Llega la navidad y como por arte de magia, todo el mundo se vuelve bueno y procura mostrar paz, buena voluntad y esas cosas. O por lo menos lo intenta, claro. Incluso el mismísimo James Hetfield, vocalista-guitarrista y frontman de Metallica, quien prestó su inconfundible voz para una versión del poema yanqui «The Night Before Christmas», demostrando que hasta los metaleros más curtidos tienen su corazoncito festivo. Los navideños detalles, a continuación.

Ya sabemos que James Hetfield es el rey del downpicking y de los *yeeeeahhhh!» que revientan estadios, pero esta Navidad decidió bajar un poco los decibeles (bueh, tampoco tanto) para una causa noble. El frontman de Metallica grabó una lectura especial del icónico poema de 1823, «A Visit from St. Nicholas» (conocido popularmente como «The Night Before Christmas»), con el fin de recaudar fondos para su fundación, All Within My Hands. La grabación no es solo James leyendo frente a un micrófono; tiene todo el color que un fan de Metallica esperaría. Con su vozarrón aguardentoso y ese tono de narrador de historias fogoneras, Hetfield le da un giro acogedor y personal al relato de San Nicolás bajando por la chimenea.

EL ORIGEN DE UN MITO. Para los que no están al tanto de la tradición anglo, este poema es la piedra fundacional de la Navidad moderna. Publicado originalmente de forma anónima el 23 de diciembre de 1823 (y atribuido años después a Clement Clarke Moore), el texto cambió para siempre la imagen de Papá Noel. Antes de este poema, la figura de San Nicolás era mucho más austera y variada según la región. Fue a través de estos versos que se establecieron los estándares que hoy conocemos: un Papá Noel o Santa Claus (o como quieran llamarlo) gordito y bonachón, que vuela en un trineo tirado por ocho renos (a los que el poema les pone nombre por primera vez: Dasher, Dancer, Prancer, Vixen, Comet, Cupid, Donner y Blitzen) y que entra por la chimenea con una bolsa llena de juguetes… A lo largo de dos siglos, este poema ha sido recitado por todos, desde Frank Sinatra hasta Bob Dylan, y en esta fecha le tocó el turno a Santa Hetfield o James Noel (o como quieran llamarlo) de ponerle su impronta metálica a una obra que tiene más de 200 años de historia.

CON LAS MANOS EN LA CAUSA. Lo recaudado con las reproducciones y las donaciones asociadas a este lanzamiento irá directamente a las arcas de la ya mencionada All Within My Hands, la organización sin fines de lucro de Metallica que se dedica a apoyar la educación técnica, la lucha contra el hambre y servicios locales que necesitan ayuda. No es la primera vez que el universo Metallica se tiñe de rojo y blanco en diciembre: recordemos que la banda tiene una larga tradición de acciones solidarias durante las fiestas, reforzando ese vínculo inquebrantable con su familia de seguidores en todo el mundo a través de su campaña «Helping Hands».

UNA NAVIDAD A TODO ROCK Este gesto navideño llega justo cuando la banda se prepara para un 2026 que promete seguir la estela de su incansable actividad en vivo. Mientras esperamos volver a tenerlos por estas latitudes, podemos disfrutar de James contándonos cómo Papá Noel llega a nuestras casas, aunque con esa voz da para imaginarlo en una motocicleta en llamas en vez de un trineo de madera… Si te portaste bien todo el año, a modo de regalito te dejamos entonces el video, con la version original del poema (aclaremos que es bastante largo y el Jetfil solo lee una parte) y la traducción en castellano.

El texto original: «A Visit from St. Nicholas» (Clement Clarke Moore, 1823)

’’Twas the Night Before Christmas (Versión narrada por James Hetfield)

’Twas the night before Christmas, when all through the house. Not a creature was stirring, not even a mouse; The stockings were hung by the chimney with care, In hopes that St. Nicholas soon would be there;

The children were nestled all snug in their beds, While visions of sugar-plums danced in their heads; And mamma in her ’kerchief, and I in my cap, Had just settled our brains for a long winter’s nap,

When out on the lawn there arose such a clatter, I sprang from the bed to see what was the matter. Away to the window I flew like a flash, Tore open the shutters and threw up the sash.

The moon on the breast of the new-fallen snow Gave the lustre of mid-day to objects below, When, what to my wondering eyes should appear, But a miniature sleigh, and eight tiny reindeer,

With a little old driver, so lively and quick, I knew in a moment it must be St. Nick. More rapid than eagles his coursers they came, And he whistled, and shouted, and called them by name;

«Now, Dasher! now, Dancer! now, Prancer and Vixen! On, Comet! on, Cupid! on, Donner and Blitzen! To the top of the porch! to the top of the wall! Now dash away! dash away! dash away all!»

