El 26 de marzo de 2026 acaba de convertirse en una fecha triste para los metaleros (y por qué no punks) de la vieja escuela: a los 72 años, Ross «The Boss» Friedman ha dejado este mundo. El guitarrista, cuyo talento tendió un puente indestructible entre el proto-punk de Nueva York y el «True Metal» épico, falleció tras una valiente pero fulminante batalla contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). A continuación, los detalles de su vida, su obra y su final.

El mundo de la música pesada está de luto. Ross Friedman, conocido universalmente como Ross «The Boss», falleció la noche del jueves 26 de marzo. La confirmación llegó a través de un comunicado oficial del Metal Hall of Fame, institución que lo había nombrado «Embajador Global del Metal», y por mensajes de su familia en redes sociales. Este es el texto del comunicado:

«Con profunda tristeza confirmamos el fallecimiento del legendario guitarrista, nuestro querido amigo, miembro del Salón de la Fama del Metal y Embajador Global del Metal, Ross ‘The Boss’ Friedman. Ross fue una figura pionera tanto en el punk como en el heavy metal, conocido principalmente por ser miembro fundador de The Dictators y Manowar. Su potente forma de tocar, su inconfundible sonido y su espíritu inquebrantable contribuyeron a forjar generaciones de músicos y fans en todo el mundo.

A principios de este año, Ross compartió públicamente su diagnóstico de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfrentándolo con la misma valentía y honestidad que definieron su vida y su carrera. El impacto de Ross en la música es incalculable. Desde la energía cruda del punk primigenio hasta la magnitud épica del heavy metal, su obra dejó una huella imborrable en el género y en todos aquellos que la vivieron.

Más allá de sus logros en el escenario y en el estudio, Ross era profundamente respetado por sus colegas y querido por sus fans en todo el mundo. Su legado perdurará a través de su música, su influencia y las innumerables vidas que tocó. Extendemos nuestras más sentidas condolencias a su familia, amigos, compañeros de banda y fans en todo el mundo en estos momentos difíciles. Compartiremos más detalles a medida que estén disponibles»

“Me destroza no poder tocar la guitarra”, dijo Friedman en febrero p. pdo. en referencia a su diagnóstico, que llegó en el mencionado mes después de varios meses de síntomas aparentemente no relacionados, incluyendo debilidad en las manos y las rodillas. La causa de su deceso fue la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), una enfermedad neurodegenerativa conocida comúnmente como «la enfermedad de Lou Gehrig», el mismo mal que padeció el famoso físico Stephen Hawking y que aún padece el guitarrista Jason Becker. Se trata de un trastorno neurológico progresivo y mortal que causa debilidad muscular y, con el tiempo, afecta la capacidad de caminar, hablar, tragar y respirar. No tiene cura conocida.

Lo que hace que su partida sea especialmente dolorosa para la comunidad es la rapidez del desenlace. A principios de febrero, Ross había hecho pública su condición tras meses de experimentar debilidad en sus extremidades que inicialmente se confundieron con pequeños accidentes cerebrovasculares. En su último mensaje a los fans, Ross agradeció el «estallido de amor» recibido. Hoy, ese amor se transforma en un homenaje unánime a un músico que nunca supo de medias tintas.

Unos rulientos Dictators posan en Londres, allá por 1977: Mark «The Animal» Mendoza (luego en Twisted Sister), Ross «The Boss» Funicello, Scott ‘Top Ten’ Kempner, Handsome Dick Manitoba, Richie Teeter y Andy Shernoff

DEL BRONX AL PUNX. Nacido en el Bronx el 3 de enero de 1954, el neoyorquino Ross fue un prodigio musical desde niño, estudiando piano y violín antes de descubrir su verdadera vocación en las seis cuerdas. Su carrera profesional despegó en 1972 cuando, junto al bajista, cantante y compositor Andy Shernoff y el guitarrista rítmio Scott “Top Ten” Kempner formaron The Dictators, completando la formacion con el batero Stu Boy King y el frontman “Handsome Dick” Manitoba, que se unió al grupo en 1974; allí, Friedman hacia coros y era el guitarrista principal. Originalmente la banda se armó como un grupo de simpáticos pibes judíos simpáticos que querían hacer rock. A pesar de que sus padres vivieron la Segunda Guerra Mundial bajo el régimen de Hitler, adoptaron su nombre descaradamente fascista y componían canciones con títulos abiertamente ofensivos como «Back to Africa». También cambiaron sus nombres: Friedman, por ejemplo, pasó a llamarse «Ross Funicello» (!). El guitarrista explicaba así el motivo de ese cambio: «Nuestro mánager de entonces, Sandy Pearlman, pensaba que nuestros nombres eran horribles. Tuvimos que ponernos nombres pretenciosos, como ‘Handsome Dick Manitoba’. ¿En qué carajo estaba pensando? Nunca pensé que Ross Friedman fuera un nombre muy rockero. Pero.. ¿por qué, por qué, por qué tuvieron que ponerme Funicello?».

