camaradería que alimentó todavía más el clima de celebración.

Sin parafernalia ni pantallas con imágenes, apenas con luces que acompañaban las canciones y el carisma de sus integrantes, Feine Sahne Fischfilet construyó un show de constante ida y vuelta con el público. Si querés escuchar buen punk rock, encontrar compromiso social y, sobre todo, vivir una fiesta, tu lugar es un recital de esta banda alemana.

Sin importar las barreras idiomáticas, los músicos se conmovieron con el fervor y el cariño de quienes se acercaron al Vorterix. Al terminar el show, permanecieron sobre el escenario, absortos y en silencio, contemplando la recepción de un público que los había acogido como si fueran locales. Mientras tanto, la multitud coreaba su propia versión del clásico futbolero: “Olé, olé, olé, olé, olá, Feine Sahne Fischfilet es un sentimiento, no puedo parar”. Una despedida a puro entusiasmo para una noche en la que el punk alemán encontró su lugar en Buenos Aires.

Crónica y fotos: Martín Zucal en exclusiva para MADHOUSE

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