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Cuarenta pirulos pasaron ya del lanzamiento un 7 de abril de 1986 del álbum más polémico en la carrera de Los Sacerdotes de Judas. Con un volantazo fuerte en materia sonora y visual, la banda que era la quintaesencia del metal pesado ablandaba la milanesa para seguir la tendencia de la época, en la que predominaba el hair metal y el soft rock. Sí bien el disco fue muy exitoso comercialmente, puso distancia entre la banda y sus seguidores más acérrimos, la cual sería saldada unos años más tarde con «Painkiller». En nuestro presente, «Turbo» continúa dividiendo aguas. Mientras algunos lo siguen odiando otros en cambio lo han revalorizado. En definitiva, el disco no dejó indiferente a nadie escribiendo uno de los capítulos más jugosos en la historia del quinteto inglés y acá estamos para contarte los detalles.

Dibujo de Jorge Krisak

#1 LAS HERRAMIENTAS PARA EL CAMBIO: como bien decíamos, el disco cuyo aniversario estamos celebrando marcó un fuerte cambio en la sonoridad del quinteto de Birmingham. De eso se ha hablado hasta el hartazgo. Mucho se dijo sobre los resultados pero muy poco sobre los medios para alcanzarlo. Es habitual leer que el quinteto utilizó sintetizadores para la grabación del álbum que nos ocupa, cuando en realidad no se recurrió precisamente a estos. Concretamente, el pilar sobre el que se armaría la nueva arquitectura musical del grupo sería utilizar guitarras Roland G-707 para encarar el sonido de las seis cuerdas, en lugar de recurrir a efectos de pedal comunes y corrientes. Dicha guitarra va conectada a un GR-707, su procesador específico el cual sirve para modificar el sonido de las seis cuerdas “En realidad nosotros siempre fuimos de experimentar”- declaró al respecto Glenn Tipton. “Pero tal vez es cierto que cuando pusimos guitarras sintetizadas en el disco tal vez no lo hicimos en el momento justo, definitivamente muchos de nuestros fans más recalcitrantes no entendieron el cambio (ndr: sin embargo la banda logró en este disco captar otras audiencias, lo que se vió reflejado en las buenas ventas del álbum), y buena parte de la crítica tampoco. Diferente fue lo que ocurrió con nuestros colegas. Después de nosotros algunos también empezaron a usarlas”- agregó el guitarrista.

Acá están, estos son los juguetes no tan rabiosos Roland G-707 responsables del sonido de «Turbo»

#2 ¡DAME DOS, HALFORD!: originalmente la idea de la banda era editar un álbum doble que llevaría por nombre “Twin Turbos” el cual iba a contener diecinueve temas. El sello CBS le bajó el pulgar de inmediato al proyecto cuando se enteró del mismo. ¿El motivo? Pues no fue otro que el alto costo que hubiese implicado lanzar un doble álbum, más teniendo en cuenta que si bien Judas Priest venía de sacar los exitosos “Screaming For Vengeance” y “Defenders Of The Faith”, no vendían tantos discos como los artistas que lideraban los rankings de la época. Así fue que del lote terminaron quedando nueve canciones que son las que integran la placa. No obstante, parte de los outtakes de “Turbo” no fueron tirados a la basura. En“Ram It Down (1988), su sucesor, aparecen además del tema que da nombre al disco, “Hard As Iron”, “Love You To Death” y “Monsters Of Rock”. Pero la cosa no quedó ahí. Cuando los sacerdotes decidieron relanzar su catálogo remasterizado en el inicio del S XXI, varias pistas descartadas aparecerían publicadas como bonus tracks, como es el caso de “Red, White & Blue” (“British Steel”), “Prisoner Of Your Eyes” (“Screaming For Vengeance”), “Turn On Your Light” (“Defenders Of The Faith”), “All Fire Up” (reedición de “Turbo”) y finalmente “Heart Of Lion” (en el compilado “Metalogy”)

Halford pegando el grito en el cielo cuando los de CBS le dijeron que se meta el disco doble en el upite