DEMASIADO PUNK PARA EL METAL… Y VICEVERSA. La madre de Friedman «lo odiaba», recordaba el guitarrista, entre risas. «‘¿No vas a ir a la universidad para hacer esto?’, me decía mi madre. ‘¿Y ese grandulón con el afro? ¿Ese es tu cantante principal?’. Yo le respondía: ‘Mamá, te va a encantar. Vamos a ser estrellas de rock muy famosas'»… como era de esperarse, las cosas no salieron exactamente así. El humor descarado y neoyorquino de la banda no caló fuera de la ciudad, y a veces ni siquiera dentro de ella. «Todo era una joda en nuestro primer disco», decía Friedman sobre el hoy clásico de culto de 1975, «The Dictators Go Girl Crazy» de 1975. «Todo en la banda era inventado, excepto su esencia». Para empeorar las cosas, el grupo tuvo la mala suerte de encontrarse entre dos épocas y géneros. Se formaron después de que los New York Dolls lideraran el movimiento glam rock local y justo antes del inicio de la revolución punk del CBGB. Algunos de sus primeros conciertos, en el ya desaparecido club The Coventry en Sunnyside, coincidieron con shows de los Dolls. “Había dos escenarios, uno en cada extremo del local”, recuerda Friedman. “No había mucha camaradería entre nosotros en ese momento. Nuestra imagen era la de un caos callejero, vestidos con camperas de cuero, y ellos iban vestidos con ropa de chicas”. Incluso dentro de la banda, había un choque de imagen: “Mi estilo era demasiado heavy metal”, contaba Friedman. “Y el sonido era demasiado metalero para los punks y demasiado punk para los fans metaleros”.

JÓDANSE SI NO SE BANCAN A LA BANDA. El álbum debut de la banda fracasó, a pesar de incluir clásicos del punk-pop como “(I Live for) Cars and Girls” y un ingenioso cover de “I Got You Babe” de Sonny and Cher. Más tarde, se vengaron titulando un disco “F— ‘Em If They Can’t Take a Joke” (Que se jodan si no se bancan una broma). Ni siquiera los críticos lo entendieron al principio. Su segundo disco de 1977, «Manifest Destiny», que incluía una versión espectacular de «Search & Destroy» de los Stooges, tambien fue otro fracaso comercial. Friedman, siempre el miembro más musical del grupo, acabó vendiendo más discos con su banda posterior, Manowar… pero ya llegaremos a esa historia. Con los dos mencionados discos más «Bloodbrothers» (1978), la banda cerró un ciclo para luego separarse por primera vez. Con todo, en una Nueva York que apenas conocía al CBGB (club donde luego se cansarían de tocar), nadie les quitará el mérito de que ellos fueron uno de los grupos pioneros del proto-punk más destacados, con una mezcla de humor ácido, guitarras punzantes y una actitud callejera que pavimentó el camino para los Ramones y todo lo que vino después. Por otro lado, en los tres albumes que lanzaron, Ross demostró que se podía ser un «guitar hero» técnico dentro de la crudeza del punk. Esa dualidad quizá haya sido su sello distintivo: efectivamente era demasiado heavy para los punks y demasiado punk para los puristas del metal, lo que lo convirtió en un referente de culto absoluto.

Manowar en los 80s, en reluciente look Conan: de izq. a der., DeMaio, Friedman, Adams y Hamzik.

EL NACIMIENTO DEL «TRUE METAL». Con los Dictators en el limbo (si no en el purgatorio) y ya en 1980, tras un breve paso por Shakin’ Street (banda de rock francesa fundada por la cantante Fabienne Shine, conocida como ‘Twiggy’ en la aclamada comedia sexy-sci fi de Jane Fonda, «Barbarella») donde entró a reemplazar al guitarrista original, el destino -o mejor dicho el cantante Ronnie James Dio, que acababa de reemplazar a Ozzy Osbourne en Black Sabbath– cruzó a Ross con Joey DeMaio mientras ambos trabajaban en la gira de la legendaria banda de Birmingham (Ross con su banda y DeMaio como técnico de bajo). De esa unión química nació Manowar. Si con The Dictators Ross había inventado una forma de tocar punk, con Manowar inventó una épica: a través de exuberantes arreglos orquestales, sonido demoledor y letras basadas en la fantasía, así como en la mitología nórdica y grecorromana, la banda acuñó un lema terminante que le granjeó tantas simpatías como críticas: «Muerte al falso metal»…

CUEROS (Y PIELES) PESADOS. El cuarteto (que se completó con el cantante Eric Adams y el baterista Donnie Hamzik) rápidamente se hizo famoso por sus atuendos en el escenario —principalmente taparrabos y pieles—, así como por firmar un contrato discográfico con sangre (!) para simbolizar su dedicación al heavy metal. «Queríamos vernos como algo nunca antes visto en el heavy metal», declaró Friedman a Classic Rock. «Queríamos ser más extravagantes que la clásica combinación de jeans y cuero… ¿Qué podría ser más extravagante? ¡Pieles de animales!». A estos datos de color podemos sumarles que en 1984 el Libro Guinness de los Récords los nombró «La Banda Más Ruidosa Del Planeta», gracias a una ensordecedora actuación que ofrecieron ese año en Alemania Occidental.