As dry leaves that before the wild hurricane fly, When they meet with an obstacle, mount to the sky, So up to the house-top the coursers they flew, With the sleigh full of toys, and St. Nicholas too.

And then, in a twinkling, I heard on the roof The prancing and pawing of each little hoof. As I drew in my head, and was turning around, Down the chimney St. Nicholas came with a bound.

He was dressed in all fur, from his head to his foot, And his clothes were all tarnished with ashes and soot; A bundle of toys he had flung on his back, And he looked like a peddler just opening his pack.

His eyes—how they twinkled! his dimples how merry! His cheeks were like roses, his nose like a cherry! His droll little mouth was drawn up like a bow, And the beard on his chin was as white as the snow;

The stump of a pipe he held tight in his teeth, And the smoke it encircled his head like a wreath; He had a broad face and a little round belly, That shook, when he laughed, like a bowlful of jelly.

He was chubby and plump, a right jolly old elf, And I laughed when I saw him, in spite of myself; A wink of his eye and a twist of his head, Soon gave me to know I had nothing to dread;

He spoke not a word, but went straight to his work, And filled all the stockings; then turned with a jerk, And laying his finger aside of his nose, And giving a nod, up the chimney he rose

He sprang to his sleigh, to his team gave a whistle, And away they all flew like the down of a thistle. But I heard him exclaim, ‘ere he drove out of sight, «Merry Christmas to all, and to all a good-night.»

La noche antes de Navidad

Era la noche antes de Navidad, y en toda la casa no se movía ni una sola criatura, ni siquiera un ratón; los calcetines estaban colgados con cuidado junto a la chimenea, con la esperanza de que San Nicolás llegara pronto;

Los niños estaban acurrucados en sus camas, Mientras visiones de dulces bailaban en sus cabezas; Y mamá con su pañuelo, y yo con mi gorro, Acabábamos de prepararnos para una larga siesta invernal,

Cuando en el césped se oyó un gran estruendo, Salté de la cama para ver qué pasaba. Volé como un rayo hacia la ventana, abrí las contraventanas y levanté la hoja.

La luna sobre el manto de nieve recién caída daba el brillo del mediodía a los objetos que había debajo, cuando, ante mis ojos maravillados, apareció un trineo en miniatura y ocho renos diminutos,

con un pequeño y viejo conductor, tan vivaz y rápido, que supe al instante que debía de ser San Nicolás. Más rápidos que las águilas, sus corceles llegaron, y él silbó, gritó y los llamó por su nombre:

«¡Ahora, Dasher! ¡Ahora, Dancer! ¡Ahora, Prancer y Vixen! ¡Adelante, Comet! ¡Adelante, Cupid! ¡Adelante, Donner y Blitzen! ¡A la cima del porche! ¡A la cima del muro! ¡Ahora, corred! ¡Corred! ¡Corred todos!».

Como hojas secas que vuelan ante el huracán salvaje, cuando se encuentran con un obstáculo, se elevan hacia el cielo, así volaron los corceles hasta el tejado de la casa, con el trineo lleno de juguetes y San Nicolás también.

Y entonces, en un abrir y cerrar de ojos, oí en el tejado el brincar y patear de cada pequeña pezuña. Mientras metía la cabeza y me daba la vuelta, por la chimenea bajó San Nicolás de un salto.

Iba vestido de piel de pies a cabeza, y su ropa estaba manchada de ceniza y hollín; llevaba un fardo de juguetes a la espalda y parecía un vendedor ambulante que acaba de abrir su mochila.

¡Cómo brillaban sus ojos! ¡Qué alegres eran sus hoyuelos! ¡Sus mejillas eran como rosas y su nariz como una cereza! Su graciosa boquita estaba curvada como un arco, Y la barba de su mentón era tan blanca como la nieve;

Sostenía con fuerza entre los dientes la boquilla de una pipa, Y el humo le rodeaba la cabeza como una corona; Tenía una cara ancha y una barriguita redonda, Que se sacudía, cuando reía, como un cuenco lleno de gelatina.

Era regordete y llenito, un viejo duende muy alegre, y me reí cuando lo vi, a pesar mío; un guiño de ojo y un giro de cabeza me hicieron comprender enseguida que no tenía nada que temer; no dijo ni una palabra, sino que se puso manos a la obra y llenó todos los calcetines; luego se dio la vuelta bruscamente, se llevó el dedo a la nariz, asintió con la cabeza y subió por la chimenea.

Saltó a su trineo, silbó a su equipo y todos volaron como el plumón de un cardo. Pero le oí exclamar, antes de que se perdiera de vista: «Feliz Navidad a todos y a todos buenas noches».

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