UNDER A ROCK: A MEMOIR por Chris Stein (St. Martin’s Press, 2024 – 304 págs)

Cuando una estrella de rock publica sus memorias, uno más o menos sabe qué esperar. Anécdotas de gira, excesos de sustancias de todo tipo (alcohol, drogas y afines), peleas internas, sexo, egos, ascensos meteóricos, caídas estrepitosas y, dependiendo del nivel de honestidad del autor, cierta dosis de arrepentimiento o ajuste de cuentas. Pero «Under A Rock», la biografía o mejor dicho en este caso las memorias de Chris Stein, resulta una criatura bastante más extraña que la combiación de todo lo mencionado. Y quizás ahí radique tanto su principal virtud como su frustración más grande. Porque el libro no se parece demasiado a una autobiografía de rock tradicional. De hecho, por momentos da la sensación de que Stein ni siquiera está particularmente interesado en escribir “la historia de Blondie”: lo suyo parece ir por otro lado. Más que un relato lineal sobre el ascenso y caída de una banda legendaria, «Under A Rock» funciona como una colección de instantáneas mentales, recuerdos dispersos, flashes culturales y pequeñas viñetas de una Nueva York ya desaparecida, contado por alguien que estuvo literalmente en el centro de todo. Y cuando decimos “todo”, no es una exageración.

De izq. a der., Gary Valentine, Jimmy Destri, Debbie Harry y Chris Stein en la cruda NY de fines de los 70s

Mucho antes de que Blondie se transformara en uno de los grupos más exitosos de fines de los setenta y comienzos de los ochenta, Stein ya había vivido varias vidas. Hijo de una familia de izquierda en Brooklyn, hippie precoz, habitué del Village cuando todavía olía a mugre, peligro y libertad, consumidor serial de LSD antes de cumplir los 18, visitante frecuente de Haight-Ashbury, testigo directo de Woodstock, amigo de freaks, drag queens, dealers, artistas y futuros cadáveres ilustres del under neoyorquino, Stein aparece acá como una especie de Forrest Gump lisérgico de la contracultura norteamericana. Lo más fascinante es que el libro termina derribando una idea bastante instalada: la supuesta incompatibilidad entre la generación hippie de San Francisco y la escena punk/new wave del CBGB. Stein fue parte de ambas: vio a The Velvet Underground, convivió con la psicodelia californiana, estuvo en Woodstock y años más tarde terminaría compartiendo escenario y cartel con los Ramones, Talking Heads y Patti Smith. En tal sentido, «Under A Rock» funciona también como el relato de una continuidad cultural que pocas veces se cuenta de esta manera.

Chris rockeándola con Blondie, con la Harry y el bajista Nigel Harrison al fondo

Pero si hay algo que define al libro es su tono. Stein escribe exactamente igual que como él mismo se veía arriba de un escenario en los años clásicos de Blondie: cool, distante, irónico, aparentemente indiferente a todo lo que sucede alrededor. Incluso cuando está contando situaciones extremas -léase adicción a la heroína, internaciones, violencia, paranoia, pobreza, muerte- el tipo narra todo con una especie de calma encogida de hombros, como si estuviera comentando el clima o describiendo una tarde cualquiera caminando por Manhattan. Y eso genera un efecto muy particular. Por un lado, vuelve al libro hipnótico. Stein es un observador brillante. Tiene ojo para los detalles absurdos, para los personajes secundarios, para la textura mugrienta y eléctrica del Nueva York de los setenta. Por sus páginas desfilan Andy Warhol, Lou Reed, Iggy Pop, Jean-Michel Basquiat, David Bowie, dealers, performers, cineastas, travestis, junkies y oportunistas varios, todos coexistiendo dentro de una ciudad todavía peligrosa, hedionda, decadente y artísticamente irrepetible.

