NICOLÁS IGARZÁBAL – «Días De Pescado: Spinetta, la Psicodelia y el Rock Pesado» (Gourmet Musical Ediciones 2026),

Duró poco, pero hizo mucho ruido y dejó un tajo imposible de borrar en el rock argentino. Pescado Rabioso no fue sólo el siguiente paso de Luis Alberto Spinetta después de la piedra fundacional que significó Almendra, sino que además fue una declaración de principios a puro volumen, riesgo e inspiración. En su nuevo libro, Nicolás Igarzábal reconstruye la historia de una banda que desafió las reglas, derribó varios mitos y terminó escribiendo algunas de las páginas más trascendentes de nuestra música. En MADHOUSE hablamos con el autor sobre la investigación, el legado de Pescado Rabioso y las razones por las que su música sigue sonando tan rabiosa como el primer día.

CLÁSICO DE CLÁSICOS. El autor con el icónico vinilo de «Artaud»

Pescado Rabioso duró apenas un par de años, pero dejó una marca indeleble en el rock argentino. ¿Qué te llevó a elegir esta historia como eje de un libro, y qué sentías que todavía faltaba contar?

¡Ni siquiera llegó al par de años! Desde el debut oficial en el Cine Metro, hasta el último show, fue un año nomás. Sentí que había una historia corta y potente, y me metí de lleno, con la premisa de encontrar cosas que no se sepan hasta ahora, más de 50 años después. La historia de Pescado es tan poderosa que siempre hay material por descubrir, de hecho, mientras hacía la investigación, alguien subió a YouTube una grabación en vivo de 1972, con un tema inédito, por fuera de los que ya circulaban entre el repertorio no oficial. Esas cosas me motivaban un montón.

¿Cómo fue el proceso de investigación para reconstruir esa historia? ¿Hubo algún testimonio o descubrimiento que haya cambiado la manera en que entendías a la banda?

Empecé con todo el archivo de diarios y revistas de 1972 y 1973, revisando en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional y la del Congreso, buscando avisos de shows de Pescado en la cartelera de espectáculos de Clarín, La Nación, La Prensa, La Opinión y La Razón. Y siempre aparecía algún datito nuevo, algún concierto del que se había perdido registro, por fuera de los conciertos más comentados. Después me puse en contacto con fans de Buenos Aires – el lugar donde más tocó la banda-, de algunas ciudades como Rosario y Mar del Plata, y también de Uruguay, porque hicieron una pequeña gira en sus inicios. Hasta hablé con fans famosos, como Daniel Melero, Lito Vitale y Claudia Puyó, que los vieron en vivo. Y, por último, hablé con los músicos, principalmente Black Amaya y Carlos Cutaia. Con ellos pude chequear información y sumar recuerdos en base al material que recolecté. También hablé con colaboradores y gente cercana, como el ilustrador de la tapa de «Desatormentándonos» y la novia de Spinetta de ese momento. Así fui armando el rompecabezas. Los hallazgos más interesantes fueron unas cartas del Flaco que se mandaba con un productor de Casa Pueblo, una gacetilla de prensa con el precio para contratarlos y la duración del show, y recortes de su paso por Rosario y Mar del Plata, con gente que los fue a ver. De hecho, terminé yendo al Cine Teatro Real de Rosario, donde tocaron en 1973, y ahora hay un estacionamiento, pero se conservan los pullmans de arriba y la parte donde estaba el escenario.

CRUDEZA POÉTICA. Bocón, Black y Spinetta, la formación de «Desatormentándonos»

Spinetta venía de definir en parte la idea de rock argentino con Almendra, pero con Pescado eligió ir hacia un lugar más visceral. ¿Cómo reconstruís en el libro esa transformación musical?

La clave está en el viaje a Europa que hizo Spinetta en 1971, después de pasar por Brasil y Estados Unidos. Ahí abandona la adolescencia para siempre y empieza su vida adulta real, después de ver en vivo a grandes monstruos, como Santana, de vivir sin un mango en París, de pedir plata en la calle, tocar a la gorra, hacer lo que sea por sobrevivir, ser rebotado en migraciones cuando fue a Inglaterra. Volvió con otro chip y otra energía. Ya no estaban los Beatles, ahora reinaban Hendrix, Led Zeppelin y Deep Purple, y para ahí apuntó los cañones, así como más adelante se movió al jazz rock con Jade y al progresivo en Invisible.

Si bien la figura de Spinetta es gigantesca, es importante el aporte del resto de los músicos que pasaron por Pescado ¿Cómo trabajaste en el libro el aporte de esos músicos al legado de la banda?

Una de mis premisas era tratar a Pescado desde una visión grupal y no solo como una etapa determinada en la vida de Spinetta. Si bien es el creador del grupo y el alma, se rodeó de unos músicos alucinantes y todos aportaron desde lo suyo, incluso siendo dos formaciones distintas entre el primer disco y el segundo. Entonces todos tienen su capítulo y su voz en el libro, quería que se destaquen e ir a fondo con ellos. Cutaia, por ejemplo, repasa cómo creó el riff de “Post Crucifixión”, y Black cuenta que el tema “La Serpiente (Viaja Por La Sal)” arranca lento porque venía de una noche caótica sin dormir y le costó entrar en la grabación.

