«Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él» (Proverbios 22:6)

A finales de los ’80 cada domingo por la noche significaba la espera ansiosa de un nuevo episodio de Max Headroom, una serie que Canal 13 televisaba bajo el provocador eslogan de “20 minutos en el futuro” y que dejó grabada para siempre en nuestras jóvenes retinas la imagen de la distopía cyberpunk que se avecinaba. Allí, el periodista Edison Cartersolía ser asistido por Black Reg, un veterano punk a cargo de la radio pirata “Big Time Televisión” y líder de los «Blanks» (personas que no figuran en las bases de datosgubernamentales). Por aquellos años el punk no suponía otra cosa que vitalismo juvenil y rebeldía vandálica contra el mundo más o menos adulto de «las instituciones del sistema». Algo que colisionaba frontalmente con la imagen de este anciano sexagenario de rostro curtidoportador de una orgullosa cresta, que encarnaba Black, anoticiándonos como un cachetazo, que nosotros también envejeceríamos. Y que además valía la pena envejecer, si era como aquel empecinado militante del caos hasta el fin de sus días.

VALORES DE FAMILIA

El rock dejó de ser sinónimo de juventud y los rostros rugosos y las crestas y melenas plateadas por “las nieves del tiempo” son ya una marca de la escena y su persistencia histórica. Corroborando que nunca se trató de una moda ni de un berretín pasajero de juventud. En su primera edición, el festival Family Punk toma nota de ello y se anuncia como una fiesta “con canciones que se cantan de memoria, pogo, comunidad y una escena que se reúne para volvera estar junta». Donde “la propuesta busca volver a las raíces del género, recuperar la mística de escenario y de calle, y demostrar que el punk no es sólo memoria, sino presente y futuro compartido”. Algo que, en tiempos de tributos crónicos y giras aniversario de oportunidad, podríamos juzgar como otra licencia para la auto celebración y el rendidor kiosko de la nostalgia. Pero el “Family” en el título hace algo más que una alusión al “espíritu de tribu”, sino que más bien señala el paso del tiempo -cronológico y biográfico- sobre nuestra propia biología, abriendo la invitación a vivir el rock como una experiencia intergeneracional al permitir el ingreso gratuito a menores entre 5 y 10 años, acompañados de sus respectivos adultos responsables. Y allí donde el punk que hacía “esquina” (o “puerta”) ahuyentó los fantasmas de nuestra joven orfandad, este domingo tras los QRs escaneados en la entrada, va dejando llegar grupos familiares de cuarentones y hasta sesentones, apersonándose con hijos, sobrinos y nietos al recinto del barrio de Chacarita.

A VIVA VOZ. Corvex en plena faena (Facebook)

ARRANCANDO LA FIESTA

Desde las 14, el C Art Media comenzó a poblar el playón que oficia de campo frente al escenario, rodeado de la habitual feria de merch, con niños saltando y correteando al son de Virus, Riff, Metallica, Nirvana o Los Visitantes, en una deliciosa postal de euforia propia de un patio escolar cuando suena el timbre del recreo.

A las 16, puntual y ante una sala aún semi vacía, salió a escena Corvex, el flamante proyecto en solitario de Marcelo “Corvata” Corvalán. Con la humildad de los grandes y el don de gente que lo caracteriza, el ex A.N.I.M.A.L. y Carajo lideró el despliegue de un setlist apegado a “Alto Viaje”, su álbum debut. Una de las propuestas que a priori juzgué de las más desentonadas del cartel, dado su pop/rock alterno (y bastante descafeinado) que para mi sorpresa, en vivo cobró cuerpo, brillo y un poder que su registro en estudio parece tristemente lejano de poder captar. Destacaron los contundentes “Hice Todo Mal” y “Pacto”, los emotivos “Angel” y “Los Boludos”, y el explosivo “Menos Es Más”. No hubiera estado mal un cover, dado el desconocimiento de la audiencia para con el repertorio; no obstante Corvex brindó una apertura cálida y efectiva para el festival, con un Corvata que no se fue sin antes hacerle dedicatorias a los niños que hacían headbanging desde la valla: “El futuro son ustedes! ¡Toquen! Nada de I.A! Toquen hasta que les sangren los dedos!!!” Y así dejó el escenario este ya veterano que, de algún modo, siempre se las arregla para que sus bandas huelan con espíritu adolescente.

Punkño en alto. Leandro de Da Skate (Facebook)

PISANDO LA TABLA EN BORCEGOS

Da Skate, quinteto mercedino cultor de un hardcore filoso y trepidante que estalla en melodías en cada estribillo, fue el segundo show del día. Con una base rítmica ajustada y poderosa a cargo de Eugenia Valle y Germán Pace (bajo y batería respectivamente). Marcos Di Federico y Nicolás Malinowski por su parte operan solventemente en la dupla de guitarras generando la pared sonora que le permite a Leandro Flores oficiar de frontman vieja escuela, moviéndose y arengando a una hinchada que los hizo jugar de locales mientras desfilaban los clásicos del grupo: “La Prueba De Charpy”, “Work in Process”, “¿De Qué Lado Estás?”, el genial “Dedicado a Mis Enemigos”, “Stalingrado”, “Diecisiete” y la épica “La Batalla De Las Termópilas”.

