Ay, los 80s… Hermosa época para vivir en la Tierra de la Libertad, gobernada por el ex actor Ronald Reagan y secundado por una cohorte de abyectos que se creían el mambo de ser los defensores de la libertad y los guardianes de la juventud sana de USA. Y un hermoso momento para ver cómo los Dead Kennedys se cagaban en todo eso y a cada paso anteponían su libertad de expresión, siendo contestatarios y contraculturales a mansalva. De eso se trata el punk rock, ¿verdad? Pues entonces acompáñenme a entender qué relación hay entre Jello Biafra, Tipper Gore, H.R. Giger, Frank Zappa y Cindy Lauper. ¡Pasen y lean!

Cuando el tercer álbum de los californianos Dead Kennedys salió a la calle hace 40 años, los problemas no tardaron en mostrar sus rostros. Por un lado, la tapa del LP los llevó a tener que lidiar legalmente con lo que hoy en día se denomina Shriners International y en ese entonces se llamaban Antigua Orden Árabe de los Nobles del Santuario Místico. ¿El motivo? Los siempre irónicos DK no tuvieron mejor idea que poner de portada del disco una imagen de cuatro integrantes de tan sagrada organización, montados en sendos autos de juguete. ¿La consecuencia? Los “damnificados” iniciaron una demanda tanto contra el grupo como contra Alternative Tentacles, el sello discográfico que los cobijaba, por haber usado esa imagen sin su consentimiento.

Contratapa del 3er disco de los Kennedys. Linda gente, ¿no?

CON DERECHOS ESPOSADOS

Y si eso ya era molesto, lo que vino después sería prácticamente la causa de la separación de los DK. ¿Cómo? Ya te lo explico: ¿conoces a las Washington Wives? No, no son una banda de chicas rabiosas como las L7 o las Bikini Kill. O sí, pero en otro sentido. Las Washington Wives eran las esposas de los políticos más rancios del DC, que formaron el famoso PMRC (Parents Music Resource Center), que era como una especie de reserva moral de la sociedad pacata yanqui. Y da la casualidad de que este bonito grupo de simpáticas señoras había iniciado sus actividades… en 1985.

¿Sabes quién era una de las principales Washington Wive? Ni más ni menos que la rectísima Tipper Gore (esposa de Al Gore, años antes de que este llegue a vice), a quien seguramente recordaras por la letra de aquél “Censorshit” de Ramones que abría a todo vapor el “Mondo Bizarro”. Pero claro que no estaban solas: tenían el apoyo de todo el arco político y económico. Y, como no podía ser de otro modo, también se sumó el sector religioso: quizás te suena WASP (no es la banda de Blackie Lawless sino los White Anglo Saxon Protestant, aquellos estadounidenses de ascendencia europea que históricamente han tenido poder y privilegio en Estados Unidos) y también Moral Majority (una orga presidida por Jerry Falwell que nucleaba a los predicadores de la tele, y que pretendía erigirse como ariete de la derecha de USA). Respecto a esta última, los Kennedys ya se la habían cargado en las épocas del EP “In God We Trust, Inc.”, con un tema llamado justamente “Moral Majority” que era una satírica crítica acerca de la hipocresía de sus postulados. Ah, la canción nombraba irónicamente parte de la letra de “The Mickey Mouse Club March” de Jimmie Dodd and The Mouseketeers, porque para reírse de todos ahí estaba siempre Jello Biafra.

Versión francesa del EP «In God We Trust. Inc«. ¡Qué elegancia la de Francia!

UN CONTENIDO DEMASIADO EXPLÍCITO.

Cuando el PMRC entró en funciones, hizo una lista de canciones que atentaban contra la moral de la juventud norteamericana. Allí, acusados de promover el lenguaje sexual, la violencia y la masturbación (¿), encontramos como en un cambalache a artistas tales como Madonna, Mötley Crüe, Cindy Lauper, AC/DC, Sheena Easton y Venom, entre otros predicadores de Sodoma y Gomorra. Para la segunda mitad de ese 1985, el lobby de tan agraciadas señoras hizo que la industria discográfica cediera a sus presiones y aceptaran colocar en los discos los famosos stickers de Parental Advisory que alertaban a la comunidad acerca del contenido de las canciones. ¿Y en qué derivó semejante demostración de conservadurismo político social? En una sesión especial desarrollada en el Comité de Comercio Ciencia y Trasporte (si, dentro del Senado) en la que Al Gore y Paula Hawkins (senadores ellos) se trenzaron en debate con Dee Snider de Twisted Sister y el señor Frank Zappa, argumentando ambas partes sobre los controles que se pretendían imponer en el mundo de la música.