Una foto rara circa 1981 muestra a una Debbie con pelo oscuro y corto y a un Chris barbudo

Stein además posee algo que muchas autobiografías rockeras no tienen: curiosidad genuina. Le interesan la fotografía, el cine experimental, la tecnología, el ocultismo, la magia de Austin Osman Spare, los cambios culturales, internet antes de internet, el hip hop cuando todavía era apenas un rumor callejero. Por momentos, incluso, pareciera más entusiasmado hablando de programas rarísimos de televisión pública o de arte underground que del propio éxito masivo de Blondie. Y sin embargo, ahí aparece también la gran frustración del libro. Porque Stein mantiene constantemente al lector a distancia. El gran ejemplo es Debbie Harry. Aunque está presente prácticamente todo el tiempo, ya desde la tapa, e incluso escribe el prólogo (el libro incluye además una anécdota horripilante que la involucra, acontecida tras un show con Television), Harry termina funcionando casi como una figura fantasmal dentro de la narración. La química entre ambos, fundamental para entender a Blondie, en general aparece más insinuada que explorada. El libro evita sistemáticamente profundizar emocionalmente en la relación, en la dinámica interna de la pareja o incluso en las razones concretas de la ruptura. En un momento, Stein prácticamente liquida el final de la relación con una frase onda: “Quizás quieras más detalles, pero no hay muchos”. Y listo.

Los rascacielos de la calle en que nací: Blondie posa para una foto con su New York querido de fondo

Para algunos lectores eso puede resultar irritante. Sobre todo porque el marketing del libro prácticamente vendía una gran historia de amor rockera atravesada por el punk, la fama y la heroína. Pero Stein parece negarse deliberadamente a escribir ese libro. O quizás simplemente no puede hacerlo. Lo interesante es que esa evasión termina convirtiéndose en parte central de la experiencia de lectura. «Under A Rock» (literalmente «bajo una piedra», haciendo un juego de palabras con la palabra «rock») nunca entrega del todo sus secretos. Siempre parece haber algo escondido detrás de cada recuerdo, detrás de cada silencio, detrás de cada anécdota contada a medias. El libro es emocionalmente elusivo de la misma manera que Blondie muchas veces lo fue musicalmente: seductor, elegante, misterioso y apenas inaccesible.

Si alguien pensaba que a Chris no le dieron bola en la filmación del video de «Heart Of Glass», esta foto lo desmiente

También llama la atención cómo Stein aborda el tema de las drogas. Acá no hay glamour junkie ni romanticismo autodestructivo al estilo “vivir rápido y morir joven”. La heroína aparece como algo gris, repetitivo, miserable y agotador. Buscar droga es, según él mismo admite, “molesto y estúpido”. Y eso probablemente vuelva al libro más honesto que muchas memorias rockeras clásicas. Esa honestidad adquiere un peso devastador en el tramo final, cuando Stein aborda la muerte por sobredosis de su hija Akira en 2023. Ahí, por primera vez, la máscara cool parece resquebrajarse realmente. El hombre que pasó 250 páginas narrando tragedias con tono casual finalmente deja ver algo parecido a una herida abierta. Y el cierre termina resignificando buena parte del libro, especialmente todas sus reflexiones sobre adicción, culpa y memoria.

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Quizás lo más peculiar de «Under A Rock» sea que deja a los lectores queriendo más. Y eso, en una autobiografía rockera, es algo raro de ver. Generalmente estos libros terminan agotando al personaje; acá ocurre lo contrario. Chris Stein emerge como una figura todavía más misteriosa, más contradictoria y más interesante de lo que parecía al comenzar. No es una autobiografía perfecta, no: a muchos lectores probablemente les moleste su estructura fragmentaria, la falta de análisis musical o la frialdad emocional del relato. Pero justamente esas imperfecciones son las que vuelven al libro tan singular. Porque «Under A Rock» no intenta construir una leyenda definitiva ni cerrar ninguna historia. Apenas deja un montón de Polaroids desordenadas arriba de una mesa: algunas luminosas, otras oscuras, muchas borrosas, todas profundamente neoyorquinas. Y quizás esa sea la única manera posible de contar una vida como la de Chris Stein.

Amor underground: Debbie y Chris en un momento romántico en el metro de NY

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