EN ACCIÓN. Mal Pasar haciendo lo suyo (Facebook)

EL QUE MAL PASA, BIEN ACABA

Ya con una concurrencia considerable y una neblina de tabaco y otras yerbas que desafía todas las restricciones a fumar en espacios públicos, subieron al escenario los Mal Pasar. Con Carlos Sassone (bajo y voz líder) enfundado en una remera con el rostro de Bakunin y el apoyo visual en la pantalla gigante tras de ellos que alterna imágenes de represión en movilizaciones con retratos de Simón Radowitzky, la propuesta del cuarteto se impone a fuerza de un repertorio ganchero (que se nutre de la mejor tradición del Rock Vasco de los ’80 por vía intravenosa) y la arenga continua contra la autoridad. Casi sin respiro se suceden las coreadas “La Última Batalla”, “El Zorzal”, “Dame, Dame, Dame”, “Utopías” y “La Libertad”, con una ejecución limpia y muy sentida en un show a lo largo del cual no faltó recordar a los parientes del Ministro de Economía, la ex Ministra de Seguridad, el Presidente en ejercicio, el Presidente de EEUU (ya que estaba) y los propios votantes del actual gobierno. La cosa sana…

ILUMINADOS Y ETERNOS. Loquero en acción (Fb Gusi Ramone)

VISITANDO EL MANICOMIO

Finalmente llegó el turno de Loquero, que se hizo del público en una explosión de adrenalina y velocidad en la que encadenó temas bajo el sonido rústico de sus primeras épocas como “Frío”, “Punkie”o “Rusita” (más nueva pero en esa línea). Y en la medida en que el show avanz, fue haciendo espacio para sus coqueteos con el pop más próximos en el tiempo, como “Atlántida”, “Diábolo”o “Tulipan”. Comandados por Chary (voz) y Yamandú (guit. líder) los marplatenses se mantuvieron bastante apocados escénicamente, como si depositasen todo el peso de su propuesta en las propias composiciones. Coreados y ovacionados, dejaron el escenario con una poderosa versión de “Nos Siguen Pegando Abajo” de Charly García.

OTRO FESTIVAL DE LA DIVERSIDAD

A apenas instantes de la presentación de la banda de cierre, la musicalización en la sala viró al punk, reponiendo clásicos noventeros. TTM, Attaque 77, Flema o Superuva comenzaron a ser coreados por un público que se distribuía formando espontáneamente círculos donde las miradas se encontraban en sonrisas cómplices. Con todo el rango de edades imaginado, remeras que iban de La 25 hasta Sepultura y la más rica variedad de géneros, corporalidades y (por qué no decirlo) proveniencias sociales, el Family Punk convocó a una genuina fiesta de la diversidad que prescinde de banderitas para tener que dejarlo claro. Los más jóvenes ensayan sus primeros pogos bajo la supervisión atenta de sus tutores, y los veteranos regresan a sus 15 años coreando esos verdaderos himnos de los perdedores a los que nos abrazamos en una Argentina (mutatis mutandis) angustiosamente similar a la actual, donde el punk, el hardcore, o el metal fueron refugios más cálidos y honestos que la pedantería triunfalista y gangsta que hoy le trafican a los pibes bajo el autopercibido «género urbano» al que nunca vimos hacer esquina.

A GRITO PELADO. 2 coros, 2 minutos (Facebook)

¡CERRÓ LA ALEGRÍA! (VIEJA)

2 Minutos baja la persiana del festival con una propuesta que lleva tres décadas intacta. Solo median la experiencia escénica y el oficio músical que se mantiene fiel a su estilo: composiciones minimalistas, potentes, pegadizas y resultonas, donde cada descarga es una fiesta que hierve en pogo frenético y vuelve a aplacarse para los internexos donde Mosca, Papa y el Indio Mirones dialogan entre ellos, bromean y marcan pausas que podrían percibirse como anti climáticas, pero que sin embargo rinden como respiros entre explosión y explosión.

Con un C Art Media, a pleno de su capacidad y un público eufórico y festivo, los alsinenses y su amplio catálogo de clásicos pusieron el broche de hora a una jornada mágica, en un formato que esperamos se repita próximamente, y en donde el intercambio intergeneracional pueda reflejarse también integrando bandas al cartel que cuenten con menos de dos décadas de trayectoria, compartiendo ese mismo escenario. Al fin y al cabo, como diría Chesterton, una tradición no se trata solo de “la adoración de las cenizas, sino de la preservación del fuego.”

Gabriel Medina, integrante de G.I.I.H.M.A. (Grupo de Intervención Interdisciplinaria sobre Heavy Metal Argentino) en exclusiva para MADHOUSE

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