UN ESTILO A PURO POWER. Entre 1982 y 1988, Friedman grabó los seis pilares fundamentales de la banda, donde aportó su talento compositivo: hablamos de «Battle Hymns», «Into Glory Ride», «Hail To England», «Sign Of The Hammer», «Fighting The World» y el emblemático«Kings Of Metal». Su tono de guitarra, pesado y heroico, fue el motor de piezas inolvidables como «Battle Hymn» o «Bridge of Death». Ross no solo tocaba; él construía paisajes sonoros donde los guerreros y el acero eran ley. Y por supuesto, la influencia de la banda pronto se hizo sentir en la floreciente escena metalera de aquella década: «Nosotros inventamos un estilo y lo llamaron power metal», declaró Friedman más tarde a Classic Rock. «Todos esos músicos que siguieron a Manowar desde el principio, todos alcanzaron el éxito. Amon Amarth, Hammerfall, Blind Guardian, Sabaton… ¡Sabaton, Dios mío, nos adoran, me refiero a que nos adoran de verdad!».

UN ABRUPTO FINAL. Si bien todo parecía marchar sobre ruedas, en 1989 DeMaio despidió a Friedman de Manowar, una decisión que Ross the Boss describió décadas después en The Mike Nelson Show como «el peor error jamás cometido»… Para más datos, Friedman acusó a DeMaio de querer «una banda de títeres», afirmando que su ex compañero estaba centrado en el dinero y la avaricia, y que le repugnaba «tener un socio como yo, un socio al 50%». Friedman insistió en que «no iba a tolerar tonterías» de DeMaio, a quien acusó de «decirme qué ponerme y cómo hablar». Más allá de esta pelea entre dos grandes figuras de la banda, y aunque luego Friedman se dedicó a explorar otros horizontes, muchos fans consideraron siempre que el alma más auténtica de Manowar se había ido con él.

LEGADO Y ÚLTIMOS AÑOS. Lejos de retirarse, Ross se mantuvo increíblemente activo, participando en distintos proyectos como Death Dealer, Shakin’ Street y The Spinatras. Uno de los más recordados fue Manitoba’s Wild Kingdom en 1990, grupo donde además de Manitoba también estaba Shernoff, lo cual llevó a un relanzamiento de los Dictators en 1995, con quienes Friedman tocaría esporádicamente hasta 2008. Durante los 2000s, Friedman se unió a The Brain Surgeons (con el batero Albert Bouchard, de Blue Öyster Cult) y regresó múltiples veces a los escenarios con versiones reformadas de The Dictators. En 2009, armó su Ross The Boss Band, con la que lanzó discos de puro heavy metal tradicional como «By Blood Sworn» (2018) y «Born of Fire» (2020), demostrando que su fuego creativo seguía intacto a pesar del paso de las décadas. En 2017 el músico fue incluido en el Heavy Metal Hall Of Fame junto a Randy Rhoads, Lemmy Kilmister y Don Airey. Finalmente, The Dictators se reformaron nuevamente en 2020 con Ross, Shernoff, Kempner y Bouchard. La banda lanzó un nuevo álbum de estudio homónimo en 2024 y se mantuvo activa hasta 2025. Mientras, en 2023, la Ross the Boss Band lanzó su álbum compilatorio «Legacy of Blood, Fire & Steel» y en 2025 su single «Fooled Around and Fell in Love»… Lamentablemente, la enfermedad de Ross, quizá diagnosticada demasiado tarde, fue más rápida que sus dedos sobre el diapasón.

ROSS, LIKE A BOSS. Ross «The Boss» nunca buscó la fama fácil; sí persiguió siempre el riff perfecto, ya fuera para hacer pogo en un antro del Bowery neoyoquino o para levantar el puño en un estadio de Alemania. Durante una entrevista con Guitar World en 2022, el popularísimo Bruce Springsteen (que canta o mejor dicho grita una frase en el tema «Faster And Louder» del álbum «Bloodbrothers») recalcó que, si bien Friedman fue una figura clave en la misma escena punk neoyorquina que vio nacer a los Ramones, su filosofía como guitarrista difería de la de sus colegas: «En la escena no se le daba importancia a la técnica», afirmaba Friedman; «todo era onda, ‘Puedo tocar mal, y no pasa nada’… Yo era todo lo contrario. Practicaba mientras los demás se la pasaban de joda». Esta cita refleja su singular mentalidad, que lo llevó a demostrar su talento en dos escenas musicales muy distintas a lo largo de dos décadas de música pesada. Mientras llueven los tributos de sus pares, sus amigos y sus fans en las redes, como suele suceder en estos casos, desde la redacción de MADHOUSE, lamentamos profundamente la pérdida de un artista que fue, ante todo, un tipo honesto con su arte. Invitamos entonces a quienes nos leen a recordarlo de la manera en que, suponemos, a él más le hubiera gustado: con su música… y subiendo el volumen al máximo. QEPD

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