
Abril volvió a vestirse de luto con otra noticia triste para el mundo de la música: Nedra Talley Ross, integrante fundadora de The Ronettes y última sobreviviente del mítico trío vocal estadounidense, se fue de este mundo el domingo 26 a los 80 años. Dueña de una de las armonías más reconocibles del pop de los años 60, su voz ayudó a definir una era. A continuación, repasamos su vida, su obra y el legado de un grupo que cambió la historia de la música.
UN FINAL PACÍFICO. La muerte de Nedra Talley Ross ocurrió en la intimidad de su hogar, en Virginia, durante la mañana del domingo 26 de abril. Según informó su hija en redes sociales, la cantante falleció alrededor de las 8:30, “en su propia cama, rodeada de su familia y sabiendo que era amada”. No se dieron a conocer las causas del deceso, pero el tono de los mensajes públicos dejó en claro que se trató de una despedida en paz. Desde las cuentas oficiales de The Ronettes la definieron como “una luz para todos los que la conocieron y la amaron”, y destacaron que su “voz, estilo y espíritu ayudaron a definir un sonido que cambiaría la música para siempre”. No es una exageración.
LAS PRIMAS SEAN UNIDAS. Nedra Yvonne Talley nació el 27 de enero de 1946 en un Estados Unidos que empezaba a recuperar su ritmo de vida normal tras la Segunda Guerra. La pequeña creció en un entorno atravesado por la música y la influencia de su familia fue decisiva: “Le debo todo a mi mamá. Me dio el coraje para salir a cantar”. Su padre, Henry Talley, era de ascendencia puertorriqueña. Su madre, Susie Mobley, era afroamericana y cherokee. Nacida en Manhattan, Nedra creció en el Spanish Harlem muy unida a sus primas, las hermanas Bennett, Estelle y Veronica (tal fue el nombre auténtico de la famosa Ronnie Spector), y pronto empezaron a cantar juntas, al principio con varios primos y amigos. Animadas por sus madres, participaron en un concurso de talentos en el legendario teatro Apollo de Harlem bajo el nombre de Ronnie And The Relatives (Ronnie Y Las Parientes), tras lo cual redujeron la formación a un trío, tomaron clases de canto y comenzaron a actuar regularmente en eventos locales.
RUMBO A LA FAMA, CAMINO AL TRIUNFO. En 1961, fueron contratadas como bailarinas en el Peppermint Lounge, el local regentado por la mafia donde se popularizó el twist, un baile que por entonces estaba en la cima de su popularidad, y entre cuyos clientes figuraban nada menos que Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Frank Sinatra y Norman Mailer. Ronnie y Nedra aún estaban en el colegio secundario y eran menores de edad, así que sus madres las ayudaban a parecer mayores aplicándoles maquillaje extra y rellenando sus corpiños con pañuelos de papel (!). El locutor Murray the K (Murray Kaufman) las apadrinó, incluyéndolas en el cartel de su espectáculo en el teatro Fox de Brooklyn y presentándolas en su programa de radio. Ya rebautizadas como The Ronettes (por sugerencia de la madre de Ronnie), grabaron sus primeros discos con el sello Colpix, pero los cuatro singles producidos por Stu Phillips y publicados en 1961 y 1962, empezando por «I Want a Boy», no tuvieron mucho éxito. Las Ronettes tocaban en bar mitzvahs y bailes locales, perfeccionando su arte mientras esperaban una oportunidad que parecía cada vez más esquiva.
LA LLAMADA DEL ÉXITO. Sus carreras despegaron en 1963 después de que Estelle llamara sin previo aviso a la oficina del productor Phil Spector en Nueva York, quien por aquel entonces gozaba de gran popularidad gracias a una serie de éxitos de The Crystals, Bobb B. Soxx & The Blue Jeans y Darlene Love. Fue una jugada audaz -ya en aquel entonces Spector era una de las figuras más influyentes y renombradas del pop estadounidense-, pero dio sus frutos de inmediato. Según las memorias de Ronnie Spector, cuando el trío comenzó a cantar una versión de «Why Do Fools Fall In Love» de Frankie Lymon, el productor Phil Spector saltó del piano y exclamó: “That’s the voice I’ve been looking for!” («¡Esa es la voz que estaba buscando!»). Firmaron con su sello discográfico Philles Records casi de inmediato. Esta decisión marcaría la vida de las tres, en parte para bien y, en el caso de Ronnie, para muy mal.
