PACIENTE: DEEP PURPLE – «¡Splat!» (Ear Music /2M Producciones 2026)

HISTORIA CLÍNICA: Esta sección consiste fundamentalmente en emitir juicios y opiniones siempre subjetivas sobre lanzamientos discográficos, pero esta vez sugiero en el comienzo de la review apartarnos un tanto de esa premisa. En cambio les propongo arrancar haciendo números, porque cuando aparecen las matemáticas las subjetividades personales se esfuman. Empecemos por las edades de los tres miembros “históricos” que perduran dentro de las filas de Deep Purple. Ian Gillan tiene actualmente 80 años. Roger Glover también y el “querubín” de Ian Paice anda por los 78. El grupo del cual forman parte ya tiene 58 de vida (con un hiato entre 1976 y 1984, en los cuales la banda estuvo disuelta), y con este flamante “Splat!” (editado en Argentina por 2M Producciones) que hoy nos ocupa, ya van 24 discos de estudio editados. Son cifras impresionantes, pero lo son aún más cuando pensamos no sólo en hasta dónde llegaron. También resulta fundamental poner el acento en cómo lo hicieron.

Si bien el quinteto inglés tuvo altos y bajos en su carrera, en su última etapa que va desde “Now What?” (2013) hasta este nuevo trabajo, la banda editó 6 discos en 13 años manteniendo un gran nivel. Estamos hablando de algo que, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, pocos pueden lograr: un estándar de calidad muy alto de parte de una banda muy longeva luego de décadas de transitar la escena de la música popular. Sin embargo debemos ser justos y decir que no todo el merito proviene desde desde dentro del seno del grupo. Por ser uno de los principales responsables de este saludable presente no podemos dejar de mencionar a ese “sexto integrante” que viene acompañando a Purple en todo el trayecto señalado y para mencionarlo me voy a poner de pié y seguir escribiendo está reseña parado. Estamos hablando del inefable Bob Ezrin, a quién el mote de productor artístico le queda chico. El canadiense es un auténtico Rey Midas de la producción, levantando el nivel de todo disco que cae bajo su tutela. Lo cierto es que Ezrin ya tuvo alianzas altamente fructíferas con artistas como Alice Cooper, Pink Floyd, Kiss, Lou Reed o Peter Gabriel, pero esta es de las más duraderas de su larga trayectoria. “Nuestra sociedad creativa con Bob fue la mejor decisión que podríamos haber tomado”, declaró Gillan recientemente en una entrevista. “Fue fundamental en tres aspectos. Creo que nunca sonamos tan bien como con él. Todo se escucha claro y balanceado. En segundo lugar es un extraordinario arreglador y por último, es implacable con el material que le presentás. Sí algo no le gusta, lo saca y se terminó, no le tiembla la mano”.

Cito a Gillan porque describe a la perfección la bocanada de aire fresco que se percibe en esta reciente etapa del grupo. Veamos algunos ejemplos.“Arrogant Boy” arranca bien arriba con un riff bien rutero para luego darle paso a un duelo guitarra versus teclado que forman parte del ADN de Purple. Como primer tema, el track deja claro que “Splat!” no trae novedades sino confirmaciones. Al igual que ocurriese con sus últimos discos, la banda conserva en ciertos pasajes su costado progresivo, aunque parece haberlos reducido a la mínima expresión, para darle paso a composiciones más cortas cuya máxima duración no pasa de los 4 minutos y monedas.

Si en el Deep Purple histórico el virtuosismo brotaba por todos lados, ahora el desempeño de sus integrantes destila elegancia. Si el pasado estaba atravesado por los aires a zapada y la experimentación, ahora el grupo se apoya en su destreza compositiva, sostenida por intervenciones que aportan lo justo y necesario para que los temas brillen, dejando afuera todo exceso interpretativo. Sus discos ya no incluyen largos tours de force instrumentales, eligiendo en cambio armar excelentes canciones. Probablemente estemos ante la etapa en la cual la música del quinteto es más accesible que nunca sin perder por ello calidad, como si ocurriese con el fallido “Masters and Slaves” (1990). Y lo más notable es que este cambio no le ha hecho perder su identidad a la banda.

Su sonido sigue siendo reconocible a primera escucha. Deep Purple siempre se caracterizó por tener grandes formaciones y grandes intérpretes. Este es el segundo álbum con Simon McBride a cargo de las seis cuerdas y queda claro que cuajó muy bien en  la propuesta actual de la banda. Lejos del clasicismo de Blackmore o de los tintes jazzeros de su antecesor Steve Morse, McBride es un guitarrista de neta fibra rockera tal como lo demuestran los aguerridos riffs de temas como “Guilt Trippin”, “Scriblin Gib´Rish” o “Diablo”(tema que cuenta con la improbable colaboración del pope del country, Kate Urban). Incluso McBride también se anima a ponerle toques bluseros al disco en la excelente “The Beating Of Wings”. Por su parte, con sus teclas Don Airey brilla a lo largo de toda la placa apareciendo en el momento justo en el que la canción lo requiere para aportar buen gusto y clase. El tipo mantiene la llama que le legó Jon Lord, pero sin caer en la copia, demostrando una vez más que mejor reemplazante del difunto maestro que él, no hay. A su vez, Glover es la misma pared sónica de siempre que sostiene ese edificio llamado Deep Purple. Sin brillar, ni pretender sobresalir, pero siempre aportando solidez y pulso. Mientras, su compañero de base rítmica Ian Paice vuelve a demostrar que es uno de los mejores bateros de la historia del rock y que los años no han mermado un ápice su capacidad para sostener el tempo de la banda. Por último debemos hablar de Gillan: el vocalista era en sus años dorados dueño de una garganta poderosísima (en mi opinión, el primer cantante verdaderamente heavy que existió), pero luego sus excesos interpretativos dañaron considerablemente su rango vocal. Sin embargo, ya en las postrimerías de su carrera, el hombre supo encontrar el tono justo para sus intervenciones que le permitan no sufrir y recuperar la capacidad de lucirse en lo suyo

DIAGNÓSTICO:Splat!” es una confirmación del gran momento que Deep Purple viene atravesando en su etapa crepuscular, algo que los fans argentinos podrán apreciar en el show que la agrupación dará el próximo 10 de diciembre en el Movistar Arena. Repitiendo y mejorando fórmulas que vienen de lanzamientos anteriores, el álbum trae como novedad el ser un disco pseudo conceptual. Las canciones no cuentan una historia pero sí tienen una unidad temática, siendo esta el apocalipsis, pero no visto como catastrófica destrucción sino como la metamorfosis de lo humano y su mundo. En el plano musical, este trabajo se luce con ideas claras y una propuesta que parece definitivamente consolidada. Pensando en el futuro la gran pregunta que nos hacemos todos es hasta dónde llegará esta gloriosa saga de una banda realmente extraordinaria. Mientras tanto, a la espera dé que el tiempo de su veredicto, este púrpura profundo es un color que suena y brilla con maestría e intensidad.

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