THE HIVES, 31/01/2026, TEATRO VORTERIX

The Hives es la mejor banda del mundo, y eso no tiene discusión. Vamos a saltarnos ese absurdo debate que quizás lo sigamos más abajo, pero lo importante ahora es entender que no hay banda en el mundo que haga lo que estos suecos hacen en vivo. No, si no estuviste no sabes lo que te perdiste. O sí, pero qué bueno fue estar ahí. Y todo eso que viviste anoche (o no, qué pena por vos) te lo contamos en esta reseña que abarca una noche de gloria que quedará en la memoria de todos. ¡Pasen y lean!

The Hives está en un momento óptimo hace tanto, que uno no puede dejar de pensar que son una banda perfecta. Tienen todo lo que uno podría pretender de un grupo: fuerza, energía, carisma, onda, grandes canciones, hits tremendos, bases monolíticas, riffs gancheros, un frontman de la vieja escuela, y la capacidad de hacernos sentir que el show que estamos viendo entra de cabeza en nuestro Top 10 personal.

Y en esta nueva visita (un sideshow para fans, porque después hubo fecha con My Chemical Romance, pero ese es otro tema) obviamente no hubo lugar para decepciones. Para lo que sí hubo lugar, fue para ver la cantidad de remeras de bandas que, en muchos casos, nada tenían que ver con estos suecos de oro: Iggy Pop, David Bowie, System of a Down, Los Piojos (?), El Doctor (??) y siguen las firmas. Claro, es que nadie quería perderse de la energía desbordante de estos cinco dementes que te hacen mover la patita y la cabeza desde el minuto cero.

Minuto que empezó poco después de las 21, cuando “Enough is Enough” atronó para delirio de todos. Los trajes con luces de colores, las corbatas, los movimientos de todos, todo tan aceitado que parecía que habían nacido sabiendo hacer cada cosa a la perfección. Pero convengamos una cosa, y en este punto hay que ser específicos: si uno tiene a un cantante como Pelle Almqvist, es muy probable que el tipo se lleve puesto todo lo que tiene adelante y se coma el show. Porque si bien el público estaba desde el inicio entregado, la entrega (valga la redundancia) de Pelle te obliga a creer de verdad que estos suecos son lo mejor de lo mejor.

PELLE, HIVES, PELLE

¿Y qué hace tan especial a Pelle? No es un frontman, es un showman. Canta, habla, salta, corre, baja a saludar a la gente, se sube al vallado, interactúa en español con el público, agarra y extiende una bandera argentina con la leyenda “The Hives forever, forever The Hives”, nos pregunta una y otra vez si estamos “preparidos” (sic), nos dice que Buenos Aires es la mejor ciudad del mundo, nos pregunta si The Hives debería tocar todos los días y solamente en Buenos Aires, y maneja los tiempos del show como se le antoja.

Y yo no sé si era el aire del Vorterix que goteaba o si el lugar tiene un modernísimo sistema para refrescar a la gente, pero estoy seguro de que toda la noche sentí como si desde arriba nos tiraran gotas de agua permanentemente. Hubiera sido genial que eso mismo pasara en el pogo, porque con cada riff, la gente enloquecía, pogueaba, coreaba, vivaba, saltaba, cantaba que The Hives es un sentimiento, y devolvían con creces tanto fervor. Ese feedback, esa sensación de “doy todo porque das todo” es una de las bases no sólo de la banda sino del rock en general. Y eso a los Hives los sobra, apoderarse de esos clichés positivos del rock n roll. Es como si metieras en una coctelera todas las virtudes del rock y el resultado fueran estos suecos electrificados.

ESCUCHÁ, IDIOTA. ESCUCHÁ

De más está decir que las versiones de los temas en vivo son infartantes, y que los hacen más largos ya que en el medio Pelle habla a piaccere, estiran los temas en sus partes instrumentales, hacen partícipe al público, y se meten a la gente en el bolsillo. Sí, podríamos decir que tocaron temazos como “Hate To Say I Told You So” (con un final doble), “Tick Tick Boom” (con Pelle presentando a cada uno de la banda), que “Legalize Living” abrió los bises después de unos ratos de recuperar la cordura, o que “The Hives Forever Forever The Hives” cerró la noche después de 15 temazos.

Pero lo que realmente importa no es esta reseña, ni el calor que hacía, ni que entre el público estaban los uruguayos Buitres como buenos fans que son, ni que el show haya durado poco más de una hora. Lo que realmente importa es haber podido presenciar esa clase de shows donde parece que estuviera en juego el destino del rock n roll, y saber que con un equipo como The Hives, el partido está ganado de entrada. ¡Salud!  

Fotos: Martín Delgado

Reseña: Rodrigo Cardozo

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