#3 UN AYUDÍN QUE DEJA MANCHAS: Que Ian Hill es la pata más floja musicalmente hablando de Judas Priest no es un secreto para nadie. Habiéndose revelado hace un tiempo ya, que el cuñado de Halford no tocó una nota en “Painkiller” (sus partes son pistas de teclado ejecutadas nada menos que por el actual tecladista de Deep Purple, Don Airey), parece ser que no fue la primera vez que al barbudo bajista lo reemplazaron por un músico fantasma. “Supongo que hay gente que ya está al tanto de lo que voy a contar. Le dí una mano (en todo caso las dos, amigo) a los Priest a mediados de los ’80. A veces la gente tiene que ir a rehabilitación o algo así, y el show debe continuar”. El autor de estas declaraciones es el botonazo de Nathan East, bajista con un importante currículum que incluye a gente como Eric Clapton, Daft Punk o Stevie Wonder. Aunque él no lo diga, hoy sabemos que a la participación que se refiere el hombre es en “Turbo”. El moreno habría tocado íntegramente en el disco. Si los motivos que esgrime East para que Hill pegue el faltazo son sinceros o no, no lo sabremos. ¿Será que este señor considera que hay menos deshonra en pasarse de frula, antes que no poder tocar bien las cuatro cuerdas?

«Que bajo cayó el Ian Hill este», parece decir Earn East mientras se mata de risa con su propio chiste

#4 HAY UN TAL IGLESIAS QUE PREGUNTA POR USTEDES Y NO ES HERMINIO: en los ’80, antes de que empezará a editarse la revista Riff Raff, -el antecedente directo a Madhouse con nuestro santo patrono Frank Blumetti integrando su staff-, el medio al que debías recurrir si eras metalero era un engendro impreso en blanco y negro en papel pulp llamado Metal. Estos levanta notas de revistas de afuera, eran en realidad un apéndice de otra bazofia como fue la Pelo. Lo cierto es que  eran  poco creíbles, llegando a decir barbaridades como que en la banda de Dio la guitarra la ejecutaba una tal Vivian Campbell. ¡Sí, Vivian para ellos era una señorita!. Lo cierto es que hubo un día en el que este medio anunció en una de sus tapas que los defensores de la fe habían grabado nada menos que con el hortera (para decirlo en términos ibéricos), de Julio Iglesias. Cuando todos pensábamos que se trataba de otra jugada de la Metal, con el tiempo descubrimos que si bien y gracias a Lucifer dicho registro no se llevó a cabo, algo de eso hubo. Dejemos que lo cuente el vagoneta de Ian Hill. “ «La verdadera historia sobre esto es que nosotros estábamos grabando en las Bahamas y Julio Iglesias lo hacía en un estudio adyacente. Recuerdo que hicimos una canción que al final no fue incluida en «Turbo«, la canción era «Prisoner Of Your Eyes». Por lo que puedo recordar, Rob estaba cantando el tema en el estudio. Al parecer este cantante español lo escuchó y dijo a uno de nuestros técnicos que quería cantar esa canción con la banda. Pero en realidad, nunca pudo ser»- recuerda el bajista. El dato curioso es que el ex arquero del Real Madrid definió a la canción de Judas como “un bolero eléctrico”. ¡Pappo, teléfono!

«Pero que bolero más bonito es ese que tu cantas», dice Julio mientras Halford está a punto de embocarle una piña

#5 UN ERROR DE PELÍCULA: un día sonó el teléfono en las oficinas del manager del quinteto inglés. Se trataba de un productor cinematográfico que estaba trabajando en un  megaproyecto de la Paramount Pictures, cuyo protagonista iba a ser el entonces en ascenso Tom Cruise, mientras que la dirección del mismo estaría a cargo del afamado Tony Scott. El asunto es que el estudio estaba buscando artistas para integrar la banda sonora del film y estaban muy interesados en contar con uno de los temas en los que estaba trabajando Judas Priest para su nuevo álbum. Cómo el mismo había llegado a manos de la Paramount, siendo un tema aún inédito, es un misterio. La canción en ciernes era “Reckless”, la cual los ejecutivos del estudio creían que era perfecta para musicalizar la secuencia de créditos del film. Pero -siempre hay uno- ponían una condición: los derechos del tema pertenecerían exclusivamente a la banda de sonido, no pudiendo aparecer en el nuevo álbum de la banda. ”En ese momento dimos por terminadas las tratativas, queríamos cerrar el disco con esa canción”- cuenta K.K.Downing. “ A la hora del corte final de “Turbo” se decidió hacer eso, dejarla como último tema. ¿Sabés cuál era la película en la que iba a aparecer «Reckless»?. Nada menos que Top Gun, que además de romper la taquilla, su banda sonora fue una de las más exitosas de todos los tiempos. Fue uno de los peores errores de nuestra carrera no haber estado ahí”.