UN HIT INOXIDABLE. Poco después llegaría “Be My Baby”, un tema que alcanzó el puesto número 2 en el ranking Billboard y se transformó en una de las canciones más influyentes de toda la historia del pop. Su ritmo vibrante y su vasta orquestación influyeron en muchos músicos, pero sobre todo en Brian Wilson, de los Beach Boys, quien se la hacía escuchar una y otra vez a las visitas en su casa. También se utilizó en numerosas películas, entre ellas «Mean Streets» de Martin Scorsese, en los títulos de «Dirty Dancing» y en el cierre de «Baby Mama», como asimismo en numerosas series de TV desde “Moonlighting” y “The Wonder Years” hasta “How I Met Your Mother” y “Money Heist”; la agencia de compositores BMI calculó en una ocasión que «Be My Baby» se había reproducido en 3,9 millones de programas de radio y televisión desde 1963, o «el equivalente a escucharla sin parar 17 años seguidos» (!)
TODO EL AÑO ES NAVIDAD. Aunque las Ronettes solo alcanzaron a lanzar un solo album de estudio, “Presenting the Fabulous Ronettes, Featuring Veronica” (1964), eso bastó para que se volvieran populares y duraderas. Con Ronnie al frente y Nedra junto a Estelle sosteniendo las armonías, el grupo desarrolló un sonido inconfundible, apoyado en la célebre “Wall of Sound” de Spector. A «Be My Baby» le siguieron otros hits como “Baby, I Love You” (popular entre los fans del punk rock ya que fue versionado por los Ramones en 1979), «Walking in the Rain» (el único single de The Ronettes en ganar un premio Grammy), «(The Best Part of) Breaking Up» y «¿Do I Love You?». Cada uno era un estudio de deseos contenidos, con las voces cabalgando sobre la muralla de la produccion Spectoriana sin ser jamás eclipsadas por ella. El grupo también contribuyó con tres temas al aclamado álbum navideño de Spector de 1963, «A Christmas Gift For You», incluyendo una versión de «Sleigh Ride» que alcanzó el número ocho en Estados Unidos. Desde entonces, el álbum se ha convertido en uno de los discos navideños más perdurables de la historia en EE.UU., y sigue apareciendo en las listas de reproducción en streaming cada diciembre. Todas estas canciones consolidaron su lugar en la escena, pero el secreto de su suceso no estaba solamente en la música: su estética y actitud rompía con los moldes de la época. “Queríamos ser diferentes”, recordaría Ronnie años más tarde.
UNA IMAGEN INCONFUNDIBLE. El impacto cultural de The Ronettes fue enorme. Su imagen era tan icónica como su sonido: los imponentes peinados beehive (colmena), el marcado delineador de ojos y su presencia escénica segura y desenfadada las distinguieron de sus contemporáneas e influyeron en generaciones de artistas posteriores, desde las evidentes descendientes espirituales de Ronnie, Amy Winehouse y Dua Lipa, hasta la tradición más amplia de artistas pop femeninas que comprendieron que la imagen en el escenario era tan importante como la música que se cantaba. Su identidad multicultural también marcó una diferencia en una industria poco diversa: “Éramos multiculturales… muchas chicas se veían reflejadas en nosotras”, comentaría Talley Ross años después, destacando que “Nuestras canciones estaban dirigidas a los chicos, mientras que otros grupos de chicas cantaban acerca de chicos”, dijo cuando se le preguntó sobre el atractivo del grupo, una observación perspicaz que capta algo esencial de lo que distinguía a The Ronettes: había auténtica fuerza en su música, una confianza y una franqueza que resultaban genuinamente novedosas.