¿Y qué tiene que ver todo este disparate mediático de la mayoría moral neoliberal y ultraconservadora con los Dead Kennedys? Bueno, si de un lado tenías a estos payasos pretendiendo ser los paladines de la moral y buenas costumbres, del otro tenías a los de Biafra incluyendo en su nuevo disco un poster de regalo con una imagen de varios coitos entre órganos sexuales masculinos y femeninos. Paso a explicar y dar contexto: los DK ya habían pasado del punk seminal de su primer opus (“Fresh Fruit for Rotten Vegetables”) al hardcore de su segundo álbum, “Plastic Surgery Disasters”. En este tercer lanzamiento, bajan un poco la velocidad y se ponen más intensos que rápidos. Canciones como “A Growing Boy Needs His Lunch”, “At My Job” o “Chicken Farm” mostraban a unos Kennedys más experimentales, si se permite el término, utilizando incluso sintetizadores para sumar más climas en determinados temas. Pero claro, la parte hardcore se vería de parabienes con temas como Hellnation”, “Stars and Stripes of Corruption” o “MTV Get Off the Air”.

Hasta aquí, lo normal en una banda de hardcore punk de los 80s, pensaras vos. Pero los Kennedys tenían vocación de agitadores, y a eso fueron. Como regalo junto a la primera tirada del LP, la banda incluyó un poster basado en la obra “Penis Landscape” del perturbador artista suizo Hans Ruedi Giger (H.R. para los amigos, que trabajó con artistas como Emerson Lake and Palmer, Debbie Harry, Danzig y Carcass). Y la cosa se puso muy áspera cuando una mujer inició una demanda ya que su hija de 14 años compró una copia del disco para regalarle a su hermano menor. Grande habrá sido la sorpresa de la doña cuando vio el regalo, ¿no? Gracias a eso, la policía tuvo la excusa perfecta para irrumpir en el departamento de Biafra y en las oficinas de Alternative Tentacles para secuestrar todas y cada una de las copias del álbum. El cantante y el gerente del sello (Michael Bonano) fueron arrestados y acusados de violar el artículo 313.1 del Código Penal yanqui, y como esto podía aplicarse a todos quienes hubieran sido partícipes tanto en impresión como distribución del LP, hubo locales de venta de discos que lo retiraron de la venta o se negaron a distribuirlo.

El póster de la polémica: H.R. Giger versión Dead Kennedys

UN ALEGATO DE CONSECUENCIAS

¿Cómo siguió este disparate? En enero de 1986, se determinó que ambos acusados recibieran un año de cárcel y 2 mil dólares de multa. Pero eso encolerizó más al bueno de Jello, que acusó al PMRC de buscar una cabeza a quien culpar, y más tarde fue parte de un recordado debate con Tipper Gore en el programa de Oprah Winfrey. Luego de eso, el camino de DK se hizo muy cuesta arriba. Editaron 2 discos más (“Bedtime for Democracy”, donde vuelven al sonido veloz de antaño, y el compilado de rarezas “Give Me Convenience or Give Me Death”), pero ambos apuntaban más a recaudar fondos para solventar los gastos de la apelación del veredicto que a ser una consecuencia de trabajos grupales como antes. En agosto de ese año, el juez declaró la nulidad del juicio y retiró los cargos contra ambos acusados.

Pero toda esta historia, sumada a los conflictos internos entre Biafra y los demás integrantes de DK, puso punto final a una de las bandas más polémicas y contestatarias del mundo del rock. Claro, era imposible que Jello no luchara por lo que siempre había defendido: la libertad de expresión, y la oposición a todo sistema que pretendiera supervisar y controlar la pluralidad de voces dentro del mundo del arte y la cultura. Y después hay quienes dicen que no hay que mezclar música y política…  

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here