La banda de sonido que se quedó en el estribo

#6 SIENDO LA PIEL DE JUDAS: en la conservadora presidencia del cowboy/presidente Ronald Reagan,las cosas no estuvieron fáciles para ciertas expresiones artísticas. En ese contexto a una señora llamada Tipper Gore, esposa del por entonces senador Al Gore, la cual estaba muy al pedo en la vida, un día se le ocurrió que era buena idea poner la lupa sobre la música joven con ganas de escupirle el asado a la pibada gringa. Así se funda el Parents Music Resource Center (Centro de Recursos Musicales Para Padres), más conocidos como el PMRC. La finalidad del comité era limitar el acceso de los adolescentes yankees a discos en cuyo contenido hubiera alusiones a la droga, el sexo, el satanismo y la violencia. El mecanismo de control consistía en la obligación de las discográficas de etiquetar aquel material considerado peligroso con la leyenda Parental Advisory: Explicit Content, alertando de esa manera a los progenitores de los adolescentes a los que les gustaba el chimichanga y lo bueno de la vida. Además confeccionaron una lista de canciones particularmente “peligrosas” de diferentes artistas llamada “The Filthy Fifteen” (Las Quince Asquerosas). En el primer puesto estaba Prince, en el segundo Sheena Easton y en tercer lugar, Judas Priest con su tema “Eat Me Alive” de su último disco hasta ese momento, “Defenders Of The Faith”. La respuesta de Halford y Cía a esa afrenta fue incluir una canción explícitamente condenatoria del accionar del PMRC, estamos hablando de “Parental Guidance”. Los Judas no fueron los únicos en levantar la voz contra el infame comité, el cual despertó rechazo el generalizado dentro de la comunidad artística, sobresaliendo en esa lucha figuras como Dee Snider y Frank Zappa.

«Oiga señora, ¿no tiene otra cosa que hacer que rompernos las bolas?» le dice Dee Snider A Tipper Gore que se hace la que no escucha

#7 DEJANDO DE VIVIR DESPUÉS DE LA MEDIANOCHE: el mundo del rock, el éxito y la vida en la ruta suelen pasar factura. A mediados de los ’80 Rob Halford había logrado hacer realidad el anhelo de triunfar en la música. Luego de pelearla sin cuartel en toda la década anterior, su banda se encontraba consolidada como uno de los principales exponentes del metal. Pero puertas adentro, el panorama para el notable vocalista distaba mucho de ser luminoso.“Tenía fama y adulación pero internamente seguía en una prisión mental. No sabía que era adicto hasta que llegué al punto en que no podía funcionar. No podía cantar en el estudio sin beber.”- confiesa el Metal God. “Me di cuenta de que beber no me iba a cambiar, no iba a enmascarar mi identidad sexual”. Afortunadamente el hombre supo encontrar la forma de exorcizar sus demonios. Primero fue contra sus adicciones, siendo justamente la grabación de “Turbo” su primer registro discográfico ya recuperado luego de ir a rehabilitación. “Volver a cantar sobrio fue un bálsamo para mí. Adormecía mi sensibilidad y me perdía toda la emotividad que lleva implícita poner tu voz a una canción». Blanquear su orientación sexual le llevó bastante tiempo más. Fue en una entrevista dada a MTV que recién el cantante se animó a blanquearla. “Temía que decirlo arruinara mi carrera”. Por suerte ese temor fue infundado. Los fans de Judas y del metal en general lo siguieron amando.

