THE ADICTS, THE ROXY LIVE, 20/03/2026

Y así, como quien no quiere la cosa, los héroes del ’77 se empiezan a despedir. Entre ellos, la banda del siempre hiperactivo Monkey. Y como estas despedidas suelen ser eventos históricos, ahí estuvimos presentes para documentar el acto final de los Adicts en nuestro país. Cosa que dejó bastante tela para cortar, y varios souvenires regados por todo el antro de Niceto Vega. Como siempre, ¡pasen y lean!

Todo mago que se precie de tal, se guarda lo mejor para el final. Esa parece haber sido la lógica de estos nativos de Ipswich enamorados de la épica trágica de Alex Delarge y sus droogos. Porque luego de unos días de tomar un poco de distancia, este último show se posiciona quizás como el mejor que los Adicts hayan dado en el país.

Y tal vez sea lo normal, porque cuando una banda sabe que la llama empieza a apagarse, suelen dar más de lo cotidiano. Lo que acostumbra llamarse “canto de cisne”, claro está. Y así como el cisne emite su mejor melodía antes de morir, los malchicos de Adicts decidieron que era momento de que todo fuera joroschó.

Pero claro, hay que empezar por el inicio. Que estaba en manos de los chicos de Dosmildos (o 2002) quienes, a pesar de su corta edad, tienen energía para contagiar a todos los que de a poco iban llegando al Roxy. Este cuarteto que ni siquiera ha cumplido su primer año, es de los más enérgicos de las nuevas camadas. Canciones como “Mañana Es Mi Cumpleaños”, “No Me Dejen Solo” o “Kamikaze” así lo demuestran, y bajaron del escenario cobijados por el aplauso que demostró el beneplácito de los asistentes.

Luego de estos chicos, fue el turno de los héroes del conurbano sur, la gente de Secuaces y su propuesta tan particular que deleita a la tropa que los sigue a todos lados (sobre todo al enmascarado que se pasó todo el show bailando sin parar). Lo suyo, en contraste con la banda apertura, es la diversión total y en eso son infalibles. Roy, su cantante, parece el animador de una fiesta de la cual él es parte fundamental. Ver al baterista tocando todo el set con una sonrisa de oreja a oreja da la pauta de cuál es el mood del grupo.

Luego de la épica apertura con la (valga la paradoja) obertura de Guillermo Tell, los Adicts salieron tranquilos y prude…. Nah, eso ni en sueños: salieron a matar con un doblete criminal de lesa humanidad: “Let’s Go” y “Joker in the Pack”, con Monkey dejando espacio para que la gente grite precisamente el título de la canción.

Didácticamente, siguieron con “Horrorshow”. Pero antes, hubo que pedir auxilio para los que quedaron en medio del virulento pogo que arrasó con todo apenas iniciado el concierto. Porque la gente parecía que estaba en Londres circa 1982, o se tomaron muy en serio lo de la despedida y querían estar a la altura. Y como somos tierra de tango, la elegida para continuar fue justamente… “Tango” (¿)

Esa efusividad de la gente tiene que ver de modo directo con la esencia de la banda, que arropados por la liturgia de «La Naranja Mecánica» (bueno, «Clockwork Orange» no significa precisamente eso, pero dejémosle pasar una a los traductores que peor laburo han hecho con cosas como “Linda Chica Vacante” o “La Cadena Vio”) dan un show totalmente enfundados en las ropas de los droogos. Y que tienen como punta de lanza a un tipo como Monkey (Keith Warren, según su documento) que desde el minuto inicial no deja de regalar todo lo que tiene entre sus mágicas manos: cartas, confeti, corazones, un paraguas con papel picado, pelotas, serpentinas etc. Sumale a eso que también tienen gente encargada de tirar más papel picado y serpentinas al público, que agarra cada una de esas cosas como recuerdos de una fiesta sin final.

Bueno, final tiene todo, ¿no? Y en este caso, luego del clasicazo del king Elvis Cres… perdón, Presley “Can’t Help Falling in Love” nos metieron en una coctelera que incluyó trallazos como “Chinese Takeaway” (mi favorita, si se me permite la auto referencialidad), “Bad Boy” (TODOS con los brazos en alto), “Viva la Revolution” (¿alguien dijo manija de Die Toten Hosen?), y el cierre con la futbolera y épica, icónica, emblemática y coso “You’ll Never Walk Alone” (¿alguien dijo Die Tot… Ah no, pará).

Y el plus, ese pedacito más que todos queremos, fue de la mano del querido Ludwig van Beethoven. Porque a pesar de la tristeza de la despedida, siempre hay lugar para esa hermosa “Ode to the Joy”. Claro, después de tantas décadas de pasión y música, es uno el que elige si quedarse con el sinsabor del final o con todo lo nos dieron en 50 increíbles años. El aplauso más bolche y chudesño es para The Adicts. ¡Salud!

Txt: Rodrigo Cardozo

Ph: Martín Delgado

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