DERRIBANDO BARRERAS. Las Ronettes también fueron de los primeros grupos de mujeres negras y mestizas en alcanzar el éxito en la música pop estadounidense, tanto en televisión como en salas de conciertos, en una época en la que la segregación racial seguía siendo un tema político candente y la presencia de mujeres de ascendencia mixta en programas de música pop convencionales resultaba verdaderamente revolucionaria. Aparecieron en televisión cuando muchas cadenas aún se sentían profundamente incómodas con los artistas negros, y lo hicieron en sus propios términos. Talley reflexionó más tarde que el grupo nunca se consideró político; simplemente querían hacer lo suyo. Pero el mero acto de hacer una performance, en aquel contexto, era político en sí mismo.
EL CORAZÓN, ENTRE BEATLES Y STONES. La influencia del grupo trascendió generaciones. Si bien la invasión británica acabó con las carreras de muchos grupos femeninos (un hecho irónico, dado que los Beatles eran grandes admiradores de ese sonido), las Ronettes prosperaron. Compartieron escenario con los Rolling Stones, banda de la cual fueron teloneras en una gira por el Reino Unido en 1964; de hecho Talley tuvo una breve relación con el malogrado guitarrista Brian Jones. «Podían cantar a través de la pared de sonido», dijo más tarde Keith Richards, guitarrista de los Stones. «No necesitaban nada. Me conmovieron en ese mismo instante y aún lo hacen«. Como si fuera poco, también telonearon a los Beatles en su última gira estadounidense en 1966. Esta contratación tuvo una complicación particular: Phil Spector, por entonces la pareja controladora de Ronnie, se negó a que esta se uniera a la gira. Nedra y Estelle (que tuvo un breve affair con George Harrison), tomaron las riendas compartiendo las voces principales y asegurando que el espectáculo continuara; otra prima, Elaine Mays, se les unió durante la gira para completar el trío. Mientras tanto, Ronnie había rechazado los avances de John Lennon en un encuentro anterior con los Beatles, una historia que se convirtió en una de las anécdotas más curiosas de la mitología pop de los años 60.
UNA PARED DE PROBLEMAS. Para las Ronettes todo parecía andar sobre ruedas y el futuro pintaba brillante. Sin embargo, el éxito no estuvo exento de tensiones: la relación con Phil Spector siempre resultó conflictiva y derivó en disputas legales por regalías que -como vamos a ver más adelante en este artículo- se extendieron durante décadas. Talley llegó a afirmar que el productor las había “engañado durante 35 años”, en referencia a los ingresos generados por sus grabaciones. Por otro lado, las presiones eran más de las que la cantante estaba dispuesta a soportar: “Odiaba el lado competitivo del negocio”, reconocería.“Odiaba la presión de grabar el siguiente disco y la sensación de fracaso si no lo conseguíamos. Había una exigencia constante de producción y de éxito que me parecía injusta. A mi personalidad no le gustaba eso.”

EL FINAL Y EL LEGADO. En 1967, el grupo se disolvió. En el caso de Nedra, la decisión estuvo atravesada tanto por el desgaste que le causaron las ya mencionadas presiones de la industria como asimismo por un cambio personal profundo. Su acercamiento a la fe cristiana y su deseo de formar una familia también fueron determinantes. Ese mismo año se casó con Scott Ross, un DJ de una radio neoyorquina, con quien tuvo cuatro hijos. “Les dije a Ronnie y a Estelle: ‘Está bien, chicas, podemos seguir, pero a mí me está pasando esto’”, recordó. “No pudieron comprender mi postura. Así que acordamos terminar nuestros contratos y disolver el grupo”. Apenas una década después de la separación del grupo, artistas como Bruce Springsteen, los Ramones, Billy Joel y los New York Dolls citaban a The Ronettes como una influencia fundamental. Esa influencia nunca se desvaneció: generaciones sucesivas de artistas de pop y de rock han vuelto a «Be My Baby» como una especie de referente, una demostración de lo que el género puede lograr cuando la ambición en la producción se une a una gran voz y una gran canción.