POSEÍDOS DEL ALBA. La formación del segundo disco con Cutaia y Lebón



Otro momento controversial es «Artaud», un disco que si bien salió con el nombre de Pescado, es un solista de Spinetta. ¿Cómo manejaste esa etapa dentro del libro?

Al principio no pensaba meterme ahí, quería que el libro terminara con el último show de Pescado, pero después se me hizo inseparable todo el asunto porque hay temas de «Artaud» que Spinetta venía tocando con Pescado, para el futuro tercer disco, tal como corrobora Black. Y, además, hay una entrevista donde el Flaco cae en la cuenta que, si después de todo pasaron tantos músicos distintos y él seguía, era porque Pescado le pertenecía. Era un concepto suyo bajo ese nombre, que fue adaptando a cada formación de gente con la que se rodeó para llevar a cabo su idea. Entonces, Pescado termina ahí, «Artaud» es el testamento de Pescado, el cierre definitivo de una etapa.

Cuando uno escribe sobre una banda tan idealizada, ¿cómo se encuentra el equilibrio entre respetar la leyenda y contar también las tensiones y las contradicciones?

Trato de bajarla a tierra. Las cosas más idealizadas surgen de datos imprecisos, mitos y anécdotas que circulan durante años sin contextos. Suelen ser divertidas y efectivas, pero yo busco que sea una biografía lo más real y humana posible, entendiendo la época a nivel mundial, el país y la personalidad de cada músico en ese momento. Para sanatear historias sin chequear ya están las redes sociales, el desafío es armar un relato con data seria y creíble, donde pueda haber contradicciones, desencuentros, aciertos y errores. Pescado tiene un poco de todo eso, Spinetta lo tenía, era humano después de todo, y desde ese perfil encaro mis investigaciones.

Más allá de los fanáticos de Spinetta, ¿a quién te gustaría que llegue este libro? ¿Qué puede encontrar alguien que nunca se acercó a Pescado Rabioso?

Primero apunté  a los fans más ortodoxos, a sorprender a esos que piensan “¿Y este que va a contar de nuevo?”. Bueno: hay novedades, muchas perlitas que van a disfrutar. Y por fuera de los spinettólogos, me encantaría que llegue a gente que nunca escuchó Pescado y le sirva como puerta de entrada. Incluso si no lo leyeran, pero le llama la atención la tapa, lo hojean un poco, flashean con las fotos y se ponen a buscar Pescado en Spotify, yo ya estoy hecho. Por eso pienso mis laburos como algo más que un libro, que sirven también como objeto, con buen laburo de diseño e ilustración. La portada que dibujó Juan Fuji es clave para cerrar el concepto y darle potencia al libro: tenía que estar el Spinetta en cueros, súper salvaje, pisando el pedal del wah-wah.

Después de terminar la investigación, ¿qué pensás que sigue teniendo de diferente y de rabioso Pescado en una época musical completamente distinta?

Tiene algo en el sonido que hoy ya no se consigue: credibilidad. No tienen grandes artilugios las grabaciones de Pescado, es una banda tocando (volando) en vivo, recontra ensamblada, con voces, guitarras, bajos, baterías y órganos. La poesía de Spinetta no fue superada aún. Y el arte de sus tapas, sobre todo el pescado-anguila del segundo disco, sigue teniendo una potencial visual muy fuerte en una época donde la imagen manda más que el sonido. Y ni hablar «Artaud» con su forma deforme. Son creaciones únicas, no las podés comparar con nada, por eso siguen sorprendiendo a nuevas generaciones y estoy seguro de que seguirá pasando, esto va por fuera de cualquier formato, moda o época. No hay IA, ni conciertos de hologramas, que pueda pelearle a Pescado Rabioso. Se va a seguir hablando de Spinetta dentro de 100 años más, como pasa con Gardel.

TARDES CLARAS DE OLIMPOS. Una postal de época de la formación clásica

UN LIBRO DEFINITIVO Y NECESARIO

Si hablamos del universo Spinetta, su etapa en Pescado Rabioso se postula, no sólo como la más cruda a nivel sonoro, sino también a nivel vivencial. Psicodelia, drogas, amores y sobre todo una búsqueda espiritual que trascendia lo musical, se entrecruza con la llegada de un nuevo capítulo evolutivo en el rock and roll: adiós invasión británica, bienvenidos el blues rock y los héroes de la guitarra pesada.

Ese es el camino que Nicolás Igarzábal (autor, además del indispensable «Cemento, El Semillero Del Rock» de biografías de Catupecu Machu, Los Brujos y La Máquina De Hacer Pájaros) decide andar en este libro que combina una exhaustiva investigación con una narrativa ágil y testimonios de los protagonistas

El resultado es un libro que no solo rescata una banda injustamente poco reconocida, sino que también invita a volver a escuchar una discografía que más de medio siglo después, sigue atravesando generaciones.

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