PACIENTE: DREAM THEATER – «Distance Over Time» (InsideOut Music 2019)

HISTORIA CLÍNICA: Si en el universo de Dream Theater, su autotitulado disco de 2013 cumplió el objetivo de demostrar que había vida musicalmente tras la partida del baterista fundador Mike Portnoy, el arriesgado doble conceptual The Astonishing  demostró, en cambio, que los fans tampoco le daban carta blanca a la banda para poder expandirse artísticamente, en tiempos de consumo voraz en streaming y redes.

La idea para este «Distance Over Time»  (el decimocuarto disco en la carrera del quinteto) era recuperar la credibilidad perdida, y si nos guiamos por los dos primero tracks “Unethered Angel” y “Paralyzed”, la búsqueda está guiada por riffs contundentes que se intercalan con las atmósferas de teclados, en una contienda en donde el virtuosismo no necesariamente deja de lado la melodía.

Pero a medida que transcurren los 57 minutos del disco (el segundo más corto en la historia de la banda) se nota que Dream Theater quiere seguir pisando en terreno firme, aun a costa de resignar originalidad. Es así que encontramos complejos tours de force a la «Octavarium» (2005) como en «At Wit’s End» o «Pale Blue Dot», machaques aguerridos que recuerdan al potente «Train of Thought» (2003) como “S2N» (con un gran trabajo del bajista John Myung) y pasajes más melódicos como “Barstool Warrior” y “Out of Reach” que intentan retrotraer (aunque sea emocionalmente) al oyente a las gloriosas épocas de “Awake” (1994) o “Scenes From a Memory” (1999).

Sin embargo lo mejor llega en los pasajes donde la banda logra soltarse de esa sensación de conformidad, como en esa extraña mezcla entre psicodelia beatle y un riff a lo Marilyn Manson que es «Room 137″(el debut como letrista de Mike Mangini), el machaque metallico mezclado con pasajes acústicos de «Fall Into the Light» y sobre todo en el bonus track «Viper King», una joyita purpleana vestida por todos los trucos que John Petrucci logró extraer del legado de Ritchie Blackmore

DIAGNÓSTICO: Este «Distance Over Time», muestra entonces a un Dream Theater modelo 2019 arriesgando minimamente, apostando a lo seguro y dejando felices a todo el mundo, pero a su vez convirtiéndose en su mejor obra post Portnoy, algo que, visto a la distancia, era solo cuestión de tiempo.

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