LA BATALLA CONTRA SPECTOR. En 1988, Nedra y sus primas iniciaron una histórica demanda contra Phil Spector por regalías impagas, una lucha que se prolongó durante más de una década y puso al descubierto las prácticas económicas abusivas típicas de la industria discográfica. En 2002, los procedimientos judiciales revelaron que el grupo había ganado menos de U$ 15.000 en regalías por su catálogo de éxitos, a pesar de haber vendido millones de discos en todo el mundo (!). La magnitud de la desigualdad era asombrosa. Solo «Be My Baby» había generado casi cuatro millones de reproducciones en radio: las mujeres que la cantaban no habían recibido prácticamente nada. Para colmo, un tribunal de Nueva York falló mayoritariamente a favor de Spector, dictaminando que el trío solo tenía derecho a las regalías estipuladas en su contrato original de 1963, un contrato que firmaron siendo adolescentes sin representación legal y sin comprender realmente lo que estaban aceptando. Finalmente, una sentencia aparte ordenó a Spector pagar al grupo U$ 2,6 millones, decisión que apeló en dos ocasiones. El caso se convirtió en uno de los ejemplos más claros de cómo el negocio de la música de aquella época despojaba sin ningún escrúpulo a los artistas negros y mestizos de las recompensas económicas que su talento había generado. Como para demostrar que el karma existe, Spector tuvo un feo final: asesinó a la actriz Lana Clarkson en 2003 y murió en prisión en 2021, debido a un cáncer y a sus 78 años, mientras cumplía una condena que iba de 19 años a cadena perpetua. Para el momento de su muerte, su reputación como genio musical había quedado completamente eclipsada por sus crímenes.
AL FINAL, LA VIDA SIGUIÓ IGUAL. Lejos del ritmo frenético del espectáculo, Talley Ross siguió vinculada a la música desde otro lugar. En 1978 editó «Full Circle», un álbum de gospel-funk-soul contemporáneo, y más adelante desarrolló una carrera en el sector inmobiliario. Aunque se mantuvo mayormente alejada del centro de la escena (y siempre se negó a una reunión del trío), su legado nunca dejó de crecer. En 2007, The Ronettes ingresaron al Salón de la Fama del Rock and Roll, inducidas por su amigo y admirador Keith Richards, en una ceremonia cargada de emoción. “Me quebré y lloré… eran sentimientos que había dejado a un costado durante mucho tiempo”, recordó entonces. Fue uno de los reconocimientos más importantes para una carrera que, con apenas un álbum de estudio, dejó una huella imborrable. “El mundo del espectáculo puede ser maravilloso, pero también puede ser terrible”, señaló Ross durante su discurso de aceptación, y agregó: “Nosotros tuvimos una familia que nos brindó el apoyo necesario para mantenernos estables en un mundo tan difícil y caótico. Fue una época maravillosa. Le doy gracias a Dios por ello”.
UNA LEYENDA QUE SIGUE CON VIDA. Tras las muertes de Estelle Bennett en 2009 y Ronnie Spector en 2022, Nedra Talley Ross se había convertido en la última guardiana de aquella historia y una artista sumamente digna: cantó y grabó discos, realizó giras por todo el mundo, luchó por lo que le correspondía y se retiró de la industria en sus propios términos. Tenía 80 años y, sin duda, vivió una vida plena. Le sobreviven su hija, Nedra K. Ross, y sus nietos. Su partida cierra definitivamente el capítulo de una de las formaciones más influyentes del pop del siglo XX… pero como suele suceder, abre las puertas de una leyenda, otra de las tantas que cimentan al universo de la música popular. Quienes hacemos MADHOUSE lamentamos profundamente su fallecimiento y despedimos a una artista fundamental. Invitamos a quienes nos leen a recordarla como seguramente ella hubiera querido: con su música sonando una vez más… QEPD.
Periodista especializado en artes, espectáculos, gastronomía y cultura pop. Co-fundador de las revistas argentinas Riff Raff (entre 1985-86) y Madhouse desde 1989 hasta 2001. Director del primer fanzine de habla hispana dedicado a Kiss y autor junto a Carlos Parise del libro «Heavy Metal Argentino» (1993).