«Mañana me internan en la Betty Ford. Mejor aprovecho, cazo la moto y me voy a comprar fafafa por vez última», parece pensar el Metal God

#8 UN SACERDOTE SIN SOTANA: indefectiblemente, el cambio musical de Judas debía ir acompañado de un cambio de imagen. Ya la tapa de “Turbo” anticipa el aire de esos cambios. Lo que no cambió fue el artista encargado de hacerla. Doug Johnson, el mismo que se encargara de crear a criaturas como The Hellion (“Screaming For Vengeance”) o The Metallian para las portadas de los dos discos anteriores del grupo. Sin embargo esta vez no hubo monstruos propios de la iconografía metalera. Apenas una mano femenina dotada de largas uñas agarrando una palanca de cambios ilustran la tapa de “Turbo”. Con cierto aire retrofuturista la imagen presenta un uso chillón del color, arrojando un resultado bastante kitsch. La de “Turbo” debe ser la única tapa en la larga carrera de la banda con claras alusiones sexuales. El tono de la portada del disco se trasladaría al vestuario del grupo.Si bien el cuero y las tachas no se extinguieron del todo, la indumentaria de Priest pasó a ser coloridamente futurista, dejando atrás el negro y plateado de rigor. Otro tanto ocurrió con los peinados, con pelos batidos y teñidos.Incluso Rob Halford se dejó crecer las crenchas en contraste con la cabeza rapada que lucía desde hace años

«Yo pongo cara de malo, a ver si con estas pilchas nos confunden con Loco Mía», medita Glenn Tipton mientras posa para la foto

#9 TIPTON Y DOWNING SE PASARON DE TUERCAS: la impronta automovilística que mencionamos como presente en la tapa del álbum también dijo presente a la hora de elegir el título para el nuevo disco de la banda.La canción «Turbo Lover», se escribió inspirada por los Porsche Turbos, modelo de auto que recientemente tanto Downing como Tipton se habían comprado por aquellos tiempos. “Glenn y K.K. siempre fueron amantes de los fierros. Ellos fueron los que propusieron el título”-contaba en esa época Rob Halford. “Adoptamos ese nombre para reflejar la modernización, la velocidad y el sonido tecnológico de la banda en ese entonces, gracias a que introdujimos guitarras sintetizadas. Queríamos describir la cultura de las motos, los autos y la velocidad, algo que no era nuevo para nosotros.Hacía años que cerrábamos nuestros shows conmigo cantando “Hell Bent For Leather” montando una Harley Davidson sobre el escenario, pero esta vez queríamos representar ese mundo más cerca de un futuro postapocalíptico más cerca de “Mad Max” que de “Easy Rider”.

En la instantánea el bólido que inspiró el nombre del disco

#10 IMÁGENES EN MODO TURBO: siguiendo con las alusiones al automovilismo que poblaba este capítulo en la historia de los sacerdotes de la fe metálica, la gira de presentación de “Turbo” llevó por título el “Fuel For Life Tour” (“Combustible Para La Vida). Dicha gira fue la cabal demostración del cambio de imagen y sonido que la banda había encarado en aquel 1986. El setlist significaba una renovación total con respecto a la lista que el grupo tocaba en sus giras anteriores. Contenía al menos seis composiciones del álbum (“Turbo Lover”, Out In The Cold”, “Rock You Around The World”, “Private Property”, “Hot For Love”-luego fue quitada del repertorio y se incluyó “Parental Guidance”- y “Locked In”). El resto de la lista privilegiaba material de los últimos cuatro lanzamientos previos a “Turbo”, es decir “British Steel”, “Point Of Entry”, Screaming For Vengeance” y “Defenders Of The Faith”. Sólo “Victim Of Changes”, “Green Manalishi” y “Hell Bent For Leather” quedaron como representantes del Judas Priest setentero. Visualmente también había cambios considerables. Los que se dieron en la vestimenta de la banda ya fueron señalados en el punto 8. La escenografía de los shows lucía totalmente renovada. El diseño del escenario repetía la estética de los videoclips promocionales de «Turbo», presentando estructuras futuristas, con partes mecánicas que se elevaban al final del show y hasta un robot con brazos móviles a los que se subían Halford, Tipton y Downing para despegar del suelo. Toda esa grandilocuencia merecía un registro en imágenes que la documente. Por eso mismo la banda editó en VHS la filmación de los shows que la banda brindó en Dallas y San Antonio, respectivamente. Dado que al año siguiente se editaría “Priest…Live!”, su segundo álbum en vivo, cuyas tomas pertenecen al Fuel For Life Tour, lo filmado sirvió como promoción del disco en directo y no de «Turbo». La dirección de dicho trabajo estuvo a cargo de Wayne Isham, quien había hecho lo propio con los clips promocionales de “Turbo Lover” y “Locked In”.

Y ahora si, ponemos quinta a fondo y te invitamos a escucharlo a toda veloc.. eh, ¡a todo volumen!

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